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La decisión de Sofía
por Raúl Morales

Cualquier similitud con al realidad, es pura realidad. Sofía es una trabajadora de este país, que un día se encontró que su empresa entró en crisis, por culpa del mercado y de las malas políticas gubernamentales, pero no por culpa de los laburantes.

Sofía, además, tenía un problema y era que en los sociedad todos creían que los bancarios - ella era bancaria, aunque hubiera preferido ser profesora de tiempo completo, porque esa es su amor vocacional - , disfrutaban de prebendas increíbles.

Obviamente que Sofía ganaba más que muchos de los asalariados, pero no tenía salarios de ejecutivos. En medio de esa crisis, un día Sofía recibió un planteo del gobierno progresista y del sindicato clasista, para que pusiera sus mejores sentimientos a favor de una salida colectiva.

La propuesta fue que aceptara 18 meses de salario, para irse contenta y cantando bajito. El asunto es que Sofía tiene 56 años y no puede jubilarse, pero podría jubilarse si sus éticos compañeros del Frente Amplio se atrevieran a votar una ley para que le reconocieran, con fines jubilatorios, sus ocho años, dos meses y siete días de exilio.

Sofía, a pesar de que está firme, le mira la cara al hijo menor y se ve obligada a contener las lágrimas. Lo ha resuelto bien, por cierto y está encarando el tema con madurez y serenidad.

Claro, Sofía, que no se llama Sofía (es un secreto que no voy a explicar), pudo haber aceptado el incentivo, pero no lo hizo. ¿Se equivocó? Puede ser, pero entendamos a Sofía,

Horas antes de resolver si aceptaba el incentivo, en medio de mates y tristezas, dijo “A mi no me va a pasar lo de Sofía”. Quien hablaba con ella, en ese caso yo, no entendió en primera instancia lo que estaba diciendo.
Es que Sofía recordaba, en ese momento de tensión, aquella película que se llamó “La decisión de Sofía”. Se las cuento brevemente.

Transcribo de Google, lo que no es una frivolidad: ´La decisión de Sofía` es una excelente película, de hace unos veinte años, en la cual la protagonista enfrenta una terrible decisión: escapando del régimen nazi, llega un momento en que tiene que escoger entre sus dos hijos – por orden de un soldado nazi-, porque sólo puede salvar uno y debe abandonar el otro.

Meryl Streep escenifica magistralmente el desgarrador drama de la mujer que se ve ante esta situación. Sabe que la única forma de escapar es dejando a uno de sus dos hijos desamparado, sujeto a un terrible sufrimiento y muy probablemente la muerte. ¿Cómo escoger a un hijo frente al otro? ¿Cómo escoger que se haga daño a alguien, incluso si es la única forma de salvar a otro? Uno puede justificar a la madre que, en esta situación, escoge. También puede entender claramente como, en la película, el haber tomado la decisión desagarra el alma de esa pobre mujer”.

La pregunta de Sofía, la nuestra, la trabajadora uruguaya, es por qué tiene que ser ella la que resuelva su destino, si acepta dólares (pocos) para irse del banco o quedarse para ver qué pasa (si la echan o lo dejan), o si lo que importa es que alguien resuelva cuál es su destino.

Por eso Sofía no acepta el incentivo, contrario a lo que le dicen sus compañeros de sindicato o el propio gobierno que es el interventor del banco. Que resuelva otro su destino, porque los responsables son otros “y no yo”, dijo la bancaria uruguaya.

En el fondo lo que quiere Sofía, nunca lo dijo y seguramente es una interpretación de quien escribe, que lo que quiere es que la responsabilidad no quede en su alma y que los responsables sean otros, a quienes en medio de la desolación podrá, algún día, putear, aunque se muera de hambre.
Este relato es parte de la vida de hoy. Lo único que hago es ponerlo en conocimiento de todos.

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