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Democracia y mundialización
Mundialización, globalización y
regionalización Lo que debemos discutir es una alternativa democrática a la globalización que actualmente padecemos, tan arrogante como excluyente, hija del neoliberalismo y de la concentración de poder. Si queremos denominarla mundialización, para diferenciarla política, ideológica y programáticamente, de la conducción y la sustancia de la actual globalización neoliberal podemos hacerlo. Por razones de claridad conviene hacerlo.
2. Geopolítica y geoeconomía. Los
bloques regionales Los diversos mecanismos de coordinación multilateral de las políticas económicas implementados por los países más importantes —la geopolítica multipolar del Grupo de los 8 (G8), por ejemplo— han mostrado ser incapaces para hacer frente a los problemas más graves de una economía globalizada y liberalizada. En los hechos, la globalización económica no se ha acompasado con la globalización institucional y política. Esta asincronía entre lo económico y lo político-social ha tenido consecuencias lamentables. La ruptura de los controles nacionales se ha efectuado sin la creación de las instituciones correspondientes de regulación y programación internacional. Tenemos una economía mundial sin una política mundial. Pero no se requiere de cualquier política global sino de una mundialización democrática. Para gobernar la mundialización, y hacerlo en favor de los más débiles, se necesita un cambio muy profundo en las relaciones de poder mundiales, que afecte cuestiones medulares del sector real de la economía, del ambiente, lo militar, tecnológico, científico, cultural y comunicacional, y que privilegie el desarrollo de los países, regiones y sectores sociales pobres.
3.
Unipolaridad y
multipolaridad Esta situación de geoeconomía globalizada y de geopolítica multipolar hegemonizada por los EUA se acentuó dramáticamente después del 11S de 2001, pero ha venido siendo severamente cuestionada a partir del crecimiento impactante y la reconversión económico social de China, del fortalecimiento de otros estados, de la iniciativa internacional de Brasil y de la constitución del grupo de los 20. Para Zbigniew Brzezinski, el status americano de primer poder mundial no será disputado por más de una generación porque ningún Estado puede compararse con los EUA en las cuatro dimensiones del poder — militar, económico, tecnológico, y cultural— que confieren gravitación política global. Estas opiniones de hace algunos años deberían ser revisadas, sin embargo, a la luz del impresionante crecimiento Chino, el más importante proceso de cambios nacionales económicos y políticos a principios del siglo XXI.
4.
Mundialización
democrática En ese marco es preciso reformular los Estados, dándole proyecciones regionales para que puedan contrabalancear el macropoder de los actores transnacionales del mundo privado, potenciar actores regionales que expresen al Sur postergado, y sobre esa base democratizar los organismos internacionales y ampliar la participación de la sociedad civil internacional. En suma integraciones regionales + multilateralismo democrático + sociedad civil y política progresista.
5.
El 11S y sus
consecuencias La cuestión ideológica: ¿modelos, ética, principios, valores, utopías y tendencias? ¿revisar a Marx o izquierdizar a Rawls?
1.¿Hacia dónde ir? ¿Hay un modelo alternativo?
2. Caminos sin salida En primer lugar, resulta estéril insistir en la búsqueda y en la promesa del “modelo alternativo”. En segundo lugar, la idolatría de los instrumentos —estados y estatismo, distintas formas de organización productiva o empresarial, privadas o sociales de nivel micro, mercado u otros— encorseta las políticas y conduce a derrotas. En tercer lugar, la obsesión por definir el carácter de las formaciones sociales a partir de enfoques unidimensionales, ya sea a partir del determinismo económico o del institucionalismo político, tampoco conduce a ninguna parte. Es preciso alterar y complejizar la lógica. Apuntar más al carácter de los procesos, de las estrategias y políticas, de los fines y valores que incorporan en las distintas dimensiones de la vida social y al análisis macro, tanto económico como político, social, cultural o ambiental.
3. Acerca del carácter de las
formaciones sociales Para construir el camino es necesario superar los determinismos y admitir la posibilidad de formaciones sociales postcapitalistas, en el sentido de opuestas al predominio socio-político del capitalismo pero no necesariamente al capital como tal, fundadas en la hegemonía del democratismo, es decir en el predominio socio-político de los actores con demandas y fines públicos. Es altamente conveniente, con una perspectiva progresista, apoyar el desarrollo de las unidades asociativas y estatales estratégicas, para estimular la coexistencia de una pluralidad de actores y complejizar las relaciones de poder en el interior de la economía, pero ello no implica definir en lo político un formato exclusivo para funcionar en el interior de la economía. Una cosa es estimular lo que surge en el propio proceso social y otra fabricar una propuesta en el laboratorio e intentar imponerla.
4. Por el radicalismo democrático En un esfuerzo anterior, apoyándonos en los trabajos de Paul Ricoeur, en las intuiciones de Herbert José de Souza, Betinho, acerca del carácter inacabable de la democracia como proyecto, y en algunos puntos de vista de Ernesto Laclau sobre el radicalismo democrático extendido a todas las relaciones sociales y de poder, proponíamos la utopía democrática como fundamento de la identidad de la izquierda. Por algo, en el mundo contemporáneo, la democracia ha interpelado y cuestionado tanto al capitalismo puro y duro como al socialismo real. De acuerdo con la perspectiva desarrollada, una política de izquierda se define por la centralidad y radicalidad que otorga a la libertad, igualdad y solidaridad y a los actores consustanciados con estos valores en el interior de las distintas relaciones sociales y en el ejercicio de los derechos. La escisión entre solidaridad y exclusión, o entre patrimonio común y posesión está en el interior de la sociedad; transversaliza todas las relaciones sociales (incluidas las de producción y los arreglos familiares); se avanza o retrocede en la línea de la democratización o, lo que es lo mismo en la lógica del poder (incluyente o excluyente, concentrador o distribuidor). En suma, somos partidarios de una mirada sintetizadora a partir del concepto de democracia.
5. Las estrategias o los medios
al servicio de los fines En suma, estamos defendiendo la utopía democrática como eutopía, utopía positiva o “buen lugar” frente a la distopía neoliberal, como utopía negativa o “mal lugar”.
Patrimonio común y recursos estratégicos: los problemas principales y los nuevos factores y relaciones de poder
1. Las cuestiones críticas En particular la pobreza y la marginación de varios miles de millones de seres humanos, la creciente vulnerabilidad ambiental (y también sanitaria), los impactos de la economía del conocimiento y la información, y la necesaria democratización de la comunicación. Siempre el problema es el mismo: la democratización o el cuidado del patrimonio común (recursos naturales, conocimiento, comunicación), o la renta mínima y una política de desarrollo para enfrentar las cuestiones de la pobreza. Y para todo acciones urgentes. En particular en materia ecológica. La magnitud, celeridad y profundidad del cambio climático es tal como para advertir nítidamente de que nos encontramos con límites civilizatorios. Se ha sostenido que desmaterialización ha aparecido como uno de los principales cambios tecnológicos para el desarrollo sostenible, pero cabe interrogarse si se llegará a tiempo o la base energética del paradigma que se sustituye liquidará antes buena parte de los fundamentos de la sobrevivencia humana en el planeta.
2.
La irrupción de la sociedad del
conocimiento Esta evidencia nos conduce a una segunda cuestión. Expresada como interrogante la podemos formular así: ¿alguien podrá alcanzar el dominio de los medios intelectuales cuando los mismos radican cada vez más en los sujetos que producen el nuevo conocimiento? Parece harto difícil. No sólo porque ese afán posesivo se estrellará con las demandas democráticas que emergen de la sociedad civil y que actúan y actuarán principalmente a favor del conocimiento como un patrimonio común. También porque esas demandas encontrarán puntos de apoyo a su favor en la propia sustancia de la actividad cultural, en la pasión de sus creadores y en la naturaleza de estas creaciones. A la gravitación creciente de la subjetividad debemos agregar la extensión de la educación, las razones de interés público (como lo ha evidenciado la cuestión de los medicamentos genéricos) la intangibilidad de numerosos procesos y productos culturales, su fácil reproducción con las innovaciones tecnológicas, el consumo multiplicado y distribuido de buena parte de ellos, y el primado del acceso sobre la posesión, o de la accesibilidad y conectividad en red en dominios cada vez más importantes. En suma, el conocimiento es mucho más poderoso e inasible que las riquezas materiales del pasado.
4.
La privatización del
conocimiento Las tensiones entre patrimonio común y apropiación corporativa se expresan en diversas cuestiones. Mucho se ha escrito, por ejemplo, sobre Windows versus Linux, o acerca de WIKIPEDIA versus Encarta. O acerca de la brecha digital y la inclusión. O sobre el gobierno multiactoral de Internet o el control americano. O en relación con “Galileo” o GPS en materia de sistemas de navegación global vía satélite. Urge profundizar estos problemas con una mirada desde la izquierda. Ignoramos si se abrirá una época de revolución social, pero es evidente que las actuales relaciones sociales “traban” un mayor y mejor desarrollo de la capacidad productiva planetaria, y que el contraste entre la posibilidad que otorga el saber y la realidad mutilada por el dominio de las minorías sociales generará nuevos desenlaces fruto de la confrontación de la conciencia humanista con la facticidad opresora o, en términos políticos, del enfrentamiento de las tendencias democratizadoras con los poderes de la exclusión.
LA CUESTIÓN POLÍTICA La realidad se ha complejizado, fragmentado y transformado a un punto tal que carece por completo de sentido el planteo obrerista correspondiente al capitalismo del industrialismo y el fordismo. Los referentes sociales, los puntos de apoyo y las fuerzas protagónicas principales pueden ser grupos sociales, fracciones de clases, etnias, identidades nacionales (persistirán como una muy fuerte emoción política), movimientos culturales o territoriales, u otros, y converger en pueblos, multitudes, mayorías o como se prefiera denominar. En esas acumulaciones colectivas que sustentan los cambios político-sociales algunas fuerzas sociales adquieren liderazgos (el protagonismo de las cuestiones étnicas en los recientes resultados electorales de Bolivia puede ilustrarnos). Pero no se puede anticipar, con independencia de la situación específica, cuál adquirirá ese protagonismo. Como los señalara Ernesto Laclau recientemente, la conversión de una fuerza social en representación hegemónica de la sociedad es el resultado de una lucha contingente. Las estrategias sociales y políticas del progresismo deben tener en cuenta las nuevas transformaciones sociales como dato relevante. Sólo la articulación de las fuerzas sociales y políticas puede demandar y producir estos cambios. Las estructuras y actores políticos generan espacios y abren caminos, priorizan necesidades y elaboran proyectos históricos, pero la pulsión procede del interior de las sociedades.
2. ¿Tolerancia o fundamentalismo? Aquí la oposición básica se da entre humanismo y tolerancia frente a la diversidad, entre cultura del reconocimiento versus fundamentalismo e intolerancia. Es necesario destacar y potenciar en particular el rechazo a los movimientos retro y a su conversión en guerras de las culturas y choque de civilizaciones. Debemos formular una crítica implacable a la ideología del choque de civilizaciones, poderosa arma político-ideológica. Como lo ha destacado Fernando Calderón al defender la preservación de la diferencias entre las culturas, en América Latina las dialécticas de la exclusión y de la dominación tienen un suelo histórico en la dialéctica de la negación que se remonta a la conquista y colonización. Se podrían hacer reflexiones similares en relación con el esclavismo norteamericano como fundamento del racismo. En nuestro continente, tan extraordinariamente rico en materia de hibridación, mestizaje y aculturación el estudio de esta cuestión tiene una singular importancia política.
3.
Sociedad y
espacio político Como se sabe, algunos movimientos sociales levantan banderas progresistas —ambiente, tierra, renta básica, género, información— y otros absolutamente conservadoras; los hay clásicos, nuevos, recientes y emergentes, con amplitud de horizontes o estrictamente corporativos, meramente reactivos, o dependientes de los financiamientos del Norte, o conservadores nucleados en torno a las más diversas temáticas como la raza, la nación o la religión. Los desencuentros y choques están en el orden del día. Por lo cual la tarea de articulación y priorización del partido político de izquierda resulta absolutamente inesquivable.
4. La reformulación de los
actores políticos Admitir la pluralidad de las formas de lucha. No basta con la desobediencia civil, la objeción de conciencia, la acción militante y los procesos electorales. Es preciso cuidar la lucha contra la corrupción. Ni la “moral sin política” ni la “política sin moral”.
5. Por una plataforma progresista
a escala internacional En segundo lugar, es preciso que este esfuerzo programático otorgue relieve a la lucha por la resolución pacífica de los conflictos, al replanteo de las relaciones interestatales y a la defensa de la autodeterminación de los pueblos, así como también de impulso a las políticas de desarme y en favor de los DDHH, y a la democratización de los organismos internacionales. En tercer lugar, en materia de relaciones económicas internacionales, se destacan principalmente los reclamos en favor del control de los flujos especulativos de capital; contra el proteccionismo del Norte y la marginación internacional del Sur empobrecido. En cuarto lugar, en relación con la circulación de la información (como un aspecto clave de la democratización del saber), el programa debe incluir los problemas vinculados de transparencia, accesibilidad y disponibilidad de la información; la batalla emprendida por el acceso público a la información corresponde a todos los países y a todos los contenidos, en particular a los científicos y tecnológicos. En quinto lugar, en materia de lucha contra la pobreza y en favor de los bienes elementales para todos, deben destacarse los esfuerzos por la transferencia masiva de recursos hacia las zonas más empobrecidas del planeta, por la equiparación hacia arriba de los derechos sociales de los trabajadores y de redistribución progresiva de los ingresos.
* 26.01.06. Foro Social Mundial
binacional. Barra del Chuy. Versión sintetizada. LA ONDA® DIGITAL |
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