Presione aqui para ver el pronóstico meteorológico de Montevideo

Democracia y mundialización
por Enrique Rubio *

El 26 de enero último participamos en un panel sobre “La democracia, el Poder y el Estado” en el marco de las actividades efectuadas por el Foro Social Mundial Binacional realizado en la barra del arroyo Chuy, a un lado y otro de la frontera uruguayo brasileña. Integramos dicho panel con Jussara Cony,  diputada estadual por Río Grande del Sur, Francisco Witaker, “Chico”, por el Consejo Internacional del FSM, y el Doctor en Filosofía Álvaro Rico, académico de nuestro país. En esa oportunidad aportamos una ponencia. Esta es la versión resumida de la misma, con muy elementales modificaciones de redacción. 

Mundialización, globalización y regionalización
1. Globalización y mundialización

Como producto principalmente de procesos capitalistas de acumulación económica de larga duración, de la impresionante revolución científico-técnica del último cuarto del siglo XX, y de la implosión del denominado socialismo real de la Europa del Este, la globalización irrumpió para quedarse en el mundo contemporáneo. Esta globalización constituye un proceso no reversible, pero modificable en su orientación y contenido, a condición de una acción mundial urgente, poderosa y alternativa.
 

Lo que debemos discutir es una alternativa democrática a la globalización que actualmente padecemos, tan arrogante como excluyente, hija del neoliberalismo y de la concentración de poder. Si queremos denominarla mundialización, para diferenciarla política, ideológica y programáticamente, de la conducción y la sustancia de la actual globalización neoliberal podemos hacerlo. Por razones de claridad conviene hacerlo. 

2. Geopolítica y geoeconomía. Los bloques regionales
La globalización que se ha impuesto encierra tensiones y contradicciones notables. En el mundo actual, asistimos al enfrentamiento de dos lógicas y a su expresión como incertidumbre y vulnerabilidad: por un lado, la lógica de la geoeconomía globalizada y desregulada, cuyo predominio supone la crisis del Estado nacional. Por otro, la lógica de la geopolítica multipolar, basada en el fortalecimiento de los Estados principales y de sus áreas regionales de proyección económica y política. 

Los diversos mecanismos de coordinación multilateral de las políticas económicas implementados por los países más importantes —la geopolítica multipolar del Grupo de los 8 (G8), por ejemplo— han mostrado ser incapaces para hacer frente a los problemas más graves de una economía globalizada y liberalizada. En los hechos, la globalización económica no se ha acompasado con la globalización institucional y política. Esta asincronía entre lo económico y lo político-social ha tenido consecuencias lamentables. La ruptura de los controles nacionales se ha efectuado sin la creación de las instituciones correspondientes de regulación y programación internacional. Tenemos una economía mundial sin una política mundial. 

Pero no se requiere de cualquier política global sino de una mundialización democrática. Para gobernar la mundialización, y hacerlo en favor de los más débiles, se necesita un cambio muy profundo en las relaciones de poder mundiales, que afecte cuestiones medulares del sector real de la economía, del ambiente, lo militar, tecnológico, científico, cultural y comunicacional, y que privilegie el desarrollo de los países, regiones y sectores sociales pobres. 

3. Unipolaridad y multipolaridad
Esta geopolítica multipolar, fundada en Estados con proyección regional, a su vez, ha estado en manos del Norte y privilegiado sus intereses en detrimento del Sur, y operado bajo la hegemonía político militar y comunicacional de los EEUU. Se trata de la  potencia dominante en la mayor parte del siglo XX, que acentuó notablemente su control unipolar con el derrumbe de la bipolaridad de la guerra fría, y que ha procurado bloquear la multipolaridad. 

Esta situación de geoeconomía globalizada y de geopolítica multipolar hegemonizada por los EUA se acentuó dramáticamente después del 11S de 2001, pero ha venido siendo severamente cuestionada a partir del crecimiento impactante y la reconversión económico social de China, del fortalecimiento de otros estados, de la iniciativa internacional de Brasil y de la constitución del grupo de los 20. 

Para Zbigniew Brzezinski, el status americano de primer poder mundial no será disputado por más de una generación porque ningún Estado puede compararse con los EUA en las cuatro dimensiones del poder militar, económico, tecnológico, y cultural que confieren gravitación política global. Estas opiniones de hace algunos años deberían ser revisadas, sin embargo, a la luz del impresionante crecimiento Chino, el más importante proceso de cambios nacionales económicos y políticos a principios del siglo XXI. 

4. Mundialización democrática
No se trata solamente de apostar a la multipolaridad sino a un cambio en las relaciones mundiales de poder en favor de los más débiles. Nos hemos convocado para avanzar hacia una mundialización progresista, sin la cual no habrá, en última instancia gobernabilidad planetaria alguna. Se trata de articular una gobernabilidad planetaria progresista sobre la base del desarrollo de nuevas macro-regiones (como el MERCOSUR ampliado a escala sudamericana), y de su vinculación con movimientos de la sociedad civil y política de alcance mundial, en esquemas federativos y en redes de toda clase de actores: ciudades, microregiones, movimientos sociales o cortes temáticos. 

En ese marco es preciso reformular los Estados, dándole proyecciones regionales para que puedan contrabalancear el macropoder de los actores transnacionales del mundo privado, potenciar actores regionales que expresen al Sur postergado, y sobre esa base democratizar los organismos internacionales y ampliar la participación de la sociedad civil internacional. En suma integraciones regionales + multilateralismo democrático + sociedad civil y política progresista. 

5. El 11S y sus consecuencias
Como parte de esta estrategia será necesario cerrar el ciclo que se inició el 11S a través de una poderosa campaña internacional a favor de la paz. El pacifismo debe ser potenciado notablemente para salir del estado de condena e inevitabilidad de la guerra. Hoy el pacifismo se liga directamente a las políticas de integración social y al multiculturalismo. Debemos tener en cuenta que se ha exacerbado la xenofobia apoyándose en las migraciones de los pobres y en la teorización de la guerra como enfrentamiento de las culturas.
 

La cuestión ideológica: ¿modelos, ética, principios, valores, utopías y tendencias? ¿revisar a Marx o izquierdizar a Rawls? 

1.¿Hacia dónde ir? ¿Hay un modelo alternativo?
La izquierda necesita desarrollar e incorporar nuevos enfoques ideológicos a partir de otros supuestos. Aventada la perspectiva determinista de la historia, aceptado el carácter contingente de los procesos, y la necesidad de convivir con la incertidumbre, se requiere reformular los objetivos y las metas, así como también determinar las vías, estrategias y políticas más idóneas de  aproximación. 

2. Caminos sin salida
Tanto los enfoques fundados en modelos o recetas replicables, como la idolatría y sustantivación de los instrumentos, la unidimensionalidad en la caracterización de las formaciones sociales, conducen a caminos sin salida y no permiten fundar seriamente la identidad de la izquierda. Estamos persuadidos de que esta identidad encuentra cauces, convicciones, banderas y entusiasmos transformadores, recupera el espíritu humanista y prometeico, cuando avanza a partir de la profundización del concepto de democracia. 

En primer lugar, resulta estéril insistir en la búsqueda y en la promesa del “modelo alternativo”. En segundo lugar, la idolatría de los instrumentos —estados y estatismo, distintas formas de organización productiva o empresarial, privadas o sociales de nivel micro, mercado u otros—  encorseta las políticas y conduce a derrotas. En tercer lugar, la obsesión por definir el carácter de las formaciones sociales a partir de enfoques unidimensionales, ya sea a partir del determinismo económico o del institucionalismo político, tampoco conduce a ninguna parte. Es preciso alterar y complejizar la lógica. Apuntar más al carácter de los procesos, de las estrategias y políticas, de los fines y valores que incorporan en las distintas dimensiones de la vida social y al análisis macro, tanto económico como político, social, cultural o ambiental. 

3. Acerca del carácter de las formaciones sociales
Con demasiada frecuencia, por ejemplo, se ha confundido en el mundo de las ideas el gobierno con el Estado cuando el acceso al primero no implica el control del poder; el progreso con el estatismo cuando ya no se considera a la propiedad pública como un fetiche; lo social con lo privado cuando en el interior de la sociedad civil se desarrollan notables experiencias con fines públicos; el mercado con el capital y éste con el capitalismo, cuando el mercado es anterior al capital y ambos al capitalismo, y muy probablemente también lo sucederán.

Para construir el camino es necesario superar los determinismos y admitir la posibilidad de formaciones sociales postcapitalistas, en el sentido de opuestas al  predominio socio-político del capitalismo pero no necesariamente al capital como tal, fundadas en la hegemonía  del democratismo, es decir en el predominio socio-político de los actores con demandas y fines públicos. 

Es altamente conveniente, con una perspectiva progresista, apoyar el desarrollo de las unidades asociativas y estatales estratégicas, para estimular la coexistencia de una pluralidad de actores y complejizar las relaciones de poder en el interior de la economía, pero ello no implica definir en lo político un formato exclusivo para funcionar en el interior de la economía. Una cosa es estimular lo que surge en el propio proceso social y otra fabricar una propuesta en el laboratorio e intentar imponerla. 

4. Por el radicalismo democrático
Despejados los problemas anteriores, la lógica de los modelos y el fetichismo de los instrumentos, y de la definición unilateral del carácter de las formaciones sociales, preferimos reformular la cuestión de la identidad de la izquierda sobre la base de un enfoque predominantemente finalista y pluridimensional. Este enfoque puede tematizarse y desplegarse como ético, o de los fines y valores (principalmente como  heredero de la revolución francesa, y de sus banderas en torno a la libertad, la igualdad y la fraternidad); o puede expresarse en el lenguaje de los principios o reglas de oro para una mejor organización de la sociedad; o en la democratización de las relaciones sociales y en la conquista de nuevos derechos; y todo ello con fuerte o débil tensión utópica. 

En un esfuerzo anterior, apoyándonos en los trabajos de Paul Ricoeur, en las intuiciones de Herbert José de Souza, Betinho, acerca del carácter inacabable de la democracia como proyecto, y en algunos puntos de vista de Ernesto Laclau sobre el radicalismo democrático extendido a todas las relaciones sociales y de poder, proponíamos la utopía democrática como fundamento de la identidad de la izquierda. Por algo, en el mundo contemporáneo, la democracia ha interpelado y cuestionado tanto al capitalismo puro y duro como al socialismo real. 

De acuerdo con la perspectiva desarrollada, una política de izquierda se define por la centralidad y radicalidad que otorga a la libertad, igualdad y solidaridad y a los actores consustanciados con estos valores en el interior de las distintas relaciones sociales y en el ejercicio de los derechos. La escisión entre solidaridad y exclusión, o entre patrimonio común y posesión está en el interior de la sociedad; transversaliza todas las relaciones sociales (incluidas las de producción y los arreglos familiares); se avanza o retrocede en la línea de la democratización o, lo que es lo mismo en la lógica del poder (incluyente o excluyente, concentrador o distribuidor). En suma, somos partidarios de una mirada sintetizadora a partir del concepto de democracia. 

5. Las estrategias o los medios al servicio de los fines
El enfoque de las tendencias es complementario y apunta a los aspectos más estratégicos, como a determinar, por ejemplo, que el enfrentamiento ideológico central en nuestra época es entre neoliberalismo y democratización. El neoliberalismo y el capitalismo puro y duro se enfrentan a cuestiones insolubles: no pueden resolver la cuestión del terrorismo sin políticas de inclusión a nivel nacional y mundial
resolución de la cuestión de la pobreza; la crisis ambiental pone en jaque el modelo de acumulación; la apropiación del conocimiento se convierte en más difícil con el desarrollo de la sociedad de la información y el conocimiento; las redes alternativas de comunicación se fortalecen y le disputan la hegemonía cultural.

En suma, estamos defendiendo la utopía democrática como eutopía, utopía positiva o “buen lugar” frente a la distopía neoliberal, como utopía negativa o “mal lugar”. 

 

Patrimonio común y recursos estratégicos: los problemas principales y los nuevos factores y relaciones de poder

1. Las cuestiones críticas
Para avanzar en el trazado de perspectivas de la democracia, el Estado y el poder en el mundo actual es necesario proceder a analizar cuestiones críticas básicas. 

En particular la pobreza y la marginación de varios miles de millones de seres humanos,  la creciente vulnerabilidad ambiental (y también sanitaria), los impactos de la economía del conocimiento y la información, y la necesaria democratización de la comunicación. Siempre el problema es el mismo: la democratización o el cuidado del patrimonio común (recursos naturales, conocimiento, comunicación), o la renta mínima y una política de desarrollo para enfrentar las cuestiones de la pobreza. Y para todo acciones urgentes. En particular en materia ecológica. 

La magnitud, celeridad y profundidad del cambio climático es tal como para advertir nítidamente de que nos encontramos con  límites civilizatorios. Se ha sostenido que desmaterialización ha aparecido como uno de los principales cambios tecnológicos para el desarrollo sostenible, pero cabe interrogarse si se llegará a tiempo o la base energética del paradigma que se sustituye liquidará antes buena parte de los fundamentos de la sobrevivencia humana en el planeta. 

2. La irrupción de la sociedad del conocimiento
En relación con el poder es necesario destacar una cuestión. La lucha por la democratización debe tener en cuenta que hemos ingresado en la sociedad del conocimiento y la información. Si el poder radica cada vez más en el conocimiento o,  en otros términos, es crecientemente subjetivo, ello modifica radicalmente el debate clásico vinculado con las relaciones de propiedad. En efecto, en procesos de pro­ducción fundados en el sujeto, la posesión de los medios materiales se subordina a la adquisición de los activos intelectuales. Esta nueva realidad impacta directamente en la cuestión del poder. Expresado de otra manera, la cuestión de la democracia comienza a transitar principalmente por la oposición entre el carácter social o el carácter exclusivo de las relaciones con el conocimiento.
 

Esta evidencia nos conduce a una segunda cuestión. Expresada como interrogante la podemos formular así: ¿alguien podrá alcanzar el dominio de los medios intelectuales cuando los mismos radican cada vez más en los sujetos que producen el nuevo conocimiento? Parece harto difícil. No sólo porque ese afán posesivo se estrellará con las demandas democráticas que emergen de la sociedad civil y que actúan y actuarán principalmente a favor del conocimiento como un patrimonio común. También porque esas demandas encontrarán puntos de apoyo a su favor en la propia sustancia de la actividad cultural, en la pasión de sus creadores y en la naturaleza de estas creaciones. A la gravitación creciente de la subjetividad debemos agregar la exten­­sión de la educación, las razones de interés público (como lo ha evidenciado la cuestión de los medicamentos genéricos) la intangibilidad de numerosos procesos y productos culturales, su fácil reproducción con las innovaciones tecnológicas, el consumo multiplicado y distribuido de buena parte de ellos, y el primado del acceso sobre la posesión, o de la accesibilidad y conectividad en red en dominios cada vez más importantes. En suma, el conocimiento es mucho más poderoso e inasible que las riquezas materiales del pasado. 

4. La privatización del conocimiento
No obstante ello, los esfuerzos en materia de privatización han sido y serán formidables, han alterado profundamente el modo de producción académico y desarrollado poderosísimas instituciones privadas no académicas. En materia de propiedad intelectual la radicalización privatista, la falta de regulaciones amplias formuladas a partir del interés social y académico, y de los países pobres, ha conducido a situaciones tan paradójicas como aberrantes. 

Las tensiones entre patrimonio común y apropiación corporativa se expresan en diversas cuestiones. Mucho se ha escrito, por ejemplo,  sobre Windows versus Linux, o acerca de WIKIPEDIA versus Encarta. O acerca de la brecha digital y la inclusión. O sobre el gobierno multiactoral de Internet o el control americano. O en relación con “Galileo” o GPS en materia de sistemas de navegación global vía satélite. Urge profundizar estos problemas con una mirada desde la izquierda. Ignoramos si se abrirá una época de revolución social, pero es evidente que las actuales relaciones sociales “traban” un mayor y mejor desarrollo de la capacidad productiva planetaria, y que el contraste entre la posibilidad que otorga el saber y la realidad mutilada por el dominio de las minorías sociales generará nuevos desenlaces fruto de la confrontación de la conciencia humanista con la facticidad opresora o, en términos políticos, del enfrentamiento de las tendencias democratizadoras con los poderes de la exclusión. 

LA CUESTIÓN POLÍTICA
1. Los movimientos sociales. El protagonismo de la sociedad civil

Podemos coincidir con Wallerstein en el sentido de que vivimos una edad de transición por crisis estructural del “modern world-system”; como consecuencia de ello la derecha se reorganiza y la izquierda busca caminos y no hay resultado asegurado alguno. También en su caracterización sobre la evolución de los movimientos sociales en sentido amplio. En la actualidad lo nuevo consistiría en que los actuales movimientos de la sociedad civil internacional incorporan a todos los anteriores: desde la vieja izquierda a los nuevos movimientos sociales; que no crean una gran superestructura y que tienen una plataforma mínima centrada en que “otro mundo es posible”. A nuestro juicio, la línea inclusiva, de convergencia y plataforma común, tanto a nivel local como nacional, regional o mundial constituye todo un acierto. 

La realidad se ha complejizado, fragmentado y transformado a un punto tal que carece por completo de sentido el planteo obrerista correspondiente al capitalismo del industrialismo y el fordismo.  Los referentes sociales, los puntos de apoyo y las fuerzas protagónicas principales pueden ser  grupos sociales, fracciones de clases, etnias, identidades nacionales (persistirán como una muy fuerte emoción política), movimientos culturales o territoriales, u otros, y converger en pueblos, multitudes, mayorías o como se prefiera denominar. En esas acumulaciones colectivas que sustentan los cambios político-sociales algunas fuerzas sociales adquieren liderazgos (el protagonismo de las cuestiones étnicas en los recientes resultados electorales de Bolivia puede ilustrarnos). Pero no se puede anticipar, con independencia de la situación específica, cuál adquirirá ese protagonismo. Como los señalara Ernesto Laclau recientemente, la conversión de una fuerza social en representación hegemónica de la sociedad es el resultado de una lucha contingente.

Las estrategias sociales y políticas del progresismo deben tener en cuenta las nuevas transformaciones sociales como dato relevante. Sólo la articulación de las fuerzas sociales y políticas puede demandar y producir estos cambios. Las estructuras y actores políticos generan espacios y abren caminos, priorizan necesidades y elaboran proyectos históricos, pero la pulsión procede del interior de las sociedades. 

2. ¿Tolerancia o fundamentalismo?
En el mundo actual uno de los obstáculos y adversarios más importantes para el crecimiento de una alternativa progresistas a nivel mundial es el fundamentalismo, en particular en su expresión religioso-cultural.

Aquí la oposición básica se da entre humanismo y tolerancia frente a la diversidad, entre cultura del reconocimiento versus fundamentalismo e intolerancia. Es necesario destacar y potenciar en particular el rechazo a los movimientos retro y a su conversión en guerras de las culturas y choque de civilizaciones. Debemos formular una crítica implacable a la ideología del choque de civilizaciones, poderosa arma político-ideológica. Como lo ha destacado Fernando Calderón al defender la preservación de la diferencias entre las culturas,  en América Latina las dialécticas de la exclusión y de la dominación tienen un suelo histórico en la dialéctica de la negación que se remonta a la conquista y colonización. Se podrían hacer reflexiones similares en relación con el esclavismo norteamericano como fundamento del racismo. En nuestro continente, tan extraordinariamente rico en materia de hibridación, mestizaje y aculturación el estudio de esta cuestión tiene una singular importancia política. 

3. Sociedad y espacio político
Sin organizaciones de la sociedad civil no hay espacio político, pero sin organización política no hay articulación ni cambio (una sumatoria de plataformas no hace un programa de cambios).
Se debe tener en cuenta, para vincular los movimientos sociales y la actividad política, que los conflictos se encuentran en el origen de los movimientos sociales, y que la acción política y su capacidad para inducir la creación de nuevos sujetos políticos es absolutamente relevante, en particular en el campo de la educación, la información y el conocimiento. Pero esto no es sencillo ni tiene un solo signo.
 

Como se sabe, algunos movimientos sociales levantan banderas progresistas —ambiente, tierra, renta básica, género, información—  y otros absolutamente conservadoras; los hay clásicos, nuevos, recientes y emergentes, con amplitud de horizontes o estrictamente corporativos, meramente reactivos, o dependientes de los financiamientos del Norte, o conservadores nucleados en torno a las más diversas temáticas como  la raza, la nación o la religión. Los desencuentros y choques están en el orden del día. Por lo cual la tarea de articulación y priorización del partido político de izquierda resulta absolutamente inesquivable. 

4. La reformulación de los actores políticos
Estos partidos necesitan ser actualizados. Primar la organización en red. Es preciso superar sin ingenuidad basista los esquemas jerárquicos propios del fordismo político. 

Admitir la pluralidad de las formas de lucha. No basta con la desobediencia civil, la objeción de conciencia, la acción militante y los procesos electorales.

Es preciso cuidar la lucha contra la corrupción. Ni la “moral sin política”  ni la “política sin moral”. 

5. Por una plataforma progresista a escala internacional
La plataforma progresista debería, en primer lugar, admitir la validez de las críticas formuladas al paradigma productivista, destacar el agotamiento de los recursos naturales y el deterioro de los ecosistemas, y elaborar controles efectivos a escala internacional. El redespliegue de un capitalismo eufórico y sin fronteras, con fuerte impregnación neoliberal, ha contrastado con la eclosión de diversas manifestaciones de una  “crisis civilizatoria”. Esta última incluye el debilitamiento e incluso la pérdida de control sobre los fundamentos mismos de la cultura humana.
 

En segundo lugar, es preciso que este esfuerzo programático otorgue relieve a la lucha por  la resolución pacífica de los conflictos, al replanteo de las relaciones interestatales y a la defensa de la autodeterminación de los pueblos, así como también de  impulso a las políticas de desarme y en favor de los DDHH, y a la democratización de los organismos internacionales.

En tercer lugar, en materia de relaciones económicas internacionales, se destacan principalmente los reclamos en favor del control de los flujos  especulativos de capital; contra el proteccionismo del Norte y la marginación internacional del Sur empobrecido. 

En cuarto lugar, en relación con la circulación de la información (como un aspecto clave de la democratización del saber), el programa debe incluir los problemas vinculados de transparencia, accesibilidad y disponibilidad de la información; la batalla emprendida por el acceso público a la información corresponde a todos los países y a todos los contenidos, en particular a los científicos y tecnológicos. 

En quinto lugar, en materia de lucha contra la pobreza y en favor de los bienes elementales para todos, deben destacarse los esfuerzos por la transferencia masiva de recursos hacia las zonas más empobrecidas del planeta, por la equiparación hacia arriba de los derechos sociales de los trabajadores y de redistribución progresiva de los ingresos.  

* 26.01.06. Foro Social Mundial binacional. Barra del Chuy. Versión sintetizada.
Senador Enrique Rubio, presidente de la Vertiente Artiguista. . Uruguay
 

LA ONDA® DIGITAL


Contáctenos

Archivo

Números anteriores

Reportajes

Documentos

Recetas de Cocina

Marquesinas


Un portal para y por uruguayos
URUGUAY2030.COM

© Copyright 
Revista
LA ONDA digital