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Alerta: El problema
es económico

por Jorge García Alberti
alberti@cs.com.uy

En el discurso del presidente Néstor Kirchner ante los legisladores argentinos, con motivo del comienzo de un nuevo período de sesiones de la Asamblea Legislativa, el primer mandatario se dirigió también, en un tono amistoso y casi de ruego, a su par uruguayo Tabaré Vázquez para que intercediera con el fin de suspender las obras por 90 días en las plantas de celulosa.

A todos parece haber impactado la solicitud y el tono de Kirchner y pocos repararon en el fondo de su discurso. Allí dijo que el problema no era una cuestión de exagerado nacionalismo o xenofobia de parte de los argentinos, sino que “ lo entendemos como es: un problema ambiental con ribetes económicos”.

Apareció la sinceridad de Kirchner al introducir el tema de fondo en toda esta cuestión que va mucho más allá del simple cuestionamiento ecológico: Uruguay captó una de las principales inversiones del mundo en el rubro de pasta de celulosa, que lo proyecta a convertirse en un rival de fuste en los próximos años.

Para aportar más datos sobre este punto, ya conocemos que hay otra empresa que está intentando invertir en el Departamento de Durazno y también ha trascendido que inversores muy importantes de Japón están viendo como se soluciona este diferendo con Argentina para decidir instalarse en Uruguay.
La explicación de estas inversiones viene por el lado del clima, que permite que un árbol, que en otro país necesita entre 20 y 30 años de crecimiento para ser rentable, en Uruguay solo necesita entre 7 y 10, dependiendo de la especie.

Además, los costos indirectos son menores, la cultura de la población es muy alta y las seguridad jurídica es mayor. Casi la combinación perfecta para decidir una inversión.

Cuando decimos que el clima es la clave, no estamos señalando que Uruguay sea una isla, el clima es el mismo del lado argentino y también en parte del territorio brasileño.

Nos estamos convirtiendo, entonces, en competidores industriales de los dos colosos. Mientras solo plantábamos árboles, para exportar los rolos sin ningún proceso de valor agregado, no sucedía nada, no éramos competencia. Ahora que llega al país tecnología de punta, porque las plantas son más modernas y la demanda mundial de pasta de celulosa tiende a crecer, la proyección a veinte años indica que Argentina va a quedar rezagada en ese rubro y allí está el nudo de este tema que se quiere hacer aparecer como un tema ecológico. Son miles de millones de dólares que están en juego, fuentes de trabajo y recaudación para el Estado.

Hay una anécdota que cuenta el ex canciller Sergio Abreu, referida a los albores del MERCOSUR. Dice que en una reunión, cuando se discutía el rol de cada uno de los países, un interlocutor brasileño precisó que su país estaba llamado a ser el motor industrial del bloque junto con Argentina. Entre los dos grandes, si iban a complementar en materia industrial.

A Uruguay lo veía como “ un gran hotel con vista al mar, con un fondo muy grande lleno de vacas”. Es decir nos veía como el vendedor de servicios, turismo y lo que siempre tuvimos, carne.

Abreu cuenta que respondió a esto indicando que Uruguay también tenía aspiraciones e iba a competir por captar inversores y así desarrollar su industria a lo que el diplomático brasileño inmediatamente precisó: “entonces vamos a tener problemas”.

En este tema de la industrialización y la rivalidad con Argentina , donde las plantas de celulosa son solo un simple accidente, le va el futuro a Uruguay y por lo tanto a las futuras generaciones uruguayos.

Para reafirmar este punto crucial, hay otro elemento que aún no ha trascendido y que nos puede llevar a un nuevo enfrentamiento con Argentina.
Los pescadores de Mar del Plata están comenzando a cuestionar la captura de la llamada “ anchoita”, materia prima de la planta industrial que está instalada en el Departamento de Rocha, que está procesando y exportando harina de pescado.

Están todos los acuerdos firmados entre los dos países para la captura de determinada cantidad de toneladas en el Río de la Plata pero ahora, del lado argentino, ven que somos un competidor importante. Ya insinuaron que se tenía que rever el acuerdo. Las consecuencias pueden ser desastrosas si cedemos terreno y eso ocurre.

Comenzamos a ser molestos para nuestros vecinos como consecuencia del crecimiento industrial y habrá que estar muy firmes para que no nos atropellen.

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