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Canciones de doña Venus
De Washington Benavides
Ediciones de la Banda Oriental
Héctor Valle |
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Los ecos del Carnaval |
Los ecos del Carnaval
Nada
hay que aúne en sí el espíritu y la identidad del Uruguay como las
festividades de Carnaval y a la vez permita ubicarlo, y ubicarnos, en el
contexto del crisol de nuestra América Profunda.
Así, mientras el verano comienza a retirarse y este país, visto desde el
sur de la ciudad de Montevideo, comienza la gente a prepararse para lo
que vendrá, es decir, la antesala del año típicamente oriental: la
semana de los tres nombres: Turismo, Santa o Criolla.
Lo cierto es que el Carnaval permite mostrar la idiosincrasia de
nuestras gentes, desde la multiplicidad de manifestaciones humanas y
artísticas: pintura, música, danza, teatro, etcétera.
Dice bien Raúl Vidart, en su libro “El espíritu del Carnaval”, editado
por Banda Oriental, que “quien se asome a la parábola y al misterio del
carnaval hallará, quiéralo o no, la quintaesencia de la condición
humana.”
De tal suerte que la lectura de esta otra obra del antropólogo uruguayo
que como él mismo bien nos advierte complementa su obra anterior “El
juego y la condición humana”, también editada por Banda Oriental allá
por 1994, resulta de singular importancia sea para conocer de primera
mano los rudimentos de una temática tan peculiar y a la vez envolvente,
sea, por qué no, para adentrarnos siquiera un poco más, y de la mano de
un entendido que a la vez sabe expresarse para ser entendido por todos,
en el estudio de la identidad de un pueblo.
A lo largo de sus quince capítulos, la obra va exponiendo ante nuestros
ojos una realidad variopinta que dice ciertamente de aspectos locales e
históricos pero que al mismo tiempo, los y nos ubica en la historia y la
geografía del mundo al ser el carnaval una festividad que va más allá de
una peculiaridad lugareña al inscribirse en una manifestación de lo
humano que viene de lejos y en lo profundo de la historia.
A su vez, el tema en sí del carnaval da pie a que nos detengamos a
mirarnos una vez más a nosotros mismos, hablo ahora del Uruguay y sus
habitantes, y poder apreciar con un angular superior por más abierto en
la consideración de la cotidianeidad de su gente.
Por tanto la lectura de esta obra del antropólogo y ensayista uruguayo
resulta, a mi modesto entender, esencial para un conocimiento más
profundo y acabado de las raíces y los modos de expresión de esta
festividad carnavalera, sin dejar de olvidar, claro está, lo apropiado
de haber salido –y si no lo ha hecho, por favor no pierda oportunidad la
próxima vez- a recorrer calles y avenidas, desfiles y “tablados”, bailes
y plazas del momento en el que un país, visto desde esta sureña
Montevideo, despierta de su letargo y se apresta a vivir al son de los
afectos y en el contexto de una comunidad que cada día más siente como
propia esta singular manifestación del espíritu humano libre. Que de eso
se trata: permitirse ser libre, manifestarlo a la vez que vemos al otro
hacerlo a su modo y en armonía, lonja y pintura mediante, con lo
nuestro. En democracia, vamos. LA
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