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TLC con EE.UU.
El ejercicio de gobierno obliga a navegar con un rumbo. Ciertamente, partimos de la presunción que el gobierno atalaya en el horizonte los objetivos de su gestión, y supone que en esa dirección ha marcado el rumbo. Pero la navegación suele presentar, no en pocos casos, dificultades, las cuales originan confusiones a bordo. Y esto apareja el riesgo que se pueda complicar precisamente el rumbo. Constato que a un año y poco de estrenado el gobierno progresista, cuando se plantea en el escenario político nacional algún tema de importancia y sensibilidad política, es casi recurrente que desde la esfera oficial se pronuncien dichos y afirmaciones que luego se contradicen o relativizan, al punto que nos hace sentir una especie de sensación de zozobra. Esta observación no supone una desvalorización del balance general de gestión del gobierno, pero evidencia la necesidad de examinar aquellos asuntos que en particular enseñan notorias dificultades. Veamos algunos de ellos. Por ejemplo lo suscitado de manera reciente con el tema del proyecto de salud reproductiva, o conocido en la jerga popular como concerniente al aborto, el cual produjo un parto de declaraciones políticas de distintos actores del gobierno, a partir de afirmaciones atribuidas al Presidente con relación a la eventual decisión de cese de las Cámaras. Notoriamente dichos actores desplegaron “ipso facto” contradictorias apreciaciones. El tema del TLC con EE.UU. es otro convidado de piedra en las contradicciones de las filas del gobierno. Cada vez que este asunto se coloca en el centro del debate político, se desacomoda la estantería. Si recorremos las iniciales declaraciones del ministro Danilo Astori a favor de la iniciativa, pasando por la inocultable oposición del canciller Reinaldo Gragano, el Presidente de la República mediante algunas referencias puntuales trató de imponer una cuota de cierta ponderación al debate, procurando cuidadosamente impedir el sacrificio de algún contendor. Pero, inesperadamente, las declaraciones del primer mandatario formuladas en Venezuela sobre el tema, dispararon nuevas tensiones y conjeturas al interior de las filas del gobierno. Sin embargo, es casi seguro que en poco tiempo y en vista de la anunciada visita en mayo de Vázquez a los EE.UU., se volverá a un nuevo punto de aproximación política, con relación a las posibilidades de negociación de un eventual tratado con el país del norte. Pero la alarma de desencuentros emitió una sonoridad de altos decibeles, luego de lo declarado el 11 de marzo en Chile por el Presidente de la República, al concluir una reunión con Kirchner. En las horas siguientes cundió el desconcierto y la oposición tomó rápidamente distancia del apoyo que hasta ese momento le había brindado al Ejecutivo. Avisado el Presidente de las reacciones, de inmediato en Bolivia y con mayor énfasis en Venezuela, volvió a recomponer el mensaje de la posición que venía sosteniendo anteriormente el gobierno en el conflicto con Argentina. Debe quedar claro que todos los uruguayos coincidimos con el Presidente en la necesidad de dialogar. Lo que no fue feliz y hay que reconocerlo, fue la trasmisión de un mensaje que emparejaba las denominadas “monedas de cambio” para abrir el paso a un a negociación. Y conste que no se trató simplemente de un problema de forma, sino de sustancial contenido. Por otra parte es entendible que Kirchner y Busti tengan serios problemas en desactivar la irracionalidad que ellos mismos alimentaron, pero convengamos que soberanamente ese es un problema que lo deberán resolver solo ellos. Creyeron que los tiempos de agresión eran infinitos, pero la realidad hoy los acosa, de noche, como a un rebaño. Dicho de otra manera, siguen teniendo dificultades para devolver el balón de juego. Otro ingrediente que coadyuva a establecer matices, diferencias y distintas interpretaciones, es el método de que varios Ministros de nuestro gobierno opinen con toda naturalidad sobre temas ajenos a sus respectivas carteras. Formuladas las opiniones y puntos de vistas, luego sobrevienen las relativizaciones que lo que se dijo no debió entenderse como tal, o que existen ciertos intereses que llevan a interpretar las cosas de otra manera. Lo que no se advierte es que cuando se utiliza una especie de lógica que sedimenta la duda en los mensajes, ya sea por problemas de comunicación o por estilos propios de los actores, la sensación de inseguridad empieza a fijar en los receptores el reflejo condicionado de la desconfianza. Otro aspecto inocultable, volviendo al tema de las plantas de celulosa y su litigio con Argentina, responde al hecho que el gobierno sufrió el costo de una cancillería que no estuvo a la altura del desempeño de una gestión aceptable. La prueba más convincente no responde a la discutida validez de la “sensación térmica” del asunto, sino a la falta real de una tarea diplomática que desplegara con inteligencia y oficio todo el frente de acción bilateral y regional en una primera instancia. De paso tampoco olvidemos la aguda contradicción entre las respuestas dadas en primer lugar por el Vicepresidente y luego por el propio Presidente de la República a través de la Vicecanciller, con relación al mensaje enviado por Kirchner en su ante su reciente presencia en el Congreso Argentino. A estas horas no habría mejor acción para el gobierno que reconstruir toda la línea de apoyo previa al 11M de Chile, pero sin mengua de la saludable crítica del perfil de ciertos hechos políticos generados, ni retardar la necesidad de imprimir correcciones comunicacionales en la relación del gobierno hacia la ciudadanía. En definitiva navegar, con rumbo claro hacia el horizonte. LA ONDA® DIGITAL |
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