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El dogma neoliberal
Así, el valor de la democracia que se sustancia, fundamentalmente, en la equidad social, la libertad de expresión y la solidaridad entre las gentes, comienza a ser atacado fuertemente por los sin tierra. Y no me refiero a un movimiento rebelde en procura de asentamientos donde vivir y producir sino que hablo de los incluidos en los estamentos del poder hegemónico, se hallen éstos en los gobiernos de las potencias que hoy auxilian a la nueva Roma en su función de gendarme mundial, se hallen en los gobiernos de los países más diversos pero que encuentran sintonía en aquella porción directriz que tiene como tarea la de llevar a la práctica el catecismo económico que sustenta al poder global. Pero también me refiero a quienes ubicados en las empresas transnacionales como en los organismos internacionales, sean de crédito y/o de diversa índole (social, económica, jurídica) también apoyan el discurso oficial. Ciertamente hay excepciones pero me es difícil encontrarlas hoy por hoy en puestos clave de tales organismos, gobiernos y entidades afines a las áreas citadas.
La bestia bifronte Para ambos fines, el poder requiere de instrumentos y medios precisos: medios de comunicación complacientes y controlables y un humanismo militar como vector ideológico que dé asidero a las invasiones en aras de los ya mencionados derechos humanos y el valor exportable, no su esencia, de la democracia, como pancarta que valide la entrada y salida en diferentes países y regiones en pro de la llamada defensa de un sistema de vida, digámoslo, capitalista y democrático. Ante el embate que lleva consigo el cuestionamiento severo del grado de veracidad de los conceptos utilizados, ante la escandalosa impiedad de las acciones que también pretenden sean ejecutadas con la absoluta impunidad de los operarios (soldados, técnicos, administrativos) del sistema llevan in situ, nunca deja de ser oportuno el que nos permitamos reflexionar no ya cómo combatirlo sino antes bien, cómo pararnos nosotros ante la vida y ante el rostro de ese otro, de esa otra, que sin defensa alguna, será pasible de destrucción, sea física, como moral y existencial en cuanto a la capacidad que en un futuro pueda tener en cuanto a un proyecto de vida realizable como ser humano, en dignidad y en la libertad de poder ser quien quiera en un marco democrático republicano con firmes bases sociales de solidaridad y de equidad, repito.
Genuflexión y silencio Me dirán, es fácil decirlo, es harto sencillo practicar un ensayismo tan vacuo como estéril a la hora de vertebrar posibilidades reales y ciertas de reacción a la acción de aquellos. Y tienen razón, aunque también vale decir que hay reacciones de toda índole: la moral e individual de una persona, luego ciudadano, no mero átomo –hablo del individuo egoísta que se aísla y pertrecha tapándose el rostro con un periódico viejo del que sólo lee lo anecdótico. Hay también la reacción de los gobiernos y mandos jerárquicos, de primer, segundo y tercer nivel, en la toma de posición mediante políticas sociales y de defensa de la soberanía no por la vía de un neofascismo ni de un populismo que sólo esconden, si pueden, que no, que digo que no pueden, la tragicómica pretensión de un ego en pena por perpetuarse más allá de la lógica como del proceso natural de la vida humana. Pero hay también intentos serios de gentes que, por ejemplo en nuestra región buscan, ciertamente con errores, con imprecisiones, hasta incluso con apresuramientos producto de la falta de experiencia en el gobierno de la cosa pública, interesados en manifestarse en pro del otro, en un marco realmente democrático, plural que sea validado por una real mejora en la distribución del ingreso.
Los mercados son creaciones
políticas Quisiera recibir ejemplos de mercados libres. Yo sólo conozco monopolios y oligopolios: desde la pasta dentífrica en poder de una sola empresa a escala mundial, pasando por el procesamiento del café, en poder de cuatro o cinco grandes empresas, siguiendo por la refinación de petróleo, en unas pocas, menos de diez, armamento, etcétera. Claro está, los monopolios, oligopolios, y gobiernos que están en la cima del mando de la producción mundial de alimentos y productos varios, crean, recrean y moderan, instrumentos de supuesto contralor y adjudicación de performances como grados de libertad operativa que el resto del mundo da o recibe, apoya o descree de sus instrumentos. Así, recordémoslo, tenemos indicadores tan variados como endeble es su misma elaboración, desde el “riesgo de un país” vaya a saber procesado por qué oficinista oscuro en qué habitación de una ciudad cosmopolita, bien como barómetros que increíblemente dan una media de opinión de diez o veinte naciones sobre el grado de robustez en la validación de la democracia, la necesidad de acceder a una libertad real en materia de circulación de bienes y servicios (siempre entendiendo que el Estado pequeño en magnitud económica, debe abrirse al o los Estados poderosos que practican, natural y desembozadamente un proteccionismo sobre sectores vitales de su producción manufacturera, por ejemplo).
Objetivos del Milenio Ocho objetivos donde hallamos la erradicación del hambre extrema y de la pobreza; la promoción de la igualdad de géneros; la solidaridad; el respeto de la naturaleza; la tolerancia; la responsabilidad común, por ejemplo. ¿Habremos hecho lo suficiente? ¿Debemos resignarnos? ¿Esta tierra que hoy luce como baldía, lo será por siempre? No. No porque tenemos voluntad y estamos vivos; no porque la vida y la fuerza de un solo hombre y de una sola mujer, en un momento en cualquier lugar del orbe puede –y debe, y no se ría por favor porque es posible- producir el principio de un cambio real y a escala mayor. No porque, como dijera el querido y recordado Albert Camus: “Todo valor no implica la rebelión pero todo movimiento de rebeldía invoca tácitamente un valor.”[iii]
Falta decir y hacer mucho, en
líneas generales como en las particulares, pero en esta ocasión,
aunque poco, marcamos presencia para luego sí, sin prisa pero
sin pausa, continuar este asunto en todas las aristas y en todos
los prismas que sea dable ver y tratar para una mejor ubicación
que permita reflexionar y quizá, esto es lo que buscamos,
accionar, mancomunadamente, por un presente mejor en dignidad y
en equidad.
(...) La política consiste en una dura y
prolongada penetración a través de tenaces resistencias, para la
que se requiere, al mismo tiempo, pasión y mesura. Es
completamente cierto, y así lo prueba la Historia, que en este
mundo no se consigue nunca lo posible si no se intenta lo
imposible una y Ustedes dirán y con razón que ahora debiera yo definir lo que entiendo por política y es cierto, lo haré pero no en esta ocasión, no mientras presento el asunto que, así lo creo, constituye el tema central a tratar y debatir entre, los que hoy son y somos, seres libres, para mantener, acrecentar y derramar libertad con equidad. Hoy no tengo otra definición de política que la del valor en y desde la acción. Sólo puedo recordar a gentes diversas que en lo público, como Hannah Arendt, Albert Camus y tantos otros y otras, dieron luz sobre tópicos como este tanto en palabras como en acciones de vida. Hoy la apelación es a resistir y a combatir: Resistir el embate de lo oscuro y combatir nuestra propia desidia. Y, por favor, aventar de nuestros rostros cualquier sonrisa o risa cínica pensando que toda acción como la que promovieran estos grandes del pensamiento y de la ética, es quimérica. No. La ética es posible. Siempre. Y además imprescindible para continuar la vida dignamente. Recordémoslo.
[i]
Anderson, Perry. Alternativas en la guerra contra el
neoliberalismo y el neoimperialismo. La batalla de las
ideas en la construcción de alternativas. En
publicación seriada: TAREAS: Número 116, enero-abril
2004, Págs. 75-92. Centro de Estudios Latinoamericanos,
(CELA), “Justo Arosemena”, Panamá, República de Panamá.
[ii] Pochmann, Marcio: Objetivos do Milenio descumpridos, http://agenciacartamaior.uol.com.br [iii] Camus, Albert – El hombre rebelde, Editorial Losada, Buenos Aires, año 2003, Pág. 18. [iv] Weber, Max – El político y el científico, Ediciones Libertador, Buenos Aires, año 2005, Págs. 83 y 84. LA ONDA® DIGITAL |
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