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El crimen fue en Granada,
Las rosadas villas, recién construidas, que coronan los riscos lucen extrañamente desiertas. Parecen más la brillante impresión del catálogo de un artista, que lugares para vivir. Y también parecen demasiado lujosas para la Granada que yo conocí. El joven oficial de la improvisada oficina de migraciones, sonrió la resignada sonrisa de la impotencia, cuando le pregunté quién era el propietario de los palacetes: - ¿Y usted que cree? Por supuesto los dueños son extranjeros, americanos, ¿quién más? Mi primer encuentro con Granada fue en 1982 y el Gobierno Revolucionario del Pueblo, del Primer Ministro Maurice Bishop había estado en el poder nada más que por 3 años. Es una pequeña nación de sólo 100.000 habitantes. Nuestro reducido equipo de filmación había volado a ras de mar, desde Barbados en una avioneta. Los grandes aviones de línea no llegaban a Granada porque en aquellos tiempos la isla carecía de una pista de aterrizaje adecuada, lo cual inhibía el desarrollo turístico. Por eso el gobierno revolucionario, con la ayuda de los cubanos, comenzó a construir una pista para aviones grandes, que hoy usan los norteamericanos. Los funcionarios de migraciones en Barbados frecuentemente sometían a los pasajeros a Granada a todo tipo de chicanas, para demorar los vuelos y perjudicar la economía de la Nueva Granada. Pero ellos ya estaban construyendo su propio aeropuerto internacional, lo cual permitiría a Granada conectarse con el resto del mundo. Los EEUU, entonces bajo el mando del presidente Reagan fueron hostiles al Gobierno Revolucionario del Pueblo desde el principio, hablaban de una amenaza comunista en la región. Declaraban que el nuevo aeropuerto tenía fines militares, para establecer bases cubanas y soviéticas en el Caribe. Antes y después de su independencia en 1974 Granada sufrió bajo la dictadura de Eric Gairy, quien usaba su tristemente famosa “Pandilla Mangosta” para aterrorizar a la gente. El Movimiento Nueva Joya, los sindicatos y los estudiantes, lideraron la batalla contra el dictador hasta que este fue depuesto en 1979. Después Granada sorprendió al mundo cuando comenzó a transformarse desde una atrasada colonia esclavista en una nación moderna. Yo vi la primera clínica de ojos en operaciones, construida desde la nada por dos doctores cubanos; visité una factoría de procesamiento de pescado, percibí el dulce aroma del jugo de mango en la nueva planta de procesamiento de jugos y mermeladas, donación de Bulgaria. Las mujeres trabajadoras por primera vez tuvieron 2 meses de vacaciones pagas por maternidad; se instaló un sistema nacional de salud gratuito y se promovió y apoyó la creación de cooperativas agrarias. Había un ambiente de excitación en el aire. Maurice Bishop, era un hombre de buen corazón y un lider carismático, con un gran talento para motivar al pueblo. Un año después estaba muerto, así como 15 de sus allegados. ¿Quién los mató? Era el 19 de octubre de 1983 y por varios días en Europa se recibieron sólo noticias confusas. Después, el 25 de octubre el poderoso EEUU invadía la pequeña Granada. Volé a Granada otra vez, para cubrir la invasión, con un nudo en el corazón. No había avionetas disponibles esta vez; los vuelos comerciales desde Barbados habían sido suspendidos, de modo que conseguí un lugar en un Hércules, un enorme avión de transporte militar estadounidense. El avión aterrizó en la nueva pista del casi finalizado aeropuerto internacional, construido mayormente por técnicos cubanos. En un círculo rodeado por alambre de púas vimos a unos 30 trabajadores cubanos tirados en el suelo, al sol del medio día, sin sombra alguna. Estaban esperando para ser deportados a Cuba. En la prensa occidental fueron reportados como “soldados cubanos”. Muchos de ellos rondaban los 50 años y eran los ingenieros que habían construido el aeropuerto. Algunos de ellos trataron de resistir la invasión, en un acto de solidaridad espontánea y 20 de ellos murieron, junto con 45 granadinos y 18 soldados norteamericanos. Los EEUU no habían esperado una batalla, pero la gente resistió furiosamente tan pronto como el primer (helicóptero) Chinook aterrizó. Muchos de esos luchadores y otros “políticamente sospechosos” eran custodiados en jaulas de madera de 2 metros por 1.50. Apenas podían moverse. Les ponían techos negros para que el calor fuera más intenso; no tenían puertas, sólo unos ventiletes bajos, como para que un perro lo atravesara arrastrándose. No nos permitieron hablar con los prisioneros – un preanuncio de lo que hoy ocurre en Guantánamo.
Le pedí a un “marine” que me
contara como había sido. Sonriendo, habló para la cámara: Pero la más grande de las mentiras fue la relativa a la muerte de Maurice Bishop (primer ministro). Nadie sabe con seguridad quien lo asesinó o fue el autor intelectual de su asesinato y el de sus camaradas. Tal vez algún día, cuando los archivos de la CIA sean desclasificados, sabremos la verdad. Hoy la única certeza es que nadie se benefició más de esos crímenes que los EEUU. Sólo se supo lo más grueso de los eventos que condujeron a esos asesinatos y al golpe de estado posterior. En 1983 los desacuerdos a la interna del Gobierno Revolucionario del Pueblo se hicieron más pronunciados. Un grupo que seguía a Bernard Coard y su esposa Phyllis, criticaban el liderazgo de Bishop. Y este fue puesto bajo arresto domiciliario. Cuando se corrió el rumor de que peligraba su vida, una muchedumbre lo liberó. Un capitán Conrad Meyers, entrenado en el ejército norteamericano, que decía haber vuelto para servir a la revolución, condujo el ataque al gentío que rodeaba a Bishop. El disparó el primer tiro y poco después murió en el tiroteo. Enseguida Maurice Bishop y 15 de sus camaradas fueron alineados en un paredón y fusilados. La gente en Granada estaba traumatizada y desconcertada. Su Primer Ministro estaba muerto y sus rivales, que lo habían matado, estaban en el poder. Se anunció que por cuatro días regiría el toque de queda. Dos días después, cuando un cierto nivel de tranquilidad retornaba, los EEUU invadieron. Algunos se opusieron a la “intervención” como fue oficialmente llamada. Otros sintieron alivio de tener una mano fuerte para arreglar las cosas. Parte del “arreglo” de cosas fue el juicio de 17 líderes del antiguo gobierno, 14 de ellos sentenciados a muerte por ahorcamiento por el asesinato de Bishop y sus camaradas. Todos se declararon inocentes y apelaron al Consejo Privado de la monarquía británica, que redujo las penas a cadena perpetua. Dos se convirtieron en testigos del estado y fueron liberados. Eso sucedió hace 23 años. Los condenados aún están encarcelados en Richmond Hill, una prisión de piedra, estilo medioeval. ¿Qué piensa hoy la gente sobre estos prisioneros? “Aún si eran culpables deberían liberarlos. Ya pagaron sus culpas. En todo caso, no sabemos quién fue realmente el culpable.”Este es el consenso general que hallé en conversaciones al azar. Los prisioneros están solicitando una revisión de sus casos, algunos basados en problemas de salud. Algunas iglesias y organizaciones sociales, se están ocupando de sus casos. Preguntando sobre los 4 años de revolución, encontré que aún la gente que no estaba completamente de acuerdo con ella, estaba orgullosa. Había sido algo totalmente granadino, algo independiente y valeroso. “Se hicieron muchas cosas para desarrollar el país; lo necesitábamos” – me dijeron. También hablaron de errores cometidos, pero resintiendo la intervención de los EEUU: “Podríamos haberlo resuelto nosotros mismos. ¿Porqué no nos dejaron tranquilos?” Los evangelistas fueron y son aún los más críticos del gobierno revolucionario. Hablan de ideología atea y extranjera, peligrosa para Granada. Pero todos el mundo habla bien de Maurice Bishop, sin dudar de su compromiso con la gente común. Hoy, si usted llega por avión, va a llegar a la ciudad atravesando la carretera Maurice Bishop, pero no se va a enterar, porque no hay cartel alguno anunciándolo. En Fort George puede llegar a ver la discreta placa marrón de metal, en la pared donde Bishop y sus camaradas fueron fusilados. La mayor parte de la gente pasa por allí sin mirarla siquiera. Cuando quise buscar material sobre el período revolucionario, no pude encontrarlo en la desprovista biblioteca de la capital. Se me permitió buscar en los archivos. Era un cuarto con pilas de diarios atados en paquetes, rescatados de la desvastación del huracan Iván, en el 2004. En el techo roto se podían ver las reparaciones temporarias. El acceso a los periódicos fue imposible. Sólo habían 3 libros sobre historia de Granada que incluían capítulos sobre la revolución. En el Museo Nacional de Granada, hay un modesto cuarto en el segundo piso, con unos pocos facsímiles de textos, colgados en las paredes. Allí se cuenta la historia de la revolución con unos pocos hechos y listas de “logros generalmente reconocidos del Gobierno Revolucionario del Pueblo” y “aspectos negativos del GRP”. Hay una foto de 30.000 personas en las calles de St George, apoyando a Maurice Bishop y un dibujo a lápiz de su persona en un acto en Londres, junto con el diputado laborista Alf Tomas. Supongo que es mejor que nada. ¿Qué quedó de los logros de la revolución? Las mujeres aún tienen sus 2 meses pagos por maternidad. No hay más clínicas de ojos, pero una organización de caridad canadiense manda cada tanto oftalmólogos y estudiantes de oftalmología para atender pacientes en todo Granada. La empresa de jugos y mermeladas fue vendida a una compañía privada de Trinidad y Tobago, que después de cerrado el trato, anunció: “por cierto, no necesitamos la caña de azúcar local, traeremos la melaza desde Trinidad”. Así que el gobierno de Granada vendió los cañaverales a empresas de bienes raíces norteamericanas. 2.000.000 de m2 de buena tierra reportaron 4 millones de dólares al país, en lugar de su valor de mercado de 200 millones. Alrededor de la costa sur, donde han surgido varios centros vacacionales de lujo, se ve alguna caminería nueva. El gobierno de EEUU nunca pagó los millones prometidos para modernizar el país, pero los inversores extrajeros compraron tierras e hicieron casas de descanso y vacaciones. La gente de Granada sigue tan pobre como siempre. Los beneficios resultantes del turismo en los lujosos hoteles van directamente a las cuentas bancarias de las compañias multinacionales. Los granadinos se benefician de los pequeños recuerdos y baratijas que los turistas pueden comprar. Grandes cruceros se alinean en los muelles especialmente construidos para ellos. Pero los 275000 visitantes que llegaron el año pasado, gastaron una miseria mientras estaban en tierra. Unos pocos vendedores callejeros y taxistas levantan algunos centavos del turismo y otros hacen lo propio lavando, reparando y sirviendo, por salarios misérrimos. No es esta una economía viable para un país. Es aún la vieja economía colonial, apenas disimulada. Como si la vida no fuera lo suficientemente dura, los huracanes Iván y Emilia azotaron Granada en 2004 y 2005. Viajando por las montañas aún se puede ver la desvastación. El 90% de los árboles de nuez moscada (uno de los mayores artículos de exportación de la isla) fueron volteados por el viento. Los tocones muertos han sido cubiertos por yuyos que sofocan el nacimiento de nuevos árboles. Granada exportaba un tercio de la nuez moscada que el mundo consume. Va a tomar varios años antes de que nuevas plantaciones de árboles puedan dar fruto. Otras partes de la agricultura fueron afectadas también, así como las casas de la gente, hechas mayormente de listones de madera. El 90% de las casas fueron destruidas y 26 escuelas muy dañadas. Alguna gente perdió todas sus pertenencias y 30 personas murieron. Llegó ayuda desde el exterior, pero 17 meses más tarde el gobierno está siendo acusado de haberse embolsado el dinero de las donaciones y los préstamos. Los ministros se aumentaron los salarios, no redujeron sus gastos y no son responsables por los millones de dólares faltantes, “perdidos” en varios emprendimientos. Se asume que se enriquecieron desviando el efectivo a proyectos que nunca se realizaron. Las críticas vienen de todos los sectores de la sociedad, izquierda, derecha y centro. El ambiente se enrareció aún más cuando el gobierno recientemente propuso un 5% de impuestos a todos los ingresos mensuales por encima de los 1000 dólares locales (unos 300 dólares de EEUU). Se suponía que este impuesto era para reflotar la agricultura de la isla. La Central de Trabajadores (TUC, Trade Unions Council) se opone al nuevo impuesto. La gente aún está recuperándose de sus pérdidas y de la carga de una tasa de inflación de un 30% anual. “Se dan cuenta de que los niños no pueden ir a la escuela diariamente porque no tienen para el ómnibus?” – bramaba una mujer furiosa ante los manifestantes oponentes al nuevo impuesto. “El sacrifico debe venir desde arriba. ¿Porqué unos tienen cada vez más mientras que los trabajadores cada vez tienen menos?. Fue un “día rojo” y las calles rebosaban de manifestantes con camisetas rojas. La mayoría de los trabajadores acataron el llamado de la Central a la huelga. Se hizo un improvisado mitin a pesar los esfuerzos de la policía por prohibirlo. Cada uno de los que habló denunció al gobierno y llamó a resistir el nuevo impuesto. Hay enojo y orgullo y más que nada la compresión clara de que hay que luchar por la justicia. “Se trata del pan” – dice uno. En los periódicos locales, se acusa al TUC de estar politizado. Bueno, los asuntos referentes al pan, tienden a convertirse en argumentos económicos, que a su vez llevan a argumentos políticos. Así funciona el mundo. Y por eso la semilla de la revolución nunca muere. Como resultado de las protestas masivas, en febrero el gobierno anunció la reducción del impuesto propuesto al 3%. *Gina Kalla es periodista independiente nacida en la RDA LA ONDA® DIGITAL |
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