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Carpentier no creó el realismo mágico,
sí la teoría de lo real maravilloso

por A. Márquez Rodríguez

Dialogo de A. Moreno-Uribe con el critico venezolano Alexis Márquez Rodríguez sobre el escritor cubano Alejo Carpentier, quien vivió 14 años en Caracas cuando se ha cumplido su centenario.

- ¿Por qué el centenario (en el 2005), de Alejo Carpentier pasó por debajo de la mesa?¿Qué pasó con las instituciones?¿Hay un rechazo de carácter político, por aquello de la cubanidad?
-Yo no diría que pasó por debajo de la mesa, sino que la conmemoración no ha tenido el lucimiento que debió tener. Creo que ello se debe, no a factores políticos, como sugiere tu pregunta, sino a eso que popularmente se llama dejadez. Lo mismo ocurrió con Pablo Neruda, y en ambos casos el sector oficialista de la cultura debió interesarse más por conmemorar el centenario de dos figuras que, además de lo gigantesco que son en el mundo de las letras, se supone que deberían de ser gratos a los revolucionarios.  

Igual pasó con figuras venezolanas muy importantes como Antonia Palacios, Manuel Felipe Rugeles (su centenario fue en 2003), Francisco Tamayo y Rafael Rivero Oramas, que apenas fueron recordados gracias a una institución de gran mérito, como la Fundación Provincial para la Cultura. La Academia Venezolana de la Lengua había acordado sendos actos conmemorativos, pero la situación anormal que ha vivido la Academia durante todo este año impidió que se realizaran. Márquez Rodríguez observa que en el Área de Letras de la Universidad Central de Venezuela se realizó un foro acerca de la vida y obra de Carpentier, en el que él participó junto con Michel Ascensio y Víctor Bravo. "Además, el Fondo Editorial de la Facultad de Humanidades y Educación de esa misma universidad publicó un excelente libro con 17 trabajos sobre Carpentier.  

Y Monte Ávila está pronta a lanzar un tomo de su colección El autor ante la crítica, también con más de 20 trabajos sobre el mismo tema. Igualmente la Biblioteca Ayacucho publicó el año pasado un precioso volumen, Los pasos recobrados, de ensayos de teoría y crítica literaria de Carpentier, preparado y prologado por mí. Tengo entendido, además, que la Universidad Centenaria de Aragua realizó un simposio sobre la vida y la otra de Alejo. "!Algo se hizo", advierte entonces Márquez Rodríguez, aunque no lo suficiente tratándose de un autor que se hizo grande en Venezuela, pues aquí escribió durante los 14 años que vivió entre nosotros, cuatro de sus grandes novelas: El reino de este mundo, Los pasos perdidos, El acoso y El siglo de las luces, así como numerosos cuentos, artículos periodísticos y ensayos de una importancia fundamental, tanto en su obra como en el ámbito de la literatura de habla castellana. Por lo menos la mitad de la obra periodística escrita por Carpentier la hizo en Venezuela". 

Es enfático Márquez Rodríguez al observar que lo que sí falló fue la cobertura de los medios de comunicación venezolanos, tanto de los actos realizados, como del hecho mismo del centenario. "Hay excepciones. Una es esta misma entrevista, pero, además, El Mundo publicó otros textos muy interesantes acerca del centenario de Carpentier. También Últimas Noticias me pidió escribir una página sobre él, que apareció Nº 26, La revista Imagen, del Conac, que ahora dirige el periodista Rubén Wisotzki, publico donde aparece un facsímil, como primicia absoluta, dos de las muchas cartas de Alejo que conservo con una inmensa devoción". Márquez Rodríguez comenta que en el caso de Carpentier aún hay tiempo para hacer algo más de lo que se ha hecho.  

-¿Dónde están los grandes valores del novelista, el amigo y el publicista que fue?
-Alejo Carpentier es el narrador más importante de lengua castellana en el siglo XX. Esto no quiere decir que sea mejor o que guste más que Jorge Luis Borges, Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes o Mario Vargas Llosa. Además, es muy probable que Borges y García Márquez sean más conocidos en el mundo entero que Carpentier. Pero ninguno de ellos hizo grandes aportes innovadores al arte de narrar como lo hizo Alejo. 

-¿Cuáles son esos aportes al arte de la narrativa?
-Su manejo del tiempo, en su dimensión filosófica como en su carácter de recurso técnico, fue en su momento una verdadera revolución. Eso de contar la vida de un personaje hacia atrás, de la muerte al nacimiento, como lo hace en el cuento "Viaje a la semilla", fue en su tiempo algo insólito. Lo mismo que relatar las 24 horas en la vida de un joven soldado antes de embarcarse en una nave para ir a la guerra, y hacer que ese personaje viva, durante esas 24 horas una experiencia de tres mil años, yendo sucesivamente de los tiempos de la Guerra de Troya al siglo XVI, al siglo XVII, al siglo XX, y para volver finalmente a la época de la Guerra de Troya, siendo siempre, inequívocamente, el mismo personaje, a nadie se le había ocurrido antes. 

Márquez Rodríguez destaca que lo mismo podría decirse de aquella escena de Concierto barroco en que tres genios musicales del siglo XVIII, Haendel, Vivaldi y Scarlatti, discuten animadamente, al amanecer de un Miércoles de Ceniza, en un cementerio de Venecia, y sentados sobre su misma tumba, acerca de la música de Igor Stravinski, que murió en 1971. "O de que, en la misma novela, que, repito, transcurre en Venecia en el siglo XVIII, un personaje se apreste para ir esa noche a un concierto del trompetista Lou Amstrong. Estas innovaciones puede que no digan nada a un lector de hoy, ya acostumbrado a los más audaces experimentos narrativos. Pero piénsese en el lector de 1944, cuando se publica "Viaje a la semilla", o de 1958, cuando aparece "Semejante a la noche", y se comprenderá el valor y la originalidad de ese manejo del tiempo". 

Agrega que otra cosa que debemos anotar como aporte fundamental de Carpentier es su visión de América. Carpentier es el primer novelista hispanoamericano que percibe y expresa la universalidad de los mitos americanos, que los ve en un mismo plano de igualdad con los grandes mitos universales². 

-¿Él es el creador del término o del estilo que ahora se conoce como "realismo mágico" ?
-No, Carpentier no fue el creador del realismo mágico. Lo que sí hizo fue formular su teoría de lo real maravilloso, que mucha gente todavía confunde con el realismo mágico, pero que son cosas muy distintas. El realismo mágico consiste en convertir una realidad que podríamos llamar normal, en una realidad mágica, contraria a las leyes naturales, mediante recursos como la exageración, tal como hace García Márquez con José Arcadio Buendía, en Cien años de soledad, al que describe como un ser descomunal, capaz de hazañas inverosímiles, que sólo un ser sobrenatural podría hacer, y que exhibe sobre el mostrador de la pulpería de Catarino un falo de tales dimensiones que estaba totalmente cubierto de tatuajes y letreros en varios idiomas. 

La teoría carpenteriana de lo real maravilloso, en cambio, se refiere a personajes y sucesos de características insólitas, fuera de lo común, pero que no tienen nada de mágico y sobrenatural, aunque causen asombro. Es el caso del haitiano Henri Christophe, que de cocinero de taberna llega a ser emperador de su país, cuya historia cuenta Alejo en su novela El reino de este mundo, en la cual se apega rigurosamente a los hechos históricos muy bien documentados, sin agregar nada de su imaginación. 

Christophe funda en Haití un imperio a la usanza del de Napoleón, pero de negros. Y en previsión de lo que pudiera ocurrir ordena edificar una fortaleza cuyos muros, para hacerlos invulnerables, manda que se construyan con argamasa mezclada con sangre de toros en lugar de agua. Eso no es realismo mágico, eso es real maravilloso. 

-¿Cómo conoció usted a Alejo y qué recuerdo puede hacernos conocer?
-Conocí a Alejo en 1952, cuando vivía en Caracas. Yo tenía entonces 21 años. Lo conocí con motivo de haber publicado en el Papel Literario de El Nacional, que entonces dirigía Mariano Picón Salas, un extenso artículo sobre El reino de este mundo . Fue mi primer trabajo sobre su obra; hoy suman más de 200, entre libros, ensayos, artículos en periódicos y revistas, conferencias, entrevistas, etcétera. 

Alejo trabajaba en la Publicidad ARS, que quedaba en la hoy avenida Urdaneta. Desde allí bajaba todos los días, al mediodía, hasta El Nacional, a donde iba a escribir su columna diaria Letra y solfa, de grata recordación. El día siguiente de haber salido mi artículo estaba yo en la Librería Pensamiento Vivo, que quedaba en el pasaje del Centro Simón Bolívar, y donde cada día Alejo se detenía unos minutos a conversar con quienes allí estuvieran. Ese día yo estaba solo con uno de los dueños de la librería, José Rivas Rivas, un querido amigo recientemente fallecido. Rivas Rivas le habló del artículo, sin decirle quién era yo. Él elogió mucho el artículo hasta el punto de hacerme ruborizar. Después Rivas Rivas nos presentó. Fue el comienzo de una larga y muy entrañable amistad.

Fuente Revista Cubaarte

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