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IV Bienal de Berlín: ni temática ni de tesis, sino de
preguntas sobre
nacimiento y muerte en el Arte
Mitta Diez |
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Adigio Benítez: Siempre he
tenido a la pintura en un altar
Estrella Díaz |
Adigio Benítez: Siempre he
tenido a la pintura en un altar
Entrevista
de Estrella Díaz al pintor y dibujante cubano Adigio Benítez
Premio Nacional de Artes Plásticas 2002. Es fundador
de la Escuela Nacional de Arte (ENA) y posee la categoría de
Profesor de Mérito del Instituto Superior de Arte (ISA). Además
es Presidente de Honor de la Asociación Internacional de
Artistas Plásticos (AIAP).
Mi íntimo compromiso de más de 50
años es trabajar por y para la cultura de mi país, me confesó
Adigio Benítez, En varias ocasiones la policía del entonces
dictador Fulgencio Batista realizó registros en mi casa e
interrogó a mi familia. “En 1958 me secuestraron y durante una
docena de días permanecí incomunicado hasta que me soltaron el 4
de septiembre, tres meses antes del triunfo revolucionario del
59”
-¿Cuánto influyó la caricatura
política en su obra posterior?
-
Desde la etapa de estudiante hice dibujos políticos; al
graduarme y comenzar la vida de pintor mi mecanismo de creación
estaba muy urgido de transmitir mensajes de contenido social
que, desde luego, no tenían el mismo lenguaje de la caricatura,
pero la pobreza, la delicada situación política que atravesaba
el país y la figura de algunos mártires se reflejaron en mi
quehacer.
En 1953 empecé a pintar y los
cuadros poseían un profundo contenido social. Los personajes y
protagonistas eran por excelencia los trabajadores, los pobres,
los niños; también realicé retratos a líderes de los movimientos
obrero y estudiantil como Julio Antonio Mella, Rubén Martínez
Villena y otros mártires.
En enero del 1959 ya tenía
preparada una exposición completa, pero sólo después del triunfo
de la Revolución es que exhibí, junto a otros tres artistas con
los cuales tenía afinidad política y artística. Los cuatro
mostramos por primera vez nuestro arte en la Fortaleza de San
Carlos de la Cabaña, donde tenía sus oficinas el entonces
Comandante de la Revolución Ernesto Che Guevara.
- En su vida de pintor ha habido
varias etapas, por ejemplo, en la década del 70 se inclina por
el Arte Pop.
- Sí, después del triunfo de la Revolución realicé una serie
social y continué haciendo trabajos que reflejaban distintos
momentos de la cambiante realidad cubana. La situación había
variado políticamente y traté que esa atmósfera apareciera en mi
obra.
Patio florido (1998). Acrílico
sobre tela (100 x 80 cm).
Así surgió Milicianos e hice la serie titulada Soldadores (unas
15 obras). Posteriormente intenté dirigirme por sendas o caminos
que me llevaran a un tipo de pintura inclinada hacia la
metáfora; algo más poético y menos directo, pero siempre sobre
la línea figurativa. Experimenté con el pop e intenté hacer una
figuración proveniente de la misma abstracción tomando formas
como si ejecutara la pintura abstracta, pero dentro de la
figuración. También hice ensayos con el pop art aunque no me
detuve de forma pura en ninguna de esas expresiones. Toda esa
experimentación me sirvió para encontrar un lenguaje propio.
Comencé a hacer elementos que parecen de papel –los cuales
denominé papiroflexia o papirolandia– y que consisten en
representar la misma realidad, pero de una manera más poética.
Así estuve varios años trabajando
la pintura y el dibujo con estos personajes de papel que llamo
papirotes. Estos personajes –que a veces son humanos y, en otras
ocasiones, animales o cosas– los llevé al lienzo y la cartulina.
Inicialmente partí de las figuras de papel que hacen
habitualmente los niños, pero hago una transformación posterior
hasta que logro un sentido artístico.
En 1987 fue distinguido como
Profesor de Mérito del Instituto Superior de Arte (ISA). ¿Qué
valor le concede a la docencia?
La enseñanza artística reviste
una importancia capital, comparable con el proceso evolutivo que
ha tenido la educación en Cuba y que empezó con la Campaña de
Alfabetización.
En el plano de las artes
plásticas fue esencial la creación de un sistema para el
aprendizaje de las distintas manifestaciones. Muchos talentos se
hubieran malogrado de no ser por esta metodología que dio la
oportunidad a jóvenes que residían en el interior de la Isla, e
incluso en regiones apartadas de la geografía cubana, de venir a
la capital y estudiar en la Escuela Nacional de Arte, en el ISA,
en San Alejandro y en otros niveles de la enseñanza media. Fue
un movimiento muy importante que ha producido resultados
extraordinarios; hoy contamos con artistas de mucho talento
surgidos de esas aulas.
- Tiene publicados cuatro
cuadernos de poseía; lo que siente ¿prefiere decirlo con
palabras o con el trazo?
-No hay duda que preferí decirlo
con el trazo y el color. Pero la poesía tanto como la pintura es
una gran pasión. Decidí tomar el camino de las artes plásticas
porque tal vez se ajustaba más a mi vocación. Siempre he
tenido a la pintura en un altar tan alto que nunca la he
podido abandonar. He sentido varias veces la imperiosa necesidad
de escribir y ahí está mi segundo oficio.
-¿Son las apropiaciones una
suerte de pretexto creativo?
- Las apropiaciones que realizo –y en las cuales mezclo
elementos del arte universal con figuras mías– no las hago con
un sentido irreverente. Todo lo contrario. Me parece que estoy
haciendo mi humilde homenaje a esos artistas de los cuales me
apropio para hacer mi trabajo. En mi obra hay humor, pero no
irreverencia.
Ella y el caimán (2003). Acrílico
sobre tela (172,3 x 90 cm).
Existen artistas que tienen determinadas obras que se prestan
para hacer un contraste humorístico; entonces, los traslado a
una situación que no es la real, sino ideada por mí, pero no
destruyo las figuras, al contrario, las copio para esa
apropiación, las traspongo en su forma natural, como son ellas.
Puede que lo haga en otro color, pero siempre respeto la obra
original. Las situaciones sí tienen un poco de humor, pero las
figuras de las cuales me apropio las respeto mucho.
Usted utiliza el color en toda
plenitud y su obra transmite alegría, ¿un juego?
Es, precisamente, como un juego. Pretendo hacer un contraste
entre mis figuras hechas de papel, junto a otras del arte
universal, que las trato con otro tono. Mantengo el dibujo, el
claro-oscuro, pero cambio el color. Por ejemplo, una figura
griega puede ser hecha de color azul y eso es un juego del
color, de la temática, del contraste, de la situación que se
presenta; una situación que es imposible en la realidad.
Solamente se puede reflejar en la pintura porque aparecen
figuras de cualquier lugar, de cualquier continente o época.
Tengo cuadros en los que aparece
una romería con personajes de diversos lugares y distintas
épocas junto a campesinos cubanos. Utilizo los colores muy
fuertes. Hay gentes que gustan de cosas más sobrias, me lo han
dicho, pero hay otras que no. Lo que sucede es que muchos de los
temas que abordo tienen algo de humor, son –a veces– encuentros
en los que me hago un autorretrato con una de esas grandes
figuras de la pintura universal y en algunos casos hay un poco
de humor también. Se ha dicho que los cubanos vivimos en un país
del trópico, que el color es muy brillante por el sol. Trato de
hacer cuadros alegres, ninguno es deprimente. Ni siquiera abordo
temas muy serios, por eso es que acentúo la viveza del color.
- ¿En qué movimiento se incluye?
- No me incluyo en ninguna escuela determinada. He enfrentado
muchos cambios y siempre he poseído una guía interior de lo que
quiero hacer, pero nunca he sido muy fiel a las corrientes. En
ese sentido soy algo promiscuo.
En la década de los 90 estuve
bastante metido en la corriente de la posmodernidad, según la
veo yo. Existen planteamientos estéticos dentro de esta forma de
ver el mundo que he adoptado. Desde el momento que soy posterior
a la modernidad, ya soy y me siento un posmoderno.
Sin embargo, difiero de otros
argumentos de algunos de sus más destacados exponentes por su
nihilismo, su quietismo en lo político social, en la
proclamación del fin de la historia, de las ideologías y de los
antagonismos, etc.
O sea, lo hago en un sentido de
apropiación de la gran y extensa obra que han realizado los
genios, los grandes maestros en cualquier parte del mundo. Los
pongo como un contraste, pero de una manera en que se vea bien
la temática; trato de buscar la unidad entre esas figuras del
arte universal y las mías.
- La Habana, Santiago de Cuba,
¿hasta qué punto están en su obra?
- San Cristóbal de La Habana es una ciudad bella. Posee muchos
lugares hermosos para el disfrute de los cubanos y de los que
nos visitan; cuenta con edificaciones, murallas y castillos que
datan de la época colonial. En todo el mundo se reconoce a La
Habana como una ciudad deslumbrante, pero no olvido a Santiago
de Cuba, que también es una urbe impresionante y que tiene una
historia patria muy sobresaliente. Como es la cuna donde nací,
no la olvido tampoco.
En mi obra siempre trato que en
el fondo de una situación, exista de base una escena cubana.
Pretendo unir a nuestro país con el resto del mundo. En mis
apropiaciones me esfuerzo porque aparezca Cuba, que exista una
base de la cultura que me ha dado la razón de ser y de trabajar.
Esa cultura está cimentada en la realidad de ser cubano, de
vivir en esta maravillosa isla.
Fuente: Opus Habana
LA
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