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Las elecciones del BPS,
Considero que no fue un día enteramente feliz para la democracia uruguaya, debido a la serie de inconvenientes que frustraron, de un modo u otro, el ejercicio del derecho al voto de muchos electores, asunto ajeno al espíritu profundamente responsable y democrático de los uruguayos cuando somos convocados a las urnas. Errores y omisiones en los padrones, faltante de listas en múltiples circuitos; impedimento de votar a los ciudadanos por falta de la credencial pese a la absoluta probanza de la identidad mediante la presentación de la cédula, aún figurando la habilitación del votante en el padrón de la mesa; carencia de información de muchísimos votantes acerca de los candidatos (incluido el designado único en el orden activos); todo ello en general conformó un panorama contrario al que solemos estar cívicamente acostumbrados los uruguayos, por más que algunos encumbrados jerarcas practicaron posteriormente, desde diversas tiendas, la vieja gimnasia acusatoria respecto de las consabidas culpas de otros, pero jamás propias. Por otra parte, del análisis de los números resultantes de la jornada de votación, surgen algunas evidencias para la reflexión. De acuerdo a los resultados emitidos en el sitio web por la Corte Electoral, se pueden proyectar las cifras generales que involucran a los tres ordenes, así como la desagregación de lo sucedido en cada uno de ellos. Obviamente hablar en general del 74.3% de votos emitidos con relación al total de habilitados, puede generar de manera simple la interpretación exitosa del resultado del evento, a riesgo de barrer (¿disimuladamente?) debajo de la alfombra los motivos y las causas de la no votación de la mayoría del 25% restante ( en total cerca de 280.000 ciudadanos) en elecciones que además eran obligatorias con sanción de multa pecuniaria en caso de no sufragar, salvo justificación válida. En el orden de los activos los datos revelan lo poco atractivo de una candidatura única. La misma resultó impuesta desde la Mesa Representativa del PIT-CNT, la que decidió no viabilizar la instancia democrática de una verdadera elección mediante pluralidad de candidaturas. En este orden (activos) la votación en blanco alcanzó el 32% de los votos emitidos y la suma de dichos votos con los anulados alcanzó el 40%. En cifras absolutas, esto representa que alrededor de 180.000 ciudadanos del orden activos no se expresaron a favor del candidato único, mientras sí lo hicieron 270.000. Por otro lado, si comparamos esta cifra a favor del candidato único con el total de habilitados, el porcentaje de votantes alcanzó el 50%. Otro dato surge de la votación de los pasivos, donde sufragó apenas el 58.5% del total de habilitados. Cotejando la suma de los votos que apoyaron las tres listas con relación al total de habilitados en el padrón de dicho orden, descontado el volumen de votos en blanco y anulados, el porcentaje de apoyo efectivo de sufragantes a los tres candidatos fue del 48%. Como contrapartida, el porcentaje de votos en blanco en este orden resultó el más bajo (14%). Seguramente la exoneración de la obligatoriedad del voto a las personas mayores de 75 años, junto a la mayor tasa de electores impedidos de votar por razones de salud, reflejen en grado importante la explicación referente a las cifras de votación de los pasivos. En el orden empresarial, si bien el porcentaje de sufragantes fue del 88% del total de habilitados, solamente el porcentaje de votos en blanco alcanzó al 30% de los emitidos, a pesar de existir tres candidaturas electivas. Queda demostrado entonces, que un repaso de lo acontecido el domingo 26 de marzo pasado no oculta la realidad de circunstancias y números que impide exagerar cualquier expresión voluntaria de exitismo. Más bien debería ser de preocupación y de autocrítica. La imprevisión en materia organizativa, la exigencia a los votantes de presentar únicamente la credencial cívica, la falta de coordinación interinstitucional entre la Corte Electoral y el BPS que facilitara el ejercicio del voto de los ciudadanos convocados , la ausencia de una eficaz comunicación que motivara la instancia electoral y la falta de pluralidad de opciones en el principal orden de los activos, constituyeron sin duda el menú de problemas visibles que arrojó un acto comicial, cuyo desafío podría emparentarse con la capacidad de convocatoria a dicha instancia de los sectores sociales y empresariales, por parte del gobierno de las fuerzas progresistas. LA ONDA® DIGITAL |
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