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Plantas de celulosa
Con los nórdicos no se juega

por Jorge García Alberti

El pasado viernes, en la presentación del Uruguay productivo en Salto, el Presidente de la República, con una tranquilidad llamativa, en un momento de su discurso dijo que las  discutidas plantas de celulosa se iban a instalar sobre el Río Uruguay, no iban a contaminar e iban a generar miles de puestos de trabajo. 

Pocas horas antes, trascendió que la empresa Botnia había comunicado a sus trabajadores que no se paralizarían las obras, como había anunciado con anterioridad, para acompañar el gesto que pidió el gobierno argentino. 

El anuncio parece haber sorprendido a muchos pero la responsabilidad por este cambio de actitud,  corresponde totalmente a la Argentina. Los ciudadanos nórdicos, por factores culturales, tienen la particularidad de ser considerados personas frías, calculadoras, serias, pero también son cristalinas, transparentes, honestas y no comprenden algo que los latinos ponemos en práctica con frecuencia: el doble discurso. Para ellos, lo que es blanco es blanco, lo gris es gris y lo negro es negro. Si es necesario plantearles algo, hay que hacerlo de frente y en términos exactos. 

Cuando Argentina pidió a las empresas el gesto de paralizar las obras, para que se pudieran reunir los presidentes con el fin de llegar a un acuerdo por el tema de la posible contaminación en el Río Uruguay, no puso condiciones previas a las empresas, solo pidió el gesto. 

En ese contexto, la dirección de Botnia en Finlandia, autorizó la paralización para que se realizara la reunión de donde iba a salir el acuerdo que permitiera el estudio de impacto ambiental, seguros de que se estaban cumpliendo con todos los requisitos y standares nacionales e internacionales, con respecto al cuidado del medio ambiente. 

Pero el canciller argentino, Jorge Taiana, que tiene fama de duro, un día antes de que se reunieran los presidentes, amplió las condiciones y los requisitos exigidos a Uruguay y pretendió que en el documento hubiera un anexo técnico, donde las empresas detallaran un plan de obras, como iba a ser cada etapa, cómo se controlaría la contaminación en cada una de ellas y con qué tecnología se contaba, entre otros items. Es decir, Argentina intentaba de costado, inmiscuirse en la realidad interna de las empresas que están instaladas en Uruguay y que eligieron nuestro país para trabajar. Cuando la dirección de Botnia en Finlandia tomó conocimiento de los cambios, notó que la solicitud iba mucho más allá del gesto inicial que le habían pedido, por lo que hizo uso de su independencia y revirtió la orden: así no hay gesto posible, esto no es lo que nos solicitaron y por tanto se sigue trabajando de acuerdo al calendario previsto. 

Ahora el problema lo tienen otros y no es resorte de la empresa solucionarlo.

Finlandia es uno de los países con mejor índice de desarrollo humano, donde la calidad de vida supera a la de cualquier otro lugar en el mundo, las empresas y los ciudadanos tienen normas de conducta y ética que se cumplen en forma estricta. Si Argentina quiere controlar la posible contaminación, tendrá que aceptar ahora participar en  la comisión binacional  prevista para tal fin, punto que sigue abierto y así monitorear todo el proceso. 

Con esta decisión adoptada por la empresa Botnia, es posible que la cumbre no se lleve a cabo nunca, también que los ambientalistas argentinos retornen a cortar los puentes y todo vuelva a foja cero. Quedará abierta la puerta para que Argentina reclame ante el Tribunal de la Haya, habrá costos superiores para todos pero tendremos que acostumbrarnos a esa realidad. 

En la década del 80, razones personales me llevaron a vivir un tiempo en Suecia por lo que pude conocer un poco más a fondo como razonan los ciudadanos de los países nórdicos. Nos cuesta mucho a los latinos entender como piensan ellos. Hay quien dice que en la cabeza no tienen un cerebro, tienen una computadora y por tanto son sumamente efectivos a la hora de tomar decisiones. 

Solo un ejemplo. Estando en Suecia, un grupo de tres ciudadanos uruguayos en el exilio, solicitó una entrevista con la ministra de Cultura, para pedir fondos para una muestra itinerante de pintura. La cita, en el despacho de la jerarca, se fijó a la hora 9:00. Como buenos uruguayos, llegaron 9:15. Ingresaron inmediatamente. La ministra les ofreció un café por lo que entraron en tema, pasadas las 9:20. A la hora 9:30 , la ministra se levantó y  dijo que se había terminado el tiempo destinado para la reunión. 

Ante el argumento de que no habían terminado de exponer el motivo de la visita, la ministra les dijo que pidieran otra audiencia y allí, con gusto, podrían continuar. También les dijo que llegaran en hora, así tendrían más tiempo disponible. 

El canciller argentino se equivocó. No captó que estaba pidiendo un gesto a los finlandeses. Y quizá no sepa que con los nórdicos no se juega.

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