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El dirigente del Partido Demócrata Cristiano En la sesión del 4 de abril el Senado aprobó la venia de acreditación del Prof. Mario Cayota como embajador de Uruguay ante el Vaticano. Lo que se puede leer a continuación es el Informe de la Comisión de Asuntos Internacionales realizado por el senador Carlos Baráibar
Habla
Embajador Cayota Ante todo, agradezco el llamado de la Comisión y también, de manera muy especial, la atención que se me brinda y el tiempo que los señores Senadores están dispuestos a concederme. Quienes me conocen, saben que tiendo a extenderme en la improvisación, por lo que en forma precautoria recurro hoy a los apuntes, dado que aprecio mucho el tiempo de los señores Senadores. Al inicio de mi exposición, permítanme recordar algunos hechos conocidos por todos, pero que constituyen referentes ineludibles para la tarea diplomática que iríamos a desempeñar. El Estado de la Ciudad del Vaticano tiene una superficie de 44 kilómetros cuadrados y una población que no supera el millar de habitantes. Si al dato geográfico y también demográfico se le suma la historia de este Estado y su posicionamiento ante el mundo, el ángulo desde el cual puede mirársele varía sustancialmente. Si bien es verdad que el Estado de la Ciudad del Vaticano como tal se crea por el Tratado de Letrán en el año 1929, el Estado Pontificio, como todos sabemos –del cual el Vaticano es legítimo sucesor- se remonta al siglo VIII, teniendo como inicio las donaciones del Rey Pepino el Breve y del célebre Carlomagno. A ello se suma, por otra parte, que El Vaticano es la sede del Gobierno de la Iglesia Católica, integrada por más mil millones de fieles. Existe, por lo tanto, una relación asimétrica entre la importancia material de este pequeño Estado y su gravitación, tanto en la historia pasada como en el mundo contemporáneo. Allí confluyen y se entrecruzan variadas corrientes espirituales e ideológicas, encontrados poderes políticos, fieles de todas las religiones y tendencias, ciudadanos de las más diferentes culturas, creyentes, agnósticos y, asimismo –si los señores Senadores me permiten la cita- según lo afirmaba Ernesto Renán: “Roma es un referente insoslayable”. Insoslayable, aunque no único ni exclusivo de los conceptos y sentires representados por la cultura judeo-cristiana. El historiador Toynbee –y me ha gustado mucho su definición- decía que el Vaticano es como un gran observatorio espiritual y político. En consecuencia, creemos que nuestra tarea, con las limitaciones propias de nuestra persona, será la de ubicarnos en este observatorio que es de alcance mundial siguiendo, obviamente, para nuestra labor, las instrucciones que nos imparta la Presidencia de la República y la Cancillería de nuestro país. Lo haremos teniendo muy presente lo determinado por el artículo 5º de nuestra Constitución de la República, que establece que el Estado no sostiene religión alguna. Es, pues, a partir de este principio de sana laicidad que nos proponemos desarrollar nuestra actividad. Estas tareas consistirán, fundamentalmente, en continuar haciendo conocer nuestro país sobre todo en el plano de la cultura, al tiempo que trataremos, de acuerdo con nuestras posibilidades, de aunar esfuerzos con la Santa Sede en el trabajo a favor de la paz, el diálogo y la tolerancia, valores que son ampliamente consensuados por la sociedad uruguaya y que constituyen, en buena medida, el perfil que nos distingue. Con relación a la Santa Sede, son conocidas las iniciativas y mediaciones para asegurar la paz mundial. Justamente, aquí en el Cono Sur tenemos la importante y exitosa mediación en el conflicto del Canal de Beagle entre los hermanos países de Argentina y Chile o, más recientemente, los esfuerzos, en este caso infructuosos, para la lograr la paz en el Irak, de lo cual hay antecedentes. En el plano interreligioso y de las ideas, se pueden destacar las célebres reuniones llevadas a cabo por la Santa Sede en la ciudad de Asís o el intercambio de visitas con el Gran Rabino de Roma. Asimismo, es notorio el trabajo constante en los organismos que operan en la Santa Sede y que tienen como principal objetivo la lucha pacífica –pero no por ello menos enérgica- contra el hambre, la enfermedad y en pro de la justicia. Creemos que el trabajo a favor de la paz y de la justicia seguramente serán puntos de coincidencia en la labor a desplegar como representantes del Gobierno uruguayo. Por otra parte, sabemos que por su especial configuración, la ciudad del Vaticano carece de relaciones comerciales con los países que lo reconocen, con el mundo. En cambio, se desarrolla en la Santa Sede una activa vida cultural, que pensamos que nos va a permitir insertarnos fluidamente en este variado y rico cúmulo de relaciones, lo cual posibilitará que el Uruguay –como ya lo hemos manifestado- continúe haciéndose conocer en el ámbito internacional ya que El Vaticano, en este aspecto y tal como lo señalaba el historiador Toynbee, es un lugar privilegiado de encuentro plural, de culturas y saberes. Al respecto, trataremos de interesar a los organismos de la Santa Sede en un intercambio cultural que beneficie a ambos Estados, y debo decir que en este sentido hay valiosas experiencias anteriores llevadas a cabo aquí, en el Uruguay. En cuanto a los vínculos concretos con el Estado de la Ciudad del Vaticano, creemos que podría ser útil privilegiar –siempre desde esta perspectiva de sana laicidad- entre otras, las relaciones con el Pontificio Consejo, Justicia y Paz que, como su nombre lo indica, trabaja sobre estos dos importantes ejes. Lo mismo sucede con el Pontificio Consejo “Cor Unum”, que tiene como principal objetivo la coordinación de las instituciones que particularmente atienden las situaciones de indigencia. A ello puede sumarse el Pontificio Consejo Pastoral de los Agentes Sanitarios, el cual se ocupa de los problemas de salud de la población mundial. También hay que considerar el Pontificio Consejo de los Emigrantes e Itinerantes, que tiene a su cargo la problemática de los inmigrantes. Es una red con la que nos parece que podría ser interesante relacionarnos y entrar en contacto. En otras áreas está el Pontificio Consejo de la Cultura, con su especial Secretaría Para los No Creyentes que, junto con el Pontificio Consejo por el Diálogo Interreligioso procura, precisamente, promover un espíritu ecuménico y respetuoso entre las diversas filosofías, religiones e ideologías. Nos parece que podría ser un ámbito de observación interesante. Finalmente, también en este orden de cosas, está el Pontificio Consejo de Coordinación entre la Academia Pontificia, que agrupa a un importante número de científicos e intelectuales, todo ello sin descuidar, obviamente, los contactos con instituciones muy conocidas como la Biblioteca Apostólica Vaticana, el Museo Vaticano, el Archivo Secreto Vaticano, el Pontificio Comité de Ciencia e Historia y las demás instituciones culturales, entre las cuales también se encuentran las numerosas universidades pontificias que hay en Roma. Pensamos que otro aspecto a tener en cuenta, tendría que ver con las actividades desarrolladas por el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELA) que, trascendiendo el marco confesional, también encara los problemas y temas que resultan comunes a los pueblos de América Latina, sin distinción de creencias. Precisamente, su cuarta reunión plenaria se realizará en el Brasil durante el próximo año. Con referencia a las relaciones de El Vaticano y el Uruguay, nos parece que puede resultar interesante tener presente que, de acuerdo con las investigaciones del viejo y reconocido historiador Eustaquio Tomé –después retomadas por el profesor Juan José Arteaga y el doctor José Luis Bruno, integrante de esta Cancillería- la Santa Sede fue la que primero habría reconocido al Uruguay como Estado independiente. Aun cuando es algo específico, estimamos que este hecho resulta un buen antecedente para el relacionamiento entre ambos Estados, así como podríamos sumar a ello la doble visita efectuada al Uruguay por el fallecido Papa Juan Pablo II. En lo que nos es personal, hemos tenido oportunidad de visitar la curia romana en varias ocasiones y trabajar allí, del mismo modo que participamos en forma activa, incluso, en algún seminario organizado por la propia Santa Sede. Aun cuando de naturaleza distinta –esto lo tenemos muy claro; nuestra función va a ser otra, ajustada a los principios establecidos en el artículo 5º de la Constitución de la República- creemos que esta experiencia también puede facilitar nuestro desempeño en el cargo a asumir en el que, obviamente, trataremos de poner lo mejor de nosotros mismos. También hemos abreviado el currículum –en nuestro caso, deliberadamente- porque, según tengo entendido, ha sido repartido. De todas maneras, muy modestamente querríamos señalar que, además de desempeñarnos como docentes, hemos trabajado en el Banco de Previsión Social como Gerente, en último caso, de Recursos Humanos, y especializándonos, precisamente, en el tema de relaciones humanas. Con ese motivo hemos dictado muchos cursos, incluso en períodos anteriores, en el Ministerio de Educación y Cultura y en otros organismos estatales. Salvando, entonces, las distancias, se entiende, pensamos modestamente que estas actividades también pueden ayudarnos en la labor a desempeñar en este nuevo cargo para el que se nos propone. Esto es cuanto queríamos exponer ante esta Comisión que con tanta amabilidad nos ha recibido y, por supuesto, estamos abiertos a las preguntas, los comentarios y las consultas que se nos desee formular. El énfasis se ha puesto en el plano cultural para continuar haciendo conocer al país en ese sentido, y hay un ámbito y un clima propicios que ayudan a eso. Por otro lado, tenemos la intención de posibilitar algunos contactos en lo que tiene que ver con los organismos de carácter social que funcionan dentro de la Santa Sede. De todas formas, lo fundamental es, como dije, proseguir haciendo conocer al país y tratar, también, de buscar algún tipo de relacionamiento que, a su vez, nos beneficie a nosotros como país. Aquí se vivió una experiencia muy interesante cuando se trajo una muestra, muy visitada, nada menos que del Museo Vaticano, lo que constituyó un acontecimiento muy importante. LA ONDA® DIGITAL |
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