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El dirigente del Partido Demócrata Cristiano
Prof. Mario Cayota fue nombrado embajador
ante el Vaticano

En la sesión del 4 de abril el  Senado aprobó la venia  de  acreditación del Prof. Mario Cayota como embajador de Uruguay ante el Vaticano. Lo que se puede leer a continuación es el  Informe de la Comisión de Asuntos Internacionales realizado por el senador Carlos Baráibar 

- La Comisión de Asuntos Internacionales me ha encomendado informar al Cuerpo sobre la propuesta del Poder Ejecutivo –votada por la unanimidad de sus miembros- para acreditar al señor Mario Cayota en calidad de Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de la República Oriental del Uruguay ante el Estado Vaticano. Obra en poder de todos los señores senadores su biografía, la cual, sucintamente voy a resumir.

Mario Cayota es doctorado en filosofía en la Universidad de la Plata, Argentina. Posteriormente, se orientó hacia los estudios históricos y la docencia. Fue profesor de filosofía e historia en Enseñanza Secundaria y dictó numerosos seminarios a nivel universitario. También corresponde destacar su actuación en la Universidad de Petrópolis, Brasil, en la Universidad Católica de Santiago de Chile y en Trento, Italia. Desde hace 30 años se desempeña como profesor en la actual Facultad de Teología Monseñor Mariano Soler. Es autor de varios libros, tales como “Cristianos y Cambio Social”, “Siembra entre Brumas. Utopía Franciscana y Humanismo Renacentista: una alternativa a la Conquista” e “Historia de la Evangelización de la Banda Oriental (1516-1830)”, en colaboración con la Universidad Católica, como así también de un estudio sobre la personalidad y obra del primer Arzobispo de Montevideo, Monseñor Mariano Soler.

Fue Presidente del Partido Demócrata Cristiano, colectividad cuya integración compartimos durante muchos años, donde tuvimos ocasión de conocer sus cualidades morales, intelectuales y políticas. A su vez, se desempeñó como edil en el período 2000-2005, ejerciendo la Presidencia de la Junta Departamental de Montevideo. En el ámbito eclesial, es terciario franciscano y ha sido Ministro de la Orden Franciscana Seglar. Es Director del Centro Franciscano de Documentación Histórica y ha integrado el Sínodo Arquidiocesano como representante de los movimientos laicales. En 1991, al celebrarse el centenario de la Encíclica “Rerum Novarum”, participó con una ponencia en el Congreso celebrado en Roma, teniendo oportunidad de departir con su Santidad Juan Pablo II. Como se sabe, el Estado Vaticano, al cual ha sido designado como Embajador Mario Cayota, es un pequeño Estado enclavado dentro de la ciudad de Roma, con apenas 44 kilómetros cuadrados y una población que no supera el millar de habitantes. Si bien es verdad que el Estado Vaticano como tal se crea por el Tratado de Letrán en el año 1929, el Estado Pontificio –del cual el Vaticano es legítimo sucesor- se remonta al Siglo VIII. Lógicamente, el Estado del Vaticano no es una referencia en el plano comercial ni político, pero sí lo es desde el punto de vista de que constituye la sede del Gobierno de la Iglesia Católica, integrada por más de mil millones de fieles.

De la intervención que realizara el futuro Embajador Cayota en la Comisión de Asuntos Internacionales –en una práctica que se ha ido imponiendo para todos los Embajadores que son propuestos y que representa una preparación muy adecuada-, voy a destacar algunos párrafos que, a mi juicio, son relevantes y que el Cuerpo debe conocer antes de votar.

En una parte, señala: “con las limitaciones propias de nuestra persona, será la de ubicarnos en este observatorio” –antes había mencionado que el historiador Toynbee sostenía que el Vaticano era como un gran observatorio espiritual y político- “que es de alcance mundial siguiendo, obviamente, para nuestra labor, las instrucciones que nos imparta la Presidencia de la República y la Cancillería de nuestro país. Lo haremos teniendo muy presente lo determinado por el artículo 5º de nuestra Constitución de la República, que establece que el Estado no sostiene religión alguna. Es, pues, a partir de este principio de sana laicidad que nos proponemos desarrollar nuestra actividad. Estas tareas consistirán, fundamentalmente, en continuar haciendo conocer nuestro país, sobre todo en el plano de la cultura, al tiempo que trataremos, de acuerdo con nuestras posibilidades, de aunar esfuerzos con la Santa Sede en el trabajo a favor de la paz, el diálogo y la tolerancia, valores que son ampliamente consensuados por la sociedad uruguaya y que constituyen, en buena medida, el perfil que nos distingue”.

Más adelante, en una exposición muy documentada y pormenorizada, menciona ámbitos en los cuales se puede desarrollar, en el plano laico, la vinculación con el Estado Vaticano. En tal sentido, está el Pontificio Consejo, Justicia y Paz que trabaja en aquellas situaciones de indigencia, en los problemas sanitarios y el Consejo de los Emigrantes e Itinerantes, que tiene a su cargo la problemática de los inmigrantes. También se espera poder desarrollar vínculos con el Consejo de la Cultura, con su especial Secretaría Para los No Creyentes que, junto con el Pontificio Consejo por el Diálogo Interreligioso procura, precisamente, promover un espíritu ecuménico y respetuoso entre las diversas filosofías, religiones e ideologías. Finalmente, se buscará establecer una coordinación con la Academia Pontificia que agrupa a un número importante de científicos e intelectuales. Como última referencia, podemos mencionar que los vínculos entre el Uruguay y el Vaticano vienen de muchos años, y tal como ha sido reconocido por el historiador Eustaquio Tomé –cuyas investigaciones fueron retomadas por el profesor Juan José Arteaga y el doctor José Luis Bruno, integrante de la Cancillería- la Santa Sede fue la primera que reconoció a nuestro país como Estado independiente. En suma, las relaciones han sido fluidas y, en tal sentido, debemos recordar como antecedente las dos visitas que realizara el Papa Juan Pablo II durante la primera Presidencia del doctor Julio María Sanguinetti, las cuales tuvieron enorme trascendencia social, política y espiritual para nuestro país. En definitiva, creo que tanto la personalidad del profesor Cayota como la tarea, su especialización y el destino que se le da, son absolutamente coincidentes.

La carta enviada por el señor Presidente de la República -en ese momento, el señor Nin Novoa- y el señor Canciller Gargano al proponerlo, dice lo siguiente: “La capacidad y eficiencia que el señor Mario Cayota ha puesto de manifiesto en las actividades desarrolladas a lo largo de su carrera profesional, según se manifiesta en el curriculum vitae que se adjunta, constituyen a juicio del Poder Ejecutivo, un factor evidente de idoneidad para las responsabilidades que el Gobierno de la República se propone asignarle como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de la República ante el Estado Vaticano”.
Por todo lo expresado, la Comisión de Asuntos Internacionales, por unanimidad, propone al Cuerpo votar la venia para designar al profesor Cayota como Embajador ante el Estado Vaticano.

Habla Embajador Cayota
ante los Parlamentarios

Ante todo, agradezco el llamado de la Comisión y también, de manera muy especial, la atención que se me brinda y el tiempo que los señores Senadores están dispuestos a concederme. 

Quienes me conocen, saben que tiendo a extenderme en la improvisación, por lo que en forma precautoria recurro hoy a los apuntes, dado que aprecio mucho el tiempo de los señores Senadores. 

Al inicio de mi exposición, permítanme recordar algunos hechos conocidos por todos, pero que constituyen referentes ineludibles para la tarea diplomática que iríamos a desempeñar.  El Estado de la Ciudad del Vaticano tiene una superficie de 44 kilómetros cuadrados y una población que no supera el millar de habitantes. Si al dato geográfico y también demográfico se le suma la historia de este Estado y su posicionamiento ante el mundo, el ángulo desde el cual puede mirársele varía sustancialmente. 

Si bien es verdad que el Estado de la Ciudad del Vaticano como tal se crea por el Tratado de Letrán en el año 1929, el Estado Pontificio, como todos sabemos –del cual el Vaticano es legítimo sucesor- se remonta al siglo VIII, teniendo como inicio las donaciones del Rey Pepino el Breve y del célebre Carlomagno. A ello se suma, por otra parte, que El Vaticano es la sede del Gobierno de la Iglesia Católica, integrada por más mil millones de fieles. Existe, por lo tanto, una relación asimétrica entre la importancia material de este pequeño Estado y su gravitación, tanto en la historia pasada como en el mundo contemporáneo. Allí confluyen y se entrecruzan variadas corrientes espirituales e ideológicas, encontrados  poderes políticos, fieles de todas las religiones y tendencias, ciudadanos de las más diferentes culturas, creyentes, agnósticos y, asimismo –si los señores Senadores me permiten la cita- según lo afirmaba Ernesto Renán: “Roma es un referente insoslayable”. Insoslayable, aunque no único ni exclusivo de los conceptos y sentires representados por la cultura judeo-cristiana. El historiador Toynbee –y me ha gustado mucho su definición- decía que el Vaticano es como un gran observatorio espiritual y político. 

En consecuencia, creemos que nuestra tarea, con las limitaciones propias de nuestra persona, será la de ubicarnos en este observatorio que es de alcance mundial siguiendo, obviamente, para nuestra labor, las instrucciones que nos imparta la Presidencia de la República y la Cancillería de nuestro país. Lo haremos teniendo muy presente lo determinado por el artículo 5º de nuestra Constitución de la República, que establece que el Estado no sostiene religión alguna. Es, pues, a partir de este principio de sana laicidad que nos proponemos desarrollar nuestra actividad.

Estas tareas consistirán, fundamentalmente, en continuar haciendo conocer nuestro país sobre todo en el plano de la cultura, al tiempo que trataremos, de acuerdo con nuestras posibilidades, de aunar esfuerzos con la Santa Sede en el trabajo a favor de la paz, el diálogo y la tolerancia, valores que son ampliamente consensuados por la sociedad uruguaya y que constituyen, en buena medida, el perfil que nos distingue.  Con relación a la Santa Sede, son conocidas las iniciativas y mediaciones para asegurar la paz mundial. Justamente, aquí en el Cono Sur tenemos la importante y exitosa mediación en el conflicto del Canal de Beagle entre los hermanos países de Argentina y Chile o, más recientemente, los esfuerzos, en este caso infructuosos, para la lograr la paz en el Irak, de lo cual hay antecedentes. 

En el plano interreligioso y de las ideas, se pueden destacar las célebres reuniones llevadas a cabo por la Santa Sede en la ciudad de Asís o el intercambio de visitas con el Gran Rabino de Roma. Asimismo, es notorio el trabajo constante en los organismos que operan en la Santa Sede y que tienen como principal objetivo la lucha pacífica –pero no por ello menos enérgica- contra el hambre, la enfermedad y en pro de la justicia. Creemos que el  trabajo a favor de la paz y de la justicia seguramente serán puntos de coincidencia en la labor a desplegar como representantes del Gobierno uruguayo. 

Por otra parte, sabemos que por su especial configuración, la ciudad del  Vaticano carece de relaciones comerciales con los países que lo reconocen, con el mundo. En cambio, se desarrolla en la Santa Sede una activa vida cultural, que pensamos que nos va a permitir insertarnos fluidamente en este variado y rico cúmulo de relaciones, lo cual posibilitará que el Uruguay –como ya lo hemos manifestado-   continúe haciéndose conocer en el ámbito internacional ya que El Vaticano, en este aspecto y tal como lo señalaba el historiador Toynbee, es un lugar privilegiado de encuentro plural, de culturas y saberes. Al respecto, trataremos de interesar a los organismos de la Santa Sede en un intercambio cultural que beneficie a ambos Estados, y debo decir que en este sentido hay valiosas experiencias anteriores llevadas a cabo aquí, en el Uruguay. 

En cuanto a los vínculos concretos con el Estado de la Ciudad del Vaticano, creemos que podría ser útil privilegiar –siempre desde esta perspectiva de sana laicidad- entre otras, las relaciones con el Pontificio Consejo, Justicia y Paz que, como su nombre lo indica, trabaja sobre estos dos importantes ejes. Lo mismo sucede con el Pontificio Consejo “Cor Unum”, que tiene  como principal objetivo la coordinación de las instituciones que particularmente atienden las situaciones de indigencia. A ello puede sumarse el Pontificio Consejo Pastoral de los Agentes Sanitarios, el cual se ocupa de los problemas de salud de la población mundial. También hay que considerar el Pontificio Consejo de los Emigrantes e Itinerantes, que tiene a su cargo la problemática de los inmigrantes. Es una red con la que nos parece que podría ser interesante relacionarnos y entrar en contacto. 

En otras áreas está el Pontificio Consejo de la Cultura, con su especial Secretaría Para los No Creyentes que, junto con el Pontificio Consejo por el Diálogo Interreligioso procura, precisamente, promover un espíritu ecuménico y respetuoso entre las diversas filosofías, religiones e ideologías.  Nos parece que podría ser un ámbito de observación interesante. 

Finalmente, también en este orden de cosas, está el Pontificio Consejo de Coordinación entre la Academia Pontificia, que agrupa a un importante número de científicos e intelectuales, todo ello sin descuidar, obviamente, los contactos con instituciones muy conocidas como la Biblioteca Apostólica Vaticana, el Museo Vaticano, el Archivo Secreto Vaticano, el Pontificio Comité de Ciencia e Historia y las demás instituciones culturales, entre las cuales también se encuentran las numerosas universidades pontificias que hay en Roma. 

Pensamos que otro aspecto a tener en cuenta, tendría que ver con las actividades desarrolladas por el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELA) que, trascendiendo el marco confesional, también encara los problemas y temas que resultan comunes a los pueblos de América Latina, sin distinción de creencias. Precisamente, su cuarta reunión plenaria se realizará en el Brasil durante el próximo año. 

Con referencia a las relaciones de El Vaticano y el Uruguay, nos parece que puede resultar interesante tener presente que, de acuerdo con las investigaciones del viejo y reconocido historiador Eustaquio Tomé –después retomadas por el profesor Juan José Arteaga y el doctor José Luis Bruno, integrante de esta Cancillería- la Santa Sede fue la que primero habría reconocido al Uruguay como Estado independiente. Aun cuando es algo específico, estimamos que este hecho resulta un buen antecedente para el relacionamiento entre ambos Estados, así como podríamos sumar a ello la doble visita efectuada al Uruguay por el fallecido Papa Juan Pablo II.

En lo que nos es personal, hemos tenido oportunidad de visitar la curia romana en varias ocasiones y trabajar allí, del mismo modo que participamos en forma activa, incluso, en algún seminario organizado por la propia Santa Sede. Aun cuando de naturaleza distinta –esto lo tenemos muy claro; nuestra función va a ser otra, ajustada a los principios establecidos en el artículo 5º de la Constitución de la República- creemos que esta experiencia también puede facilitar nuestro desempeño en el cargo a asumir en el que, obviamente, trataremos de poner lo mejor de nosotros mismos.

También hemos abreviado el currículum –en nuestro caso, deliberadamente- porque, según tengo entendido, ha sido repartido. De todas maneras, muy modestamente querríamos señalar que, además de desempeñarnos como docentes, hemos trabajado en el Banco de Previsión Social como Gerente, en último caso, de Recursos Humanos, y especializándonos, precisamente, en el tema de relaciones humanas. Con ese motivo hemos dictado muchos cursos, incluso en períodos anteriores, en el Ministerio de Educación y Cultura y en otros organismos estatales. Salvando, entonces, las distancias, se entiende, pensamos modestamente que estas actividades también pueden ayudarnos en la labor a desempeñar en este nuevo cargo para el que se nos propone. 

Esto es cuanto queríamos exponer ante esta Comisión que con tanta amabilidad nos ha recibido y, por supuesto, estamos abiertos a las preguntas, los comentarios y las consultas que se nos desee formular. El énfasis se ha puesto en el plano cultural para continuar haciendo conocer al país en ese sentido, y hay un ámbito y un clima propicios que ayudan a eso. Por otro lado, tenemos la intención de posibilitar algunos contactos en lo que tiene que ver con los organismos de carácter social que funcionan dentro de la Santa Sede. De todas formas, lo fundamental es, como dije, proseguir haciendo conocer al país y tratar, también, de buscar algún tipo de relacionamiento que, a su vez, nos beneficie a nosotros como país. Aquí se vivió una experiencia muy interesante cuando se trajo una muestra, muy visitada, nada menos que del Museo Vaticano, lo que constituyó un acontecimiento muy importante.

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