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Las tensiones que trasmite
la región sudamericana

por el profesor Bernardo Quagliotti de Bellis

Según el profesor Marcos Kaplán, “las relaciones políticas y económicas entre los países latinoamericanos forman parte de un conjunto de cuestiones integrado por el Estado y sus relaciones con el orden mundial, la división internacional del trabajo, la sociedad civil, la política y el estilo de desarrollo

Si esto es así los proyectos de integración y cooperación regionales se han configurado, en gran medida, como adaptaciones a las nuevas condiciones y transformaciones, internacionales e internas y como esfuerzos para atenuar los problemas y conflictos y lograr equilibrios políticos. Este supuesto ha condicionado los diagnósticos en que se han basado los sucesivos proyectos de integración sub-regional, así como sus fines y medios. 

Debe tomarse en cuenta que el “orden mundial” (más bien el desorden actual) al que se deben adaptar los países iberoamericanos se caracteriza por la interdependencia asimétrica, la concentración del poder mundial en una sola super-potencia, la existencia de bloques económicos,  conjunto de factores que determinan que los países iberoamericanos exhiban una posición subordinada, con una limitada capacidad autónoma para elegir su estilo de desarrollo y para orientar sus relaciones internacionales. 

De esa interrelación se derivan consecuencias importantes en la evolución social y política interna de cada uno de los países de la región, planteándose una crisis que se expresa en la confluencia de dos tendencias: por una parte, el neocapitalismo periférico desplaza y disuelve anteriores formas de organización social e instaura las propias; por otra parte, el mismo modelo frustra los estímulos y las promesas para grupos sociales emergentes y origina nuevas tensiones y conflictos. 

El desarrollo del Estado, a su vez, se orienta hacia una ampliación de su injerencia en la vida social, de sus poderes e instrumentos, hasta convertirse en actor central de la sociedad y, por consiguiente, hasta convertirse en actor decisivo en la configuración y funcionamiento de ésta. Separado de lasociedad y sobre ella, libre de las coacciones del mercado, la competencia y la valorización del capital, sólo el Estado puede garantizar la reproducción y crecimiento del neocapitalismo periférico. 

Las políticas exteriores, por último, asumen el papel de mediadores entre los grupos internos y los foráneos, entre la sociedad nacional y los poderes externos, entre la autonomía y la dependencia. Al hacer ostensibles los inconvenientes de la subordinación, se plantean la búsqueda de nuevas oportunidades y opciones para un mayor margen de maniobra. 

Es así, que ante estas circunstancias, surgen los proyectos  de integración y cooperación regionales, como un intento de respuesta a las dificultades y efectos negativos de la nueva división internacional del trabajo y del capitalismo periférico. Todos los proyectos tienen motivos reales y justificación doctrinaria. 

Dadas las circunstancias del desarrollo iberoamericano  -dependiente y subordinado-  tales proyectos deben enfrentar los obstáculos que se derivan de esa realidad. Así, una primera contradicción se da por la heterogeneidad, en cuanto al grado de desarrollo de los países que  se pretenden integrar. A otro nivel, un segundo obstáculo surge de las diferencias y, a veces, incompatibilidades entre los sistemas, procesos políticos e ideologías nacionales. Por último  -y no menos importante-  son las barreras que oponen las fuerzas y los grupos tradicionales o ultra nacionalistas, que resisten el esfuerzo para formalizar una integración de soberanías compartidas. 

El estado-nación: intervensionismo y autonomización
Transcribo del libro de M. Kaplan: “Estado y sociedad en América Latina” algunos preceptos muy claros, que pueden ser fácilmente compartidos: 

“Separado de la sociedad y sobre ella, libre de las coacciones del mercado, la competencia y la valorización del capital, sólo el Estado puede garantizar la reproducción y el crecimiento del neocapitalismo periférico, la regulación de sus conflictos y tendencias entrópicas, la previsión de lo que no resultadle mercado y la empresa privada. El Estado comienza por complementar y servir a la gran empresa privada al crecimiento y al sistema, pero, también y en grado creciente salvaguarda la racionalidad del conjunto del sistema; atiende
 la demanda y presiones de otras clases y grupos de las mayorías , cumple sus funciones propias privilegiando los intereses y objetivos y la autoacumulación  del poder del propio Estado y de las elites públicas.” 

Está descontado que estas últimas deben cumplir funciones de mediación y regulación respecto de clases, grupos e instituciones, procurando establecer relaciones de poder con ellas. 

Expresa Kaplán: (El Estado), mediador y árbitro en sociedades conflictivas, debe actuar como instancia autonomizada de clases, grupos e instituciones, autoconvencerse y persuadir de su neutralidad para reforzar su legitimidad y eficacia”. 

En relación a los sucesivos y vatriables procesos de integración iberoamericana
Visto hoy en perspectiva histórica, el proceso de integración  -a juicio de Kaplán y otros analistas (economistas, políticos, sociólogos, demógrafos, etc)  fue lanzado quizás prematura y unilateralmente, con un énfasis economicista e insuficiencias de ambición y voluntad transformadoras, en un grado excesivo de adaptabilidad a los parámetros predominantes de la realidad nacional e internacional. El problema radica en que se subestimó o desdeñó la esencial dimensión política y, por lo tanto, la indispensabilidad de sólidas bases y garantías político-institucionales. 

Dice Kaplán: “La contradicción región a integrar vs. heterogeneidades nacionales ha sido también reforzada por la falta de tradiciones y motivaciones de cooperación, el peso de los obstáculos, las diferencias político-ideológicas, estratégicas y diplomáticas. La primacía de las relaciones bilaterales, radiales y centrífugas de cada nación iberoamericana dotada y dispuesta para liderar la empresa integradora y un acuerdo entre los participantes para asumirla en conjunto”. 

La integración ha sido además distorsionada y bloqueada por una dialéctica de fuerzas centrífugas (integración bajo control y en beneficio de las multinacionales) y a su vez centrípetas (preocupación por el crecimiento como empresa interna y autárquica, proclividad al proteccionismo, sacralización del interés nacional). 

Al presentar 16 puntos a cumplir para el éxito de una integración regional, Kaplan señala la necesidad de establecer y consensuar una estrategia alternativa; y señala: “El desarrollo y la integración de América Latina no resultarán de la condescendencia de los centros de poder del Norte, de una persuasión en términos de una racionalidad abstracta ni de argumentos morales o humanitarios, aunque tengan validez. Se necesitan negociaciones político-económicas serias, argumentos y posiciones convincentes y difícilmente resistibles; alternativas de recambio; por último una gama de escenarios estratégicos”.

Desarrollo nacional, cooperación e integración regionales, avance  y mejora del diálogo Norte-Sur, con los granes bloques económicos ya constituidos o en vía de conformación, deben reforzarse mutuamente.

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