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Grave crisis en el proceso
Tanto en 1948 (con el Informe de CEPAL) como en este 2006, el gran espacio sudamericano trata de establecer un “aggiornado” sistema de relaciones política y económica, regionales e internacionales. Durante ese medio siglo que ha transcurrido, tuvieron vida y motivaron esperanzas una serie de intentos de cooperación entre las diversas sub-regiones de América del Sur , ante la necesidad de dar respuestas a la dinámica en los cambios que se viene procesando en el escenario internacional globalizante.
Al hacer un breve recorrido histórico, recordamos como válido antecedente, que la “pax romana” se extinguió debido a condicionamientos geopolíticos, económicos y militares, que llevaron a la modificación del sistema internacional conocido como la Alta Edad Media, que se caraterizaba por permitir el tránsito de una economía comercial costera hacia otra radicada en los espacios interiores.
En la era contemporánea, en el largo período anterior a la segunda guerra mundial, la “pax británica” , respaldada por la revolución industrial y, fundamentalmente, por las posibilidades ofrecidas por un mercado mundial en franca expansión, permitió establecer cierto equilibrio de poder y, paralelamente, un sostenido desarrollo económico.
Posterior a la segunda post-guerra mundial, la “pax estadounidense” se confunde en la actualidad con una “pax militar” , rechazada por la mayoría de los gobiernos auténticamente democráticos que no aceptan ser tildados de “cipayos”. Al liderazgo del gobiernos de Washington, se suman diversos centros del poder económico que pretenden crear nuevas formas de dependencia geoeconómica y tecnológica , que en el análisis histórico tiene su paralelismo con la práctica del feudalismo surgido luego de la pax romana”.
Nos integramos o nos integran Un estudio geopolítico de lo acontecido en los últimos cincuenta años, deja el amargo sabor en cuanto a que las diversas utopías de integración (ALALC-ALADI, Acuerdo de Cartagena o Pacto Andino, la Cuenca del Plata, URUPABOL, el Acuerdo amazónico, el SELA; más recientemente el MERCOSUR, la Comunidad de naciones sudamericanas ) no han podido concretar el objetivo final, por carecer de un eficaz impulso político, una opinión popular debidamente informada y motivada, y la participación activa y partícipe de todos los sectores de la sociedad.
Muchas son las dificultades con que tropieza la integración regional o continental. Unas derivan de la historia, otras de la propia geografía. Pero, la dificultad mayor provenga -a mi criterio- de la defectuosa estructura económica, social y política de la mayor parte de estos países, ya que todas aquellas utopías se manejaron desde el ángulo economicista; dejando en un plano inferior hacia la cooperación la integración cultural como la tecnológica, donde las dinámicas nacionales sudamericanas pueden hallar el campo propicio para su pleno desarrollo.
Tal situación lleva a la urgente necesidad de diseñar una estrategia compartida por los países sudamericanos, a través de la interrelación de los respectivos valores nacionales de nuestros países; interrelación necesaria y prioritaria para poder capitalizar la viabilidad particular y absoluta de los pueblos sudamericanos. Enfatizo respecto a América del Sur, pues considero que la realidad geopolítica destaca la existencia de tres Américas, con rasgos y condicionantes internacionales muy diferentes.
Ante el gran desconcierto de las declaraciones presidenciales En lo que va de este siglo XXI (que merece las calificaciones que le mereciera a Discépolo respecto al siglo XX), los pueblos sudamericanos viven desconcertados ante las contradictorias expresiones del sus máximos dirigentes, que realmente no responden a una sabia política de integración, sino que tan sólo manifiestan posturas ideológicas muy severas. Tan severas como la que el presidente George W. Bush viene practicando: se está con Estados Unidos, o de lo contrario integra “el eje del mal”.
Venezuela -según lo expresa el presidente Chávez -coincidiendo con Fidel Castro y Evo Morales, en la reciente reunión que “los tres mosqueteros” realizaron en Cuba- presenta e insiste ante los países sudamericanos un sistema de integración que es “ grave pecado regional” , realizar tratados de libre comercio , particularmente con Estados Unidos. No se trata solamente de no apoyar el ALCA, un sistema nefasto por cuanto aumenta la dependencia de la región a las despóticas decisiones de Washington , sino concretar la posibilidad de alcanzar un liderazgo basado no en las ideas, sino en la fuerza que ocasionalmente brindan los petro-dólares. El pensamiento de Bolívar, en su carta de Panamá, tenía mayor trascendencia.
Recordar que Argentina y Brasil se manifestaron contra la actitud de Chávez, al intervenir -sin invitación- a la reunión que los presidentes de Uruguay-Paraguay y Bolivia realizaban en Asunción dialogando respecto al posible “gasoducto del sur”.
Brasil, latente siempre su anhelo de liderar la región, cambia su posición luego de la conversación con el polémico presidente Kirchner que está registrada en las actas de la reunión de representantes del Mercosur en Buenos Aires, en cuanto a NO respaldar el pedido de Uruguay en convocar al máximo órgano del Mercosur a los efectos que se debata en su seno el tema la grave contaminación ambiental de las plantas de celulosa a instalarse en Fray Bentos.
Bolivia, al dictar recientemente su inexperiente presidente Evo Morales, la “nacionalización” de los hidrocarburos que ante las protestas de Brasil (Petrobrás tiene importantes inversiones), (además de inquietudes ya formuladas por Francia, España e Inglaterra) pues las mismas tienen gran la trascendencia geopolítica , lo que conducirá al país del Altiplano a acentuar su mediterraneidad, dependiendo en la Cuenca del Plata, tan solo de la infraestructura que le puede asegurar Argentina, si puede ser confiable en tal sentido.
Perú , donde tanto su actual presidente como y su probable sucesor Alan García, cambian groseros e inadecuados calificativos respondiendo a las acusaciones -también inoportunas, que no corresponden a nivel presidencial- del bolivariano Chávez.
Paraguay, elevando protestas ante el gobierno argentino por la contaminación de las obsoletas plantas de celulosa que este país mantiene en el norte del país contaminantes del río Paraná.
Uruguay, con una prensa que mal informa y en ocasiones tendenciosa, indicando que, por un lado que el presidente Dr. Vázquez se proncia acerca del cambio estatutario de Uruguay en el MERCOSUR, renunciando a su posición de socio pleno (según canal 10) y, paralelamente las opiniones negativas de tal actitud, por parte del ministro de Economía Danilo Astori y del canciller Gargano. Total desconcierto y confucionismo.
Todo ello, ¿apoya, con entusiasmo y esperanzas, el proceso de integración tan proclamado en las reuniones -seguidas de fotos y abrazos- que tienen lugar en las denominadas reuniones cumbre?. Los pueblos siguen esperanzados no tan solo por las declaraciones, sino por la concreción efectiva de lo acordado. Es por ello que la defraudación es trágica y creciente, en desmérito al poder político.
Intentando nuevos “ejes geopolíticos” Lo realmente cierto es que los diversos procesos de integración que se han planteado a lo largo de los últimos cincuenta años, y marcadamente en estas últimas décadas, han venido recorriendo el camino con tropiezos y más tropiezos que alguno que otro acierto comunitario. En particular el Mercosur y la formación de un bloque con la Comunidad Andina. A la luz de los hechos la declaración de la cumbre de Cuzco no funciona como se esperaba.
Tal situación se manifiesta como la de una “crónica de una muerte anunciada”, dado que estos últimos intentos de mayor cooperación, procurando afirmar una auténtica y confiable identidad a todo nivel de los pueblos sudamericanos, no fueron diseñados con la profundidad debida . Y, además, como lo señalan las más recientes declaraciones presidenciales, cada país destaca en su agenda regional e internacional, intereses diferentes, a lo que debemos sumarle las grandes desigualdades tanto en lo político como en el plano de la economía, lo que hace desde su comienzo que tales procesos se presenten con grandes dudas que a la postre los hace inviables.
A la justa propuesta que desde el período independentista se viene proclamando, hoy el factor ideológico ha tomado gran fuerza. Ayer no más, se habló de un “eje geopolítico” integrado por Argentina, Brasil y Chile.
Actualmente, el actual régimen político de Venezuela quiere intervenir en el Cono Sur y procura formalizar un nuevo “eje” con la participación primaria de Venezuela, Cuba y Bolivia, sin dejar a un lado la participación inmediata del Brasil de Lula y la Argentina de Kirchner. Chile sigue su estrategia en el campo internacional, en solitario.
En el caso preciso de Uruguay, como lo señaláramos en nuestro libro “Uruguay en el Cono Sur” (1976) “En un mundo como el del último tercio del siglo XX, caracterizado por la multipolaridad de las relaciones políticas y económicas internacionales, a los países periféricos, les es conveniente participar en juegos de relaciones más amplios que los tradicionalmente les impusieron las esferas de influencia, o los traspatios de las grandes potencias, al entonces prevalecientes”. Indicaba, en ese entonces, las posibilidades que ya ofrecían tanto el mercado asiático como el mundo árabe. Hemos perdido 30 años.
Por consecuencia seguimos como ayer. a) Un Uruguay sin políticas de Estado; b) con una inestable y por qué no, nula política exterior ; c) manejándose conforme a improvisaciones y contradicciones en asuntos de trascendencia como lo representan la educación; d) postergando la conformación activa de los espacios interiores; e) auto ignorando su proyección marítimo-oceánico a favor de la región que, geográfica e históricamente integramos.
El Uruguay de ayer queda tan sólo como recuerdo -tanto por su equívocos como por sus aciertos. No queda otro camino que el de ir construyendo el Uruguay del hoy proyectado hacia el futuro. LA ONDA® DIGITAL |
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