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Primeros actos públicos de los El pasado 7 de Mayo el Partido Socialista y el Semanario Voces del Frente organizaron en Casa del Pueblo una instancia para escuchar y dialogar con quienes son candidatos a Rector de la Universidad de la Republica. De hecho este acontecimiento y otros que se vienen sucediendo han oficializado el lanzamiento de las candidaturas para la elección de un nuevo Rector Universitario, que deberá elegirse al 30 de junio. Los candidatos que en esta primera ronda expusieron sus opiniones fueron los docentes Roberto Markarian, Judith Sutz y Miguel Galmés. Lo que se puede leer a continuación fueron sus intervenciones centrales desarrolladas en esa oportunidad dando lugar a un amplio diálogo con los organizadores y el publico asistente. Profesor Roberto Markarian: El país no puede postergar una modificación de su sustrato y fundamentos educativos - En primer lugar quiero agradecer a los organizadores por promover este debate, tan necesario y oportuno.
Voy a comenzar con un estilo quizás un poco panfletario, pero me parece necesario. Tal vez las cosas que diga después no lo sean tanto, entonces creo que conviene introducir la base sobre la cual uno piensa estos temas. Puede ser que mi trayectoria incluso me permitiera no tener que decir estas cosas. Necesitamos una Universidad inserta cada vez más en las distintas expresiones del quehacer nacional, que abandone la supuesta neutralidad del conocimiento y se involucre tomando partido en los grandes temas nacionales. Abierta a la sociedad, sin ninguna restricción elitista, profundamente autocrítica de su realidad, pensando y repensándose permanentemente, para generar las condiciones que la acerque cada vez más al pueblo del que forma parte.
Una Universidad que desde su accionar genere conocimiento e impulse el pensamiento científico y técnico, tienda a superar la falsa dicotomía entre trabajo manual e intelectual vinculándose al país productivo y aportando el bagaje de sus integrantes al mundo del trabajo y de la producción. Que sea generadora de conciencia y capacidad crítica, en lucha frontal contra toda forma de complacencia y conformismo. Estos son una serie de principios sobre los que creo debería fundarse el debate absolutamente necesario de una Institución que tiene una larga tradición de buenos aportes pero que necesita una transformación radical.
El modelo de universidad que hoy tenemos data de cien años. Es un modelo que fue creado para un país distinto, que salía de la barbarie –usando un término sarmientano-, que evolucionaba necesitando profesiones y que conformó un sistema público de enseñanza superior acorde a esas necesidades.
Ese país ha cambiado radicalmente, y queremos que cambie más. Las instituciones generadoras y formadoras de conocimiento deben transformarse radicalmente. Para hacer eso debe conocerse cómo se conformó aquel sistema a los efectos de poder decir hoy cómo queremos el nuevo. Precisamos una manera de pensar para que a la luz de saber cómo se concibió la educación pública y la evolución del intelecto en el país sea capaz de generar los cambios necesarios. Creo que no es necesario extenderse en que el modelo está anquilosado y que la mayoría de las fallas que vivimos día a día están referidas no a lo circunstancial ni a los errores de gestión y procedimientos sino a fallas profundas de la estructura. Esa estructura está pensada para otro país, otra economía, otra sociedad y otro pensamiento cultural.
Si pensamos a la luz de la revalorización de antiguos valores, que deben analizarse para poder pensar bien, vamos a quedar atados a mirar los problemas con la estructura y el modo de pensar que hoy tenemos, cuando la gran necesidad es pensarlos de manera diferente. Esto no sólo se aplica a la Universidad si no al conjunto del problema educativo, para hablar de lo que tenemos cerca.
En un reciente diálogo con jerarcas del Ministerio de Educación y Cultura fue dicho casi con estas palabras que se constataba que el país carecía de un plan estratégico en materia educativa. Yo diría que mucho más. No sólo carece de un plan estratégico sino también carece de opciones a ser tomadas en lo inmediato. O sea que estamos exclusivamente administrando lo que tenemos.
Entonces, si el país quiere cambiar, tenemos que conseguir también los cambios en el terreno del cual somos responsables. Para ello tenemos que mirar con ojos distintos. Si pensamos cómo mejoramos tal Facultad o como instrumentamos la transversalidad de los estudiantes en el esquema complicado que tenemos ahora o que tenemos que juntar algunos Institutos para que la gente se ponga de acuerdo en el trabajo interdisciplinario, vamos a estar haciendo un esfuerzo infinito ante una situación que lo que merece es una modificación profunda. Por ejemplo, para motivar la transversalidad estudiantil, lo primero que se necesita es tener una Bedelía única, y en la Universidad hablar de una Bedelía única parece ser una maldición. Por ejemplo, en Medicina hay más de una, y supongo que en Ciencias Económicas también, ya que la escuela de Administración debe tener la suya. Las instituciones actuales están diseñadas para un sistema profesional que se autoabastece. Así fue concebida, porque la Universidad que tenemos fue construida con esos aires y esas necesidades.
Este instrumento que estoy mostrando (N. de la R.: una regla de cálculo) es más nuevo que la Ley Orgánica. Sin embargo, la mayoría de ustedes la desconocen. Esto fue comprado, y era una novedad, en el año 1965. Es chica porque el dinero que había en caja era poco. Pero era fundamental para que pudiera hacer cálculos. No hay un estudiante de hoy que sepa lo que es esto. La llevé a una clase de primer año en Facultad de Ingeniería. Nadie sabía lo que era. Yo tampoco la uso más.
Por lo tanto pienso que el estilo de trabajo debe cambiar. Las nuevas autoridades deben formar equipos que analicen los problemas universitarios tomando lo bueno del análisis social y económico que motivó la estructura actual, porque insisto, este respondió a una necesidad histórica de la vida nacional. El gran Uruguay se construyó cuando creció la Universidad, eso es así, es innegable y es muy bueno. Pero pretender que ese esquema o modo de pensar, esa estructura satisfacen las necesidades actuales es un error garrafal.
En un mundo como el actual, donde la demanda de enseñanza es cambiante, muy cambiante, positivamente cambiante, donde la juventud quiere llegar rápido a ciertos niveles que la habiliten al trabajo, donde incluso también a los niveles superiores de investigación hay necesidad de satisfacer ciertos procesos que evolucionan muy rápidamente, esta estructura no sirve. Está pensada para el equilibrio. Lo que motiva hoy el avance de muchas de las ramas científicas, tecnológicas, culturales y sociológicas es el desequilibrio.
Voy a leer algo que escribí hace poco, a los efectos de no crear falsos dilemas o disyuntivas. No debemos estancarnos pero tampoco promover oposiciones que no ayudan al convencimiento. Me parece claro que un enfoque tan distinto como el que se necesita no se socializa con gran rapidez, y de lo que se trata es que el cuerpo universitario, el país, vea esto como algo que es necesario impulsar.
Toda esta discusión debe hacerse a la luz del proyecto y las grandes líneas programáticas por las que genéricamente el país se ha pronunciado recientemente. Ese proyecto incluye el fomento de la producción asociada a la producción de nuevos conocimientos científicos y técnicos, la mejora de la calidad de vida de los uruguayos, el culto de la democracia, la transparencia administrativa y el respeto de los derechos humanos. Tales orientaciones generales junto con el desarrollo acelerado de la ciencia y la tecnología así como la modificación permanente de diversas pautas culturales y sociales obligan a repensar a nuestra Institución en el marco de amplias consultas a sectores representativos del trabajo, la producción y otras formas de organización social. Es posible que muchos tengamos ideas acerca de qué cambios realizar. Lo que me parece es que hay que evitar la exacerbación y la consolidación de falsas oposiciones. Debemos transitar en lo inmediato por un proceso de consolidación de la base a documentar, que permita la efectiva participación y la elaboración de propuestas que tiendan a la efectiva modificación, rompiendo con la inercia retrógrada en la que estamos.
Creo que hay que ser cuidadosos en esto. La capacidad de juntar ideas, de obtener apoyos, de no motivar prejuicios muchas veces fuertemente arraigados en la actividad social y el pensamiento universitario deben estar en la mente del proceso que se tenga que vivir en lo inmediato. Y creo que se tiene que vivir en lo inmediato, porque el país no puede postergar una modificación de su sustrato y fundamentos educativos, cuando declara que lo que quiere es cambiar profundamente la estructura social y económica.
Rechazo totalmente el cobro de la enseñanza universitaria Pensé también en hablar del tema del cobro de la matrícula, que es fuertemente polémico. Grandes representantes nos están hablando de él y si se abre un debate con toda la potencia que uno querría el tema va a estar planteado. Rechazo totalmente la pretensión de imponer el cobro de la enseñanza universitaria en estos momentos. Voy a dar tres razones.
La primera es que el problema de la matrícula no está por arriba si no por abajo. El problema que tiene la Universidad es que no mantiene a sus estudiantes pobres. El problema central no es sacarle plata a los que vienen si no darle plata a los que no vienen. El país tiene que instrumentar un sistema de becas para estudios de grado y post grado. El gobierno debe convencerse que eso se necesita, que si se quiere promover el conocimiento efectivamente estamos necesitando decenas de miles de estudiantes post secundarios más.
En segundo lugar, y Galmés ha sido uno de los estudiosos de este tema, el cobro de matrícula no aporta grandes montos de dinero al presupuesto universitario. Eso fue bien estudiado por un equipo financiado por el BID hace unos ocho años. Las cifras a las que se llegaría es a un 14% del presupuesto. Quiero discutir este tema, porque no fue dicho por alguien en la calle, si no por un ministro. Si el planteo se hace con cierta ligereza –con todo el respeto que me merece quien lo hizo- diciendo que es un problema de la Universidad, creo que tenemos que tener una respuesta elaborada.
La tercera razón es que, mientras el país no tenga un impuesto a la renta en serio, el mecanismo de cobro va a estar siempre viciado. Por la evasión, ahora que está tan de moda la palabra, de quienes van a poder justificar que ganan menos de lo que realmente ganan. El gran sistema de control de la renta sigue siendo el salario. Dicho acá como un sufriente del tema, vamos a pagar más los que vivimos de nuestros salarios que los que viven de sus rentas reales. Porque el salario está documentado y la renta es mucho más fácil de ocultar.
Tenía pensado también hablar del tema del sistema terciario de educación, que creo que sin ser la salida de todos los males está en el eje de las necesidades actuales en materia post secundaria. El país necesita un sistema terciario de educación. Necesita un sistema de educación en general, pero en particular necesita ampliar la oferta de enseñanza post secundaria. La creencia de que la Universidad –con su estructura actual o la que fuere- es lo único que se necesita, creo que nos colocaría como los únicos del mundo con esas necesidades. Ahora aparece que Finlandia tiene tantas –está de moda Finlandia-, que Nueva Zelanda otras tantas (creo que ocho, todas públicas).
Todos países de tamaño bastante similar al nuestro. Costa Rica es otro ejemplo. Los sistemas post secundaria en todo el mundo están conformados por instituciones diversas. Eso quiere decir que satisfacen necesidades distintas. Unas son más conservadoras que otras. Usando la palabra equilibrio a la que hacía referencia más arriba, son más equilibradas, más estáticas, evolucionan más lentamente. Otras deben estar cambiando continuamente lo que ofrecen, tanto en materia de enseñanza como de investigación. Eso tiene que hacerlo el país. No puede ser que el que quiera estudiar después de egresar de Secundaria se tenga que meter en el tubo de las grandes Facultades. ¿Dónde es así? Prácticamente acá solo.
Habrás que convencerse o pagar para que vengan a hacer estudios comparados donde no sólo algunos digamos estas cosas. El sistema uruguayo es “primitivo”. Ha tenido grandes virtudes pero necesita modificarse. El proceso tiene que ser creativo, no hay por qué andar ahora diciendo que las respuestas son ésta, ésta y ésta. Lo que está claro es que con la idea de cada uno solo no vamos a ningún lado. Pero tenemos que convencernos que necesitamos cambiar y en un período breve tener una oferta. Debemos decirle al gobierno: colaboremos para transformar el sistema. La Universidad sola no es ni la responsable ni capaz de hacer eso. Tenemos que convencer al país de la necesidad de la transformación.
Las instituciones deben tener una inmensa movilidad interior. Que un estudiante que está capacitado pueda moverse a un lugar donde las exigencias son mayores, o viceversa. Eso ahora no sucede, salvo algunos acuerditos existentes entre algunas Facultades. La posibilidad de pasar de un lado a otro es muy chica. Hay que satisfacer la demanda de carreras nuevas; muere una y nace otra. Ni que hablar que tiene que tener diversidad geográfica. No puede ser que todo esté restringido a Montevideo, porque las demandas son diferentes. Hay que satisfacer todas las demandas. Pero deben ser buenas. No puede ser que la descentralización esté basada en repetir malamente en el Interior lo que se hace en Montevideo, que es el principio básico con el que se está trabajando ahora, y lo digo con total respeto a todos. Se repite allá lo que tenemos acá; y como los buenos que tenemos acá no van allá, lo que hace es de segunda o de a pedacitos. El paradigma de esto es Psicología en Salto. Los que lo conocen saben a qué me refiero. No puede ser que se cree una carrera con un millón de pesos, porque no le entra a nadie que eso pueda estar bien. Creo que el país necesita un amplio diálogo de los organismos de enseñanza y la Universidad en particular, con el Gobierno. Porque la construcción de las grandes metas sólo se pueden hacer en un gran acuerdo nacional. Eso no quiere decir que la Universidad no tenga que defender sus obligaciones propias o no quiera ser independiente del poder político.
Tiene que haber especificidad del trabajo universitario. Pero eso no significa que la Universidad empiece a pensar lo que quiera sin elaborar conjuntamente con la nación, con los representantes del trabajo y de las empresas, con los representantes de la sociedad cultural y el mundo de las ONGs. Muchas gracias.
Judith Sutz: No hay quorum para democratizar a la Universidad si no se democratiza el resto del sistema Quiero agradecer a los compañeros que organizaron este panel y disculpas anticipadas porque los temas a tratar son muchos y muy importantes. No voy a poder acercarme sino a unos pocos de ellos y eso hace que lo que uno dice pierde fuerza pero son las reglas del juego.
La primera pregunta que planteaba Gonzalo hablaba de renovación, transmisión o preservación y a mi me gustaría presentar una cuarta que es transformación. Sin ningún lugar a dudas la Universidad necesita transformación, eso lo necesita siempre, nada está acabado, nada está terminado, no se llega a un Nirvana del cual uno no se puede mover. Siempre hay que moverse y mucho más en una universidad. En particular en el momento actual por todo lo que han dicho los compañeros, la necesidad de transformación es urgente. Por el crecimiento global de la matrícula, desbordado, desbalanceado; porque tenemos una excesiva rigidez de oferta educativa, los espacios cognitivos y laborales están muy diferenciados, porque tenemos una heterogeneidad creciente en términos de calidad de la formación al ingreso, porque tenemos una concentración en Montevideo, y porque además tenemos pocos estudiantes universitarios. Tenemos pocos.
Si ustedes comparan el número de estudiantes universitarios que tiene el Uruguay en relación con su población, con cualquier país de desarrollo reciente, se van a dar cuenta de que estamos en menos del 30% y esos países están en más del 50. Esto quiere decir que no hay desarrollo en el Uruguay si además de todos los problemas de masificación, etc, que tenemos no aumentamos de manera radical el número de estudiantes universitarios. Yo no estoy diciendo que lo tenga que hacer la Universidad de la República, estoy diciendo que acá hay un problema y que hace falta de manera muy fuerte transformación.
Este es mi primer punto: la transformación de la Universidad. Como segundo punto, es una pregunta: ¿Puede la Universidad de la República transformarse sola? ¿Puede pensar esa transformación imprescindible desde la soledad? La respuesta obviamente es no, y lo es por tres razones. La primera es que si no se transforma la enseñanza secundaria y la enseñanza técnica, el rol potencialmente democratizador que siempre ha sido orgullo y meta de la Universidad de la República, no podrá revitalizarse. No hay quorum para democratizar a la Universidad si no se democratiza el resto del sistema particularmente la enseñanza secundaria. Ahora bien, a su vez, ¿puede cambiar la enseñanza secundaria si no cambia la Universidad? Acá hay un juego dual: las dos cosas están enrabadas y esto habla de un tema central, el cual ya mencionó Roberto, que es la articulación de la Universidad con otros sistemas. Tenemos muchos problemas por resolver y habrá que ponerle todo el coraje que haga falta, pero es imprescindible.
Un segundo punto es el que tiene que ver con la soledad y que de paso cañazo contesta algo que va a estar tocado en la pregunta número 10: ¿qué papel debe jugar la Universidad dentro del Sistema Nacional de Innovación? Ustedes habrán escuchado algunas observaciones del estilo “la Universidad está de espaldas al país, de espaldas a la producción”. Yo doy vuelta la pregunta: ¿no será que la producción está de espaldas a la producción nacional de conocimiento? No cabe duda de que no hay una respuesta clara en ninguno de los dos sentidos, pero cuidado, demonizar a la Universidad de la República porque está de espaldas sin mirar el sector productivo que tenemos es un gravísimo error. Déjenme darles un solo dato que surge de la última encuesta de innovación del 2003: solamente un 3.6% de las empresas del Uruguay tienen algún profesional. Otro dato: en Estados Unidos (la media de los países desarrollados) el 70% de los investigadores trabajan en empresas. La proporción en el Uruguay es del menos del 10%. ¿Eso es culpa de la Universidad de la República? ¿Es culpa de las empresas? No se trata de culpar a nadie, es un dato. Pero con ese dato, ¿es posible pensar en una transformación universitaria solamente? No sé, la Universidad va a cambiar si el país cambia. La Universidad va a cambiar si hay demanda. Y si esa demanda se expresa en las empresas privadas y en las empresas públicas, que históricamente le dieron la espalda a la capacidad gigantesca que tenía el Uruguay, en particular la Universidad de la República, para dar respuestas a problemas que no se le preguntaron.
Por último: ¿es posible transformar a la Universidad si es la única Universidad pública del país? Eso sí que es único en el mundo, no hay otro país que tenga una única Universidad pública. ¿Es posible pensar en la transformación universitaria si no cambia el sistema general de educación y en particular la educación superior?
Entonces a mí me parece que este es un tema a dejar planteado: la Universidad de la República no se va a poder transformar sola. Si no hay cambios fuera de ella, la transformación universitaria va a quedar quebrada, chiquita y mediocre. Por supuesto, la Universidad tiene que salir afuera a pelear para que la dejen cambiar ayudando a cambiar a otros. Acá el tema es complejo pero me parece que hay que plantearlo porque si lo metemos solamente para adentro no camina. Eso no quiere decir que la Universidad no tenga una enorme responsabilidad en cambiar un montón de cosas.
Entonces vamos a un punto tres: cuáles deben ser los grandes ejes de la transformación universitaria. ¿Qué cosas transformar? ¿Qué cosas preservar? ¿Qué cosas transformar para preservar? Porque hay otro tema: las cosas que uno más quiere, más respeta, solamente se preservan cambiando. Entonces hay muchas cosas de qué hablar: de la gestión de la Universidad, y en muchos aspectos en particular la gestión financiera, cuestiones de estructura, pero todo esto lo voy a dejar de lado porque me quiero referir en concreto a la enseñanza, investigación y extensión.
La enseñanza es sin lugar a dudas la función principal de la Universidad. Es principal por sí misma, pero más desde la perspectiva del Sistema Nacional de Innovación. Porque lo más importante que tienen las universidades para hacer respecto al Sistema Nacional de Innovación, es preparar gente creativa, con capacidad de resolución, de problemas y de formación permanente a medida que los problemas cambian. El recurso humano es lo mas importante para la innovación, sin ningún género de dudas, y esa es la responsabilidad fundamental de las universidades.
Otro tema es que no se puede separar la enseñanza de la investigación y viceversa. Este es un viejo mandato de la Universidad de Berlín de 1811: “hay que investigar para enseñar mejor, hay que enseñar para investigar mejor”. No se pueden separar estas dos funciones. En materia de investigación hay que defender a muerte la mirada a largo plazo. Una pequeña anécdota: a mediados de los años 60 Ricardo Pérez Iribarren (Instituto de Ingeniería Eléctrica) dijo algo muy loco: “el mundo es digital”. Porque dijo esto, se creó un programa de investigación que diez años después generó respuestas tecnológicas impensables en un pequeño país tercermundista. URUPAC es hija de eso que se dijo a mediados de los años 60. La mirada de largo plazo es fundamental. Evitar la miopía, evitar la demanda del hoy para hoy, hipotecando el futuro. Esto como primer punto.
Un segundo punto, es la diversidad, de la ecología de la investigación. Es muy fácil decir “esto no sirve”, “esto tenemos que sacárnoslo de encima”. Mucho cuidado con a qué le llamamos “irrelevante”. Podemos estar matando cosas que dentro de diez años, van a ser fundamentales. Esto tiene que ver con una pregunta muy difícil que está planteada: “¿Deben haber criterios de selección de las líneas de investigación universitarias?” Yo quiero aclarar: todo docente universitario tiene derecho a investigar en lo que enseña. Si quieren eliminemos la Filosofía, eliminemos la literatura francesa, pero sepamos que si eliminamos el derecho a investigar en ciertas áreas estamos eliminando el derecho a enseñar a nivel universitario. Hay que tener coraje y darse cuenta qué precios hay que pagar. Yo creo en la diversidad, creo en la ecología de la investigación. Pero en todo caso, tenemos que saber de qué estamos hablando.
Qué más hay que hacer: hay que tener un compromiso bien entendido de la articulación con el sector productivo. Y si ustedes me permiten, les voy a decir humildemente que en la Comisión Sectorial de Investigación Científica tenemos un programa que no es de vinculación “Universidad – empresa”, es de vinculación “Universidad – sector productivo”. Es una vinculación con las empresas públicas, privadas, cooperativas, sindicatos, organizaciones de la sociedad civil. Eso es vincularse con el medio.
Por otro lado, hay que prestarle mucha atención a los jóvenes, a los jóvenes investigadores que se nos van frustrados. Hay que darles espacios. Hay que tener compromiso social y para eso, y llego a mi último punto: ¿Vivimos en Harvard? No, no vivimos en Harvard. ¿Podemos darnos el lujo de hacer ciencia de segunda? No, no podemos. No vivimos en Harvard, tenemos que hacer ciencia de primera, comprometida con el medio social y para eso hay una herramienta fundamental que la Universidad no ha tocado y que es extremadamente importante y es transformar radicalmente el sistema de evaluación. Tenemos un régimen de evaluación absolutamente esquizofrénico, por el cual premiamos los textos en inglés y por otro lado exigimos compromisos con el medio. Esto hay que arreglarlo y es fundamental hacerlo.
Con respecto a la función de extensión universitaria, yo coincido totalmente con Roberto en que no hay que cobrar matrícula. Coincido en que la estructura de la Universidad es inequitativa. Que los hijos de la gente del barrio Borro que pagan impuestos directos y no financian, no llegan. Que eso no es responsabilidad de la Universidad, es cierto, pero de todos modos, es un hecho. Es un hecho que a la Universidad de la República llega gente y no llega gente y que todos los que llegan tienen un privilegio que no tienen los que no llegan. Los privilegiados tienen que pagar y los estudiantes universitarios son privilegiados. Y los que tuvimos el inmenso privilegio de pasar por la
Universidad, aprender y después poder usar lo que aprendimos, tenemos el deber de pagar. El problema es cómo. No siempre se paga con plata. Por lo que valga, la propuesta: un sistema de servicios universitarios para que todos los universitarios, todos los estudiantes en algún momento de su carrera sean capaces de ponerse al servicio de la sociedad y que de paso les sirva como primer experiencia laboral. Hay que llegar capilarmente a toda la república. Imagínense ustedes lo que significaría gente de la Universidad trabajando en escuelas, en liceos, a la orden de maestras, de profesores, trabajando en empresas, ayudando en todo el país. Eso sería una gigantesca movilización intelectual. Le daría de vuelta a la Universidad algo de aquello que nosotros los viejos supimos respirar y que hoy por hoy ya no se respira.
Finalmente, para terminar, es claro que la Universidad de la República es una parte integral del Uruguay, a él se debe y le servimos. Y para servirlo tiene que cambiar muchas cosas, presentar algunas, para lo cual también tiene que cambiar. ¿Cómo manejamos esto? En todo el mundo se está discutiendo una cosa que nosotros los latinoamericanos saldamos en 1918. Se está hablando de la “tercera misión de la Universidad”. No es solamente enseñar e investigar.
Para nosotros la tercera misión fue la extensión. La gente discute, ¿no será el compromiso con el crecimiento económico? Y surge la noción de “Universidad empresarial”. Yo no sé cuál es la tercera misión de la Universidad, lo que sé es que a la Universidad “para preservarla hay que cambiarla”. Simplemente y por lo que valga, quizá lo que necesitamos es pensar de manera integral universidades de desarrollo, universidades comprometidas en todas las formas, en todas sus actividades, con el desarrollo nacional y para eso hay que trabajar mucho. A quien le toque la suerte, lo acompaño.
Miguel Galmés: La Universidad concentra el 85% del estudiantado Yo pensaba armar esta breve presentación en cuatro grupos de temas que, al ir transitando por algunos de ellos, varias de las preguntas planteadas quedarían abiertas a la discusión, y de algún modo estaría expresando mi opinión sobre ellas.
Yo no conocía las preguntas pero creo que para cualquiera de quienes actuamos en la Universidad, estos temas están presentes y son motivos de discusión y análisis.
En el primer punto voy a hacer una brevísima referencia a la particular característica que tiene la Universidad de la República en el contexto de las universidades públicas, lo que le confiere una de sus principales fortalezas. El segundo punto tiene que ver con el hecho de que la reforma universitaria –o como se llame a este proceso de cambios en la Universidad-, como todo proceso tiene un devenir, que está llevando su tiempo. Y creo, como actor desde hace muchos años de la política universitaria, pero en los últimos ocho años como miembro del Consejo Directivo Central en mi calidad de delegado de la Facultad de Ciencias Económicas, creo que este período de administración que está terminando, en una serie de aspectos sentó las bases, o empezó a echar cimientos sobre los cuales debemos construir los procesos de cambio. Entonces me voy a referir a algunos de los logros o de los puntos, que pienso que son los que hay que profundizar, y seguramente también reformular.
En tercer lugar: el futuro, y los desafíos que ese futuro plantea desde nuestro punto de vista. Y en cuarto lugar cuáles son los frenos, las debilidades o los obstáculos que se deben remover para que este futuro sea posible y esos cambios que pensamos puedan lograrse.
Con respecto al primer punto, la Universidad de la República tiene una enorme fortaleza que es su prestigio social. Nace con la República, prácticamente junto con la primera Constitución y es de las pocas universidades públicas cuya institucionalidad está consagrada en la propia Constitución. La Constitución de la República en el artículo 202 consagra la autonomía universitaria y el artículo 203 consagra el cogobierno. Y eso no es común, yo diría que es realmente una innovación que hizo el legislador en la Constitución. Y eso le da un sustento social institucional realmente muy importante. Y creo que buena parte del prestigio de que hoy goza la Universidad, que lo podemos ver en la percepción de la sociedad, lo podemos ver en el hecho de que si bien en 1994 la Universidad pierde el monopolio de la enseñanza superior y aparece la primer universidad privada –que hoy son cinco universidades privadas y un conjunto de institutos universitarios- la Universidad sigue concentrando más del 85% del estudiantado. Fuera de Cuba, donde obviamente el cien por ciento de los estudiantes pertenecen a la universidad pública, Uruguay, es el segundo país, empezando de abajo hacia arriba, en cuanto a menor presencia de estudiantes en las universidades privadas. Y esto no es un tema de ingresos ni de elitismo porque la Universidad capta estudiantes también de las clases más pudientes.
Esto se debe al prestigio que tienen la Universidad y la formación universitaria. Y está también la confianza que ha depositado la sociedad uruguaya y los movimientos de derechos humanos en antropólogos universitarios en un tema tan sensible como el de los detenidos desaparecidos. Y los innumerables convenios para los cuales la Universidad es demandada, dado la seriedad, la imparcialidad, el prestigio, la objetividad y el nivel que presentan sus estudios. Estas variantes históricas, esta institucionalidad constitucional, le han dado a la universidad un prestigio, que es también una carga muy grande desde el punto de vista de la responsabilidad que tenemos todos de mantenerla y de hacer que la reforma universitaria, no solo lo mantenga y lo potencie, y no sea una instancia donde buena parte de estos logros se pierdan.
En segundo lugar, decía que, como todo proceso, esta reforma universitaria que se está discutiendo en ámbito universitario, debería elaborarse en un conjunto de logros y antecedentes que, en particular esta última administración que está terminando, creo que ha conseguido. El demos universitario, el Consejo Directivo Central, el Claustro, los servicios, las áreas han participado activamente en la elaboración de consensos hacia el desarrollo universitario del año 99, que se transformaron en el primer plan estratégico de desarrollo, el primer PLEDUR, que fue aprobado por unanimidad en el Consejo Directivo Central. Y ahora ingresamos al nuevo Presupuesto con un segundo plan estratégico. La Universidad no había tenido nunca un plan estratégico de estas características. Un segundo aspecto que resaltaría son algunas ordenanzas que se votaron en este período por parte del Consejo Directivo Central. La Universidad no tenía una ordenanza de postgrados. El desarrollo los de postgrados, al cual algunas áreas universitarias llegaron muy tarde y están aún muy retrasadas. Toda la Universidad llegó tarde, pero eso no fue culpa de la Universidad. A la salida de la Intervención, salvo la Facultad de Medicina con sus históricos cursos de postgrado, los otros servicios tenían muy pocos cursos. La presencia del PEDECIBA en su momento, o la fuerza con que algunas facultades tomaron el tema, generaron un conjunto importante de instancias de postgrado pero faltaba el ordenamiento interno de la Universidad que los regulara. Y se vota una ordenanza de postgrados.
La ordenanza de áreas académicas y de redes académicas, sobre eso nos referiremos después como uno de los grandes desafíos del futuro, el tema de la movilidad horizontal y la interdisciplinaridad que tenemos que lograr. La horizontalidad no solo en la movilidad estudiantil, sino también en lo que hace a la movilidad docente, en la investigación, etc. Pero eso requiere la forma de una ordenanza que también fue generada, introduciendo en particular el cogobierno en las áreas. Antes no existía el cogobierno en las áreas, y esto también es un logro importante de esta administración.
En temas que hacen a la gestión, la universidad en un período de seis o siete meses tomó tres censos, el censo de estudiantes, el censo de docentes y de funcionarios no docentes, procediendo a una actualización de la información, parecida a aquella que Uruguay hizo en 1908, cuando tomó siete censos en el mismo año para ver dónde estaba parado el país. Esto no fue tanto pero fue algo parecido. No se sabía por ejemplo, cuántos estudiantes había en la Universidad y las cifras diferían tremendamente. Y eso dio lugar a la generación de un conjunto de bases de datos que luego a través de sistemas horizontales como el bedelía, permiten tener la información actualizada y una mayor información para la gestión universitaria. Y podríamos agregar la creación de la Comisión Social Consultiva, órgano al que creo que hay que potenciar, posiblemente generarle una ordenanza de funcionamiento, pero que es una instancia donde la Universidad, conjuntamente con los actores sociales y políticos, la sociedad civil y un conjunto muy grande de organizaciones, abre de alguna manera las ventanas universitarias y permite esta transferencia de aire fresco de afuera hacia adentro y de adentro hacia afuera.
Desde es punto de vista de gestión, la creación de los prorectorados, sobre los cuales no me voy a referir ahora.
La actual administración logró otro elemento que a veces se descuida, una transparencia muy grande en la gestión, en lo que tiene que ver con la asignación y ejecución presupuestal, de la cual podríamos hablar unos cuantos seminarios, y de todas las cosas que habría que cambiar allí. Pero queda muy claro quién subsidia a quién, dónde se hacen los subsidios y los gastos cruzados de manera explícita, cosa que anteriormente no sucedía. Los que actuábamos a nivel del Consejo Directivo Central recordamos el proceso que sufrió el Regional Norte, o recordamos el proceso que significó eliminar un déficit endémico de la Facultad de Derecho que llegó a ser del 23% de su presupuesto. Y todo eso se ordenó, todo eso se hizo más transparente y más claro. Más allá de que seguramente de acá surgirán una enorme cantidad de aspectos críticos, son destacables cosas que se han logrado.
La Universidad debe someterse a procesos de evaluación, Desde el punto de vista del futuro y los desafíos, hay un primer gran tema que es la necesidad de un sistema nacional de educación, donde la Universidad será un elemento, donde el sistema universitario será un subsistema. Un sistema que integre a la educación primaria, secundaria, técnica, superior y pública en el Uruguay. Esto esa algo que debemos impulsar fuertemente, aprovechando además la actual coyuntura. Y acá hay también otro punto al que quiero referirme y que es consustancial a un sistema de este tipo, aunque puede ser previo, porque si esperamos a que se constituya el sistema perdemos un tiempo muy valiosos, que es la necesidad de instaurar la Agencia Nacional de Acreditación, porque en este contexto la Universidad debe someterse a procesos de evaluación, por parte de pares, de agentes, de la sociedad. El tema de la Universidad es un tema de la sociedad en su conjunto, es la sociedad quien la financia. Y yo tengo mis temores, de que quizás existen temores dentro de la Universidad a ser evaluada. Creo que hay que reivindicar la existencia de un organismo supra universitario que logre lo que además nos están pidiendo los procesos de acreditación del Mercosur. Los procesos de acreditación del Mercosur requieren la existencia este organismo legal de acreditación nacional.
Hablando del futuro, tomando algo de lo que se nos pregunta, uno va a la universidad pública. Creo que no debemos temer a los nombres, pero sí tener una prevención. Y a mi modo de ver la prevención es cuidado porque cuando se habla de varias universidades se está hablando de universidades de postgrado contra universidades de grado, universidades de formación de elites académicas contra universidades profesionalistas. Esto creo que quitaría una presencia académica muy importante que hoy tenemos, donde se interrelaciona el postgrado con el grado, donde se interrelacionan los profesores grado cinco de seis horas con ambientes de investigación y enseñanza que también creo que nutren a los servicios de la práctica profesional que es muy importante para el propio desarrollo del servicio.
No hay que tenerle miedo a los nombres, se llamará universidad en red, nodos descentralizados, se llamarán como se llamarán, pero uno percibe que esta Universidad, así gigante como está, no puede continuar y habrá que hacer una descentralización operativa, de gestión y de gobierno, con cogobierno instalado en estas redes y con especificidades de acuerdo adonde estén radicadas.
Creo también que un gran tema de futuro es la integración de las comisiones básicas, integración de la enseñanza, la investigación y la extensión. La Universidad hoy es un zoológico y seguirá siendo un zoológico. Hoy conviven facultades profesionalistas, donde el destino final o principal de sus egresados es el ejercicio profesional, con facultades donde el destino es comer la cola en la propia Universidad y volver a trabajar en ella, porque no tienen salida laboral.
En la universidad conviven, dentro de una misma facultad, departamentos con características de este tipo. Y yo creo que una gran debilidad a remover es lo que Rodrigo (Arocena) llama “La Confederación Unitaria”. Creo que la Universidad está organizada como un estado federal con un fuerte gobierno unitario. Un fuerte gobierno unitario donde además se confunden temas de gestión con temas de gobierno. Yo pienso que el control a priori no funciona con organismos de este tipo y se deben efectuar los controles a posteriori, pero la existencia de este interés de manejar todos los hilos de la federación de facultades ha introducido únicamente ineficiencias. Debemos descentralizar la gestión.
En ese sentido creo que hay que marcar muy claro lo que son temas de gestión y lo que son temas de gobierno. Creo que la figura de los profesores, esta ordenanza que salió no me gusta, hay figuras mucho más ejecutivas. Le tenemos miedo a la palabra gerente. Acá hay algún compañero con el que nos hemos peleado muchas veces por esto. Deberían ser gestores de las decisiones y no diluir la responsabilidad de la gestión y lo que es realmente responsabilidad de gobierno. Hay una necesidad muy clara de un cambio de mentalidad en ese sentido.
Otro tema a remover es el de la inequidad. Nosotros recibimos una estructura muy inequitativa de salida de Secundaria. Si miramos la cantidad de estudiantes egresados de Secundaria que capta la Universidad no es menor, anda en el orden del 55% o 60%. Lo que sucede es que esa estructura es tremendamente inequitativa porque el gran filtro fue secundaria. Esto hace a la creación de ese sistema nacional de educación.
Hay que remover la tendencia a los relacionamientos con centros del exterior basados exclusivamente en contactos personales. La Universidad debe tener institucionalizado cada vez más el relacionamiento con universidades o centros de primer nivel del exterior. Hay que expandir los postgrados, creo que la ordenanza de postgrados debe ser revisada, porque hoy es muy restrictiva y está muy pensada para postgrados disciplinarios más que a postgrados interdisciplinarios.
Hay que cambiar una enorme cantidad de cosas de la Ley Orgánica. Y acá termino con un tema bien polémico: Yo creo que un ente autónomo de la magnitud de la Universidad, con veinte directores que hoy votan o veintinueve que votarán si se introducen las nuevas facultades y por lo tanto se expande la representación de los órdenes para mantener cierta proporcionalidad, no es manejable desde el punto de vista del gobierno.
Hay que descentralizar el cogobierno hacia las áreas, hacia las áreas reformuladas, áreas interrelacionadas, con fuerte movilidad horizontal, armar el sistema también en el interior de la Universidad órgano central de gobierno. Nadie piensa que un organismo de la magnitud de la Universidad pueda ser dirigido por un directorio que, como dice Cassinelli, es el directorio más grande del mundo. Fuente web del Partido Socialista. LA ONDA® DIGITAL |
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