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Exclusivo: informe sobre
integración regional del
Canciller Celso Amorim
Leer artículo Incomodidad en el MERCOSUR
Brasilia, reconoció que no hizo lo
suficiente por la integración,
“especialmente por Uruguay”

Exclusivo: Canciller Amorim ante
el Senado del Brasil, Informe sobre
integración regional

Audiencia Pública del Ministro de Relaciones Exteriores de la República Federativa del Brasil, Señor Celso Amorim, en la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado Federal del Brasil - Sesión de fecha 09 de mayo de 2006.


Transcripción de las Consideraciones Iniciales
[i]

- En primer lugar, yo quiero decir de mi satisfacción de estar aquí en el Senado para discutir un tema de tan alta relevancia. En muchos otros momentos he venido a esta Comisión. Aun comentando con su predecesor, el Senador Suplicy, él mismo recordaba que yo tal vez fuese el Ministro que más veces haya venido a la Comisión de Relaciones Exteriores y Comisiones Temáticas. Es siempre un placer tener esa discusión de forma elevada, de un tema que es muy importante para la relación internacional del Brasil, para nuestra integración del Brasil en la América del Sur y en la América Latina –que es un objetivo constitucional-, como siempre han sido todas las discusiones que he mantenido, con concordancias y eventuales discordancias, sobre los temas más variados como la ALCA, como la OMC, como aspectos del MERCOSUR. Por tanto, es una gran satisfacción estar aquí presente.

 

Presidente de la Comisión (Comisión):

Yo voy a pedirle al Señor Ministro para que primero me permita convidar al Senador José Sarney, nuestro Presidente de siempre, a que tome asiento en la mesa y también para avisar a todos los que están aquí, ante la evidente exigüidad del espacio, de que hay una pantalla disponible en la sala 13 del ala Senador Alexandre Costa, que reproduce todo lo que aquí pasa en la Comisión. Pido disculpas al Ministro y retorno la palabra a Su Excelencia.

 

Amorim:

 Gracias. Evidentemente que es una honra contar con la presencia de todos los Senadores amigos, pero muy especialmente con la del Presidente Sarney, de cuya pluma nació la firma del acto de mi promoción a Embajador. Entonces es, entre otras razones, un motivo de gran satisfacción tenerlo aquí.

 

Yo quería, si me permiten hacer dos o tres comentarios introductorios y después quisiera hablar un poco de la propia Bolivia. Yo temo, tal vez, “llover sobre mojado” para muchos de los Senadores, pero encuentro difícil conversar sobre la situación actual sin mencionar un poco la propia evolución de Bolivia, hablar un poco sobre la relación Brasil-Bolivia durante el Gobierno Lula, muy especialmente, y después, referirme a la cuestión del gas y a las relaciones del Gobierno brasileño, y cómo esos temas están siendo encaminados y de ahí, tal vez, algún otro punto pueda surgir.

 

Pero, yo creo que algunos comentarios introductorios son importantes. El primero de ellos se refiere a la propia integración sudamericana, porque nosotros frecuentemente leemos críticas a la política externa que viene siendo practicada por el Presidente Lula y que, en realidad, en muchos aspectos, es una profundización de otras políticas que fueran seguidas antes y que se inspiran, como yo decía, en un precepto constitucional de la integración latinoamericana. Muchas veces hay un debate entre lo que sería ideológico y lo que sería pragmático. Por un lado, la palabra “ideología” se torna una palabra muy desgastada porque ella recibe una connotación siempre peyorativa, cuando en realidad, ideología, como un conjunto de ideas, es algo que todos, naturalmente, tenemos que tener, de una forma o de otra, y, digamos, la propia integración latinoamericana, no deja de hacer parte de una ideología nacional, de un ideario nacional en el sentido más amplio.

 

Pero, para mostrar que hay también un aspecto pragmático, yo no voy a cansar a los Señores Senadores con eso porque naturalmente el objeto central es otro, pero encuentro importante destacar, con algunos números muy breves, cómo caminó la integración sudamericana en los últimos años. Yo no voy a hablar, por ejemplo, de las cuestiones de inversión porque ellas son más difíciles de mensurar. Me referiré al comercio. Yo sé que es una referencia superficial, naturalmente incompleta, pero ella es importante.

 

Entonces, veamos los datos del comercio con cuatro países importantes. Habría otros, la Argentina que, probablemente, es más importante que cualquier otro de esos en nuestra relación, pero, justamente, yo estoy tomando otros que son menos tradicionales para demostrar cómo la integración ha tenido objetivos prácticos, pragmáticos, y ha traído resultados concretos para el Brasil.

 

En términos de exportaciones brasileñas, tal vez el comercio que más creció haya sido con Venezuela, proporcionalmente. El comercio con Venezuela era del orden de poco menos de US$ 800 millones,  apenas nuestras exportaciones. Me refiero siempre a nuestras exportaciones. Era de cerca de US$ 800 millones en 2002, y llega en 2005 a US$ 2.200 millones. Es un aumento absolutamente espectacular.

 

Pero no fue sólo con Venezuela. Lo hubo con Colombia también.  Eso demuestra que  la pluralidad ideológica del comercio como, de otro modo, tiene que ser. Con Colombia, nuestras exportaciones eran de US$ 630 millones y son hoy de US$ 1.400 millones. Y con Chile, eran US$ 1.400 millones, por tanto menos de US$ 1.500:, y hoy son de US$ 3.600 millones. Eso es apenas para ilustrar. Con la Argentina, naturalmente, en 2002 era en plena crisis, de modo que la comparación puede no ser exacta, pero era menos de US$ 2.500: y hoy estamos exportando cerca de US$ 10.000 millones para la Argentina.

 

Lo que interesa es que, como conjunto, y voy con eso a parar con las estadísticas, porque, reconozco que cansan un poco, pero como conjunto la América Latina y el Caribe son, hoy, quiero decir América Latina porque el concepto de Caribe está incluido en el de América Latina, es hoy nuestro principal parcero comercial, principal mercado para las exportaciones brasileñas.

 

Quiere decir, en un contexto en que nuestras exportaciones crecen para el mundo entero y que baten records para los Estados Unidos y la Unión Europea, la América Latina pasó a ser nuestro principal parcero comercial. Entonces, encuentro que ese es un hecho a destacar. Yo no quiero defender que la integración tenga objetivos puramente comerciales, pero como muchos están acostumbrados a ver las cosas por un ángulo más mercantil, es muy común sobre todo en los artículos de prensa. Entonces, aquí hay un ejemplo más que claro de cómo la integración con la América Latina y con la América del Sur en particular, ha dado frutos espectaculares.

 

Es curioso que nuestra propia manera de colocar los datos a veces funcione contra nosotros, porque si tomáramos los datos oficiales del comercio exterior, no aparece América Latina y el Caribe, aparece ALADI , y la ALADI no incluye a América Central y el Caribe, como saben, pero el conjunto de la América Latina y el Caribe ya supera a la Unión Europea. Y la América del Sur, apenas la América del Sur, esto es, los países de la Comunidad Andina, más los del MERCOSUR y Chile equivalen, hoy, a los Estados Unidos de América, también en un contexto creciente. Entonces, nosotros no estamos hablando de nada que sea puramente doctrinario o sentimental, no obstante yo no vea nada de errado en lo doctrinario y en lo sentimental. Estamos hablando de cosas que tienen repercusiones concretas, que generan empleos en el Brasil.

 

La misma cosa podría yo decir sobre inversiones. El Presidente Sarney sabe de eso, pero no quiero aquí, disculpe, invocar aquí su testimonio, pero cuando yo mismo, ya después del Gobierno Sarney, iba a la Argentina nosotros teníamos allá de inversiones tres o cuatro empresas brasileñas, Banco do Brasil, Varig, poca cosa más. Hoy en día, hay más de doscientas empresas. Las inversiones de la Petrobrás hoy allá, la Petrobrás pasó a ser hoy una de las principales, si no la principal inversora extranjera en la Argentina.

 

Y tenemos también inversiones en Venezuela de empresas constructoras, pero tenemos también en Colombia, donde, por ejemplo, tenemos por primera vez una siderúrgica. Era un viejo sueño abrir una siderúrgica en Colombia y ahora tenemos una siderúrgica en Colombia. Yo no quiero continuar con las citas, pero la integración en la América del Sur y de la América Latina, más ampliamente, no es apenas un proyecto político, que es natural, importante, es una obligación constitucional, hace parte, por tanto, de aquellos principios básicos de la relación internacional del Brasil, pero, además de eso, ella está dando resultados concretos. Ella está siendo profundizada. Nosotros no inventamos la integración de la América del Sur, pero creo que nosotros podemos decir con, creo yo, justa vanidad, que profundizamos la integración de la América del Sur. Esa es una de las cuestiones que yo quería resaltar.

 

Otro aspecto que gustaría de resaltar es que los problemas que nosotros enfrentamos hoy no derivan de la política sudamericana o de la política para la América del Sur que el Gobierno viene desarrollando.

 

Los problemas de la América del Sur derivan de cuestiones internas, muchas de ellas, y externas, otras, de los distintos países que componen la América del Sur. Yo me detendré un poco más sobre Bolivia, es natural. Yo no preciso evocar aquí a Eduardo Galeano, autor de “Las venas abiertas de América Latina”, pero sabemos que las desigualdades sociales en la región, especialmente en el caso de Bolivia, tienen componentes raciales y étnicos fortísimos. El sentimiento de expoliación internacional que existe –verdadero o errado, en muchos casos verdadero-, esa percepción de expoliación de los recursos naturales por potencias extranjeras, es algo muy fuerte en la América Latina y todo eso está generando reacciones que vienen llegando, desde hace un tiempo. Ellas generan movimientos en la década de los 60, generan contra-movimientos en la década de los 70.  Tuvo lugar el proceso de redemocratización. El proceso de redemocratización vino seguido fuertemente por un proceso, llamado hoy de neoliberal,  y que yo me voy a detener en eso también en el caso de Bolivia, y hoy hay otros movimientos, movimientos de cuño marcadamente social y nacional.

 

Y, finalmente, quisiera hacer una referencia que, creo, el resto de la exposición va a ilustrar,  sobre nuestro relacionamiento con Bolivia. Nuestra relación con Bolivia es de una política de Estado. Independientemente de simpatías, que es normal que haya y que existe en el mundo entero. Imagino, por ejemplo, que el Primer Ministro Jospin tuviese simpatía por el Primer Ministro Dalema, porque ellos pertenecen al mismo movimiento. Existe un Partido Socialista o Social Demócrata en el Parlamento Europeo. Ahora, la relación de Francia con Italia es una relación de Estado y la relación del Brasil con Bolivia es una relación de Estado.

 

Hay muchas cosas que pueden ilustrar eso, pero yo voy ya a mencionar una, tal vez anticipándome, que una de las primeras visitas de trabajo efectivas que el Presidente Lula recibió en Brasilia fue la del Presidente Sánchez de Losada, que es, cierta o erradamente, en el acierto o en el error, apuntado como digamos el heraldo del neoliberalismo en Bolivia. Además, una persona que pasó a ser muy atacada y tuvo que prácticamente salir huyendo de Bolivia.

 

Entonces, no hay, ni hubo, en ningún momento, la idea de que nosotros nos vamos a relacionar con Gobiernos que son de izquierda, o Gobiernos populistas, o Gobiernos más nacionalistas. Nosotros nos relacionamos con todos los Gobiernos. Las cifras de comercio que yo mencioné dejan eso claro, pero también la relación personal.

 

El Presidente Lula tiene sí una buena relación con el Presidente Chávez, pero el Presidente Lula también tiene una excelente relación con el Presidente Uribe, de Colombia, que vino aquí a pedir consejos y apoyo. Si no hubiese esa relación, si esa relación no fuera una relación de Estado, eso no ocurriría. Si nuestra relación fuera pautada por preferencias ideológicas, eso no habría ocurrido. Y yo diría, estoy citando dos ejemplos, que el Presidente Toledo, del Perú, que sale ahora, con quien nosotros mantuvimos una relación intensa. Yo personalmente viajé mucho más para el Perú de lo que lo hice para Venezuela y nosotros hicimos cosas concretas, mucho más importantes con el Perú. La vía interoceánica, por ejemplo. El primer acuerdo que permitió después el acuerdo entre la Comunidad Andina y el MERCOSUR fue firmado con el Perú. Fue el primer acuerdo del MERCOSUR con otro país sudamericano, que abrió las puertas para un área de libre comercio de toda la América del Sur, que era un antiguo sueño nuestro que parecía imposible de ser alcanzado. Entonces yo creo que eso es otra cosa importante.

 

La otra cosa que, naturalmente, yo gustaría de mencionar es que no fue el Presidente Lula que eligió al Presidente Evo Morales. Independientemente de simpatías o no simpatías, quien eligió al Presidente Evo Morales fue el pueblo de Bolivia y nosotros tenemos que respetar ese hecho y como respetaríamos y respetamos al pueblo de Colombia. Yo no sé lo que va a ocurrir en la elección de Colombia, pero si las pesquisas de opinión son correctas y el Presidente Uribe fuese electo, nosotros respetaremos y acataremos y la relación de amistad, inclusive personal, que existe entre el Presidente Lula y el Presidente Uribe continuará. Entonces, es necesario colocar esas cosas en ese contexto.

 

Yo decía antes, Presidente, que nosotros recibimos críticas injustas y justas. Las injustas irritan, pero las justas preocupan. Yo no quiero, absolutamente, decir que nosotros estamos inmunes a errores, equívocos, engaños, pero es preciso también desbastar un poco el campo de las premisas para entender bien dónde nosotros estamos.

 

Bien, gustaría de hablar un poco sobre Bolivia, aunque yo no quería también llover sobre mojado, pero es importante entender que el Brasil tiene con Bolivia –y esa percepción no es de este Gobierno, es una percepción que viene de todos los Gobiernos y que, ciertamente, estuvo presente en el Gobierno inmediatamente anterior: Bolivia es un parcero estratégico para el Brasil. Es la mayor frontera del Brasil. Es el único país, creo yo, que tiene fronteras con cuatro Estados brasileños. Entonces, es un país con el cual nosotros tendremos que integrarnos de una forma o de otra.

 

Quiere decir, o nosotros nos integramos bien –por el comercio, por la tecnología, por la cooperación, por la cultura- o nosotros nos integramos mal, por el narcotráfico, por la guerrilla, por el contrabando. Eso, además, vale para muchos otros países. Pero vale más para Bolivia, que es el país que tiene la mayor frontera con el Brasil.

 

También es un país que nosotros tenemos que tener en cuenta, es un país de una inestabilidad crónica. No preciso entrar en detalles en cuanto a eso, ni creo que sea inelegante pues los propios gobernantes bolivianos frecuentemente dicen eso en sus estudios. El ex presidente Mesa, por ejemplo, que es un importante estudioso, un escritor, un periodista, un hombre de gran cultura, él habla de esos hechos y esa inestabilidad de gobiernos bolivianos: ella es estructural, ella proviene de una dificultad de relación, tal vez única, que existe en otros lugares, pero que tal vez haya sido más aguda que en cualquier otro lugar, entre la sociedad colonial, o la que emanó de la sociedad colonial , y la población indígena. En ningún otro país tal vez la zanja sea tan grande. A tal punto, los Señores saben de eso, que hasta 1944 los indios no podían entrar en los centros de las grandes ciudades. Precisaban de un permiso especial y las tierras cuando eran vendidas incluían el número de familias que estaban en ellas. Quiere decir, implícitamente eran  como si fuesen siervos de gleba.

 

Entonces, ese es el país del que estamos hablando, un país donde la zanja era enorme, no sólo de desigualdades materiales, sino de una zanja de visiones del mundo, porque justamente ese aislamiento propició que, en cuanto se desarrollaba una ideología capitalista en un sector, en el otro había una ideología comunitaria, milenarista, que procuraba siempre recrear y reproducir el mito de las sociedades primitivas. Era una zanja enorme que, naturalmente, a partir de la revolución de 1952 comenzó a ser matizada, de una forma o de otra, pero que no fue eliminada. Entonces, la profundidad de esa brecha social y racial en Bolivia es algo muy importante que nosotros tenemos que tener en cuenta.

 

Cuando veo algunos comentaristas, personas que hasta yo respeto, usar expresiones poco adecuadas para definir un presidente que tiene origen indígena, quedo realmente chocado y, debo decir, hasta avergonzado como brasileño porque, independientemente de lo que encontremos de las ideas políticas de él o de su práctica política, debería ser motivo de orgullo para la América del Sur, que un indio haya sido electo presidente en un país en el que la gran mayoría es indígena. Si él está haciendo bien o mal, es otra cosa. Nosotros vamos a llegar allá.

 

Además de esos problemas, Bolivia es un país que tiene resentimientos históricos también porque fue perdiendo territorio. Se trata de un país complejo por ese aspecto, que perdió territorio en la Guerra del Chaco, perdió territorio antes en la Guerra del Pacífico, y cedió territorio al Brasil, porque en ese caso fue negociado por el Barón de Río Branco. De cualquier manera, hubo una percepción, cierta o errada, que se formó en un país con ese grado de complejidad y, juntándose a todo eso, la sensación de espurio de los recursos naturales: la plata que se fue, el estaño que se fue, la sensación de que el gas se irá y, junto todo eso, la coca, que era un cultivo tradicional y se vuelve un problema internacional.

 

Bien, todas esas situaciones siempre han existido. Hubo un cierto interludio de aparente estabilidad, en un momento que podría ser caracterizado como neoliberal. Con todo, es interesante percibir que nosotros usamos mucho la expresión neoliberal en el Brasil, crítica o peyorativamente, pero en Bolivia se trata de un anatema. Tanto que el Presidente Sánchez de Losada, que encarnaba esa política, tuvo que prácticamente salir huyendo. Pero esa inestabilidad se reflejó en los tres años y dos meses del Gobierno Lula, cuando hubo cuatro presidentes en Bolivia. Entonces, esa inestabilidad histórica es real aun hoy. Cuando nosotros entramos, era el Presidente Sánchez de Losada, después fue el Presidente Mesa, hubo un interinato del Presidente Eduardo Rodríguez, que era Presidente del Senado, y ahora el Presidente Evo Morales. Entonces, nosotros no estamos tratando con una realidad en la cual un gobierno estable, venía negociando bien con el Brasil, y de repente fue electo un Presidente que puso todo a perder. No es bien así. Era una situación de mucha inestabilidad, y esa cuestión del gas, entre otras, siempre estuvo presente dentro de ese contexto agitado. Además de eso, la propia elección del Presidente Evo Morales, puede analizarse de varias maneras, pero los que la acompañaron de cerca recordarán que hasta pocos meses o semanas antes del pleito, tenía cerca del 25% o 26% de las intenciones de voto, tal vez una mayoría. Como ellos tienen un sistema complejo de confirmación, con el segundo turno realizado en el Congreso, había la expectativa de que él sí pudiese ser electo, pero nadie esperaba que él tendría la mayoría absoluta. Lo que a mi ver denota que una buena parte de la población, buena parte del electorado boliviano que no era necesariamente de personas que apoyaban a Evo Morales, prefirió a Evo Morales por apostar en una inestabilidad, hasta para evitar aquella constante agitación que hubo permanentemente de piqueteros, revueltas campesinas, etcétera.

 

Bien, ¿cómo fue la relación Brasil Bolivia en ese período? Yo ya me referí a los acuerdos firmados cuando el Presidente Sánchez de Losada vino al Brasil, uno de los primeros a ser recibidos en abril de 2003, y la relación fue constante con el Presidente Mesa, otros acuerdos fueron firmados. Yo diría también que el Brasil procuró siempre, en ese período, trabajar por la estabilidad de Bolivia, dentro de aquello que nos es posible, sin ninguna paranoia, sin ninguna pretensión de que somos nosotros quienes vamos a determinar cuál es la realidad en otro país, eso no es posible.

 

Nadie puede determinar la realidad ni de su propio país, cuanto más la de otro país. Pero en la medida de lo posible, hasta porque nosotros éramos frecuentemente llamados por los bolivianos, nosotros tuvimos ahí alguna actuación.

 

En los días que antecedieron a la caída de Sánchez de Losada es que había una  amenaza muy fuerte de sublevación popular, con riesgo real de confrontación entre las fuerzas armadas y los manifestantes campesinos, me llamó el Secretario General de la OEA, que era César Gaviria, me llamaron políticos bolivianos como Paz Zamora[ii], pidiéndome que el Brasil ayudase en el diálogo, y nosotros procuramos, y hubo una transición relativamente pacífica para el Presidente Mesa.

 

Después, todos recordarán,  la situación alterada en que el Presidente Mesa fue obligado a gobernar, tan es así que él renunció dos veces, la primera renuncia no fue aceptada, y la segunda fue aceptada pero demoró en materializarse por cuestiones constitucionales. Y ahí, nuevamente, el Brasil continuó siempre procurando tener, en la medida de lo posible, una posición constructiva. Yo diría que fui el primer canciller de cualquier país a visitar al Gobierno del Presidente Mesa e fui también el primer canciller de cualquier país a visitar Bolivia después de la posa del Presidente interino, que era Eduardo Rodríguez. En esa ocasión, apenas para ilustrar, como se trataba de una política de Estado, tuve la ocasión de encontrarme con los dos principales candidatos. El candidato Evo Morales y el candidato Tuto Quiroga[iii]. Y con los dos tuve el mismo diálogo. Era importante garantir que se acatara el resultado de la elección, cuyo resultado, en aquella época, no se podía prever, la disputa estaba muy pareja. Sólo fue en las últimas semanas que se manifestó la ventaja de Evo Morales. El propio Presidente de Bolivia quería que nuestra actuación fuese en ese sentido, de garantir que cualquiera que fuera el resultado el mismo sería respetado, y ambos candidatos en aquellas conversaciones privadas me garantizaron que sería en esa línea.

 

La situación de inestabilidad en Bolivia, mismo con la elección del Presidente Evo Morales, con la gran mayoría que tuvo del 54%, no se va a resolver con facilidad. El Presidente Sarney sabe muy bien lo que es una asamblea constituyente, ahora el Señor imagina, Señor Presidente, una asamblea constituyente exclusiva, una asamblea constituyente en que ninguno va a tener responsabilidad de participar del Gobierno después. Esa Asamblea va a ser electa ahora el día 2 de julio. El período que antecede a esa Asamblea, y yo diría también que el período de vigencia de la Asamblea, es un período de natural agitación. Así es en cualquier país del mundo. No es una cosa que es particular de Bolivia.

 

Hay todos los otros factores que ya mencioné. Quiero, en ese contexto, hablar del gas, y sin muchos detalles, también porque no quiero “llover sobre mojado”. Yo imagino que los Señores Senadores conozcan muy bien esa problemática, pero sabemos que los primeros tratados de gas y petróleo viene de 1938 en la época aun de Getúlio, temiendo el abastecimiento del Brasil en la época de la guerra. Fueron después ampliados en el tratado de Roboré, los que recuerdan bien, participaban de campañas –yo era joven, pero acompañé las campañas nacionalistas. Había una gran preocupación de que, a través de Bolivia, nosotros desnacionalizáramos la Petrobrás, porque los tratados de Roboré, como en la época Bolivia estaba sobre fuerte influencia norteamericana, excluían a una compañía estatal de la posibilidad de explorar. Entonces tenía que ser creada una compañía privada, la Petrobol si yo no me engaño, que hablaban en la época. En fin, los tratados Roboré acabaron no materializándose por falta de oportunidad práctica.

 

El asunto fue levantado de nuevo en el gobierno Geisel en 1974. Entonces no es una cosa nueva, pero vino a concretarse en los acuerdos más importantes en relación al gasoducto entre 1992 y 1996. Yo mismo, como Ministro del Presidente Itamar Franco, participé de varias negociaciones de ese tipo. Los actos más importantes fueron, por coincidencia, firmados un poco antes y otros un poco después, pero yo participé de esa negociación y creo que debo decir eso que cuando digo que esas decisiones anteceden al gobierno Lula yo no estoy de manera alguna queriendo criticarlas. Yo encuentro que el Brasil hizo bien en tener el acuerdo del gas con Bolivia. Encuentro que es bueno para Bolivia y es bueno para el Brasil. Ahora, hay que operarlo de manera cierta y eso nosotros tenemos que ver y más para el final nosotros veremos.

 

En fin, el acuerdo más importante, fundacional, digamos, si dejamos de lado la prehistoria, es el acuerdo de 1992, que tuvo alcance parcial de la ALADI –o ni sé si el Embajador Jerónimo[iv] era el Embajador en la ALADI en ese momento- pero es el acuerdo fundacional porque es el acuerdo de gobierno a gobierno, como complemento del acuerdo a la ALADI, que estipula que no habrá restricciones a la importación y a la exportación y que da margen entonces a los acuerdos de venta de gas. Hay un acuerdo de venta de gas también de gobierno a gobierno, que en el fondo da legitimidad a las negociaciones entre empresas en 1993. Hubo un momento muy agitado de esa negociación que participé, en 1993, porque el Banco Mundial que iría a financiar una parte del gasoducto no quería que la Petrobrás participase, porque, en la época, había la teoría del “Crowding Out”, según la cual la presencia de una compañía estatal ahuyentaría la iniciativa privada. Por el contrario, la compañía más cotizada en la época, y que quedó allá por algún tiempo con la Petrobrás, después tuvo que negociar e imponerse, fue la Enron. Para ver cómo es que las ideologías juegan: la Enron era la compañía fidedigna, la Petrobrás no lo era. La Enron era la compañía preferida en la época por la burocracia internacional. Eso fue negociado y, como se sabe, en 1996, es que hay el acuerdo realmente de suministro del gas. Hay otro acuerdo también importante, aprobado por los Congresos Nacionales, a respecto de la exención de impuestos sobre el gasoducto allá y acá. Entonces ese no era un acuerdo complementario de la ALADI. La materia tributaria tuvo que venir al Congreso. Fue aprobado.

 

 En 1998, la Petrobrás compró las refinerías y ahí, digamos, se inicia el proceso. Yo quería hacer, nuevamente, una pequeña nota que históricamente es importante y yo repito lo que dije: soy a favor del gasoducto, no estoy haciendo ninguna crítica a decisiones tomadas antes del actual Gobierno en ese aspecto, con relación al gasoducto. Si una crítica puede hacerse es la de no haber mantenido alternativas. Pero eso no es una cuestión del Ministerio de las Relaciones Exteriores, es de política energética. Pero yo soy a favor. Mas vamos también a dejar en claro: no fue ese Gobierno que creó esa interdependencia. Ella ya  venía. Por el contrario, encuentro que en ese Gobierno hubo hasta gran prudencia.

 

La Petrobrás invirtió en total cerca de mil millones en Bolivia. Más o menos mil millones. Los números, -es difícil porque yo también no fue a  ver los números en los libros de la Petrobrás- más o menos mil millones de dólares, siendo que los activos son del orden de los 390 millones. De esos mil millones, 920 millones de dólares, por tanto 92%, fueron invertidos entre 1996 y 2002.  Y apenas 100 millones fueron invertidos entre 2003 y 2005. Yo encuentro que eso es muy importante para mostrar cómo la Petrobrás, en este Gobierno,  actuó con prudencia.

 

A pesar de toda nuestra aproximación con la América del Sur, a pesar de todo nuestro esfuerzo... y hay varias obras que están teniendo lugar en Bolivia,  algunas todavía teniendo lugar con financiamientos del BNDES o del PROEX, otras hasta sin financiamiento del BNDES o del PROEX, pero con el envolvimiento de empresas nacionales. Pero la Petrobrás actuó con mucha prudencia. ¿Por qué? Porque el problema del gas no es de ahora. El Decreto Supremo dramatizó una situación y dio una visibilidad indiscutible, también no voy a negar, pero es un problema que ya existía. El mismo fue un problema que estuvo implícito en la caída de Sánchez de Losada, porque había una revuelta inclusive contra el gasoducto para el Pacífico, por otras razones.

 

En julio de 2004, fue hecho un referendo, que revocaba la ley de los hidrocarburos antigua, de Sánchez de Losada, que había permitido el gasoducto y a todas las demás exploraciones de gas en Bolivia. Ese referendo hacía con que Bolivia recuperase la propiedad para el Estado Boliviano del pozo. Entonces esa idea de que la propiedad en la boca del pozo surgió ahora, no es verdad, pues eso viene del referendo de 2004. Tal instrumento ya deshacía el proceso de privatización de la estatal YPFB. Bueno, ahí huye un poco de nuestra línea, pero hasta autorizaba el presidente a usar el gas como herramienta política para obtener una salida al Pacífico. Entonces, el referendo de 2004 ya contenía eso. Basado en el referendo de 2004, está la ley de mayo de 2005, que fue aprobada por el Congreso de Bolivia. Con la cual, además, el Presidente no concordó, y es una de las cosas que está en la raíz de su renuncia. Él mismo hizo el referendo y no concordó con los términos precisos de la ley que salió.

 

El hecho es que esa crisis del gas viene dándose. Y es por eso que Petrobrás fue prudente. Por eso que Petrobrás invirtió menos de 10%. Las estimativas  para que Bolivia continúe suministrando gas al Brasil en las cantidades actuales –que son cerca de 26 millones de BTUS por día-, son de inversiones mínimas de 600 o 700 millones. ¿Por qué? Porque algunos pozos o cavidades, no sé cómo llaman en el caso del gas, ya se secaron, y como no fueron descubiertas nuevas reservas, entonces hay una disminución natural. Pero Petrobrás, cautelosamente, evitó hacer esas inversiones. Fueron hechas inversiones de manutención, de complementación de aquello que la empresa ya estaba comprometida. No se podía dejar de hacer esas inversiones. Los Señores habrán leído en el diario que hace pocas semanas atrás hubo un problema grave en un lugar donde hay la separación entre el gas y los líquidos y ese, casi sí, lleva a la interrupción del suministro de gas para el Brasil. Entonces, quería decir eso y hacer un comentario más antes de pasar para el Decreto Supremo y para la situación actual.

 

A pesar de toda esa inestabilidad, Bolivia ha sido un proveedor confiable de gas al Brasil. Nunca faltó el gas de Bolivia al Brasil. En el momento en que casi faltó, fue por un desastre natural, pero ellos fueron, inclusive ya en ese gobierno, cooperativos. Porque Petrobrás tuvo que hacer algunas obras de emergencia, tuvo que retirar algunas de las ...- bien, no entiendo técnicamente bien de los productos, pero algunas cosas tuvieron que ser retiradas del camión y ellos ofrecieron todas las facilidades. No hubo ninguna dificultad. Eso ocurrió hace cinco, seis semanas atrás, creo yo.

 

Con relación al Decreto Supremo, quiero hablas dos o tres cosas importantes. Ese documento tiene varios aspectos, y yo no soy, digamos, la mejor persona para hablar de él en detalles. Yo creo que eso es una “exégesis” que, claro, nosotros como Ministerio de las Relaciones Exteriores tenemos que estar comprometidos, pero también está el departamento legal de Petrobrás y otros. Yo quería mencionar lo siguiente: hay allí dos o tres cosas que son distintas. Una es sobre la nacionalización de las empresas, cuando se habla que Bolivia va a readquirir el 51%, el Decreto no es, en mí opinión, totalmente claro, pero mi lectura va en esa línea, de que la nacionalización se refiere, o por lo menos está focalizada, en las refinerías. La otra parte se refiere a nacionalización, digamos así, de los réditos, de la producción. Por ley anterior, 50% ya quedaba con Bolivia, ahora es acrecentado un 32% más por un período de transición y 18% con las compañías exploratorias. Eso por un período de 180 días en que las cuestiones serán discutidas.

 

Es importante decir que el Decreto Supremo no incide directamente –él puede tener una incidencia indirecta, y yo voy a comentar eso- sobre el contrato de suministro de gas, que es regido por un instrumento de 1996. Él puede incidir indirectamente porque en el artículo segundo, cuando dice que la YPFB retomará el control de la comercialización, puede tener que ver con los precios, pero hasta el momento en que ella no exige unilateralmente un precio superior al que está no hay incidencia. Entonces hay una incidencia potencial, pero no hay, digamos así, todavía una incidencia en el contrato. Yo digo eso porque el contrato de 1996 es válido. El contrato de 1996 tiene un foro propio para examen, que es la Asociación de Arbitraje Comercial de Nueva York y el mismo será utilizado si no hubiese un acuerdo. Yo quiero decir también que el contrato de suministro de gas de 1996 estipula una forma complejísima...

 

Comisión: Permítaseme una interrupción. Quisiera invitar al Senador Antonio Carlos Magalhães a tomar lugar en la mesa.

 

Amorim: Entonces el contrato de 1996, no sólo estipula ese foro para la solución de controversias, sino que también estipula que el precio, para cuya definición hay una fórmula compleja, que es una media de los precios de los substitutos del gas, sea revisto de cinco en cinco años, a partir del funcionamiento del gasoducto, que comenzó en 1999. Que yo sepa, hasta hoy, no hubo revisión. En realidad, en 2004 Petrobrás quería una revisión porque deseaba bajar el precio del gas y no fue posible por la propia inestabilidad de Bolivia. Entonces, digamos, hay en el propio acuerdo del gas una posibilidad de revisión de precios y será juzgada, y si no hubiese acuerdo eso va para la corte arbitral de Nueva York.

 

Yo quería decir dos cosas: es importante, por tanto, mantener la diferencia entre lo que es la nacionalización del gas –sea del gas, sea de las empresas- y la cuestión del contrato de suministro. Son dos cosas distintas y hasta desde el punto de vista jurídico tienen instrumentos de protección distintos. El contrato de suministro, el contrato de venta del gas, es ese acuerdo de 1996. Con relación a la nacionalización, afuera las gestiones diplomáticas y otras cosas que pueden ser hechas, del punto de vista jurídico, la Petrobrás, que está presente en Bolivia, en la exploración principalmente, es la Petrobrás Holanda. ¿Por qué? Porque ella se vale de un acuerdo de inversiones que existe entre Holanda y Bolivia, ya que el Brasil no tiene acuerdo de inversiones con ningún país del mundo. Entonces, es una curiosidad y una paradoja que nosotros, en realidad, tengamos que recurrir a un instrumento que internamente nosotros no gustamos. Nosotros, colectivamente... no estoy hablando la opinión de quien quiera que sea, pero el hecho es que nosotros... yo mismo firmé dos acuerdos de inversiones en el pasado que después no fueron ratificados. Entonces, son instrumentos distintos.

 

Entonces cuál es la cuestión que se coloca hoy y qué es lo que sucedió? ¿Cómo reaccionó el Gobierno? El Gobierno reaccionó, a mi ver, como debería ser.  Con equilibro entre apertura para el diálogo y firmeza en la negociación. Reconocimiento de la soberanía de Bolivia, eso no es favor ninguno, eso es reconocimiento. El problema que se puede colocar para el Brasil no es saber si Bolivia tiene o no tiene derecho de nacionalizar el gas. Además, el gas, repito, no fue nacionalizado. El gas en la boca del pozo no fue nacionalizado por el Decreto Supremo, fue nacionalizado por Ley de Hidrocarburos que tenías más o menos un año y ya estaba prevista en el referendo aprobado por la amplísima mayoría de la población boliviana. La cuestión no es esa. La cuestión está en saber si, para eso que hoy, entre otros motivos, está yendo para Bolivia el Presidente de la Petrobrás y el Ministro de Minas y Energía. Hoy o mañana estarán allá. Entonces es una cuestión.

 

La otra cuestión es la del suministro. Esa cuestión del suministro y del precio, obviamente, son muy importantes para el Brasil, no hay la menor duda. Es de ahí la preocupación del Presidente Lula de mantener ese encuentro de Puerto Iguazú. Tengo la certeza de que todos leyeron,  pero me permito llamar la atención para dos párrafos del Comunicado Conjunto. Me permito leerlos aquí porque son párrafos importantes.

 

El párrafo que habla del abastecimiento y el párrafo que habla del precio. El párrafo del abastecimiento dice: “...en ese contexto (quiere decir, el contexto de cooperación en beneficio de todos los pueblos, etc...) los Presidentes coincidieron en la necesidad de preservar y garantir el abastecimiento del gas, favoreciendo un desarrollo equilibrado en los países productores y consumidores”. El párrafo siguiente, que habla de los precios: “...de la misma forma destacaron que la discusión sobre los precios del gas debe darse en un marco racional y equitativo que viabilice los emprendimientos”.

 

Entonces, dos cosas fundamentales para nosotros. Primero: que el suministro de gas sea mantenido. Yo creo que la propia lógica ya diría que el suministro sea mantenido, basado en hechos. Esa no es una discusión que pueda estar basada en elementos emocionales, aun que ellos fueran justificables. Esa tiene que ser una discusión racional y el precio tiene que ser equitativo, pero tiene que ser compatible. Tiene que ser un precio que viabilice los emprendimientos.

 

En otras palabras, si el gas fuera un precio que no haga posible el funcionamiento de las industrias de São Paulo o de las termoeléctricas que existan en el camino, o aquello que sea posible pagar por el consumidor brasileño –porque el productor tendría la opción de buscar una alternativa en el aceite combustible, o en otra fuente de energía- ese precio no puede ser elevado más allá de eso.

 

Entonces es como he dicho, no es el Brasil, por actitud autoritaria, que está diciendo: “no, nosotros queremos imponer ese precio porque el Brasil tiene aquí una porra en la mano y si no hicieran eso, nosotros nos vamos a vengar”. No es eso. Es el mercado.


Es preciso entender que el proyecto del gas de Bolivia no es, digamos así, una situación en que había mucho gas disponible para ser vendido y una enorme demanda aquí para ser substituida de cualquier forma. No, no. Había una capacidad potencial y había una demanda potencial. Y el gasoducto fue hecho, repito, en gobiernos anteriores. En una decisión que yo, personalmente, como Ministro de las Relaciones Exteriores, como diplomático de carrera, con visión de Estado, apruebo y concuerdo. El mismo fue hecho para, digamos, transformar en acto aquello que sólo existía en potencia, que era, digamos, esa ligazón de la producción gasífera con el consumo en el Brasil. No había ni una demanda aguardando suministro, ni una oferta aguardando una demanda. Había dos cosas potenciales que se realizaron con el gasoducto.

 

Creo que podemos discutir con los bolivianos lo que es equitativo y lo que es razonable. Esa es una negociación, una conversación. ¿Por qué el Gobierno brasileño reaccionó de esa manera, y prefirió el diálogo a manifestaciones estridentes? ¿Por qué? Porque lo peor que puede suceder para el Brasil es una radicalización de la situación, pues en la radicalización, cualquier actitud de Bolivia de impedir o dificultar el  abastecimiento de gas al Brasil sería “irracional”, desde el punto de vista de Bolivia. Hoy, ese país vecino exporta para el Brasil mil millones de dólares, siendo el Brasil hoy responsable por el 36% de las exportaciones de Bolivia. El Brasil tiene hoy una relación íntima con Bolivia. Los Estados Unidos importan hoy 14%, con todo el acuerdo preferencial que ellos tienen. El Brasil importa 36%. Es una relación importantísima.

 

Ahora, si nos radicalizamos y asumimos actitudes estridentes, amenazadoras, la racionalidad puede desaparecer del otro lado. Siempre comento que no va a suceder nada malo, yo tengo la célebre fábula del escorpión y la rana, que todo el mundo conoce, la cual muestra que a veces lo irracional ocurre. ¿Cómo usted previene lo irracional? Usted previene lo irracional reaccionando racionalmente, actuando moderadamente, buscando diálogo, defendiendo nuestro interés, pero defendiendo el interés de manera dialogada, negociada, con fraternidad, en un espíritu de integración, que es el espíritu que nos ha inspirado.

 

Las negociaciones serán largas, serán difíciles, no serán una cosa que será resuelta inmediatamente, tanto sobre el precio, como sobre la indemnización, pero tomo como elementos positivos esos tres hechos: primero, que todos los pronunciamientos bolivianos, sobre todo después de la reunión de Iguazú, son en el sentido de sí garantir el suministro; segundo que incluso los pronunciamientos sobre el precio, y yo no voy a entrar en detalles sobre valores porque yo no tengo competencia, pero todos los pronunciamientos  sobre precio han admitido una cierta negociación, admitido una cierta flexibilidad; y tercero, hay una admisión, inclusive que está en los diarios de hoy, no recuerdo cuál, del Ministro de Carburos de Bolivia, sobre indemnización. ¿Cómo será la indemnización?, ¿se procurarán auditorias?, eso nosotros lo veremos, y para eso la Petrobrás tiene buenos abogados, Itamaraty estará dando la cobertura necesaria, eso es un proceso que aun va a desarrollarse.

 

Pero, nosotros pasamos de un clima de confrontación, que está muy ligado a un clima preelectoral allá, para un clima de diálogo, un diálogo donde aun surgen unas disonancias, pero es un diálogo. Sobre, específicamente, la cuestión del gas esos eran los comentarios que yo quisiera hacer.

 

Quisiera hacer un último comentario, pues esos asuntos están muy presentes en los diarios de los últimos días, sobre la cuestión de tierras de brasileños en Bolivia. La realidad tiene que ser un poco mejor conocida, pero los elementos que yo tengo son más o menos los siguientes: hay dos cosas que precisan ser separadas, pueden hasta mezclarse un poco, pero son distintas, que son los cultivadores de soja brasileños, que adquirieran tierras en Bolivia, que son responsables por el 40% de la producción y el 60% de la exportación de soja de Bolivia, que van a enfrentar problemas por causa de la soja subsidiada norteamericana en Colombia, que es una situación que no comprende a un gran número de personas, pero a intereses económicos importantes. Lo que me consta es que la mayoría de los empleados de esos brasileños son bolivianos, pero habrá brasileños también. Y hay también una situación de un número que yo he visto oscilar mucho, hasta porque es medio estacional, que varía entre dos mil y cinco mil, que es el número de brasileños en la provincia de Pando, próximos a la frontera, en relación a los cuales recientemente hubo hasta incidentes.

 

¿Qué ha ocurrido y qué hemos hecho? De un modo más amplio, ha sido colocado que la reforma agraria es uno de los objetivos del Gobierno boliviano.  Ha sido colocado también, tanto públicamente cuanto privadamente, en las gestiones que nosotros hemos hecho –no estamos dejando de abogar, aunque no necesariamente todo el tiempo en forma pública- que el énfasis, por lo menos el foco, será en propiedades improductivas o que no estén de acuerdo con la ley boliviana. Improductivas, ciertamente las brasileñas no lo son, pues si son responsables por el 60% de la exportación son muy productivas. De acuerdo con la ley boliviana, la mayoría, por lo que nosotros sabemos, tiene títulos legales de propiedad y nosotros daremos asistencia necesaria a los brasileños para que esas cuestiones se clarifiquen.

 

Con relación a los otros, que son de Pando, donde hay una mezcla, pues hay trabajadores que van a recoger castañas o explorar madera y quedan, y algunos que se transforman en partícipes y acaban teniendo alguna presencia más permanente, esa situación es más indefinida.

 

¿Qué hemos hecho? Eso fue colocado por el Embajador Samuel Pinheiro Guimarães, cuando estuvo allá en una misión de cooperación técnica –una misión, además, importante, porque comprendió a Secretarios Ejecutivos de varios ministerios, a la luz de nuestro acuerdo, recíproco para tratar de migración. Hay sesenta y setenta mil bolivianos en estado que no sería legal a no ser por ese acuerdo. Entonces, estamos esperando que se aplique la reciprocidad, que no haya una exigencia de documentos de los brasileños discrepante de la exigencia que nosotros hacemos aquí a los bolivianos y que nosotros estamos, en breve, intentando integrar al mercado de trabajo formal.

 

Quisiera, también de hacer dos reflexiones finales. Una es la cuestión de la dependencia o no del Brasil, y diría que ahí hay dos caminos. Primero, no es una dependencia, es una interdependencia, pero sí, una vulnerabilidad, que no es tanto ni política por lo que Evo Morales pueda hacer, u otro presidente de Bolivia pueda hacer, pero es también en función de desastres naturales.

 

Nosotros enfrentamos, hace poco tiempo, una situación de preocupación provocada por tempestades. Las tempestades pueden ser naturales, sociales o políticas y, durante gobiernos inmediatamente anteriores, nosotros enfrentamos constantemente situaciones de piqueteros, huelguistas, personas que impedían la salida de camiones, y sin la salida de camiones con los elementos líquidos no podría venir el gas para el Brasil.


Entonces, hay una situación que es obligación nuestra tratar y que el Presidente Lula está tratando
, que es aumentar nuestra propia capacidad en el Brasil de suplementos alternativos.  Tenemos que invertir en eso, ciertamente, y también diversificar nuestras fuentes suplementarias. En eso, la actuación diplomática del Brasil ya creó un puente y puede fortalecerlo.

 

¿Cómo? Veo, otro día incluso conversando, a nuestro Ministro  de Minas y Energía llamando al Ministro de Nigeria, llamando al Ministro de Argelia, directamente, porque hay hoy una relación de intimidad con esos países que permite esa relación y tenemos también a otro gran productor, no puedo aquí hablar por la Petrobrás, no sé cuál es el gas más barato, cuál es el mejor, eso yo no puedo decirlo.

 

Pero, por ejemplo, en la compra de gas natural licuado, que implica naturalmente inversiones, inclusive en plantas de regasificación en el Brasil que deben ser hechos. Por ejemplo, Catar, un país árabe en el que acabamos de abrir una Embajada, es un país que es un gran productor. Si la Petrobrás tendrá interés allá yo no lo sé, o si quedará más interesada en Argelia o Nigeria yo también no lo sé, ahí son decisiones técnicas.  Sin embargo, el cuadro diplomático está creado para eso.

 

Nosotros tenemos la intención de fortalecer eso. Itamaraty ya tuvo una División de Energía, en un nivel de Consejero, y yo estoy queriendo citar –preciso contar con el apoyo de los Señores Senadores para los poquísimos DAS que Itamaraty pidiendo, y si no tuviese el apoyo tendré que encontrar otra forma, pero va a ser dolorosa. Pero estoy queriendo crear un Departamento de Energía. Creo que es algo muy importante. No es sólo para tratar del gas, es para tratar de gas pero también de etanol, biodiesel. La energía está en la pauta internacional,  está en la pauta del presidente Bus, está en la pauta del gasoducto de Rusia que atraviesa Ucrania, está en la pauta ambiental.

 

Entonces, el Departamento de Energía es algo que se impone, siendo mi intención crear un Departamento de Energía en Itamaraty, una División de Energías Renovables, otra de Energías Fósiles, etc. Creo que teniendo ese papel, Itamaraty puede ayudar, no en la definición, pero en la ejecución de la política energética, contribuyendo para la diversificación de fuentes, sin abandonar la integración sudamericana, que continuará inspirando nuestras políticas.

 

Si me permiten citar a los dos Roosevelt, la política brasileña nunca será la de la porra, será siempre la de la buena vecindad.-

Traducción realizada por La ONDA digital.

 

[ii] (probablemente se refiera a Jaime Paz Zamora, el ex presidente boliviano – N. Del T.) 

[iii] Jorge “Tuto” Quiroga, ex Presidente de Bolivia (en su carácter de Vice-Presidente, accedió a la Presidencia a la muerte de Hugo Bánzer) habiéndose presentado como candidato a la Presidencia de Bolivia en la última elección. (N. T.)

[iv] Embajador José Jerónimo Moscardo de Souza, Representante Permanente del Brasil ante la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI), años 1992/1993.(N.T.)

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