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Alfredo Allende: “Uruguay debe ser el único
país del mundo con un imaginario social
desfavorable al fundador de su Estado”

Lo que sigue es la entrevista de La ONDA digital al escritor, periodista y ensayista  argentino Alfredo Allende, quien dice de sí mismo en esta entrevista que “siempre me han ocupado los temas sociales; desde mozo”, agregando: “me defino hombre del Partido Radical desde la vertiente desarrollista”.
Uno de los mayores estudiosos del coronel Lorenzo Latorre, quien es el “creador de instituciones básicas de un país” moderno. Apoyó a José Pedro Varela contra las fuertes críticas de la Iglesia y de los llamados “principistas” que en nombre de
las libertades objetaban el carácter obligatorio de la enseñanza.

- ¿Cuál es su vinculación con Uruguay?

- En primer lugar sentí mi vinculación en la escuela primaria y el colegio secundario, quizá antes que en mi propia casa. Soy argentino, por ende pertenezco, como lo sienten multitud de compatriotas de esta parte de los ríos, integrando una suerte de República Rioplatense, que sufrió una ablación por acción imperialista. Sabemos que Artigas siempre, aún en el exilio, quiso la unidad en Federación con lo que hoy es la Argentina, y que nunca dejó de sentirse parte de la Patria Grande. Aprendimos que algunos porteños estuvieron de acuerdo con la Gran Bretaña y el Brasil para dividirnos. Mi vinculación con el Uruguay es, claro, patriótico-sentimental, por el mero hecho de estar cerca en lo geográfico, lo cultural, lo costumbrista, el idioma. Pero también es racional, porque fuimos “una misma cosa” resquebrajada por intereses que creo perversos para el porvenir de ambos territorios. 

 

Tengo sangre oriental: si bien mi madre nació en la Argentina muchos de mis queridos tíos procedieron del Uruguay, todos con inmenso orgullo de ser hijos (mi madre como el último vástago) de Lorenzo Latorre, originariamente Lorenzo Antonio Inocencio de la Torre y Jampem o Jampen, 1844-1916, nacido en Montevideo, fallecido en Buenos Aires. Se creó en mi hogar y en los de esos familiares una especie de “mística pro-Oriental”, aunque no estuvieran todos aquéllos en posesión de un estudio profundo del significado de Latorre en la historia de su país. Eso sí, se enaltecía, con buen criterio, su acendrada moral cívica, su conductas limpia hasta los tuétanos como hombre público y privado.  

 

Pero todo esto a mí no me terminaba de convencer si, además, se agregaba que había tenido un “puño de hierro” con los maleantes. No veía grandeza en Latorre con estos comentarios engalanados por anécdotas muchas veces pueriles y otras falsas. Por eso digo que mi vinculación principal, antes de comenzar mis estudios sobre el prócer, consistió en sentirme rioplatense.

 

-¿Porqué un libro sobre Latorre? El imaginario social y cultural de los uruguayos no es favorable a Latorre, ¿a qué lo atribuye?

- Reúno las dos preguntas en una respuesta por lo que se verá.

Llegó un momento en que mis lecturas respecto de Latorre se hicieron serias, sistemáticas, y entonces me di cuenta que yo también había caído en la trampa de la “leyenda negra” anti-latorrista; asumí de que participaba, si bien con reservas, de ese imaginario social y cultural desfavorable a su imagen. Cuando tuve claridad de que Latorre había sido el organizador principalísimo, sino el fundador, del Estado uruguayo, de su unidad nacional y que en gran parte por su acción se había evitado la caída en una situación entre bárbara y caótica, me decidí a hacer algo en su memoria y por amor a la Historia. Tuve claramente la idea de que no hubo verdaderamente Estado en el Uruguay hasta la culminación de su gobierno:

 

La campaña estaba en manos “de la buena de Dios”, atravesada por malones de gauchos cimarrones, de gran coraje y poca clemencia. Así, claro, no existía un territorio productor, ni los propietarios podían ejercer sus dominios para realizar emprendimientos en serio. ¿Qué hizo Latorre? En un primer momento, respondiendo al clamor de los habitantes dispersos (aproximadamente un alma por 1,3 kilómetro cuadrado) y de hombres de luces como José Pedro Varela que había expresado su desconfianza en la viabilidad de un país en tales condiciones -y en una carta de su puño y letra había señalado en 1875 que “bien puede decirse que la guerra es el estado normal de la República”- pasó por una breve etapa ordenancista: puso en caja a los maleantes, a la policía y al propio ejército (durante sus dos gobiernos, como Dictador o Gobernador Provisorio y como Presidente Constitucional rebajó a menos de la mitad el presupuesto milita) Impuso disciplina policial -desquiciada por las soledades e incomunicación del interior-, porque no recibía regularmente sus magros salarios y porque reclutaba tropa de entre los propios paisanos “alzados”. Y, por un tiempo, relativamente breve, ordenó represión contra los crímenes mayores de manera severa hasta que JUDICIALIZÓ la campaña, acción civilizadora si las hay creando magistrados letrados para los litigios rurales, justicia inexistente hasta entonces que se ejercía policial y arbitrariamente. Pero, al tiempo que llevaba la seguridad jurídica al campo, facilitó el alambrado, hecho que abrió el país a la revolución productiva; desde entonces se pudo aumentar y mejorar el ganado, sembrar, cosechar y exportar. Se otorgaron facilidades a los propietarios de inmuebles menores para pagar el costo de los alambrados. Las estancias se convirtieron en establecimientos. Sin producción sistemática ni una elemental pacificación rural no se podía decir con seriedad que existía en Estado Nacional. Latorre no “ordenó”, sino que organizó: el orden es sólo fuerza y dura mientras permanece la violencia. Organizar significa dar márgenes permanentes, estructurales, de libertad concreta, efectiva, con respaldo jurídico a las personas y a las instituciones.

 

El gobierno central carecía de organización de Correos: se creó el Correo del Estado y las comunicaciones telegráficas. ¿Es imaginable un cambio mayor en temas de unidad territorial, intercambio comercial y cultural? Se terminó el puente sobre el Santa Lucía -primer puente importante del país- y se construyó el del Yi, enorme para entonces, de 600 metros. Avanzaron las líneas férreas.

 

Se creó el Registro Personal de las Personas, una institución fundamental para la existencia de un Estado moderno, y que eliminaba el sistema hasta entonces en manos de la Iglesia respecto a los nacimientos, casamientos y cementerios, además de poder llevarse censos confiables. El Registro de marcas y señales ¡no existentes en un país como Uruguay! Fue puesto en funcionamiento dando seguridades a las transacciones y a la propiedad de los semovientes. En fin, vio la luz el Registro General de Embargos e Interdicciones, otra institución esencial para cualquier Estado.

 

Se llevó a cabo una reforma penitenciario que llevó al Uruguay a la vanguardia en el tema, cerrándose las cárceles tumbas en instaladas en islas y en el propio Cerrito, con una Penitenciaria Central en Montevideo (la cárcel de los adoquines) en momentos en que la Argentina mandaba sus delincuentes al cruel sur, Francia al infierno de la Guayana, Rusia a la Siberia, EEUU a las horcas… Y pensar que se lapidó con un mal recuerdo este formidable avance humanitario, continuado con la prohibición de las levas de gente negra para los ejércitos, horror que se realizaba con mucha frecuencia. Se rebajó más del 50% el presupuesto militar, se eliminaron batallones, mientras se agigantaban los recursos para educación primaria, se erigía la Facultad de Medicina, las Escuelas de Artes y Oficio, y se sentaba las bases de los estudios superiores de agrimensura y agronomía. Casi nunca es mencionado el hecho de que Latorre hizo la primer reforma universitaria democratizadora en la Universidad (quizá del mundo entero), con la incorporación de los profesionales y los estudiantes a los claustros que regían la Institución.

 

Saben los uruguayos lo que significó la reforma de la Ecuación Pública, pero en general desconocen que Latorre tuvo que apoyar a Varela contra las fuertes críticas de la Iglesia y de los llamados “principistas” que en nombre de las libertades objetaban el carácter obligatorio de la enseñanza. Al morir J. P. Varela, Latorre nombró al hermano de éste, Jacobo, para garantizarse la continuación de la obra ciclópea. (El Educador, en su lecho de muerte, dedicó por escrito unas frases conmovedoras de elogio y agradecimiento al ya Presidente L. Latorre, diciéndole que sin su intervención hubiera sido imposible llevar a cabo la magna obra). Permítase decir: la reforma fue vareliana-latorrista, en realidad.

 

No menciono otras obras trascendentes en materia de urbanización, de estudios mineros, creación y reformas de códigos, etc. etc. Pero agrego: los logros de Latorre fueron realidades no promesas, se hicieron durante su gobierno, cuando entonces (ahora quedó demostrado) se fundó el Estado Uruguayo, sin presos políticos, sin exiliados, sin asesinatos de opositores, sin cierres de diarios, sin ascenderse a General, sin modificar la integración de las magistraturas judiciales provenientes de etapas anteriores: un caso excepcional en toda la América latina.

 

- El imaginario social y cultural de los uruguayos, no es favorable a Latorre ¿a qué lo atribuye?

A pesar de que ilustres historiadores y pensadores de la historia uruguaya -quizá los más importantes- como, entre otros, Pivel Devoto, Real de Azúa , Salterain  Herrera (con un premio nacional por su biografía sobre Latorre) y últimamente De Arteaga, hayan tenido en alta consideración al Coronel por su personalidad y por su gigantesca obra de gobierno, es verdad que en general se ignora o se repudia su imagen histórica; en realidad se la repudia porque se la ignora. Algunos han considerado un misterio esta situación. Tratemos de desentrañar este enigma del imaginario social. A Latorre no le quedaron familiares en su país que guardaran su memoria, como se ha hecho a lo largo de la historia del país con otros personajes; no tuvo apoyo de ningún partido político (falta grave en el Uruguay) dónde se reservan homenajes a los propios: él fue colorado pero se rodeó de figuras independientes, de colorados y aún de blancos (partido, el Blanco, que durante su gobierno apoyó en su inmensa mayoría al “colorado” Latorre). Gobernantes posteriores se vieron ante una realidad: se había hecho ya lo fundamental para insertar la Nación en la avanzada cultural y económica de la América latina. Los odios personales de algunos que luego fueron presidentes se habrán regodeado al verlo desacreditar por: la Iglesia que no le perdonaba la enseñanza pública y el Registro Civil; los militares de alto mando que no pudieron escalar posesiones; los conmilitones colorados que no llegaron a las cimas de las ventajas materiales del poder. En ese ambiente de agresión y de ausencia de defensa surgió una novela de Juan L. Bengoa que pretendió ser biografía y que cualquiera que lo lea con elemental sentido crítico lo considerará un mamarracho: no hay citas, hay abundantes diálogos (¿en dónde habrán sido registrados?) pero se estimuló su lectura masiva. No ha merecido que nadie posteriormente dedicado a este asunto recordara esta novela, que es eso lo que fue la supuesta biografía.

 

Cuando se insinuaba una rehabilitación de la figura de Latorre, luego de la aparición de la biografía de Salterain y Herrera, la dictadura militar del Uruguay se valió de que el prócer hubiera sido un miembro de las Fuerzas Armadas para hacer ingresar sus restos con solemnidades, vinculándolo como un histórico precedente de esa infausto proceso. La gente asoció sin más a Latorre con las dictaduras (Incluso aquellos eminentes historiadores no lo consideraron un gobierno militar al suyo, sí al siguiente de Santos) y se indignó con el cambio de nombre de la tradicional calle Convención. Desde ese momento sólo las mentes serenas y pensantes de la historia nacional Oriental continúan el nuevo repechaje de su memoria a la cima que le pertenece. Uruguay debe ser el único país del mundo con un imaginario social desfavorable al fundador de su Estado, al iniciador de la producción sistemática, al propulsor de la alfabetización general y al creador de instituciones básicas de un país moderno.

 

- ¿ Se define Ud. como un hombre del Partido Radical argentino? ¿Cuáles son sus referentes filosóficos y culturales?

- Me defino hombre del Partido Radical desde la vertiente desarrollista. Los hijos y nietos de Latorre somos radicales, el partido revolucionario y progresista contra el orden conservador. Mi abuelo impulsó en sus hijos esa tendencia que yo no recogí inicialmente porque de mozo milité en el socialismo, pero el encuentro con una personalidad como Arturo Frondizi me hizo comprender que sólo la lucha antiperonista y los lemas morales, no bastaban: había que superar al peronismo dando bases materiales a la Justicia social y a las libertades públicas, impulsando las industrias de base y la infraestructura aún en pañales de la Argentina. No me fue difícil adoptar esta posición porque tuve la suerte de se educado en un colegio dónde sacerdotes franceses me confirmaron en amar el libre pensamiento y la solidaridad de los humanos a través de Jacques Maritain; porque hallé en las utopías de Platón - siempre me emocionó su lectura- una fuente de impulso estético-moral y político hacia la realización actualizada de un mundo mejor; porque no escatimé las lecturas marxistas con lo cual adquirí una herramienta de interpretación de los hechos históricos inigualada (que favoreció, entre otras cosas, la comprensión de la enorme obra latorrista).

 

- Se dice que con menos de 30 años fue ministro del gobierno de Arturo Frondizi ¿cómo fue esa experiencia? ¿Cuál es el juicio que puede hacer hoy de Frondizi? ¿Cómo era trabajar a su lado?

Tenía 27 años cuando asumí como Ministro de Trabajo y Seguridad Social de la Nación, lo que me convirtió en el Ministro más joven de la historia nacional. Antes había sido electo Secretario General del Sindicato del Seguro. Tuve meses de labor abrumadora: era la primera vez que el Ministerio era ocupado constitucionalmente por un no peronista (nunca fui anti-peronista sino cuando tenía menos de 22 años) Reorganicé el movimiento sindical dejado en trizas por la llamada Revolución Libertadora, llamando a elecciones en todos los gremios a los que intervine previamente para evitar fraudes. Entre tanto se otorgó un aumento grande a los trabajadores y se llamaron a paritarias. Tuve que lidiar con huelgas de gente que aprovechaba las libertades, de otras que querían derrocar al gobierno y de algunos sectores peronistas recalcitrantes. La presidencia de Frondizi tiene la característica de haber sido realizada en función de un programa sistemático de gobierno con visión de futuro y de concreciones inmediatas: miles de kilómetros de caminos, auto- abastecimiento de petróleo (no privatizado como se suele decir, sino al estilo de lo que desea hacer Evo Morales), desburocratización del Estado pero con plena ocupación, créditos a las PyMES, eximición de impuestos a las empresas que hicieran inversiones productivas, razonable protección a las industrias instaladas, facilidades a la siderurgia y a las fábricas con valor agregado, automóviles por ejemplo.

     

Fue un estadista sin antecedentes ni proseguidores. No era demasiado sencillo comunicarse con él: lo hacía a través de un talento superior, Rogelio Frigerio, su mano derecha.  Cuando entrevistaba a Frondizi, la conversación iba de inmediato al grano y las respuestas a mis interrogantes eran sencillas, claras y terminantes. Una vez, únicamente lo vi emocionado. Al firmar la radicación de un gran establecimiento siderúrgico me dijo: “¡Allende, ‘sus obreros’ tendrán trabajo y sueldos cada vez superiores; se transformará el país ! ”.

 

-¿Porqué hubo un golpe de Estado contra su gobierno?

- Hubo una cantidad grande planteos y de intentos de golpe de Estado contra el presidente Frondizi, en razón no de sus errores, sino de sus aciertos en la afirmación: A) De una política de integración social -alianza o al menos relación democrática con el peronismo-. B) De la lesión inferida a los intereses de la importación de petróleo y derivados. C) De una industrialización que perturbaba la importación de maquinarias y de otros implementos que empezaban a realizarse en el país. E) de una política internacional que reconocía la vigencia de dos polos, el soviético y el norteamericano. F) De las perturbaciones de una izquierda que en la Argentina nunca ha entendido la necesidad del desarrollo nacional. Además, Perón comenzó a temer una succión del peronismo por parte de un frondizismo lanzado a la expansión con apoyo de parte de la burguesía nacional y la simpatía de vastos sectores populares. Los militares, trabajados mental y emocionalmente por la vieja oligarquía (ésta se sentía postergada por el desvío de fondos hacia el  crédito industrial) odiaban al peronismo que creían retornaría de las manos de Frondizi.

 

- ¿Por qué los gobiernos radicales terminan con golpes de Estado?

- La pregunta debería ser, ¿por qué los gobiernos argentinos desde 1930 caen tan a menudo por golpes militares? En 1930 fue derrocado Yrigoyen, pero en 1943 un gobierno conservador. En 1955 Perón fue expulsado. En 1966, uno radical. En 1976 un gobierno peronista; en 1989 y en 1992 dos gobiernos radicales. Luego cayó el gobierno peronista de Rodríguez Saá. Como se ve existieron diversas interrupciones. En líneas generales, y muy esquemáticamente, entiendo que un país de las potencialidades de la Argentina sufre un desesperado anhelo de cambio que se expresan perversamente a través de revueltas internas cívicas o militares. Y creo que nunca nos desligamos de la desgracia que significó habituar desde 1930 a los militares a la intervención política, instigada por el neoliberalismo local e internacional. El propio Frondizi, en su senectud, desalentado por el futuro de la Patria, tuvo una inverosímil rendición frente a los actos criminales del proceso militar, más allá de que se ocupara de salvar vidas de los detenidos en los cuarteles y campos de concentración.

 

- ¿Porqué en tan breve tiempo ocurrieron desgracias tan enormes como las del proceso militar de Videla y la guerra de las Malvinas?

- Reitero: un país de la dimensión y de la capacidad generativa de riquezas de la Argentina, no puede sobrellevar el subdesarrollo en paz por mucho tiempo, máxime si se combinan ineptitudes políticas reiteradas. Los sectores afectados por las postergaciones materiales, la pobreza cuando no la indigencia reaccionan de alguna manera u otra, casi siempre sobre el plano inclinado hacia la violencia.

 

Estoy hablando no sólo de los trabajadores y desocupados, sino también de las clases medias, de los intelectuales, de los productores. Todos saben que se podría vivir de manera mucho mejor, que los hijos deberían tener un horizonte de bienestar y realizarse en un presente  sin desasosiegos. Este clima de incertidumbres, carencias y frustraciones  llama a reivindicaciones que asumen formas a veces brutales, y traen como reacción otras formas no menos brutales. La guerra de las Malvinas fue un intento desesperado de los sectores militares y de los grupos cívicos que  apoyaban por ganar prestigio y no perder el poder que se les escapaba de las manos, reconquistado luego durante la Presidencia de Menem.

 

-¿Qué opinión le merece el gobierno deKirchner? ¿Se justifica la actual controversia con el Uruguay? ¿Descartaría Ud. una hipótesis de guerra por este conflicto?

- El actual oficialismo ha tenido aciertos en materia de derechos humanos, en la reforma de una Corte Suprema corrupta, en la mera aceptación de las reformas económicas de dos gobiernos anteriores que constituyen las bases de una recuperación interesante: la cesación de pagos decretada por Rodríguez Saá y la actualización del verdadero valor de la divisa con relación a los intereses del mercado nacional. Sus errores lo constituyen su visible afán hegemónico en el ejercicio del poder y la inclinación por la confrontación permanente, así como la instauración de una suerte de sistema de desorden en las calles y en las instituciones. Falta peligrosamente un plan de desarrollo nacional en lo material y un llamado a la integración del país dejando atrás los enfrentamientos para realizar en común grandes políticas de Estado; los derechos humanos están recibiendo resguardo judicial ¿para qué insistir en la división habiendo tanto para hacer? La controversia de las fábricas es una muestra de desmanejo hiperbólico del Poder Ejecutivo. Por supuesto que debe ser defendido el medio ambiente, pero no se gana nada en provocar con gestos y palabreríos irritantes en los cuales también de parte uruguayo han aparecido desaciertos casi simétricos. Lo único que rescato del Presidente Kirchner en la emergencia en su acento en el tema ambiental: no se pone en entredicho los derechos soberanos de la nación uruguaya. Deben hacerse todos los esfuerzos para evitar una catástrofe ecológica, y el esfuerzo debe ser bilateral. Los orientales no deben dejarse abrumar por el poder de las empresas internacionales a las que les importa un bledo el futuro ambiental de ambas orillas.

 

- ¿Qué opina de la globalización?

- Es un producto de los avances tecnológicos y científicos que circularizan bienes y servicios de acuerdo con los intereses de las grandes corporaciones, propietarias principales de los instrumentos de producción y comercialización. En la medida en que la globalización desconoce el derecho a la autodeterminación y al desarrollo locales es perversa y traerá aparejada una división más profunda entre regiones avanzadas y las rezagadas.  Por ello, más que nunca se precisa el sano nacionalismo guardián de valores morales y materiales amenazados por ser arrasados.

 

- ¿Cómo es la salud de la cultura argentina de este tiempo? ¿Cómo ensayista y escritor nos puede decir en que está trabajando?

- El nivel cultural de la argentina como promedio general está en descenso dado que el acceso al estudio de vastas capas juveniles ha quedado entorpecido cuando no vedado por razones socio-económicas. El sueño vareliano-latorrista del Uruguay, o sea plena alfabetización y estudio, en la Argentina retrocede a ojos vista. Grupos de clase media y alta mantienen un estándar de cultura bueno, a veces vecino a la excelencia en materias humanistas, aunque noto una cierta despreocupación por enfocar los temas vitales del pueblo: el hambre, la ignorancia, la deserción escolar, etc. De todos modos, no faltan buenos y hasta excelentes escritores y pensadores en este medio rioplatense. En lo personal siempre me han ocupado los temas sociales; desde mozo, cuando ocupé la cartera de Trabajo, creí que el menosprecio de la mujer -la misoginia- merecía una lucha especial. Estoy elaborando una suerte de resumen sobre la misoginia especialmente la medieval en Occidente, labor que no sé si terminaré dada mi edad y todo lo que debo indagar.

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