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Comunicación: la
En 2005, una parte de ese diez por ciento se pasaba al voto en blanco, alentaba mi pronóstico de que este es un gobierno de transición al cambio. Pero estos nuevos diez puntos de caída en la popularidad de Vázquez. ya van enteros, directamente, a manos de blancos y colorados. Es decir que el Partido Nacional y el Partido Colorado están teniendo con un gobierno vicario, mayor éxito que con los propiamente suyos.
Hace muy poco más de un par de años, cuando Mujica ya era Ministro en ejercicio y todavía se presentaba en TVEO a anunciar el desmantelamiento de la patria forestal blanquicolarada, todos los analistas coincidían en que la mayor ventaja comparativa que tenía el del Frente Amplio respecto a los dos anteriores gobiernos, era su sintonía con los otros gobiernos de la región. Astori llegó a expresar que para estar en el buen rumbo, alcanzaba con seguir a Brasil.
Después Mujica perdió con Harvard, como él mismo dijo (o para decirlo en criollo y sin elipse, perdió la llave de la caja fuerte cuando el Astori le impuso a Caloia en lugar de Pomi en el Banco República –por imperdonable error de Mujica al promover a éste) y desde entonces nos hemos venido acostumbrando al desuso de nuestra alma, a la razón de Jorge Batlle. Eso es lo que refleja la encuesta de Equipos-Mori: la gente está de acuerdo con el gobierno, por eso desaprueba a Vázquez y aprueba a sus opositores. Y ya no está el “Corto” Buscaglia para anunciar la paradoja.
El último negocio del oligopolio mediático
Siempre la llevaron de arriba. En la década del 50, las radios. Cuando aparecieron los permisos de televisoras, se los repartieron. Cuando apareció el cable, formaron una sola empresa para cerrar el camino a la competencia. Pero quedó un resquicio, una señal de aire que fue alimentada por el fútbol, habilitándola para competir (por la empresa que en este país monopolizado, es acusada de monopolio, cuando fue la única que enfrentó con éxito al verdadero monopolio). Con el fútbol en el canal de abonados por aire, la competencia ya era inevitable. Pero los permisarios, de aire y tierra, encontraron un nuevo negocio para seguir lucrando con la vieja prebenda. El derecho a comunicar que los gobiernos blancos, colorados y militares y luego de los militares, otros colorados y blancos les concedieron en exclusiva, algunos permisarios los negociaron, en parte, por cientos de millones de dólares, con grupos económicos fuertes (alguno extranjero) que el Estado había dejado afuera de la competencia, quizá sólo para que tuvieran que pasar por caja de los permisarios.
Ahora la tecnología les marca la hora de la digitalización y quieren que el Frente Amplio haga lo mismo que blancos, colorados y militares.¿Habrá competencia o se mantendrá el estatu quo?
Por momentos parece que el gobierno temiera más a los canales que a la crisis energética, el aislamiento regional y la apatía, la decepción o resueltamente el rechazo que provoca en una parte de su antiguo y más militante electorado. Es comprensible. Gran porcentaje de ese cuarenta y cuatro por ciento de la aprobación que le queda, se la debe Tabaré a los canales (pero ¡ojo!, también a “Canal 1” que, desde el plebiscito del 80, a la hora de los hornos, les ha venido ganando a todos). Su popularidad nunca fue solo propia, pero la de Tabaré con el oligopolio es una deuda perversa, que ha tenido vaivenes y en esta fase de condicionamiento, le perjudica más que le beneficia.
¿Ese temor llegará a tanto como para obligar al gobierno a entregar a los permisarios el último gran negocio de sus prebendas, el manejo a su antojo de los tiempos políticos ante la inevitable democratización y horizontalidad de la comunicación, que el pasaje de la televisión a Internet acarrea? Porque es eso lo que se viene, el equipo informático y no una pantalla con accesorio como se la quiere presentar.
El Frente Amplio ha demostrado en este aspecto, a través de la Presidencia de la Unidad Reguladora de Servicios de Comunicaciones, una clara diferencia con todos los gobiernos anteriores. La firme decisión de asegurar el derecho a competir en igualdad de condiciones a la mayor cantidad y diversidad posible de actores independientes. Es una diferencia importante, porque opera en la producción de subjetividades, el campo donde se definen los escenarios antes diseñados.
La transición
Si hace tres años alguien hubiese dicho que hoy el Presidente de Bolivia sería Evo Morales, hubiese sonado tan loco como decir que el próximo uruguayo será Zabalza (Bueno, está bien, no tanto; pero no se me ocurre otro ejemplo). El entonces “cocalero”, “piquetero” “extremista”, vino a completar una larguísima transición que se inició con la derrota electoral de Banzer y fue sucediendo promesas de cambio, a la manera, “¿vos no te animás?, que pase el que sigue”.
En Brasil lo mismo desde Collor de Mello, pasando por Henrique Cardoso hasta Lula, el punto actual. En Argentina De la Rúa incumplió sus promesas de cambio y el electorado no volvió a Menem, siguió hacia Kirchner. En Chile, desde Alwin, pasando por Lagos hasta Bachelet, más gradualmente, pero también se operó una corrida sin retroceso en la subjetividad electoral hacia la izquierda (en este último caso, dentro del propio Partido Socialista, un paradigma para nuestro Frente). En Perú Fujimori “era” el cambio, Toledo “fue” el cambio y ambos candidatos actuales “lo son”.
El mismo subjetivismo operó en el ascenso y caída de Lucio Gutiérrez en Ecuador. De todos estos escenarios la subjetividad neoliberal solo es opción de gobierno en Chile. Porque en nuestro país, el dato de la última encuesta reafirma a Larrañaga como alternativa en el bipartidismo fáctico. La misma tendencia, aunque más leve, se ha dado en Paraguay desde Stroesner a Frutos. Solo quedan fuera de este cuadro Colombia y Venezuela, uno por guerra y el otro por cambio de orientación en lo económico (populismo que le llaman –la famosa “manguera” de Perón “chorreando para adentro”).
Estas transiciones seguirán su curso este año, con varias contiendas electorales y quizá se agreguen otras más al norte; entre ellas, Nicaragua y México. Sin embargo, todos los gobiernos de la región se han adaptado al neoliberalismo gobernante en la economía global, más poderoso que cualquier otro gobierno. Las diferencias han estado en las expresiones subjetivas.
Y no son menores como creía el marxismo maniqueo. Son, como decía Guattari, “modificaciones que no se alcanzan a ver ni a apresar completamente, pero resultan fundamentales, transformaciones profundas a nivel de revolución molecular”. LA ONDA® DIGITAL |
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