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No habrá tregua con Argentina
Hace algunas semanas, en una de estas columnas, hice hincapié en que el asunto principal de este tema no era la defensa del medio ambiente sino la pérdida, por parte de Argentina, del control sobre uno de los principales negocios de la región, que llevaba a la ruina a diez empresas obsoletas que hoy operan en su territorio. Por lo tanto, señalé que era un asunto puramente económico, partiendo de la base que las empresas cumplirán al máximo los requisitos para su instalación. Dije también que la solución iba a llegar en el momento en que alguna de las empresas decidiera instalar una fábrica del lado argentino.
Esta semana pudimos apreciar como se resquebrajaba el frente interno argentino contra las plantas de celulosa, cuando las autoridades de Corrientes admitieron que ya hay conversaciones para instalar una procesadora de pasta o directamente una papelera en esa Provincia, más grande que las que están en construcción en el Departamento de Río Negro.
Y esa noticia dejó al descubierto el cinismo del Gobierno central argentino, que no reaccionó ante la información, seguramente aliviado, porque la movilización y el escándalo que generó parece haber logrado los objetivos: Argentina seguirá siendo quien controle el negocio de la pulpa de celulosa en la región. En ese contexto, no hay problema que existan empresas que operen del lado uruguayo.
Se impone así, el criterio de país más poderoso que vulnera los derechos de los más pequeños, en función de la defensa de sus intereses. Queda demostrado porqué no funciona el MERCOSUR, porqué no se respetan las asimetrías, porqué no existe ninguna complementación en materia de producción y porqué el actual Gobierno argentino mira a Uruguay como la ex Provincia, que debe someterse a los designios que se resuelvan del otro lado del Río. Lo demuestra el pensamiento del propio Presidente Kirchner quien , públicamente, sostiene que las relaciones entre ambos países van más allá de un posible conflicto sobre las plantas, porque ellos “ nos dan” gas, luz y el 80 por ciento de las inversiones de Punta del Este son argentinas. Esto es como decir, mirá que están viviendo gracias a nosotros, así que no se pasen de listos.
Y esta visión de la relación entre dos Estados independientes, pone de manifiesto que en el círculo de poder que hoy gobierna el país vecino, no prevalece la idea de que Uruguay pueda adoptar decisiones que , a mediano o largo plazo, le permita crecer por si mismo. En este marco histórico que nos ha tocado vivir, el de las plantas de celulosa no será el único problema que tendremos que enfrentar ante Argentina.
Otro que ya se vislumbra en el horizonte es el del Puerto de Montevideo, tras la decisión de Uruguay de transformar la terminal en un puerto de aguas profundas, que permita recibir a los grandes buques de mercancías y transporte de contenedores. Esto generará una fuerte competencia con el puerto de Buenos Aires que, de seguro, será fuertemente cuestionada. Antes de que explotara en toda su magnitud el conflicto por las plantas de celulosa, ya hubo una muestra de las intenciones argentinas, que realizó una protesta por el recalado en los muelles de la capital de buques que tenían como destino las Islas Malvinas.
La actuales autoridades argentinas parecen retrotraerse a los albores del siglo pasado y adoptar el pensamiento de José Ingenieros, quien ponía énfasis en la superioridad de la raza argentina y abogaba por una hegemonía imperialista de Argentina en la región, marcada por un fuerte nacionalismo.
En 1908, el autor argentino Luis. P. Tamini escribía en la Revista de Derecho, Historia y Letras: “ Montevideo cual una pistola cargada, apunta al corazón de la Argentina… con el Puerto de Montevideo, rival futuro de Buenos Aires, no hay más política comercial que delenda est Cartago”.
Por lo tanto, debemos comenzar a tomar conciencia que la integración regional ha quedado por el camino y que no habrá tregua si, tal como parece, el criterio que prima en la cúpula argentina es el de imponer su hegemonía. LA ONDA® DIGITAL |
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