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Claves geopolíticas
II - Uruguay en controversia

por  Héctor Valle

Ningún proyecto de inserción internacional del Uruguay puede realizarse ignorando esta realidad o prescindiendo de nuestros hermanos y vecinos. Lamentablemente, estos últimos cinco años han sido testigos del deterioro del relacionamiento del gobierno uruguayo con ellos. Además de las tristemente famosas declaraciones del actual Presidente de la República que tanto resintieron los vínculos con Argentina y Brasil, la política exterior impulsada por la coalición de gobierno, sacrificó en el altar de una inserción unilateral e irresponsable del Uruguay en el ámbito internacional y de una relación supuestamente privilegiada con la mayor potencia del mundo actual [*1], la relación con nuestros vecinos y la participación comprometida y convencida del Uruguay en el proceso de integración regional.

[*1] En materia de relaciones internacionales no se necesitan privilegios, se necesita respeto, justicia, solidaridad.

 

Doctor Tabaré Vázquez, “Uruguay Integrado”, 04.10.2004.[i]


Vivian Trías, pensador y geopolítico
Decía bien el pensador Vivian Trías, en la obra que sirve de marco referencial a estos apuntes –y que a mi entender es esencial para entender, o comenzar a hacerlo, la problemática que hoy, y una vez más, vive el Uruguay que, como demostrara Eugenio Petit Muñoz, “brillantemente, que J. Artigas no concebía a la Provincia Oriental con perspectiva de “patria chica”, de solar propio, sino proyectada en la gran lucha por constituir a la “Patria Grande”, de la cual es clave de bóveda. Su dinámica del federalismo, no sólo supera, irreversiblemente, la tradicional controversia sobre si las Instrucciones propugnaban un Estado Federal o una Confederación de Estados, sino que abre, diáfanamente, la comprensión del verdadero sentido político del artiguismo; instrumento, medio político para conquistar el objetivo medular de la nación soberana.”
[ii] A renglón seguido, Trías da cuenta de las etapas del proyecto artiguista.

 

Socialismo y Batllismo

El socialismo en el Uruguay tuvo, entre tantos y tantas, dos protagonistas de particular y destacaba altura moral y conceptual: Emilio Frugoni y Vivian Trías, el primero en la especificidad de un pensamiento tan propio como libertario, y el otro que además de propio tuvo el rasgo científico de aproximarse al meollo de las grandes cuestiones geopolíticas del continente, bien como idear un socialismo nacional que, en el acierto o en el error, fue un intento cabal de pensar, como hombre erguido, luego responsable de su destino y del de los otros, desde esta comarca para con el mundo.

 

El zumbido de  los mangangases busca acallar la voz de los grandes

 

En el Uruguay, no se recuerda tanto como se debiera ni a Frugoni, ni a Trías,  y menos aun a Domingo Arena y al propio José Batlle y Ordóñez, hombre que por estos días y en virtud de un aniversario más de su nacimiento, se levantan homenajes pero se esconden sus ideas. O a su sobrino, Luis Batlle Berres o al sucesor de éste, Amílcar Vasconcellos.

 

Oportunos los primeros para el destaque personal y clarificadoras las otras intenciones para poder seguir justificando la cipaya actitud de algunos genuflexos que intentan se olvide que una vez, aquí y para todos, todos los citados, cada cual a su hora y circunstancia, pensaron, y pensaron bien, con responsabilidad y solidaridad, cómo y en qué forma podría el Uruguay superar tanto su condición de Estado tapón bien como la natural juventud de una nación continuamente en jaque por factores externos.

 

Son esos mismos que mientras invitan a figuras del exterior a disertar sobre Batlle y Ordóñez, no sea animan a desempolvar discursos de nuestros hombres públicos ya ni hablemos de los dichos de Batlle y Ordóñez menos aun los de Domingo Arena. Ni siquiera los del propio Luis Batlle Berres, pues esa manera de ver y entender la política les es, a los actuales custodios de una casona vacía, ajena y refractaria.

 

Tampoco citan, porque no pueden, que el Uruguay supo darse una forma de gobierno, como la del Colegiado, que fue orgullo por cómo una Nación efectivamente desarrollaba su democracia, a la vez que desaliento para los ambiciosos de todas las horas aquellos que apenas buscan plantificar sus caderas con  sus egos en el gobierno de la cosa pública. Y si lo hacen es para sonreír indulgentemente, recordando el “romanticismo” de aquellas horas. Menos aun pueden recordar, en cuanto a valorar, la figura y la acción del último batllista de gran vuelo: Amílcar Vasconcellos. Quien además de haber sido un político superior, fue un americanista que tuvo muy en claro en rol del Uruguay en el contexto regional. No digamos de su honestidad que da escalofríos a tantos y ni qué hablar de su pensamiento en acción, defendiendo con su vida a las instituciones en lugar de cobijarse en cuarteles u otros sitios donde medrar.

 

Los que acallan el pensamiento batllista, es decir, liberal en lo espiritual, solidario en lo económico, defensor de la justicia distributiva, respetuoso de la suerte de los desposeídos para lo que se iba en busca de soluciones reales y no de meras dádivas –limosnas- pasajeras.

 

Esos, los pequeños, son los mismos que bregaron por eliminación del sistema Colegiado de Gobierno. Hombres esos que cuando tuvieron consigo el control del poder no dejaron, a mi entender que es el de un ciudadano que reflexiona políticamente sobre las acciones de sus hombres públicos- huellas dignas de ser recordadas para la posteridad.

 

No me refiero, entonces, a los logros, ciertos, inciertos o relativos, en determinados aspectos de la vida socioeconómica de un país, puesto que estos así fueren ciertos son coyunturales, circunstanciales, y depende de cómo se lean o se puedan leer, es decir en qué parámetros fueron obtenidos, tales resultados.

 

Hablo de la verdadera forja que los estadistas dejan en su vida pública como legado histórico, algo que sí hicieran, fuera desde el gobierno como desde la oposición, los citados hombres públicos José Batlle y Ordóñez, Domingo Arena, Emilio Frugoni, Vivian Trías, Luis Batlle Berres y su sucesor y último gran batllista, Amílcar Vasconcellos. Sólo para citar algunos, que los hay y las hay, vaya si habrán, para ser citados y recordados a igual altura que aquellos.  Cosa que continuaré haciendo  al igual que lo hecho en estos años. Sin medir colores o etiquetas sino el mejor y mayor ligado que una persona deja a su comunidad: su magisterio y su probidad.

 

Nuestro Presente

Prosigamos. Hoy, además de los factores externos, hay los internos que quieren deshacer esta Nación en aras uno no sabe bien de qué, si por el principio mezquino de “yo primero y el resto detrás” o porque la sinrazón ha ganado no pocos espíritus y nos encaminamos, consecuentemente, al despeñadero de la razón y de la primera condición que, si regresamos a aspectos geopolíticos, una Nación debe tener no sólo para ser sino para permanecer, creciendo en calidad humana, en responsabilidad social y en proyección de vida buena para todos sus habitantes. Hablo del crecimiento cultural. Pero mejor vayamos por partes.

 

Así, con este talante, quise pensar no desde el hoy sino a partir del momento en que la instancia misma de la elección presidencial entraba en su fase definitiva. No tuve que hurgar mucho para encontrarme con el pensamiento americanista, solidario y maduro de otro ciudadano oriental.

 

Hallé pues, las expresiones de nuestro Presidente, el doctor Tabaré Vázquez, que dan un marco referencial de primer orden, sea por su persona, como por la oportunidad e incluso –o más aun, por su visión- el ángulo justo para que con el compás y la escuadra, tracemos las figuras geométricas más adecuadas a la realidad y a la suerte de nuestras gentes. Y hablo de gentes pues en nosotros, en el Uruguay histórico que es el que permanecerá erguido, está ínsito en la razón de ser de nuestro país: la de ir en pos de la Patria Grande. Coadyuvar a hacer realidad la construcción sudamericana de una Comunidad de Naciones.

 

La geopolítica y sus escuelas

Tema apasionante como pocos para quien se interesa por la conformación y el destino de las naciones, hablar de geopolítica conlleva naturalmente a citar a una o varias de sus escuelas. Mencionaré sólo tres y de cada una, apenas destacar algunos de sus muy importantes aspectos:

 

La escuela alemana

 

·                    Es central en ésta el llamado lebensraum o espacio vital que es el ámbito geográfico donde una comunidad equis desarrolla sus actividades.

·                    ¿Cómo no citar, en este contexto, a las panregiones? Si justamente abogo por una de estas como lo es la América del Sur.

·                    Asimismo, de los teóricos alemanes, me permito citar a Friedrich Ratzer, para cual había, según creo recordar, dos aspectos centrales:

1.                                          El espacio de los Estados aumenta con el crecimiento de la cultura;

2.                                          Los Estados crecen cuando los ciudadanos aumentan su capacidad.

 

La escuela norteamericana

 

Apenas para citar al hombre que se confunde con la escuela misma. Hablo de Nicholas Spykman, aquel geógrafo, economista y Profesor de Derecho Internacional que dejara una huella tan profunda como duradera en el pensamiento geopolítico norteamericano, y de quien citaré tan solo una frase: “No tiene destino ningún país que no tenga una radiación o influencia superior a su extensión geográfica.”

 

La escuela brasileña

 

Aquella que no sólo tiene en cuenta a las dos grandes cuencas sudamericanas, la amazónica como la platense, sino que también ideó la posibilidad de una tercera, la del Xingú.

 

Aquella que prevé la necesaria llegada del Brasil al Pacífico, en acuerdos con países que bañan sus costas con éste océano.

 

Aquella que ve al Brasil como un archipiélago consistente en una serie de islas y penínsulas, las que deben ser unificadas para permitir el desarrollo interior del Brasil.

 

Aquella que concibe el área del Matto Grosso, el Paraguay y Bolivia como el heartland o zona de unión de nuestro subcontinente.

 

El Uruguay en controversia

Vuelvo al epígrafe de este capítulo para reiterar el pensamiento y el talante de antes y de ahora del Presidente Tabaré Vázquez Rosas.

 

Sus palabras, recordadas y no desmentidas sino que repasadas y repensadas en los debidos contextos de época y situación específica, son de especial consideración.

 

Lo son puesto que ciertamente le cabe la ímproba tarea de ir adelante en momentos de especial dificultad regional. En momentos que el Uruguay recibe el embate grosero, injusto y falto de altura de unos en lo externo como de otros en lo interno. De quienes, una vez más y vaya que lo han intentado a lo largo de la historia, agenciarse espacios vitales, como de otros que, en virtud de su minoridad intelectual, pretenden avanzar a contrapelo de la realidad y dar, como ya dijera en el primer capítulo, saltos en el vacío. Y para peor en aras de la nada continentada en envases que nadie sabe quién les ofreció, porque nada contienen.

 

La solución está aquí, en la comarca, negociando bien y con discreción con quienes se debe hablar. Con quienes están habilitados a negociar. Pero a negociar en serio, no a gesticular según las luces y los lentes de las cámaras, usándonos de teloneros para que otros observen su actuación sin preocuparse del contenido y gravedad de sus dichos y de sus acciones, las propias y las toleradas.

 

Nuestro Presidente tiene una tarea enorme y nada más quiere uno añadir que pueda entorpecerla en el menor de sus aspectos, por eso la temática que viene siendo tratada, concluirá en este capítulo aquí mismo. Porque el silencio también ocupa –y vaya si ocupará- un espacio destacado y estratégico. Él, nos consta, está dando y dará todo de sí  por ser fiel a la Historia y a su pensamiento que es el de un país consustanciado con la geografía y la política que esta misma preanuncia sea por legado sea por un futuro que no se concibe fuera de ella. Silencio, es preferible hacer silencio.

 

Hagamos silencio pues, pero velando las armas. Las de la Razón. Y las de la Historia.

 

[i] Vázquez, Tabaré, Discurso proferido, bajo el título de “Uruguay Integrado”, en el Salón Azul de la Intendencia Municipal de Montevideo, el 4 de octubre de 2004. Texto accesible en el siguiente link: http://www.ps.org.uy/tv_041004.htm

 [ii] Trías, Vivian – Uruguay y sus claves geopolíticas, Montevideo, año 1972,  mes de septiembre, Pág. 48.

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