|
Moniz Bandeira y nosotros I - El Maestro Moniz Bandeira Rodó. Una vez más, nuestro maestro, el maestro de América, José Enrique Rodó, puede ayudarnos a situarnos en perspectiva.
Hace poco tiempo, tuve el privilegio de asistir a la presentación de una obra del Profesor Luiz A. Moniz Bandeira, que se llevara a cabo en la Universidad de la República y que La Onda Digital promoviera como medio periodístico y que luego, yo tuviera a bien reseñar para nuestros lectores.
En aquella instancia, ya no el Profesor sino el Maestro, puesto
que lo es, se dirigió a los presentes, teniendo a ambos lados a
los dos máximos representantes de la República Federativa del
Brasil en Montevideo, a saber: Ambos servidores públicos, de la máxima jerarquía diplomática, representaban y representan, pues, lo bilateral y lo multilateral que su país ha acreditado en el Uruguay.
Pero ambos representantes, lo dije por aquel entonces y lo reitero, representaban mucho más, con ser aquello superior y relevante: representaban a Itamarati, a la Casa, a la diplomacia que, recordando a José Enrique Rodó en aquel trabajo periodístico, tuvo en el Barón de Río Branco, el señor José Maria da Silva Paranhos, a su más alto representante.
Así, Itamarati custodiaba, con el respaldo explícito que sólo el lenguaje de las presencias otorga en tales ocasiones, a un Maestro del pensamiento crítico y a un teórico de la talla de la que hace gala Moniz Bandeira.
Era una ocasión histórica a la que el Brasil no iba a dejar pasar, como no dejó, de darle el marco apropiado, tanto para su referente cuanto para quienes iban a escucharle, esto es, el Uruguay. Fue, pues, un gesto y una actitud emparentada en una misma línea de conducta, la diplomática y la del pensamiento: dar prueba acabada de una firme vocación americanista, desde el respeto irrestricto a las democracias de la región. Y así fue entendido, cabalmente, por quienes asistimos a tal evento.
Luego, obviamente, el Maestro Moniz Bandeira en el uso del verbo, tiene una profundidad y un alcance, tan vasto como incisivo, que seguramente no deja no digo de molestar pero ciertamente de provocar, dialécticamente me refiero, réplicas en palabras y réplicas en meditaciones.
En quienes le escuchamos está el saber discernir con claridad dónde comienza uno y acaba el otro. Dónde el pensamiento busca emparentarse y dónde se diferencia por la simple y primera condición de diferentes ejes argumentales, por ejemplo entre el Uruguay y el propio Brasil. A ambos Estados les cabe una común vocación integracionista y una diferente percepción y sustentación teórica y práctica de tal vocación. Uno, el nuestro, formando parte de una cuenca como la del Plata y en una circunstancia geográfica ya conocida por nosotros, y el otro con dos cuencas, naturales, como la del Plata y la Amazónica, con un radio de acción que atiende a una decena de naciones limítrofes con él a la vez que por su propia masa territorial y demográfica, entre otras consideraciones, con un entramado de circunstancias muy diferente aunque en parte complementaria a la nuestra.
Me explico: Me parece que leer a Moniz Bandeira en aquella entrevista como quien apenas dice algo sobre el Uruguay, no sólo es errar el ángulo del análisis sino provocar una animadversión que no nos permitirá ubicar la cuestión en la escala debida: la hemisférica.
El Maestro Moniz Bandeira, con quien puedo tanto estar de acuerdo como en desacuerdo, es un pensador y un estratega de peso internacional y, sin duda alguna, de gran valía americanista. Por ello, leer a Moniz Bandeira, así se disienta con él, eso se verá en todo caso a posteriori en el análisis de la cuestión que tengamos a bien considerar, es de ineludible importancia para formar una opinión medianamente seria sobre el comportamiento de los diferentes Estados que tienen el poder de producir movimientos intensos, políticos y económicos, a escala mundial.
Y además, porque el Maestro Moniz Bandeira, de probada raigambre democrática y libertaria es, vale remarcarlo, un defensor de la integración de la América del Sur. Pero no un defensor de la hegemonía brutal y ramplona de un Estado, el que le vio nacer, sino de una Comunidad de Naciones que, en democracia, construyan en armonía y con sus singularidades, una región que pueda presentarse ante el mundo con propiedad y en libertad.
Mencioné a Rodó. Nuestro pensador, al que yo suelo llamar el Iniciador, recordaba en el año 1912 a dos hombres públicos de nuestra América: al Barón de Río Branco y al doctor Alfredo Palacios.
Sobre Rio Branco dijo, al despedirle ante su reciente partida física, algo que, salvando las distancias, puede aplicársele perfectamente, según creo deducir, al Maestro Moniz Bandeira. Dijo Rodó: “(...) Es el tipo profético que anuncia para el porvenir una estirpe de hombres de pensamiento y de acción que han de ajustar a nuevas normas las relaciones de los pueblos y han de imprimir sello distinto a las artes de la diplomacia y de la política. Su significación americana, su significación universal se cifrarán acaso en la historia, por un carácter de iniciación antitético y complementario del que vincula al libro de El príncipe.”[i]
No perdamos de vista, entonces, quitar lo netamente coyuntural sea de las palabras de Moniz Bandeira, sea más que nada de nuestro propio estado anímico, ante el acoso que, una vez más, Buenos Aires pretende imprimirnos y que –pongo mi fe racionalista en ello, volverá a fracasar- y veamos más allá de lo anecdótico para poder adentrarnos en la profundidad y alcance que el pensamiento expresado, por ejemplo a lo largo de aquella entrevista publicada en estas páginas, tiene y tendrá.
Al mismo tiempo, quiero resaltar lo que Rodó, en igual año: 1912, dijera de otro ser superior: el doctor Alfredo L. Palacios cuando le fuera solicitada su opinión sobre la candidatura de éste a la Diputación en la vecina Argentina.
Rodó, sin rechazar pero tampoco sin adscribir al pensamiento
filosófico y político del recordado argentino, apoyó
entusiastamente tal proposición diciendo, entre otras cosas, lo
siguiente respecto de dar una palabra de simpatía para dicho
fin: “(...) Puedo darla hoy y la doy porque, en la vulgar
agitación de intereses y pasiones que imprimen su fisonomía a
las luchas políticas de estos pueblos, es siempre hermosa y
ejemplar una nota de idealidad y generosos entusiasmos, como la
que ofrece esa juventud, agrupada en derredor de un hombre, en
virtud de prestigios que no tienen relación con los provechos y
halagos de la política. Puedo darla y la doy
En 1912 Rodó debió tratar de dos hombres superiores, de dos naciones hermanas, el Brasil y la Argentina.
Aquí en esta nota tratamos de un representante de una Nación hermana, que con su propia y acreditada voz, hace saber de su pensamiento, que debemos escuchar para luego meditar sobre sus enseñanzas, así hallemos discrepancias lo que es de recibo entre hombres libres, a la vez que me permito levantar la voz de nuestro Rodó respecto del recordado Palacios, en horas en que una parte de Buenos Aires busca lidiar con nuestro país. Con ello, explicito, nunca Buenos Aires, nunca de este modo con que lo viene llevando a cabo, podrá hacernos olvidar y querer lo que la Argentina toda es y representa para nosotros los uruguayos, una Nación hermana, pero una Nación distinta, aunque complementaria a la nuestra, como lo es y seguirá siendo el Uruguay.
Moniz Bandeira con su pensar, el Maestro con su verbo, alecciona y provoca se encuentre en el pensamiento crítico, antes que en la sinrazón de una mera y pequeña reacción etnocentrista y reductora, las claves geopolíticas que podrán llevarnos, así lo espero, a dilucidar no la cuestión sino de qué cuestión el Uruguay debe decidir su destino. Para lo cual afirmo rotundamente que el valernos de su pensamiento, de sus expresiones, es de seres inteligentes, maduros y responsables. Luego sí, demos curso a los aspectos locales y a la visión que desde el Uruguay tengamos, como tenemos, de la cuestión geopolítica regional que nos comprende.
Ahora veamos tales cuestiones.
II - El Uruguay y su momento clave Es de recibo la intención del funcionario público, señor José Mujica, de retirarse, en este caso si sus aspiraciones no son contempladas, como lo es también que finalmente opte por retirarse su colega el señor Danilo Astori. Un Gobierno no puede ser o estar prisionero de personalismos. No digo que no tengan derecho a dar su opinión y jugarla si es el caso, pero lo que no es maduro es decir se hace esto o me voy. Así no. Eso no es serio, responsablemente hablando, desde quienes deben conducir los destinos de la Nación.
Que no puede uno andar por la vida diciendo “si no se hace lo que digo me voy” pues otro, yo por caso, ciudadano común pero con derecho a voz y a voto, le responda: “pues vete, por favor, yo abogo por la segunda opción que es la de que te vayas.” Y eso hago, es decir, uso la opción que hoy da el funcionario José Mujica y ayer diera el funcionario Danilo Astori, para decirles: “Pues bien, señores, váyanse”. Que se vayan. Ellos lo han querido al establecerlo como opción primera y última, la de que se hace lo que digo o me voy, me refiero.
Y digo que es bueno, porque lo que sí es malo, nocivo y contrario al quehacer democrático de una República, es que algunos se crean imprescindibles y con ello, entorpezcan el normal funcionamiento, que es sin duda el relevo de hombres y mujeres en la conducción pública en tanto llevan adelante un programa de gobierno consensuado, votado y laudado por el pueblo.
Estados de ánimo Esto de que un día un funcionario, el señor Danilo Astori, otro día otro más, el señor José Mujica, digan si esto no se hace me voy, no es serio, por más que ellos lo sean, y no es maduro, por más que en líneas generales ellos también lo sean. Pero el comportamiento del Gobierno debe serlo a rajatabla y abocarse, como pretende el Presidente y el resto del Gabinete le acompaña, hacerlo, sin cortapisas que es otro nombre para los impedimentos de visiones que aunque respetables son personales, circunstanciales y en la mayoría de los casos, desfasadas con el proyecto primero y superior: el Plan de Gobierno laudado por la ciudadanía.
Quisiéramos, se me ocurre pensar, en vez de estar diciendo o elucubrando si fulano se va o se queda, se la refinanciación, endémica, de adeudos, nunca de la industria ni del comercio o incluso del sector servicios, sino de un sector de la actividad agropecuaria, se instrumenta de este modo o de otro, poder hablar, digo, de instancias positivas, productivas y de recreación de una nueva y mejor salida del y para el Uruguay.
Como por ejemplo, hablar de la pesca.
¿Acaso el Uruguay no habrá de beneficiarse de su riqueza ictícola? ¿Ya no debemos, siquiera, soñar con instrumentar negocios, que los sabemos importantísimos, en esta vital reserva estratégica que nuestro país posee? ¿Qué ha hecho y qué hará, o qué está presentando y qué habrá de instrumentar el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca al respecto? ¿Cangrejos? ¿Merluza negra? Permisos: ¿A quiénes se les otorga o deja de otorgar y con qué ventajas para el país? Digo esto, a modo de ejemplo.
Podríamos, claro está, ustedes que leen estas páginas, preguntarnos en el área de la Economía por otras cuestiones, como por ejemplo: El llamado Impuesto a la Renta (esto es, el remanente entre ingresos y egresos, ¿es tal o no? ¿Qué pasa en el orden de la planificación estratégica para instrumentar políticas productivas, más allá de discursos, más allá de la formulación de anteproyectos, pero en vista a la concreción de los mismos, qué pasa? ¿Qué pasa con la generación, genuina, de empleo? ¿Acaso no mortifica el estar saludando que se “baje” cuatro decimales el índice de desempleo (del 12,4 al 12,0, lo que en realidad es una oscilación, no una baja)?
Pero, claro está, el funcionario a cargo de Industrias, tiene ojos y oídos para un supuesto TLC con los EUA, que estos nunca pidieron y otorgarán. En fin, debiéramos sincerarnos y volver a leer el programa de acción que fue ofrecido a la ciudadanía y que esta homologó con su voto. ¿O es que el Soberano -entendiendo por tal la expresividad ciudadana mediante el voto- no manda?
De lo que a nuestro entender se trata Hablemos de aquello que consideramos, además de lo anterior, también imprescindible tratar y resolver. Veamos si coincidimos:
Imprescindible es la democracia, imprescindible es arribar a un proyecto, que se sustancia en la concreción de sus primeras etapas, de país productivo donde realmente tengamos justicia distributiva y estemos buscando bajarle la tributación a las grandes empresas nacionales y trasnacionales por vía del aumento en la tributación del ingreso de amplias capas de la población económicamente activa.
Imprescindible es atenernos a la realidad geográfica, histórica, cultural y abocarnos, como no se ha hecho, a arribar a acuerdos concretos y que traigan negocios directos y visibles en el corto y mediano plazo para el Uruguay. Hablo de negociar en la comarca.
Imprescindible es honrar lo prometido a la ciudadanía y no acomodar el lomo diciendo que los planes y los proyectos no son eternos y la realidad los cambia. No, no. Los programas no serán eternos pero por favor siquiera intentemos practicarlos y no hacernos muy amigos de algunos funcionarios de organismos internacionales, como parece ser que sucede en algunos casos y en otros directamente no hay trabajo en equipo que pueda sustanciar su cuota parte en el proyecto mayor, esto es, hay impericia e improvisación lo que muchas veces trae aparejado un show mediático que parece hacer, en tanto es pirotécnico, pero en realidad sólo es eso: ruido en el vacío de la acción.
Imprescindible es buscar dónde el Uruguay va a colocar la carne cuando el problema coyuntural del Canadá termine y vuelva a colocar sus carnes donde históricamente lo ha hecho: en los EUA., su socio y copartícipe en el NAFTA.
Imprescindible es no marearse con grandes números como puede pasarle también a Chile, y ver si esos números, y hablo de exportaciones cárnicas, generan valor agregado, crean miles de puestos de trabajo o si sólo benefician, en lo grueso me refiero, a un pequeño grupo.
Imprescindible es buscar inversores pero dejar de buscarlos por el calificativo, por el adjetivo calificativo: extranjeros y buscar, repito, inversores, que bien pueden ser, como siempre lo fueron y seguirán siendo, en lo interno, además de en lo comarcal, en el contexto del MERCOSUR.
Integración regional que sí nos da comercio, que sí nos da turismo permanente, que sí puede darnos más, mucho más, claro está, toda vez que procedamos a negociar lo que no se ha negociado en la forma y con el talante adecuado: proyectos de inversión de nuestros socios que comprendan al Uruguay en sus respectivas fases generadoras de producción, léase, repito, generación de fuentes de trabajo por efecto de creación de partes y/ o de servicios en nuestro suelo dentro del proyecto mayor y más vasto que tendrá un alcance extra regional.
Imprescindible es rever nuestras propias reacciones ante dichos de no-uruguayos sobre temas que nos atañen pero que no son solo nuestros sino que repercuten, si parte de aquí, en la comarca, geoestratégicamente. Con esto no estoy avalando de plano todo lo dicho sino que debemos permitirnos escuchar y no tan sólo oír, poniendo en nuestros tímpanos tapones de etnocentrismo, otra palabra para el patrioterismo, paso previo o primero a la queda de nuestro espíritu crítico por vía de la renuncia a escuchar a un no-residente.
Artigas y su legado, la Patria Grande. Nosotros, los uruguayos me refiero, saludamos, respetamos, veneramos –en el sentido primero y laico que es el velar su proceder ético y civilista- a José Gervasio Artigas, antes que a cualquier otro prócer americano, sin mencionar uno siquiera para no dispersar lo que pretendo decir. Y si lo hacemos es porque el General Artigas nos enseñó a desdeñar personalismos, mesianismos, visiones apocalípticas y sí a mirar, escuchar, atender, proteger al otro, al diferente, al desconocido, a ser responsables. Socialmente responsables.
Artigas mismo es, a mi entender, ejemplo vivo, por su verbo que cruza y se proyecta en la historia de los pueblos, un faro a seguir en cómo debemos encarar nuestra propia acción política y ciudadana: el de ser contestes en respaldar al pueblo, no en el abucheo de la plaza pública sino en las acciones cotidianas y menores, y sin duda en las mayores de quienes tienen responsabilidades cívicas, temporales, del gobierno de la cosa pública.
Ser éticamente coherentes entre el legado artiguista, que comprende ciertamente la busca de la Patria Grande, la unidad de la América del Sur, con la circunstancia histórica actual que es la de un Uruguay que debe hacer valer su voz y su altura, que es su legado cívico, en el concierto de naciones del MERCOSUR, porque es su realidad primera y geográfica, algo que no podemos desatender y pretender irnos, como si este suelo pudiera cortarse y elevarse para ser trasplantado en el Norte.
Pero que sí nos obliga a ser tan firmes como creativos pero sin traicionar ni el legado histórico de construir la Patria Grande, ni amenazar la razón misma de nuestra existencia, cual es la de ser, por favor tengamos en claro esto, una frontera viva. El Uruguay es una frontera viva y si lo llegamos a olvidar, será trágico para nuestro destino como Nación libre y soberana.
Esto no es una impresión personal, esto sí es un análisis riguroso de hechos históricos, geopolíticos y fundamentalmente geoestratégicos. No se trata de simpatías o preferencias, se trata, créanme, de utilizar el pensamiento crítico, proceder, pues, primero a un auto análisis –hablo aquí del Uruguay- y luego proceder a una autocrítica de su razón de ser y de cómo podemos buscar y sin duda debemos hacerlo, con firmeza, con propiedad, negociar mejoras sensibles para nuestra gente en producción, que es, no importa me reitere, la radicación de industrias en el país que atiendan proyectos mercosurianos, esto es que proceder a localización de industrias con fines de exportación del MERCOSUR a terceros países.
Esto no es nuevo, esto es sabido pero no por sabido debemos olvidar de buscarlo y no hacer, como se viene haciendo desde la restauración democrática, patear la pelota para adelante y que el que sigue la arregle. No. Esto si no lo hacemos nosotros ahora, bueno, el mañana será oscuro.
A su vez, y de acuerdo a la prosecución de hechos no de impresiones es decir de presunciones, una suerte de fascismo está creciendo al otro lado del río. Una suerte de fascismo, digo, puesto que tiene, mantiene, elementos democráticos, con elementos claramente personalistas que digitan, a piacere, la suerte de vastas áreas del quehacer público, voluntarismo mediante, queda del disenso, por lo menos en actores de primer orden en la conducción de las cuestiones nacionales, sea desde el Ejecutivo como desde el Congreso, refiriéndome evidentemente a los sectores que apoyan al titular de la Rosada, generando un estado de cosas que, en lo que nos cabe como linderos, más que como vecinos, es ocuparnos de saber apreciar qué grado de oscurantismo traerá o dejará de traer a la región pero singularmente al Uruguay.
Me apresuro a reconocer tareas que sí han acercado cierto grado de bienestar a capas de su población, que sí han procurado la dilucidación de cuestiones hasta hace poco oscuras y tapadas, pero que, lamentablemente, uno cree comienza a darse una visión tan personalista como refractaria a toda crítica. Ya son muchos los que temen dar su parecer en ese territorio. Y eso es malo, profundamente malo para LA democracia en la región.
Por esto debemos ser extremadamente cautos a la hora de pretender “irnos” de la región para, como algunos dicen: “terminar con el doble discurso” (sic) y ser ¿qué?
U otros alegan que debemos avanzar libertariamente y negociar con quien queramos (pero olvidando primero de lo regional que signa nuestro futuro, sea en exportaciones, sea en una multiplicidad de proyectos en andamiento y por comenzar, pienso en carreteras, puentes, hidrovías, etcétera).
Entonces hay quienes de buena fe, por supuesto, dicen que es hora que el Uruguay “se atreva”. Pues bien, permítanme decir que podríamos ser más coloquiales y cambiar la expresión por “se la juegue”, pues ciertamente “jugaríamos” nuestra suerte en visiones dogmáticas que sólo los acólitos del último ex presidente y algunos pocos, muy pocos de este gobierno, pueden “creer”, pero que una Nación no merece ser puesta en riesgo por visiones tan estrechas, como irreales y faltas de toda sustentación lógica, fáctica, demostrable en el plano donde hablan los adultos: con hechos.
¿Acaso pretendemos que los EUA nos den lo que no han dado a sus principales socios o ni siquiera han pretendido dar a socios como Colombia? Hablo de la queda de subsidios a productos sensibles para ellos, que son casi los mismos que para nosotros, pero como exportaciones, pues es nuestra principal producción con valor agregado.
Meditemos, por favor.
El pensador
uruguayo Vivian Trías, en su célebre trabajo “Aportes a un
nacionalismo nacional”, manifiesta en su introducción que: “La
ideología está
Y antes que alguien me recuerde lo obvio, permítanme decirlo a mí: no promuevo una suerte de amén laico a todo lo que haga o deje de hacer el Brasil, por ejemplo, no.
Hablo de vivir nuestra realidad, como frontera viva, y negociar aquí, sin ofender, que en cualquier relación lo que está fuera de todo libreto es el agravio menor, gratuito y autodestructivo, sino negociar con voluntad de arribar a acuerdos, algo que digo una vez más, algunos funcionarios que por ahora permanecen en el primer círculo del Gobierno nacional, no han, no digo que tenido, sino siquiera mostrado.
Es hora, repito, de apoyar a nuestro Presidente, de cerrar filas con él, pero no patrioteramente, sino desde la razón sensible, desde el recuerdo de nuestro legado histórico, luego, haciendo gala de nuestro espíritu crítico y no de la minoridad de algunos pequeños ego en pena que, puestos a trabajar en esferas de principal destaque resultan ser, o poder ser, depende en cada caso, peligrosos para la causa nacional, toda vez que no se atrevan a superar sus cuestiones personales e ir en pos de las responsabilidades públicas a que han sido llamados, convocados pero que desde luego, pueden ser invitados a dejar en tanto son servidores públicos.
Como dijera Trías en aquel trabajo, al discurrir sobre el devenir histórico de los Estados, y las diferentes fases: “(...) La nación, el Estado nacional, nace cuando el crecimiento de las fuerzas productivas arriba a un nivel tal que lo exige, para que los hombres puedan producir su vida en las condiciones pertinentes a esa fase de la evolución histórica.” Y agrega, casi inmediatamente, lo siguiente: “En rigor, el Estado nacional no se define acabadamente, no dibuja todo su perfil, hasta el triunfo del capitalismo industrial.” [iv]
Y continúa Vivian Trias su profundo análisis histórico para luego sentar las bases o, como él dijera, el esbozo desde el cual proyectar un socialismo nacional. En fin, que la construcción de una Nación es una obra tan inacabada como permanente e imprescindible.
El Uruguay, no por imperio de este gobierno aunque sí de los últimos, incluido naturalmente el trágico período dictatorial, se ha convertido en un país de tránsito.
Y hablo en función de la producción nacional, de su industria- en un país de tránsito. Ahora dependemos antes que de nosotros mismos, que los camiones nos traigan los productos y subproductos de toda índole para que podamos proveernos y... consumir. ¿Esto es ser una Nación? ¿Esto es el libre mercado? Pero ¡por favor!, convengamos que no, ¡absolutamente no!.
En suma, y de regreso al proyecto votado y aprobado por la ciudadanía, sea efectivizado es necesario que algunos funcionarios se retiren, pues que así sea y vengan otros, no sin agradecer a aquellos los servicios prestados, pero dejando el lugar a otros, reitero por enésima vez, en la prosecución del proyecto de Nación que fue votado por la ciudadanía y que nuestro Presidente ha jurado, por su honor, defender y llevar adelante.
Esta es una hora crítica y por tanto clave para nuestra Nación. Momento pues, de la acción desinterada de hombres libres interesados en la mejor suerte de nuestro país y con apego a desplegar en la acción el proyecto tantas veces citado y que nuestro Primer Mandatario pretende llevar adelante.
Y convengamos: yo creo en mi Presidente. ¿ Y usted? LA ONDA® DIGITAL |
|
|
Un portal para y por uruguayos |
© Copyright |