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Gobierno Nacional
Lucha de titanes, mal para todos

por Jorge García Alberti
alberti@cs.com.uy

En agosto del año pasado, recuerdan que se produjo la primera diferencia fuerte en el equipo de Gobierno, cuando el ministro de Economía tiró sobre la mesa la posibilidad de renuncia porque no se aprobaba, como él quería, el modelo de Presupuesto. Todos coincidieron en que Danilo Astori no se podía ir y entonces se aceptó el criterio del ministro. Uno de sus principales defensores fue el titular de la cartera de Ganadería Agricultura y Pesca, José Mujica.

 

Ahora, a pocos menos de un año de aquel episodio, se da vuelta la taba y el que dice estar dispuesto a irse para la casa es justamente Mujica porque entiende que el ministro que antes defendió no impulsa una política que vaya acorde con lo que, para Mujica , debe ser la de país productivo.

 

Todo el problema se da en torno a la discusión del endeudamiento del sector agropecuario que, según el titular de esa cartera, debe pasar por aprobar una refinanciación mucho más laxa para que tenga sentido el desarrollo del país que el Gobierno dice proponer.

 

Y este asunto, va mucho más allá de lo que aparece en la superficie o de lo que algunos pueden suponer que es una lucha de poder entre dos ministros que, además, son los líderes de las dos principales fuerzas del Frente Amplio. Este tema, llega hasta el hueso de una de las principales reinvidicaciones del programa fundacional del Frente Amplio como es la política agropecuaria que debe desarrollar el país y, en el fondo de eso, la reforma agraria.

 

En estos días, Mujica ha dejado claro en cuanto micrófono que se le ha puesto adelante que su planteo no es solo para defender a un grupo de personas que atraviesan un problema de crédito, sino el de definir una concepción de modelo de desarrollo. Sostiene el ministro que, en el contexto actual, no es posible pensar el Uruguay en el corto y mediano plazo sin tener en cuenta a la gente en el campo y aclara no a la gente de campo sino la gente en el campo. Hace eso para precisar que se ve una realidad a la que se debe tener en cuenta como es la concentración que se está dando en la tenencia de la tierra. Ya existen en Uruguay las grandes corporaciones internacionales que comienzan a gestionar enormes superficies de tierra y , si esa va a ser la política que se consolida desde la cúpula económica, Mujica dice que se va.

 

También habría que cuestionarse si la política del Estado debe ser la de siempre terminar siendo el “ perdona tutti”.

 

Pero para abordar la discusión de fondo, el Gobierno no parece tener claro que es lo que pretende hacer. Por un lado estimula la instalación de grandes industriales forestales y apuesta a ese camino, favoreciendo el mono cultivo que lleva , en la práctica, a la ruina a los pequeños productores. Por otro, tímidamente, impulsa la idea de promoción de la generación de bioenergía para lo cual necesita de una política de estimulo de las plantaciones para la producción que debería no solo ser para la zona norte, sino para todo el país.

Así planteado, el Gobierno tendría que preguntarse si no habrá que pensar en el fomento de las cooperativas de productores con ese fin, con un fuerte apoyo del Estado. Muchos se preguntarán  por qué otra vez aparece el Estado como protector. Porque si hay una política de desarrollo para la producción de biocombustible, en definitiva será el Estado el que ahorre en la compra de petróleo. Y ahí, el que sentirá alivio será el Ministerio de Economía a través de Ancap y por tanto todos los uruguayos.

 

Pero este asunto, no parece estar siendo abordado en forma conjunta por el Poder Ejecutivo que, una vez más, parece imposibilitado de elaborar políticas de mediano y largo plazo, donde se involucren a todos los actores.

Un ejemplo de ello debería ser la participación de las intendencias y sus políticas productivas que, a su vez, sean coordinadas con las que tiene el país en su conjunto Hoy- por ejemplo- se está impulsando la producción de arroz, sin embargo no se sabe qué hacer con los subproductos como la cáscara del grano que, en definitiva, se desperdicia. Si pensáramos en forma colectiva, se podría utilizar ese subproducto también para la producción de energía porque ya hay tecnología disponible para ello.

 

Por otro lado, se hicieron promesas electorales en ciudades de Salto como Constitución, donde se dijo que la zona iba a ser tenida en cuenta para la reactivación de las plantaciones de la caña de azúcar y hoy los lugareños ven como todo ha quedado en simples ilusiones y que afectan la vida de cinco mil personas.

 

Queda demostrado entonces que los uruguayos seguimos hablando sin entendernos y eso pasa a ser muy peligroso cuando ocurre en el seno del propio Gobierno y  todo se convierte en una lucha de titanes.

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