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El estreno de “El Código Da Vinci”
Un fiasco multimillonario

por Oribe Irigoyen

Se estrenó, por fin!, “El Código Da Vinci”, película producida por Columbia, publicitada por ella junto con Sonny, dirigida por Ron Howard ( “Una mente brillante” ) y protagonizada por el astro Tom Hanks, que adapta al  cine mediante labor del guionista Akiva Goldsman la abrumadora novela polémica del escritor estadounidense Dan Brown. Sobre el libro y también acerca de la novela todo el mundo está enterado, imposible ignorarlos debido a la furibunda campaña previa, que se desató en torno a ellos en todos los medios periodísticos del mundo. Uruguay, por cierto, no escapó a tamaño jaleo digno de aparecer en el libro de los récords de Guinness. Tampoco “La Onda” pudo escurrir el bulto, publicó tres notas previas. Producido el esperado estreno, cabe hacer el ajuste de cuentas, el haber y el debe, cinematográfico, claro, de todo el asunto. 

 

Negocio redondo

El despliegue previo en materia de notas, artículos y avisos en Uruguay alrededor de “El Código Va Vinci” alcanzó niveles nunca vistos en las  últimas décadas. Algo similar ocurrió con las disposiciones adoptadas por distribuidores y exhibidores en relación con una película. Se destinaron 16 copias del film para su estreno en 4 departamentos –Montevideo, Maldonado, Salto y Paysandú -, algo que podía ocurrir en lejanos tiempos de auge del espectáculo cinematográfico en el país, se vendieron 5.000 entradas de antemano. Se quedaron cortos, el resultado superó tales medidas insólitas. En efecto, en el primer fin de  semana de exhibición, tres días, la película vendió 28.365 entradas en todo el país – 21.435 en Montevideo – batiendo un récord absoluto y superando el máximo guarismo que ostentaba en la materia “El Hombre Araña” con 24.865 entradas vendidas en el primer fin de semana. Se trata, desde luego, de un récord actual de cine en baja, Cantinflas en su tiempo batía esas cifras con el dedo meñique.

 

Como “El Código Da Vinci” tuvo un sonado estreno simultáneo mundial, lo que pasó en Uruguay es el reflejo de lo sucedido en todo el orbe. Porque en Estados Unidos en esos mismos tres días recaudó 77 millones de dólares, la mayor taquilla del año y en el resto del mundo cifra trepó a los 167 millones de dólares. De ese modo, en 3 días “El Código  Da Vinci” obtuvo una taquilla mundial de 224 millones de dólares, cifra superada en la historia de cine solamente por los 253 millones de dólares de “La guerra de las galaxias- Episodio III”. La plata ya está desquitada, por cuanto los costos totales de producción insumieron 125 millones de dólares y los gastos de publicidad 75 millones más. En tres días, la película ya se pagó, que gozó de una formidable campaña publicitaria paga, pero sobre todo de otra promoción gratuita, motivada por la polémica y el escándalo del con muchos entusiastas gestores por el sí o el no de Jesucristo sólo humano.

 

El haber, económico, de “El Código Da Vinci” marcharía viento en popa y los negocios del Sr. Dan Brown, Columbia y otros alrededores serían florecientes. Máxime el detalle nada menor de que las ventas mundiales del libro llegan a un tiraje de 60 millones de ejemplares. Aunque el tinglado cinematográfico se venga abajo dentro de una semana, porque está el debe de la película, que es un fiasco casi récord como tal.

 

Llover sobre mojado

Para hablar sobre la película, lamentablemente, hay que llover sobre mojado. Reiterar lo ya dicho en nota previa. Porque sus características de “bestseller” y de “thriller”, novela y película tienen una estructura que busca la comunicación masiva con el público. Está la habitual trama complicada plena de casualidades y situaciones siempre excepcionales, los personajes unidimensionales, las vueltas de tuerca argumentales, elementos característicos del género. Pero “El Código Da Vinci” agrega y es muy importante, un alegato religioso con abundantes rasgos polémicos que es obligado repetir para informar con orden al lector.

 

La tesis central es que Jesucristo no es hijo de Dios, sino un gran profeta casado con María Magdalena, que huye a Francia, tiene un hija con Cristo, cuya descendencia llega a nuestros días. Que durante dos mil años la Iglesia Católica ha ocultado esos hechos, incluso con medidas extremas. Que el secreto esencial es la naturaleza del Santo Grial, para el Vaticano es un vaso místico que contiene el vino y la sangre de Cristo ( la eucaristía ), pero para Dan Brown , el Grial sería el vientre de María Magdalena que contiene la simiente del Señor. Ese secreto habría sido protegido primero por los Caballeros Templarios, hasta ser exterminados por orden de la Iglesia, luego por una sociedad secreta, el Priorato de Sión, con mil años de existencia, a la que pertenecían Isaac Newton y Leonardo Da Vinci, quien pintó pistas en clave sobre el Grial en su obra.

 

La trama del film muestra al profesor Robert Langdon ( Tom Hanks ), especialista en simbología religiosa de la Universidad de Harvard ( EEUU ), quien en París se ve involucrado en la investigación del asesinato de último gran maestre del  Priorato de Sión (  Jean-Pierre Marielle ), en la gran sala del Museo del Louvre, cometido por un monje sicario del Opus Dei ( Paul Bettany ), instigado por un obispo de  la orden ( Alfred Molina ). El profesor va descifrando las claves dejadas por el gran maestre antes de morir que lo orientan hacia las claves de Da Vinci, ayudado por una criptóloga del gobierno francés ( Audrey Tautou ), que casualmente es la nieta del muerto, al mismo tiempo que es considerado el principal sospechoso del asesinato por el comisario encargado de la investigación ( Jean Renno ). Profesor y criptóloga descubren secretos mientras huyen, terminan en Londres con la policía en los talones y con la ayuda del avión de un excéntrico millonario inglés ( Ian McKellen ), que colabora con ellos por su interés en el Santo Grial durante décadas. Hay más muertos y un villano principal desconocido y autor de toda la intriga criminal.

 

Un thriller famélico

 Como “thriller”, pese al despliegue de grandes medios y efectos especiales, la película es un fracaso en toda la línea, que no llega al mínimo nivel habitual de entretenimiento del género. Las secuencias de acción son pocas, aparatosas pero anodinas, carentes de énfasis espectacular o brío dramático, el clima de misterio, por enigmas y acertijos que haya que dilucidar, no existe simplemente, pero el mayor fracaso proviene del pésimo o la ausencia del manejo de los climas de suspenso, elemento esencial que adopta un carácter mecánico, sin tensiones o esperas angustiosas, aunque la intriga sume muertos. En cuanto a los personajes ya no son unidimensionales, simplemente no existen, con actores totalmente fuera de tipo ( Tom Hanks, Audrey Tautou ) o con buenos actores totalmente desaprovechados, Paul Bettany, Alfred Molina, Jean Renno. Se salva con cierta dosis de ironía que Ian McKellen inculca a su millonario excéntrico. Por último, la propia intriga que tendría en la identidad del villano principal  su mejor carta, también fracasa tal identidad se ve venir de lejos, sin misterio.

 

Es verdad que la mayor sugestión de la película reside en su alegato religioso, anticatólico, por cierto, pero que ofrece una mirada distinta o interpretación diversa sobre el cristianismo con su Jesús humano y María Magdalena con rasgos divinos escamoteados por La Biblia. Pero, no. Ese elemento también está arruinado, carece de sugerencia, misterio y convicción, debido al procedimiento rudimentario que Dan Brown utiliza en su libro. Todo se reduce a una cháchara explicativa de los expertos Tom Hanks, Ian McKellen y Audrey Tautou, cuya mayor elocuencia consiste en que esta última se haga la boba, diga “no entiendo” o pregunte obviedades para que los otros dos, repitan o se explayen arrojando datos tras datos al espectador. De primer año escolar. Sin hablar de que mientras se dan datos históricos la trama se detiene y el film cae en el pozo del aburrimiento. Aburrida, muy aburrida, es por encima de todo “El Código Da Vinci “. De nada vale que el director Ron Howard se esfuerce dar vida o interés a esas secuencias, proponiendo a Tom Hanks en polémica con Ian McKellen – dicen que en el libro la cosa es peor de aburrida – o inserte imágenes en “flashback” sobre el pasado cristiano – el exterminio de los Templarios, por ejemplo – para lograr un clima sugestivo o agilidad al relato. El tedio cubre todo el aforo de la sala. De igual modo, las soluciones a enigmas y acertijos que alcanza con ojos astutos Tom Hanks, surgen de súbito, sin esfuerzo o sugestión para seducir al espectador. Con lo que el sopor llega al máximo, la superproducción alcanza el mínimo de entretenimiento, pero la plata sigue fluyendo...

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