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La frontera como
factor de integración
Bernardo Quagliotti de
Bellis |
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Conferencia del Prof. Bernardo
Quagliotti de Bellis
Uruguay ante el Mercosur |
La frontera como
factor de integración
por el profesor Bernardo Quagliotti de Bellis
Distintos
autores se han referido a Iberoamérica describiéndola como un
territorio fragmentado en el que las fronteras interrumpen la
natural continuidad de la región. Esta afirmación es comprobable
fácticamente aun en la actualidad y, pese a los avance que se
han verificado principalmente en el campo de la integración.
Es a partir de la
década de 1920 que se comienzan a habilitar en forma importante,
conexiones de transportes y comunicaciones y sólo de modo más o
menos generalizado e intenso a partir de 1950, década que
coincide con el aumento del comercio intrarregional.
A su vez, el modelo
de crecimiento de la economía de los países iberoamericanos,
basado en la exportación a terceros paises, definió una
conformación especial de la producción y de la población, que en
general, no ocupaba ciertas áreas interiores y fronterizas de
los respectivos países.
Fronteras que en
diversas oportunidades fuero escenarios de conflictos de
soberanía en cuanto a la fijación de límites, lo que originó
como respuesta correctiva la ocupación mediante asentamientos
humanos diseñados en función de una política nacional y no de
una estrategia de desarrollo fronterizo que facilitara la
armonización de intereses y acciones de los países limítrofes.
Uno de los medios
fue la ocupación ilegal de personas que marcaron “presencia”
en esos espacios no bien definidos y que, posteriormente, en
los reclamos ante tribunales internacionales significaron un
antecedente que contó con validez jurídica. Tal el caso del
pleito entre Argentina y Chile por el canal de Beagle, al
conceder el Tribunal Arbitral soberanía al país trasandino de
las islas Picton, Lennox y Nueva, por el hecho de denunciar
“presencia” de chilenos trabajando sus tierras. Felizmente
cambió la designación de “Mar de Chile” por el de “Mar
presencial” dejando un antecedente por si llegara a variar
la Convención del Mar el concepto de soberanía respecto a las
aguas oceánicas adyacentes a las riberas de los países.
Similar política aplicó Brasil en los espacios amazónicos y
ante Uruguay por el rincón de la Invernada, dado que la
misión que encabecera el Dr. Lamas no fue acompañada por un
técnico hidrólogo que delimitara, con certeza, el nacimiento
del arroyo de la Invernada como se indicaba en el tratado de
límites de 1851.
El
concepto de frontera
La frontera, así
concebida como un elemento restrictivo y diferenciador, se
convirtió en el área de resolución “sui generis” de las
contradicciones políticas y económicas de los países limítrofes.
Tal es caso de las plantas de celulosa, de los desvíos de aguas
de ríos internacionales de uso compartido, de la instalación de
represas hidroeléctricas en éstos, de la pesca en aguas sin
convenios acordados.
Tal funcionamiento,
en oportunidades desordenado y hasta caótico, origina otras
tensiones frecuentes: del contrabando, la migración ilegal, el
entorpecimiento del transporte (como ha debido sufrir Uruguay
ante la inoperancia del presidente Kirchner y el protagonismo de
los piqueteros) y en otros casos más graves, los conflictos en
el uso de los recursos fronterizos convivieron con otra
realidad, cual es la aparición de poblaciones estables,
adaptadas al estilo propio de la vida de fronteras, que además
de comerciar, establecen relaciones sociales, utilizan servicios
de uno y otro lado del límite legalmente establecido por
tratados y dejando al margen instrumentos reguladores.
Jorge Iturriza
_consultor del Programa de Asistencia técnica del INTAL- define
a las “áreas de frontera como zonas aisladas y alejadas de
los centros dinámicos; con escaso y desigual desarrollo
económico-social en relación a otras zonas de los propios
países; sin instituciones idóneas ni poder para adoptar o
promover decisiones que den impulso a las actividades locales e,
incluso, poco conocidos”.
A tal situación
-que en Uruguay es una cruda realidad- en general con
deficientes vías de comunicación; vecinas como en el caso del
litoral del río Uruguay, con áreas de similar conformación
humana y geográfica. Así, por ejemplo, entre Colombia y
Venezuela se acordó una diferenciación zonal en la extensa
frontera común y se definieron acciones específicas para cada
zonas individualizada.
En la otra
vertiente, la implícita, se puede citar el caso de Argentina y
Brasil, cuyos entendimientos fronterizos a partir del Protocolo
23, fueron progresando caso por caso, consolidándose
entendimientos que van desde cuestiones operativas a proyectos
de infraestructura física y económica de ambiciosos alcances,
dejando al Uruguay marginado en tales acuerdos.
La necesidad de
fortalecer las instituciones partícipes a ambos lados del
límite político (Comités de frontera), deben considerar no sólo
las acciones internas de las mismas, sino también, y con similar
contundencia , la necesaria coordinación entre los organismo
locales y los vinculados con el gobierno central. No cabe duda
alguna que visto de ese modo, la integración fronteriza
constituye un área especialmente sensible en las relaciones
internacionales, ante lo cual esa coordinación asume vital
importancia a fin de que las expectativas locales generadas
logren sobrepasar el estadio de la letra muerta y puedan
evolucionar el de las realizaciones. (BID-INTAL)
Crecimiento e integración
Existe consenso
entre los que se dedican a ordenar el territorio, en relación a
la influencia de la integración fronteriza por cuanto éste tiene
un alcance regional y que, como todo proceso de integración
procura aumentar la base productiva, acrecentando la actividad
económica de las regiones que se vinculan.
En los acuerdos de
integración regionales y subrregionales se concedió importancia
a las regiones de frontera como puntos de tráfico de las
corrientes comerciales. El artículo 45 del Tratado de Montevideo
que instituyó la ALADI, se refiere al tráfico fronterizo en
estos términos: “Las ventajas, favores, franquicias,
inmunidades y privilegios ya concedidos o que se concedieran en
virtud de convenios entre países miembros o entre éstos y
terceros países, a fin de facilitar el tráfico fronterizo
, regirán exclusivamente para los países que los suscriban o los
han suscriptos.
La
frontera en los países integrados
En los países que
han integrado o acondicionado todo su territorio, la integración
fronteriza no tiene una problemática específica, debido a que
todo el territorio de ellos está unido en una espacio
multinacional. Por esta razón, en la Comunidad Europea no se
habla de integración fronteriza, sino solo de desarrollo de
zonas relativamente atrasadas, respecto a las demás regiones de
la Comunidad, sean ésta fronterizas o meramente nacionales.
En Iberoamérica,
donde los países aun están en vías de integrarse nacionalmente,
la integración fronteriza es uno de los caminos para llegar a la
integración multinacional. Lamentablemente Iberoamérica tiene
más de 19 millones de kilómetros cuadrados (dos veces superior a
los Estados Unidos, dieciséis veces al de la Comunidad Europea),
pero dentro de ese espacio existen sistemas políticos
extraordinariamente diversos, especialmente en cuanto a madurez
democrática. Debe sumarse a ello un precario sistema de
comunicaciones, distintos grados de desarrollo y sistemas
institucionales altamente occidentalizados y otros
manifiestamente primitivos.
Como conclusión, si
queremos llegar a la integración total del continente, es
indispensable terminar con las desconfianzas y resentimientos
mutuos, situación que se presenta - motivada en nuestro días
por falsos apetitos de poder - en las zonas fronterizas de la
Cuenca del Plata, sea por las plantas de celulosa, como por el
aprovisionamiento del gas, por las rivalidades políticas del
ayer, por la visiones mesiánicas de otros.
LA
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