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María Aldao es más que el
nombre de una calle de Durazno

por Carlos Zapiola

Siempre que se hace una historia se habla de un viejo, de un niño o de si. Pero mi historia no es difícil, aunque voy a resumir en algunas líneas que el nombre de una calle o el hecho de que alguien esté vivo y reciba esa distinción, no pasa todos los días y ocurre en Durazno desde el 20 de mayo.

El Dr. Peralta, un médico que pagó con cárcel, quizás su misión, tal vez algún error cometido, o solamente el ser un mensajero de Salud para su pueblo, escribió y dijo en esa jornada en la que en Durazno una calle recibió el nombre de María Aldao, el siguiente mensaje. “María. Estamos hoy aquí, con un placer inmenso, acompañándote a recibir de tu Pueblo y sus Autoridades, un justo y merecido homenaje y reconocimiento a tu noble y humana labor de muchos años.

Todos los que estamos presentes, y muchos más (que por distintas causas no han podido estar) lo hacemos por mandato de nuestro propio corazón agradecido y emocionado.

¿Cómo no estar junto a ti, recordando tus múltiples actos de entrega y de amor a tantas Madres y Niños de este pueblo que amas, y durante 36 años le obsequiaste Vidas Nuevas para enriquecerlo?.

Tu Hacer diario generoso, responsable y humilde te enaltece en grado sumo, y vivirá para siempre en la memoria de todos los agradecidos habitantes de esta Comunidad que te admiramos, te valoramos y te queremos.

María: Tú has sido la obstetra humana y responsable; la Partera serena, sencilla y siempre con una dulce sonrisa en tus labios.

María: También has sabido ser Amiga Fiel, solidaria con todos y Madre para muchos.

En el transcurrir de nuestra vida hemos compartido con María, muchas vivencias inolvidables. (Hoy recordándolas me han endulzado el corazón).
Por ejemplo: Fuimos compañeros durante toda la etapa liceal; quedando grabada para siempre en el alma porque la vivimos con la intensidad y el fervor de la adolescencia.

El último 4to. año Liceal en 1940 fue formidable e irrepetible; Inolvidables compañeros y Profesores geniales en su Saber, en sus actitudes de vida y en su comunicación con nosotros. Esto nos marcó profundamente en lo afectivo. Los años vividos juntos con todos ellos nos marcaron a fuego, más que los libros: aprendimos lo que es la Amistad, el ser solidarios, honestos y agradecidos.

Al terminar ese año 1940, fue el final de una etapa. Cada uno tuvo que elegir su propio camino porque urgía construir el futuro. Lamentablemente tuvimos que separarnos todos.

Pero con María volvimos a encontrarnos, ya profesionales los dos, y en este pago nuestro que tanto nos atrapa y nos cobija. Era el año 1949. Desde entonces y durante décadas nos encontramos ayudándonos; cambiando opiniones y poniendo nuestras manos juntas cuando era necesario; ¡Cuántas madrugadas heladas, y también calurosos días de verano nos encontraron juntos en la gran espera de una Vida Nueva que se presentaba con alguna posible complicación y el nuevo Ser se resistía a abandonar el nido tibio de su Madre!.

Era una tarea sublime que nos gustaba y satisfacía a los dos; pero a su vez las dudas y los temores nos desgastaban y sufríamos. Pero entre dos todo se hace más fácil; o mejor dicho entre tres porque Doña Rosaura no nos abandonaba nunca, siempre confiada y dispuesta, nos devolvía la Fuerza y la Esperanza cuando nosotros flaqueábamos y todo terminaba Bien. ¡Misión cumplida!. En estos actos, que se sucedían a diario, aprendí a valorarte María. Cuando el pequeño Ser culminaba en el vientre materno su maduración y exigía, a su tiempo y lugar, entrar a este mundo, ahí encontraba tus cálidas manos, tu dedicación y sobre todo tu corazón, María, dispuesta a recibirlo y ayudarlo en su primer grito que llenaría sus pulmones con el aire puro del Yi.

María en su Hacer siempre estaba dispuesta cuando se le requería. Nunca ponía objeciones; con el mismo modo y el mismo placer, así fuera en el Hospital, sanatorio, casa o ranchito. Respetaba los apremios de la madre y el hijo. Supiste, desde siempre, valorar la Vida que se jugaba en el delicado e intransferible momento de Nacer.

Quiero acá, María, recordar a sus ayudantes; fieles compañeras. De gran temple y sensibilidad que fueron insustituibles para el éxito de la tarea.
Recuerdo a Ercilia Fernández, María Maron, Nahir y otras y, como dije antes, la infaltable Doña Rosaura, tu madre santa, que siempre te acompañó. Y permitime que me meta en tu pensamiento y también recuerde a todos los tuyos: esposo, hijos, tu hermana dora y la fiel Noema que permitieron, con su paciencia y su amor que tú tuvieras la paz necesaria para realizar tu humana labor.

En lo que me es personal debo confesar a María junto a todos ustedes que no olvidaré nunca tu gesto valiente, sincero, fraternal, cuando después de 13años de ausencia forzosa e involuntaria de Durazno (que todos conocen) y haberse creado y publicado en la prensa capitalina, los más increíbles rumores sobre mi persona: María abrió las puertas de su Sanatorio para que yo tuviera allí un lugar donde reiniciar mi tarea médica. Esto tiene aún más valor ya que era el mes de abril de 1985. Recién se recuperaba la Democracia en el paisito y aún no se sabía lo que podía pasar.

Yo había recuperado mi libertad en 1979 pero con la condición de que no volviera a Durazno, a mi pueblo, a mi gente, a mis pacientes. Para mí esa condición significaba una sentencia de muerte lenta.

Pero ya pasó y pudimos salir de esa desgarradora época.
Pero ahí estaba María, esperándome. Me extendió sus brazos, y me abrió su corazón. ¡Gracias María por todo lo que has dado a nuestro Durazno y, Gracias! Por lo que me entregaste!!

Nosotros ya estamos viejos pero algo deseo fervientemente para el Durazno del futuro: “Que hayan muchas Marías, como tú, que enriquezcan en valores positivos y auténticos a esta Comunidad que tanto hemos amado”. ¡Gracias gente nuestra!.
¡Gracias María!.”

Además de una poetisa local y del Intendente Vidalín hice un breve uso de la palabra, porque su esposo, Oscar Dalto Lorier, fue el padre de uno de mis mejores amigos, éste en su momento padrino de mi boda que se fue el día de la misma, impidiendo que ambos estuviéramos donde queríamos hacerlo y obligándome a cambiar su lugar por el de mi querido suegro, que no era el elegido en primera instancia.

Esta resolución que se llevó a cabo por parte de la Junta Departamental de Durazno, de poner el nombre de una calle a la Partera que hizo nacer a casi todos los ciudadanos del Durazno de hoy, debe ser aplaudida y marcada como ejemplo a seguir, en un país donde es necesario morir para que se reconozcan los méritos de una persona.

Como ya lo dije hoy lo escribo. Ese día los que íbamos desde Montevideo nos encontramos con una lluvia fuerte. No era agua sino las lágrimas concentradas de los niños a los que hizo nacer María Aldao, junto a la de los padres emocionados por tal hecho, y a través de más de tres décadas.

Es así que se escribe la historia realmente. Y no es la historia de un ser de otro mundo, de un animal de Galaxia. Es una historia que tiene que ver con el curso de la Vía Láctea. Sobre una mujer que vive y lucha porque los demás también puedan hacerlo.

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