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La burguesía peñarol
–Oiga –le dijo–, ¿piensa quedarse mucho? –Y... Si me dejan, cinco años –contestó el flamante Senador.
Lo dejamos por lo menos quince de senador. Y ahora como el más votado lo impusimos de Ministro. Pero dice que se nos va “a la mierda” (así, textual), porque (por A o por V), por muy Ministro que sea, es evidente que no lo están dejando ministeriar lo bastante. Entre las razones que motivan su angustiosa decisión (que el semanario Brecha titula en tapa con una de las frases que pronunció el Pepe: “este gobierno me duele”), Mujica expresa y vale como resumen: “En realidad este problema no es nuevo, lleva muchos años en la historia de Uruguay, fue el problema que sepultó al Partido Colorado, que fue el estereotipo de esta política en los últimos años. Construyó todo un edificio en función de esta política. Yo no quiero ver a los que piensan distinto con un dejo peyorativo ni nada por el estilo, porque tienen una lógica muy armada en esa visceral resistencia que tiene la fuerza del capital en Uruguay para invertir, que más bien prefiere irse para afuera.
De ahí la importancia del Estado y de las políticas de Estado. Y en ese cuadro, mirando lo que ha sido la historia, yo no la comparto pero puede ser muy lógica la posición de alguna gente: ya que los burgueses uruguayos no quieren invertir, vamos a traer otros que inviertan, chau, porque esto no da para más.” Pavada de tema. Pero si me permiten, yo tampoco comparto esa posición de alguna gente y creo que sí, que da para más, o mejor dicho, daría para más si el gobierno no lo viera con el mismo acostumbramiento a las apariencias con que miró a Mujica aquel funcionario.
Es cierto que este problema fundamental, determinante de toda estrategia política de cambio, fue el que sepultó al Partido Colorado y que lleva muchos años en la historia de Uruguay, pero porque es el tema universal de la política en tiempos de la fase imperialista, de las transnacionales, del capitalismo mundial integrado y solo con una perspectiva continental puede ser abordado en América con eficacia. Los dos mayores teóricos uruguayos de una revolución continental americana, Vivián Trías y Rodney Arismendi (con tantas zonas de coincidencia en otros temas cruciales, como el papel de las fuerzas armadas y el carácter democrático y nacional de los frentes populares), lo debatieron frontalmente en profundidad desde los años sesenta, cuando el primero sostenía la inexistencia práctica de una gran burguesía nacional uruguaya y el segundo afirmaba que “los que tienen el corazón en Washington pero el bolsillo acá”, solo darían señales inequívocas de sus contradicciones con los intereses del Imperio cuando, en ámbito “latinoamericano”, pudieran integrar un bloque histórico dirigido por frentes democráticos de liberación nacional. Ese detalle de la “dirección”, que muchas veces se confundió con “hegemonía”, se ha ido resolviendo o no, en la práctica, de muy diversas maneras, para demostrar que la vida no se amolda a un calzado preestablecido como los pies de las antiguas mujeres chinas, antes que para homenajear las líneas generales de cualquier teoría.
El prototipo Damiani A veces el imaginario colectivo se desilusiona. Donde se esperaba encontrar una cara rosa, un vientre abultado, brillantes ojos azules, un puro gigante, un largo vaso de muchos años etiqueta negra y el escritorio totémico de un profesional anciano, había ocurrido una revolución económica, la única que se hizo en este país en los últimos cincuenta años. En uno o dos de los rubros más importantes del sector servicios, la vieja burguesía uruguaya tan resistente a invertir, había sido sustituida en parte por tres de sus antiguos empleados. En lugar de los históricos (el contador Damiani, el ingeniero Scheck, el gordo Romay y la simpática Fontaina), se encontraron también con el Paco Casal, el Tano Gutiérrez y el Flaco Francescoli, aunque sería futbolísticamente abusivo calificar de “nacional” a estos artesanos devenidos burgueses, porque los tres son confesos hinchas de Peñarol.
¿Qué diferencia a este bloque histórico que integra esta “burguesía peñarol”, con que sorprendió la realidad, del viejo bloque, hegemónico en el sector, de los burgueses uruguayos que no quieren inventir? Precisamente ese detalle: la dirección, el viento a favor de los artesanos que desató hace diez años, unos primeros conatos de competencia donde solo había –hubo durante más de treinta años– enlatados panamericanistas con traducciones más o menos mejicanas y televisión porteña pura y dura –más allá de dos o tres programas de chistes y algunas innecesariamente heroicas producciones miserables–. Quizá ahora pueda empezar a decirse que existe una visión uruguaya en los televisores o al menos que se admite la necesidad de que exista. Pero para eso mediaron inversiones de gente de acá, plata de futbolistas, que despertó el valor económico de nuestros espectáculos de deportes (fútbol y básquet) y de carnaval (tres rubros donde antes no se invertía un peso en derechos televisivos) y amenaza con despertar otros, obligando así a todos a invertir un poquito.
Pero esta burguesía nacional peñarol, la única que tuvo iniciativa inversora en el sector (y hoy ha generado casi tantos puestos de trabajo, directos e indirectos, como todas las otras juntas), tiene que competir en absoluta desigualdad de condiciones (pagando impuestos por todo lo que a las otras se les exonera, por no ser broadcasters de la construcción histórica panamericanista, acuciados por la posibilidad de que se reedite el boicot a los productos deportivos o carnavaleros si no se entregan gratis a la codicia empresarial de los eternos permisarios) y no solo en la competencia local, sino también con poderosísimos grupos extranjeros (donde se ven perjudicados doblemente, ya que son el único agente del sector, jugado a la vez al consumo interno y a la exportación que compite en el continente. Estos grupos extranjeros son privilegiados, preferidos, por el gobierno a los inversores locales (el Estado, la política de Estado, debería regular con lealtad la competencia y si es progresista, con sentido de dirección popular y nacional).
Pero parece que como estos adinerados artesanos uruguayos no responden al arquetipo hipercodificado del burgués, el gobierno no los reconoce (¿o será porque nuestro gobierno sigue y seguirá haciendo los mismos mandados para los mismos sectores que los gobiernos anteriores, incluida la política internacional, y ese abrazo de oso de los partidos y medios tradicionales, con que nuestro gobierno se está haciendo llevar el conflicto con Argentina prácticamente a la guerra, por portadas a toda púa y traducciones de voces del Presidente fuera de grabación, que desconocen cualquier matiz?). Pero a diferencia de aquel funcionario solícito, nuestro gobierno, desde su prensa adicta, sistemática y cotidianamente y a través de varios personeros, usa malos modos y la peor voluntad, para preguntarles a los (dicho en el lenguaje gutural de antaño) realmente existentes inversores de capital nacional:
–Oiga: ¿Se van a quedar mucho rato? Y... Si no los dejan... Se van a ir a donde se va Mujica.
El gobierno ya ha preferido estar solo en instancias decisivas (negociaciones con los organismos financieros internacionales, por ejemplo). Debería volver a rodearse de su gente y no precisamente de los brazos del oso. LA ONDA® DIGITAL |
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