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Claves geopolíticas (IV)
Para comprender la lógica de la integración, en nuestro caso la sudamericana, nada como la literatura que tantas veces auxilia el pensamiento al traernos imágenes a la mente que por sí solas suelen ser comprendidas en el contexto de aquella cuestión, por ejemplo.
Hablo del Gato con Botas, por cierto. Resulta ser que el travieso Gato embarcado en una empresa literariamente oportuna, inventó a su señor, el marqués de Carabás que, luego de presentar supuestos beneficios a su Rey, obtiene de éste importantes concesiones que al final del cuento redundan en beneficio de los suyos.
Si tomamos al Rey por el soberano, esto es, por el pueblo; al
Marqués de Carabás, esa entelequia que vive en la imaginación
del Gato y que encarnaría
En todo caso, he dado en subtitular “el lenguaje de los caminos” a esta parte de Claves geopolíticas puesto que, antes que elucubrar marqueses inexistentes o dar saltos con botas de siete leguas es dable asir la realidad emergente de lo cercano geográfica e históricamente para ahí sí, afincarnos y negociar con fortaleza y con astucia.
Así, con este sencillo proceso hacemos de cuenta que dejamos caer sobre nuestra cabeza un par de tazones de agua de aljibe, siempre oscura, fresca y reconfortante, pudiendo entrever, una vez producido el sobresalto vivificador, qué es lo que efectivamente está en juego, se da cita, en un proceso de integración que, como el sudamericano, va en pos de pasos no siderales sino profundos, cortos pero profundos, y qué lo que meramente lo distorsiona, además de configurar en el mediano plazo, la queda abrupta y obvia de intercambios regionales, comerciales y de todo tipo, que tienen al Uruguay por centro o, digámoslo mejor: por actor.
Y ante este avance, que muchos quieren ver como retroceso o, incluso, casi un salto al vacío, la lógica que da el lenguaje de los caminos permite aproximarnos hacia lo que estimamos justo para nuestros pueblos, beneficioso para nuestras gentes, las de “pata al piso, las de a pie entre todo el universo de personas que pisan estos suelos.
A modo de repaso
Decía el pensador uruguayo Mario Sambarino,
a propósito de la repercusión de los cambios de la realidad
cultural del mundo contemporáneo[i]
que: “(...)
No hay zonas cuasi-autárquicas o cuasi-autónomas, ni hay
naciones no afectadas, pues incluso los centros de dominación
tienen algún grado que contar con los dominados; o sea, que se
ha trasladado al mundo
“Ese proceso comenzó desde la revolución industrial y las subsiguientes formas de colonialismo encubierto. Pero, en el presente, una diferencia cualitativa de fundamental importancia se hace notoria: en las actuales relaciones internacionales de señorío y servidumbre (exactamente según la terminología hegeliana), el predominio económico-militar es inseparable del predominio científico-técnico.”
Señorío y servidumbre, tal la cuestión central y de la que emanan las distintas posiciones, maduras o serviles que ayer como hoy, se dan a lo largo de la historia.
Tiempo habrá, ciertamente, de escribir, que es en lo previo, reflexionar, en torno al profesor Sambarino y lo cultural en nuestro país y en la región.
Abocado ahora a lo geopolítico, quiero significar, seguida y muy escuetamente, el concepto creado o mejorado por el discípulo del geopolítico Mackinder, hablo del geógrafo inglés James Fairgrieve, en el año 1915, sobre las “Zonas de Presión” que en inglés se denominan “Crush Zones” y que comprenden, a mi entender y refiriéndolo a nuestra comarca, a los pequeños Estados ubicados entre otros de dimensión, geográfica y demográfica, mayores.
De la fantasía al núcleo del problema cultural y de éste directamente a lo geopolítico llegamos, y así espero demostrarlo, a lo real, a lo cercano y posible. Es más: a lo que se va dando en la práctica y para lo que no se puede oponer –con visos de realización- lo especulativo e indemostrable.
Me explico: pretender por caso entablar con suceso negociaciones, que además se presumen habrán de buscarse beneficiosas para toda la población, entre el Uruguay y los E.U.A., es tan vano como peligroso.
Vano porque los E.U.A. a ningún socio comercial, por más cercano que fuere, le han dado facilidades en atender productos y sectores que a sí mismos le resultan vitales y que son, justamente, los que al Uruguay quisiera exportar, si es que el fin buscado es el bien común de todos.
Peligroso porque al hacerlo, y si con tal acción se llega a un acuerdo político pero contrario a lo comercial, lo que estará logrando el Uruguay es cesar drásticamente un comercio ya enraizado y diversificado con sus vecinos en la región.
Por ello que apelamos al Gato y a su noble entelequia, el inexistente Marqués de Carabás,
IIRSA - Comunidad Sudamericana de Naciones
Todos a quienes nos ocupa el proceso de integración en sus diversas fases, sabemos que este está muy avanzado. Sí, lo está. Ciertamente hay notorias imperfecciones, quedas de algunos, exceso de soberbia en otros, pero avanzados.
Convengamos en que la Iniciativa Para la Integración de la Infraestructura Regional en Sudamericana (IIRSA) no sólo lo está sino que, además, proviene de una concepción política de avanzada cual fue el ALCSA (Asociación de Libre Comercio Sud Americana) pasó o pasa, en lo político, por la Comunidad Sudamericana de Naciones, y va, en lo comercial, desde una realidad ya signada en el ámbito de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI), como signáramos en entregas anteriores, rumbo al Espacio de Libre Comercio (ELC). Estos son hechos, realidades, dadas, firmadas y convalidades por los Estados que componen la región.
En lo concreto, la IIRSA atiende proyectos en caminería, puentes, navegalididad, entre otros, que comprenden a los siguientes Ejes, de norte a sur: Andino (2); Capricornio; Amazonas; Escudo Guayanés; Sur; Hidrovía Paraguay-Paraná; Interoceánico Central; MERCOSUR- Chile; y Eje Perú-Brasil-Bolivia.
En muchos de los cuales está presente el Uruguay. Todos ellos vitales para la infraestructura regional y, como dijera, para la inserción, permanencia y vigencia del Estado-Nación uruguayo.
- la propia página web de la IIRSA: www.iirsa.org - El nº 28 de la revista GEOSUR, en la que se encuentra en primer término un excelente artículo de su director, el geopolítico uruguayo Bernardo Quagliotti De Bellis.
Convengamos, pues, lo siguiente: Estos son hechos. Las quimeras, las ficciones o, por mí llamadas entelequias, son las supuestas conveniencias –nunca especificadas en negro sobre blanco- de un TLC UY-EUA.
Y si hasta ahora no fue hecho. Rectifico: si los anteriores gobiernos no lo hicieron no fue por falta de votos –o sea por la oposición negativa- sino por la refracción de los EUA a tal proyecto.
Ahora los tiempos son otros, y el único sentido, pragmático, que tal acuerdo pudiera tener para aquella nación sería, como lo hicieron con otros Estados sudamericanos, el minar la integración sudamericana.
Uruguay nunca tuvo vocación de traidor y no creo la tenga jamás. Porque tenerla sería reconocer a la estupidez como eje rector del pensamiento estratégico uruguayo y me niego rotundamente a tildar de mediocre a nuestro pueblo, incluso a su gobierno, aunque alguna duda tengo en sectores minoritarios del mismo como de la propia oposición –con representación parlamentaria- entendámonos.
Porque el pensamiento libre es algo más que el supuesto beso a una bandera y conlleva un proceso reflexivo que, anclado en lo ético, que es nuestra propia génesis histórica: refiriéndome, claro está, al proceso artiguista y su legado, nadie puede tildar a un ciudadano de sujeto irreflexivo.
Si bien el mal de la época es la falta de cuestionamiento, la carencia de reflexión que trae consigo primero la queda de la conciencia psicológica –el automatismo, el efecto masa- y luego que fenezca la conciencia moral, dejando la resolución de los asuntos nuestros, en los que somos corresponsables, en manos de otros. Quizá de algún iluminado, como suele verse, cíclicamente, en la otra margen del río que llamamos mar. Dicho esto con el mayor respeto pero como simple, aunque seria, lectura desapasionada de la historia.
En conclusión, para esta parte: El Uruguay, como vengo afirmando, es en sí mismo una frontera viva. Que se proyecta, que debe proyectarse como nación conciliadora de espacio civilizador entre dos naciones del porte del Brasil y de la Argentina y en el contexto histórico-geográfico-político-comercial de la América del Sur.
No otro es, a mi modesto entender, nuestro espacio de acción. Con él –y no a pesar de él- podremos negociar con otros bloques o naciones. Solos, será no tanto una quimera cuanto un acto suicida.
Continuaremos.
[i]
Sambarino, Mario, Fascículo nº 46 de Nuestra Tierra –La
Cultura Nacional como Problema-, Montevideo, año 1969,
Pág. 28.
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