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Los medios opositores
Cuando dice Tabaré Vázquez de tales y cuales medios (El País, El Observador, Últimas Noticias, Canal 4, Canal 10, Radio El Espectador, Radio Montecarlo, Radio Sarandi, Radio Carve...) que son opositores y que está muy bien que lo sean, yo me sumo al beneplácito del Presidente (me parece muy bien que le parezca muy bien). Pero en los hechos ¿qué importancia tiene si se escribe desde el oficialismo o desde la oposición? Porque en cualquier caso quien lo haga deberá hacerlo siempre con el mayor sentido crítico, si es que quiere que su voz diga algo. Deberá hacerlo críticamente en primer lugar porque hablar servilmente no sirve de nada. Deberá hacerlo críticamente además, porque lo mejor para cualquier empresa comunicativa (opositora u oficialista) es ganar la crítica antes que la apología y lo peor es ocultar las sombras, que no se discutan y se denuncien abiertamente.
Y si no lo hace así deberá al menos simularlo. ¿Pero desde qué punto de vista? ¿Hay pluralidad de puntos de vista para ejercer la crítica desde la oposición y desde el oficialismo en Uruguay y en el mundo? Empecemos por Uruguay y remontemos hasta su origen el cause de nuestra televisión, volvamos a la época del primer gobierno blanco del siglo XX y hagámoslo persuadidos por la voz del Presidente.
Con esas declaraciones suyas tan liberales, es la segunda vez, desde que inició su mandato, que Tabaré Vázquez me recuerda a Eduardo Víctor Haedo (¡la pucha si me traiciono como crítico y empiezo esta nota halagándolo!).
La primera fue cuando anunció la composición del gabinete. Además de cargarle el plan de emergencia a un ministerio, quitándole el carácter de buque insignia prometido, no pudo contrarrestar el peso de Danilo Astori en Economía, no logró nombrar como canciller a alguien más audaz que el tan curtido en relaciones internacionales Reinaldo Gargano (no por aquello de que sea mejor sujetar a un loco, sino porque Gargano, quizá acostumbrado a su papel componedor en un partido con personalidades fuertes y muy variadas –Guillermo Chiflet, José Korzeniak, José Díaz–, ni siquiera cuando amenazó con renunciar supo argumentarlo con razón y contundencia que volcara la opinión pública a su favor, más acá de la oposición de los medios; después de todo, la historia reciente del Uruguay da cuenta de más un plebiscito en que el pueblo se pronunció contra todos los medios masivos sin excepción –uno en dictadura, el NO del 80– y otro en democracia –el NO del 94).
El otro ministro que podía competir en incidencia con Astori era el de Ganadería y Agricultura (si lograba la llave del Banco República), pero tampoco. Así que Tabaré tuvo que pasarse todo ese tiempo diciendo de mil modos, “Astori es el gobierno”, parafraseando al ilustre integrante del primer colegiado nacional (1958-1962), que lució banda presidencial y bastón de mando en Mercedes, don Eduardo Víctor Haedo, cuando en medio de la reforma cambiaria y monetaria se refirió a su ministro de Economía en estos términos: “Azzini es el gobierno”.
No hizo Haedo otra cosa que constatar la realidad, en momentos en que Juan Eduardo Azzini firmaba la primera carta intención de Uruguay con el Fondo Monetario Internacional. Entonces el genial caricaturista Julio Suárez (Peloduro), en su viñeta editorial de El Diario de la noche (opositor), hizo un chiste de tremenda actualidad. “No, el ‘Presidente’ no dijo que Azzini es el gobierno; lo que dijo es que: “Así ni gobierno es”.
LA SEGUNDA Ahora, cuando nuestro Presidente ya estaba por empezar a recordarme a Fernando De la Rúa, ha vuelto a traerme a Don Eduardo a la memoria –y se lo agradezco–.
Cada vez que Peloduro no lo caricaturizaba en portada o editoriales (ya fuese porque empezaba a preferir “pegarle” al nuevo “hombre fuerte” del Partido Nacional, Titito Heber, o porque se dedicaba a hacer bromas sobre cómo cambia el tiempo), Haedo llamaba por teléfono al dibujante opositor y lo conminaba: “Vos sacame –le decía el “Presidente”–, igual sacame mal pero sacame”. Así fue que Haedo llegó primero al gobierno, a golpes de talento pero también de popularidad caricaturezca y así fue que salió repentinamente de la política apenas ocho años después, como si no hubiese decidido por su propia voluntad, conminarse en la exquisita vida intelectual de cadáver político. Le cadavre exquis boira le vin nouveau.
La diferencia del actual requerimiento de Tabaré a los medios opositores, “ustedes son opositores y está muy bien que me hagan oposición” es que, en todo caso, son opositores –aunque sea de un modo subjuntivo– a Tabaré (y en presente del indicativo a Eduardo Bonomi, a Gargano y a José Díaz); pero ninguno de esos medios es opositor a Danilo Astori, es decir “al gobierno”.
Si Tabaré abre ese paraguas, será porque está decidido a cambiar el gobierno o a que el gobierno cambie, lo que equivale a decir que ha decidido empezar finalmente a cambiar el país o, para ser más posibilistas, a generar una nueva correlación de medios que le permita al Frente Amplio hacer los cambios en un próximo período, cuando vuelva a generar las mayorías movilizadas y a tener los medios opositores a la defensiva, como los tuvo en los primeros meses de su mandato, tiempo irrecuperable que Vázquez (a diferencia, por ejemplo, de Evo Morales) desperdició, tirando la pelota para adelante. O querrá decir que quiere desmarcarse de esos medios en momentos en que los avances tecnológicos están pautando el final de esa correlación de fuerzas (en la que el Frente Amplio no ha hecho, en los últimos veinticinco años, otra cosa que claudicar).
Siempre creí que Tabaré Vázquez no era De la Rúa (aquel presidente argentino que le entregó al Fondo más que Carlos Saúl Menem, hasta que los sindicatos lo hicieron huir en helicóptero por las azoteas de la Casa Rosada) y tengo el pálpito de que sus declaraciones son una señal de que nos mantendrá la esperanza.
Además, si fuera De la Rúa, acá no hay ningún Eduardo Duhalde-Roberto Lavagna para heredarlo y terminar condonando al país, cincuenta mil millones de dólares en trasferencias de dinero al Norte. Pero en gran medida está estigmatizando a medios que pueden demostrar (y muchos lo están haciendo) que nunca fueron opositores al “gobierno Astori”.
Peloduro en cambio era opositor al “Presidente” Haedo, a Titito y al “gobierno Azzini”. Aunque nunca nadie podrá convencerme de que aquel chiste de Peloduro sobre Azzini, no se lo dictó el propio Haedo por teléfono.
Del 58 al 05 Aquel “gobierno Azzini” fue el mismo que concretó las concesiones definitivas de los permisos a las empresas que hoy siguen beneficiándose como operadoras de televisión en Uruguay por un régimen, no de propietarias sino, precisamente, de “permisarias” del sistema político. Todavía hoy los blancos no pueden entender por qué un gobierno blanco dejó entonces dos canales a colorados (el 4 y el 10) y uno solo a blancos (el 12). Pero eran los mismos dueños de las mayores empresas de radiotelefonía (y básicamente se siguen confundiendo los dueños o lobbys de unos y otras). El gobierno sería Azzini, pero el poder era el poder. Y eso lo entendieron todos los partidos políticos uruguayos, incluyendo al Frente Amplio, que gobernaba Montevideo cuando en el 94 autorizó el cableado por una sola empresa integrada por los tres canales (Equital), perpetuando así el monopolio.
Ahora Tabaré llora sobre la leche derramada, como lloró Máximo D’Alema cuando las bases de la OTAN sobre el Adriático le desencadenaron un conflicto que en parte contribuyó a la caída de su gobierno (el de El Olivo, de centroizquierda, en Italia). Pero si a su debido tiempo (cuando era dirigente del Partido Comunista de Italia, que luego se renovó en Partido Democrático de la Izquierda, integrante de la coalición El Olivo), se hubiese opuesto de verdad (más allá de lo declarativo, condicionando sus alianzas europeas) a las bases, quizá D’Alema no hubiera llegado al gobierno y, sin ningún lugar a dudas, si Tabaré Vázquez se hubiera preocupado antes por la correlación de medios con que tendría que gobernar, hoy no estaría en el Edificio Libertad.
En Uruguay y en todo el mundo, la democracia, cuando fue, ha sido muy relativa e incompleta. Porque los pueblos eligen las marionetas, pero los titiriteros son vitalicios, son los que tienen el dinero para comprar los medios. Para que la democracia y el pluralismo fuesen completos, se debería poner a votación la propiedad de los medios de comunicación masiva, asignando canales según los cupos disponibles, como se asignan escaños. Pero ya, por su lado, la tecnología se está encargando de democratizar y horizontalizar la información y la opinión, abriendo el abanico de puntos de vista.
Es ciertos que no son muchas ni muy osadas las variantes que pueden aplicar al pensamiento único, los periodistas en los medios nombrados por Vázquez. Hay un esquema básico intocable, desde un punto de vista capitalista bastante maniqueo, con su eje del mal (Cuba, Chávez, Evo Morales, lo musulmán, lo “populista”, lo antiimperialista concreto, Kirchner), su eje del bien (las transnacionales, Astori, Chile) y con sus más o menos (Lula, Mujica, quizá Tabaré).
Pero hoy, quien realmente quiere estar informado y dispone, en su casa o en un ciber, de la multicolor internet, ya no recurre a los medios tradicionales, sesgados en esos dos o tres matices del mismo punto de vista (las cifras de esta tendencia son concluyentes, ver nota de Xavier Fuentes en La ONDA digital 295) y más se abrirá el espectro pluralista con la televisión digital. De todos modos, no haría mal el gobierno en apurar el proceso y darle así una manito al cambio.
Entre tanto, Tabaré Vázquez abre el paraguas. Para emprenderla contra los intereses que defienden los medios que nombró, o para desmarcárseles. LA ONDA® DIGITAL |
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