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Integración: por un El Uruguay entero se está debiendo una abierta y republicana discusión sobre la inserción externa del país, tanto en lo que respecta a nivel regional como con el resto del mundo.
No se trata de situar a priori ambas cosas como antítesis; para nada.
Se trata sí de debatir el camino a seguir por el que vayamos todos, porque lo que no se puede negar ni seguir soportando es que tenemos una sociedad uruguaya dividida en las opiniones (no por temor al disenso), al punto tal que como país no sabemos con exactitud hacia donde vamos ni tampoco el gobierno emite señalas claras y firmes.
Trataré de explicitar lo que pienso.
En primer término tenemos que acabar con los simples slogans y ponernos de acuerdo sobre nuestra relación con la región.
Cuando se dice y se repite "más y mejor Mercosur", no se hace otra cosa que señalar un deseo que por supuesto no va a depender de nosotros, sino de lo que decidan Brasil y Argentina en función de sus intereses, en primerísimo término.
En segundo lugar es inadmisible que venga el canciller brasileño poco menos que a "botijearnos" sobre lo que debemos hacer y lo que no debemos hacer, dándonos un "tirón de orejas" por nuestras negociaciones comerciales con los EEUU, cuando el propio Brasil negocia acuerdos por fuera del Mecosur sin venir a consultarnos.
En tercer lugar resulta lamentable que nuestro canciller emita una opinión satisfactoria por el mensaje del ministro Amorín, omitiendo hacer respetar que las supuestas conveniencias o inconveniencias de lo que los uruguayos decidamos en materia de inserción externa, es un problema estrictamente nuestro.
Frente a este panorama ¿qué debemos hacer?.
Pues bien. En ese debate republicano que proponemos sobre un tema tan crucial como que nos va la vida, no es sostenible pensar que vayamos a pelearnos con nuestros vecinos o que nos mudemos hacia algún otro lugar del planeta más próspero y apacible.
Discutamos, uruguayas y uruguayos, qué tipo de integración con la región nos sirve. Y no me refiero solamente al tipo de integración estratégica que más nos convenga, sino además cómo empujarla todos sin temores ni vacilaciones.
Sé también que mi punto de vista en materia de integración regional es discrepante con el que sostienes otros uruguayos, pero aceptemos la discusión con realismo, sin preconceptos, ni etiquetas ni fetiches.
La vida ha demostrado que el Mercosur con pretensión de unión aduanera y sin supranacionalidad ha fracasado.
Y no creemos que el fracaso se debe puramente a los errores de las orientaciones económicas y cambiarias que se impusieron en la década pasada en la región, sino que esencialmente o en mayor parte se debe a razones de orden política y a la ausencia de verdaderos liderazgos con proyección regional. Tampoco creo que sea necesario abundar aquí en distintos ejemplos para explicar todo esto.
Pero en el terreno económico advierto que el objetivo de constituir un bloque sin contemplar adecuadamente las enormes asimetrías internas que condicionan a los países chicos a aceptar las acciones y decisiones de los grandes, sin posibilidades reales de dirimir las diferencias y controversias en un ámbito institucional supranacional, ni poder gravitar en las orientaciones macro del propio bloque, resultó inevitable que se llegara al actual estado de cosas y a la necesidad de corregir estrategias y objetivos.
En estas condiciones me afilio a la tesis de que el Mercosur o el objetivo de desarrollar una región integrada, no debió ni debería sobrepasar el objetivo de consolidar una zona de libre comercio. Esa es la mejor conveniencia para las economías chicas.
A propósito de ello el ejemplo chileno es categórico. El país trasandino nos lleva varios lustros de ventaja en materia de reorientación productiva, crecimiento, consenso político interno y desarrollo de una inserción externa sin limitaciones ni ataduras.
Como dijera recientemente un representante chileno ante la ALADI, no resulta conveniente para los países de menor escala cuya meta deben ser la inversión y el crecimiento, estar condicionados a una unión aduanera que dificulte desarrollar de la manera más conveniente el comercio y recibir el flujo de inversiones mediante acuerdos o tratados con la mayor cantidad de países del mundo, en particular de las economías más desarrolladas.
La experiencia chilena representa un verdadero ejemplo de política y de pragmatismo asociado, con el respaldo de todos los actores que como sociedad han sabido definir lo que quieren ser. Y vaya que no es poca cosa.
Por eso insisto en la necesidad de un debate republicano, que no es lo mismo que la toma de decisiones basadas en un resultado electoral. Son dos asuntos distintos.
Para llevarlo a cabo se requiere inteligencia y humildad, ayudando a procesar la crítica constructiva entre todos y a la toma de decisiones con la más amplia base de consenso.
Finalmente digo algo que no trata de redescubrir la pólvora. Sepamos admitir todos que una geografía regional común y culturas e historias que nos aproximan, de ningún modo generan verdades axiomáticas en materia de buenas relaciones con los vecinos, ni decretan "per se" un modelo virtuoso de integración.
Busquemos por tanto los mejores caminos de relación por estos lares y allende el océano. LA ONDA® DIGITAL |
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