|
Argentina discute nueva Ley de
Educación para Primaria y Secundaria
Educar para la productividad y el
crecimiento
Las políticas económicas que
promovieron la desindustrialización del país también
propiciaron la profundización de la brecha entre la educación y
el mundo del trabajo. Un modelo de desarrollo basado en la
exportación de productos primarios sin elaborar, en la
especulación financiera y en la explotación de mano de obra
barata, no necesitó de un sistema educativo que formara
ciudadanos con sólidas competencias para desempeñarse en el
trabajo. Alcanzaba con una pequeña elite altamente
cualificada en circuitos restrictivos del sistema educativo.
El cambio hacia un modelo de
desarrollo que contemple como su principal sustento la capacidad
de la gente de agregar valor a partir de la calidad de su
formación, exige recuperar la capacidad del sistema educativo
para aportar a un crecimiento basado en la potencialidad
productiva del país. De esta capacidad también depende la
posibilidad de afirmar la soberanía e identidad nacional
en un mundo donde el conocimiento y la ciencia y la tecnología
se convierten cada vez más en factores que deciden la
independencia y autodeterminación de las naciones.
Desde el punto de vista social,
quedar marginado de la educación significa quedar excluido de la
posibilidad de integración en un mundo del trabajo que exige
competencias cada vez más complejas para poder participar. Todos
los análisis sobre las transformaciones productivas
contemporáneas coinciden en señalar que el conocimiento y la
información constituyen actualmente el factor clave para
explicar los procesos de desarrollo económico. En las economías
del siglo XXI carecer de educación implica estar condenado a la
exclusión y la marginalidad.
En la medida que el crecimiento
económico argentino se apoye en la innovación tecnológica de sus
procesos de producción y se coloque al trabajo digno como un elemento central, será
necesario disponer de una población universalmente preparada
para incorporarse a trabajos decentes. Por supuesto que la
educación es una variable necesaria pero no suficiente para
crear estos puestos de trabajo para todos y para garantizar que
las condiciones salariales y laborales reúnan los requisitos que
hagan posible una mejor distribución de la riqueza.
Pero también es evidente que
contar con una educación universal de alta calidad brinda
mejores condiciones a la población, especialmente a los sectores
más desposeídos, para articular demandas en torno de la
generación de mecanismos de distribución más igualitaria de la
riqueza y mejores condiciones de trabajo.
Cabe destacar que la propuesta de
educar para la productividad y el desarrollo supone mucho más
que la formación para el desempeño laboral de las personas y el
crecimiento del país. Implica que en la práctica escolar se
incorpore el trabajo como un valor que genera dignidad y
sustentabilidad tanto para la sociedad como para sus ciudadanos.
Por último, es necesario que la
escuela también asuma que aprender es un trabajo. El proceso de
aprendizaje debe estar rodeado de las características más nobles
del trabajo humano: creatividad, esfuerzo, equipo y solidaridad,
curiosidad y experimentación, responsabilidad por los
resultados.
Desde esta perspectiva, educar
para la productividad debería ser una de las formas a través de
las cuales se promueve el desarrollo integral de la
personalidad.
Educar para la integración y la justicia social
La construcción de una sociedad
más justa es el objetivo central de la propuesta de
elaboración de una Ley de Educación Nacional. La identidad
nacional, la democracia y el crecimiento económico sólo pueden
desarrollarse en toda su potencialidad en el contexto del avance
hacia una mayor integración social producto de una distribución más
justa de la riqueza. No es posible imaginar el progreso del país
si algunos de sus ciudadanos quedan excluidos.
Sabemos que éste es quizás el
principal desafío del momento. Nos encontramos en la región más
desigual del planeta y en un país que atravesó por uno de los
procesos más regresivos en la distribución del ingreso de su
historia. Por ello es necesario un papel activo del Estado para
producir importantes transformaciones en esta temática. Un Estado
limitado a políticas sociales focalizadas, asistenciales y
parciales no está en condiciones de producir un cambio de tal
magnitud.
En este contexto, la educación es
la política pública por excelencia para promover una sociedad
más justa e integrada. Una educación pública, universal y de
alta calidad para todos puede ser uno de los factores
determinantes de la posibilidad de revertir los procesos de
fragmentación y desigualdad social que se profundizaron en las últimas
décadas.
En este sentido, es necesario
considerar dos perspectivas de acción iferentes. La primera de
ellas está vinculada con la generación de condiciones educativas
que permitan igualdad de posibilidades de acceso a los aprendizajes que el sistema educativo debe transmitir. Ante la actual magnitud de las
desigualdades, es necesario desarticular los mecanismos que promueven la subsistencia de circuitos educativos de calidad
diferenciada y garantizan la reproducción de la desigualdad de
origen. Políticas activas del Estado en este aspecto significa
desarrollar estrategias integrales para dotar a las familias y alumnos de las
condiciones que les garanticen acceso, permanencia y egreso de
los distintos niveles del sistema educativo.
Pero si bien integración y
justicia social se apoyan en factores estructurales tales como
el acceso a un trabajo decente para toda la población y
políticas de distribución del ingreso que aseguren la justicia
social, la cohesión social exige también un conjunto de valores
que sean asumidos por toda la sociedad.
Para lograr tanto la justicia
como la integración social, serán necesarios esfuerzos muy
significativos de solidaridad consciente y reflexiva. Incluir a
los excluidos no será un producto mecánico del funcionamiento de
la sociedad, sino el resultado de
una decisión política, asumida como producto del debate y el
acuerdo social.
Por esa razón la educación debe
promover en toda la población, y muy especialmente en los que
ocupan lugares de mayor responsabilidad por las decisiones, los
valores y las actitudes que promuevan procesos de integración y
cohesión social.
Garantizar el derecho de todos y todas a conocer y
dominar las nuevas tecnologías de
la información
Uno de los fenómenos más
importantes que viven las sociedades de nuestro tiempo y que
impacta directamente sobre el sistema educativo es el desarrollo
de la sociedad de la información.
El término Sociedad de la
información identifica una nueva época en la que los sistemas de
comunicaciones, veloces y cada vez más accesibles, están
produciendo una renovación en todos los órdenes de nuestra vida
(el modo en el que nos educamos, trabajamos, nos relacionamos y
convivimos). Internet es una de sus expresiones tecnológicas más
visibles y se ha transformado en un medio que posibilita un
nuevo modo de organización de la sociedad, caracterizada por una
fuerte tendencia a la globalización cultural.
Es, al mismo tiempo, un medio de
comunicación e interacción, una herramienta del desarrollo
económico y un terreno privilegiado para la creatividad, la
producción de conocimientos y la experimentación artística.
También allí se expresan muchos conflictos y desafíos que
enfrenta la sociedad contemporánea.
Son las generaciones jóvenes
quienes mantienen un vínculo más estrecho con estas nuevas
tecnologías y quienes más rápidamente ingresan en sus códigos.
Si las TIC son modos de pensar, de interactuar y de informarse,
la escuela debe hacerse cargo de esas nuevas experiencias
culturales, incorporarlas y utilizarlas productivamente.
La sociedad de la información
tiene un desarrollo desigual entre los países y dentro de una
misma nación. El término brecha digital que refiere a este
fenómeno no sólo marca las diferencias en el acceso entre los
individuos sino también entre grupos sociales y áreas
geográficas que tienen o no la oportunidad de acceder a las tecnologías de la
información y las comunicaciones.
Este desafío también involucra a
la escuela, que debe garantizar principios de equidad en el
acceso ya que de esto dependerán las futuras capacidades de los
alumnos a fin de hacer un aprovechamiento inteligente de las
TIC, ya sea para el acceso a los bienes culturales como para la
adquisición de destrezas para el mundo del trabajo.
Integrar a un país en la Sociedad
de la Información no es solo un problema de tipo tecnológico. No
se participa de esta Sociedad solamente por tener computadoras
conectadas a la red, sino que el elemento fundamental se ubica
en el plano del desarrollo de las capacidades individuales,
sociales e institucionales que pueda alcanzar nuestro país.
En este sentido, la escuela debe
asumir un rol fundamental porque es el espacio donde todos los
niños, niñas, jóvenes y adultos pueden acceder efectivamente a
la “alfabetización digital”. Así como fue y sigue siendo una
misión de la escuela el ingreso de los niños a la cultura
letrada, hoy debe incorporar el aprendizaje y la utilización de
los nuevos lenguajes digitales, desde la educación inicial hasta
la capacitación para el mundo del trabajo.
En nuestro país, existen
distintas experiencias en este terreno, que han trabajado para
la elaboración de materiales desde esta perspectiva integradora
de las TIC al mundo de la escuela. Una de las más importantes es
el portal educativo Educar que trabaja justamente con el
propósito de disminuir la brecha digital y que ha producido en
los últimos años una serie de materiales destinados tanto a
docentes como a alumnos de distintos niveles del sistema
educativo.
Fortalecer el rol educativo de los medios masivos de
comunicación
La televisión es el principal
consumo cultural de los niños y jóvenes en su tiempo libre y
también el más extendido, ya que la casi totalidad de los
hogares argentinos tienen acceso a la televisión, hecho que –con
excepción de la radio– no ocurre con otros medios de
comunicación.
La televisión ha sido ligada,
tradicionalmente, a muchos fenómenos negativos en nuestra
sociedad: la degradación general de la cultura, el crecimiento
de la violencia, la disminución del interés de los jóvenes por
la lectura y muchas veces se la ha colocado como el paradigma
opuesto al de la escuela.
Estos diagnósticos solo han
conseguido que los educadores desconfíen del medio y lo
incorporen únicamente como herramienta educativa, como soporte,
sin trabajar ni analizar el rol que la TV tiene como agente de
socialización ni como portadora de nuevas narrativas y nuevas
formas estéticas.
Hoy sabemos que la escuela no
puede renunciar a mantener un diálogo con la televisión y a
trabajar con sus contenidos realmente existentes, con sus
narrativas e incorporar lenguajes audiovisuales al mundo de la
escuela. Por su parte, la industria de los medios, que avanza
sobre todos los terrenos de la sociedad con diferentes géneros y formatos, ha
incorporado también contenidos escolares.
Es decir, que ahora no solo la
escuela compite en la transferencia de lenguajes, valores y saberes que produce la TV, sino también con algunos contenidos
curriculares específicos que hasta ahora eran exclusividad del
ámbito escolar y que la industria de medios ha tomado para sí.
Es por eso que la escuela debe
hoy reconocer la importancia estratégica de la televisión en el
mundo de los niños y jóvenes y avanzar entre otros en tres
sentidos: en primer lugar en desarrollar las competencias que
permiten tener una relación crítica con los mensajes que emiten
cotidianamente los medios de comunicación y en particular la
televisión. La escuela es probablemente el único espacio
institucional público que está en condiciones de formar
ciudadanos autónomos y críticos que no se limiten a la única
alternativa de ser
consumidores pasivos de estos
mensajes.
En segundo lugar, en la
incorporación de algunas de las temáticas que proponen los
medios electrónicos y en el establecimiento de acuerdos entre
los responsables de los medios y los responsables de la
educación que permitan consensos sobre contenidos educativos. En
el mismo sentido se debe aprovechar la vasta experiencia local e
internacional en materia de educación a distancia y utilizar
esos contenidos según los fines escolares.
|
Documento completo |
 |
LA
ONDA®
DIGITAL |