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Observaciones críticas de los Con motivo de la visita que realizo el canciller de Brasil a Uruguay el pasado 26 de junio, la comisión de Relaciones Internacionales del Parlamento realizo una sesión extraordinaria, recibiendo al ministro visitante. Lo que sigue es la versión taquigráfica de dicha reunión. Presidente, Alberto Couriel: .Es un altísimo honor para la Comisión de Asuntos Internacionales recibir al Ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, señor Celso Amorim. Estamos presentes representantes de las Comisiones de Asuntos Internacionales del Senado y de la Cámara de Representantes, así como integrantes de la Comisión Conjunta del MERCOSUR, quienes pidieron especialmente concurrir a esta sesión. Nuestra intención es la de mantener el diálogo de la forma más amable y fecunda posible, para que pueda servir, sin dudas, para las relaciones entre Uruguay y Brasil.
Queremos dejar constancia de que vamos a escuchar al señor Ministro de Relaciones Exteriores de Brasil y luego, un representante por Partido, hará uso de la palabra de forma tal que en aproximadamente cuarenta minutos o una hora, demos por concluida esta sesión de la Comisión.
Canciller Celso Amorim: Los señores Legisladores me tendrán que permitir que hable en “portuñol” ya que, tal vez en unos cincuenta años -con perdón de Camões y de Cervantes- se transforme en la lengua oficial del MERCOSUR. De todas formas, voy a esforzarme en hablar español, porque estoy seguro de que seré comprendido, aunque en ocasiones lo haga en forma equivocada. Señor Presidente, señores Senadores y señores Diputados: para mí es un gran placer estar en Uruguay pero, sobre todo, es un gran placer estar en ésta, que es la casa del pueblo. En ese sentido, me consta que hay diversidad de opiniones y diferentes corrientes, como debe ser en países democráticos. Mucha gente olvida, cuando habla de la crisis del MERCOSUR y dice que está débil, que la democracia se ha fortalecido mucho en nuestros países, asunto que considero de suma importancia.
En mi relativa juventud trabajé como Presidente de la compañía brasileña de filmes Embrafilm, más precisamente, en el final del gobierno militar, que fue un período de apertura, pero que tenía también momentos de contracción. Cuando los cineastas me ofrecieron una cena de desagravio, porque autoricé una película que hablaba de la tortura durante una fase anterior del gobierno militar, dije que la libertad es como el aire: uno no le da valor salvo cuando hace falta. Sabemos que el aire es muy importante, pero cuando lo tenemos no lo valoramos, porque consideramos que es normal. Naturalmente, dirigir una empresa del Estado durante un período que era de transición para la democracia y permitir que se hiciera todo lo que fuera posible hacer, dentro de los patrones estéticos y éticos, era algo más que habitual. Por estas razones es que doy una gran importancia a estar con los representantes del pueblo, con quienes tienen la responsabilidad más directa de representarlo.
He hablado mucho para la prensa y con otros gobernantes, pero no sé cuánto de eso llegó a los señores Legisladores y no me gustaría ser muy aburrido o estar repitiendo lo que ya han escuchado. Sin embargo, quería dar la impresión de cómo veo esta cuestión del MERCOSUR, buscando no tener un tono de profesor, pero tampoco ser falsamente ingenuo.
Ante todo quiero decir que estar aquí, en Uruguay, es un placer doble, porque también es un poco como estar en familia; muchos de los señores Legisladores que veo en esta reunión, independientemente de Partidos o de posiciones políticas, son personas con quienes ya tuve el placer de trabajar en muchas ocasiones, ya sea como Ministro o en otros puestos. Debo destacar que estuve en el MERCOSUR desde un poco antes del inicio, porque me tocó, como Director de Economía, firmar el acuerdo del Tratado de Asunción, también creo que estaba allí cuando firmamos Ouro Preto, luego me alejé un poco, pero en estos tres años y medio de gobierno de Lula nuevamente el MERCOSUR está siempre en el centro de nuestras preocupaciones. Asimismo, acompañé los variados momentos por los que atravesó ese proceso, ya sea el escepticismo del inicio en algunas partes, el entusiasmo, a veces quizá un poco ingenuo, como después la desesperanza que tal vez fue también excesiva. Es así que tengo una sensación del MERCOSUR que se debe en gran parte a una experiencia vivida como político o como negociador. Esto es algo que quería comentar con ustedes.
Recuerdo cuando estábamos negociando el MERCOSUR en sus inicios, el escepticismo que había en Brasil; la gran parte de los empresarios brasileños -y también de la prensa- se preguntaba por qué estábamos pensando en eso. Además, antes incluso del MERCOSUR, cuando estábamos discutiendo con Argentina, se preguntaban por qué estábamos perdiendo tiempo con ese país, con Uruguay y con Paraguay, cuando deberíamos estar negociando con Estados Unidos que en aquella época –como recordarán- había lanzado la Iniciativa Bush, es decir, Enterprise for the Americas y me refiero a Bush padre. ¿Para qué perder tiempo cuando son economías tan chicas? En aquella época, Argentina -que era la más grande- importaba menos del 4% del total de las exportaciones brasileñas, mientras Estados Unidos importaba el 25%; sin embargo, actualmente Argentina importa el 10% y Estados Unidos el 16%. De todas maneras esa era la visión: ¿por qué había que perder tiempo?
Después de un tiempo me fui a Ginebra como Embajador, volví en la época en que el señor Senador Abreu era Canciller y noté un cambio en los empresarios brasileños. En la época del Presidente Itamar Franco yo era Canciller y sugerí un área de libre comercio sudamericana, que hoy existe, aunque en ese momento hubo resistencia. Lo curioso es que algunos empresarios brasileños que antes habían manifestado gran escepticismo, ahora dicen que tenemos que estar atentos para que esto no afecte al MERCOSUR. Eso me dejó contento, porque significó que un proyecto del Estado que no tenía ninguna repercusión ya era un proyecto en la sociedad civil, por lo menos de los empresarios.
El MERCOSUR siguió su camino, yo pasé algunos años afuera tratando otros temas y, progresivamente, los empresarios, los trabajadores y otros miembros de la sociedad civil ya empezaban a hablar del MERCOSUR social, del MERCOSUR sindical y del MERCOSUR de la salud. Entonces, empezó a ser una realidad sentida por los pueblos.
En algunos momentos se dudó sobre cómo seguir. Había gente en Brasil y Argentina que creía que era mejor tener solamente una zona de libre comercio, porque tendríamos más posibilidades de negociación separada. En Brasil curiosamente, la izquierda nacionalista quería la separación, porque pensaba que podía tener libertad para mantener el arancel alto. Argentina, en la época del Ministro Cavalho, también quería lo mismo, pero por la razón opuesta: porque quería bajar mucho los aranceles. También hubo momentos en que se pensó hacer un MERCOSUR de dos velocidades: un verdadero MERCOSUR, en el sentido pleno de la palabra y una Unión Aduanera entre Brasil y Argentina en donde Uruguay y Paraguay quedarían como asociados, en una zona de libre comercio. Afortunadamente todo eso, en mi opinión, se superó y se creó el MERCOSUR.
En esa época, cuando se hacían las encuestas, el Uruguay era el país donde el MERCOSUR tenía más popularidad, las encuestas eran más positivas, lo que no sucedía en Brasil, que era indiferente.
Luego, me voy al exterior y cuando vuelvo a los asuntos del gobierno -aunque ya había tratado el tema del MERCOSUR en Naciones Unidas y en Ginebra- como Canciller del Presidente “Lula” veo que hay una insatisfacción muy grande, por lo tanto intentamos hacer lo que se pedía, que era el reconocimiento de asimetrías. Los remedios que se pedían para corregir las asimetrías eran, básicamente, de naturaleza arancelaria: excepciones en el Arancel Externo Común y reglas de origen. Hicimos casi todo lo pedido, pero no resultó, porque hasta hoy existe una insatisfacción, a mi juicio, justificada.
No estoy de acuerdo con todas las soluciones que se ofrecen para esa cuestión, pero sí estoy de acuerdo con las razones de la insatisfacción, como es el caso de Uruguay que llegó a exportar más de U$S 1.000:000.000 a Brasil y hoy exporta un poco más de U$S 500:000.000. Entonces, es obvio que hay algo que no está bien. Tanto el Presidente Luis Inácio “Lula” da Silva, como nosotros, tenemos conciencia de que algo hay que hacer. Por esa razón y, además, porque vamos a presidir el MERCOSUR en el último semestre, por mandato expreso del señor Presidente vengo al Uruguay a escucharlos, naturalmente, pero, también, a proponer algo nuevo. Por lo menos, eso es lo que a nosotros nos parece. Si bien, a veces, es más fácil hablar que hacer, tenemos una gran intención de hacer; queremos pasar a una nueva fase en el MERCOSUR. Hasta hoy se basó en la liberalización de aranceles, en el arancel externo común, con todas las perforaciones que conocemos en un caso y excepciones en otro, y, tal como es obvio, algunas otras reglas que tienen que ver con el libre comercio. Pero fue muy poco el esfuerzo real de crear capacidad productiva y de hacer una búsqueda real de ventajas comparativas, de casi provocarlas con algún tipo de acción afirmativa en el caso de los países menores.
Por esta razón, este viaje tiene un carácter político ‑hablé mucho con el señor Presidente, con varios Ministros, entre los que se encuentran el señor Reinaldo Gargano y el señor Danilo Astori y ahora ustedes- pero también un sentido práctico. He traído conmigo una delegación que comprende al Banco de Desarrollo de Brasil, a la Financiadora de Proyectos, FINEP, que financia la preinversión o estudios y la parte de tecnología; al Secretario del Ministerio de Energía, al Secretario de Producción, al representante del Ministerio de Agropecuaria, la persona encargada de PANOLE, de otras energías renovables en el Ministerio de Industria, gente que trata de aranceles. Quise hacer algo distinto del trabajo rutinario, es decir, no sólo mirar la agenda –lo que también hicimos, porque es necesario- y ver lo que avanzó, sino también buscar cosas nuevas.
Todos los colegas que vinieron conmigo tuvieron contacto con empresarios ‑también vinieron empresarios de la construcción y de otras áreas- y con la contrapartida en el Gobierno, por ejemplo, con gente que tiene que ver con la parte de normas técnicas, lo que es muy importante para el comercio. Es decir, todo aquello que nos puede ayudar a generar un verdadero comercio de Uruguay en dirección a Brasil. Esta es la visión que he traído. Claro que en el proceso también habrá gente interesada en hacer inversiones como es el caso de Petrobras, gente de siderurgia y del área de la construcción.
¿Por qué digo esto? Para ser franco con ustedes, creo que el malestar es real, que hay razones reales, porque el MERCOSUR no ha cumplido su promesa para con los países menores, especialmente para con el Uruguay. El diagnóstico es correcto, pero en cuanto al remedio, pienso diferente a muchos que sostienen que hay que disminuir la integración. Creo que, al contrario, hay que aumentar la integración pasando a otra fase, la de políticas industriales activas, de manera que los países menores del MERCOSUR no sean un apéndice y que Brasil haga su política industrial y diga: “Ah, vamos a ver qué haremos con Uruguay” o “Vamos a ver qué haremos con Paraguay o, incluso, con Argentina”. No; los países del MERCOSUR, como parte de la definición de nuestra política industrial, deben encontrar nichos de mercado, buscando ventajas comparativas que puedan hacerse efectivas.
Tal como ustedes saben, en la vida nada es fácil, todos encuentran grandes resistencias, porque siempre hay alguien que produce exactamente lo que puede producir Uruguay y más competitivamente esto sucede en Brasil. Sin embargo, tenemos que luchar para superar esa impresión, porque la integración tiene, digamos, un valor más grande que la suma de los intereses de los Estados.
Esa es nuestra visión y la que el Presidente Lula me pidió que trasmitiera; quedo, pues, muy contento de tener la oportunidad de plantearlo aquí, a los Representantes del pueblo uruguayo, entre los cuales hay tantos amigos y conocidos míos.
Presidente: A continuación, tiene la palabra el Representante del Partido Nacional y ex Canciller, señor Senador Sergio Abreu.
Sergio Abreu: Gracias, señor Presidente. Sean bienvenidos los señores embajadores, nuestros amigos. En primer lugar, aclaro que no voy a hablar en portugués, en “espagués” ni en “portuñol”, sino que lo voy a hacer en español.
Señor Presidente y señor Ministro: estamos hablando en nombre de una colectividad política que es la principal fuerza de oposición en el país, pero que tiene como aproximación fundamental una visión de respaldo y coincidencia en lo que puede ser la definición de una política de Estado, que es lo que diferencia y da fuerza y potencia a la expresión política de un país, como el caso de Uruguay, con sus principios y sus compromisos conocidos nacional e internacionalmente. Esto no significa que no tengamos algunas diferencias o visiones puntuales distintas en algunos aspectos de la expresión o de la profundización de nuestra política exterior.
Es importante que hagamos estas puntualizaciones en nombre del Partido Nacional, sobre todo con la presencia en Sala del señor Senador Larrañaga, que fue nuestro candidato a la Presidencia de la República; obviamente, su misma presencia demuestra la representatividad que el Partido tiene en esta instancia parlamentaria.
Sin embargo, esta no es una instancia de negociación; eso correspondía a otras épocas y funciones. Tampoco es una etapa de discursos, pero sí de planteamientos puntuales que nos permitan transmitir, con serenidad y con firmeza, la visión que tiene nuestra colectividad política sobre la especial situación que vive, no sólo el MERCOSUR, sino también la región y a la que no podemos ser ajenos en nuestro planteo.
En primer lugar, quiero decir que lo que expresaba el señor Ministro es parte de nuestra experiencia, es decir, todos los vaivenes que tuvo el proceso del MERCOSUR. Pero hay uno muy importante, que es la lectura que hacemos los uruguayos de ese proceso, al que queremos reformular, reafirmar y respaldar, lo que se refleja en una frase que se ha dicho: “Más y mejor MERCOSUR”, aunque acerca de su contenido pueda haber algún matiz o alguna discrepancia sobre su impulso.
Nuestro gran problema, señor Ministro, como usted sabe, es que la tasa de inversión del Uruguay es casi de las más bajas de América Latina y nuestra gran apuesta, en un proceso de integración, es aumentar el comercio, pero el comercio sobre la inversión. Y la inversión en el ámbito regional, quizás ha tenido uno de los peores resultados en lo que son los indicadores de cada país. Nuestro comercio con el MERCOSUR está hoy en un nivel casi menor al que teníamos antes del inicio del proceso de integración, después de haber subido en forma importante y de haber caído como consecuencia de una modificación del tipo de cambio de la República Federativa del Brasil y de una crisis argentina que nos acompañó en otra suerte de dificultad de administración. Nosotros siempre decimos que de tanto que nos quieren nuestros hermanos grandes, cada vez que nos abrazan nos ponen al borde del paro respiratorio y eso lo tenemos como una parte, digamos, de nuestra experiencia.
En cuanto al tema de las inversiones, es muy importante para nosotros definir un campo de juego equilibrado. Hay incentivos de carácter individual o unilaterales por parte de Brasil e incluso de Argentina, que no han permitido ni siquiera el poder poner en juego nuestros mecanismos de solución de controversias, como en el caso de las provincias de San Juan, San Luis, Catamarca y La Rioja.
También ha habido algunos incentivos del propio Gobierno de Brasil respecto de sus Estados, que todavía no han permitido nivelar nuestras posibilidades de inversión y que, por lo tanto, han afectado en forma directa nuestras posibilidades.
El Uruguay necesita inversiones para que tenga un acceso al mercado indiscriminado y lo digo con responsabilidad de Partido, pero también con la franqueza con la que nos hemos manejado con la República Federativa del Brasil: en la principal crisis que tenemos en el MERCOSUR, con inversiones forestales muy importantes en el Uruguay –la principal inversión en nuestra historia- nosotros sentimos que no tuvimos la palabra comprometida de Brasil en defensa de los intereses de nuestro país.
Ese es un sentimiento que hemos expresado muchas veces y no seríamos leales si no lo planteáramos también en este momento, en forma clara y de la mejor manera posible, porque el tema del MERCOSUR es la visión compartida de una aventura en la que todos queremos crecer y no quedar en el camino por decisión o indiferencia de socios en temas tan delicados como este. Es muy importante dejar planteado este aspecto, porque ello forma parte de nuestra preocupación.
Por otra parte, también tenemos que evitar ingresar en la famosa categoría en la que, hace un tiempo, nos ubicó “Veja”, de “anão zangado”. Frente a esto quiero decir que nosotros no somos los “enanos enojados” que estamos reclamando una dádiva o un gesto paternalista de los Estados para ver si nos pueden ayudar a salir de un camino espinoso, sino que pertenecemos a un Estado que quiere tener la mima seguridad jurídica que tienen los demás, que quiere tener inversiones y, sobre todo, un acceso irrestricto a los mercados brasileño y argentino. Estas son las dificultades que, en cierto sentido, se nos han presentado en una primera aproximación al tema.
Nosotros, como integrantes del Partido Nacional, aspirábamos a que, dentro de lo que significan los tratamientos asimétricos a las inversiones, las exportaciones uruguayas tuvieran el mismo tratamiento que tienen las de la Zona Franca de Manaos a territorio brasileño; esto es, que no se nos cobre el IPI y el otro impuesto, a efectos de que, de alguna manera, podamos tener acceso irrestricto al mercado brasileño con inversiones que vengan, no sólo de Brasil, sino de terceros países.
Esta es una de las inquietudes que queríamos plantear, más allá de que –como bien lo ha dicho el señor Ministro- los temas técnicos están vinculados, entre otras cosas, al régimen de origen.
Además de lo expuesto, quiero destacar dos temas, uno de los cuales tiene que ver con la visión del MERCOSUR y su inserción externa. En este sentido, nuestra preocupación apunta a de qué manera interpretamos la Resolución Nº 32. Sobre el particular, debo señalar que nosotros discrepamos con una interpretación estricta de esta Resolución, en función de que ella fue incumplida en casi todos sus términos y solamente se nos quiere exigir cumplir el aspecto de la inserción y la flexibilidad en el relacionamiento con terceros países. Quiero aclarar que aquí no se trata de que estemos hablando a favor o en contra de los Estados Unidos, porque el Uruguay, en ese sentido, ha tenido una gran política de Estado en lo que significa su condena y su posición con relación al respeto del Derecho Internacional y a algunos aspectos que no están, justamente, en la sintonía de la expresión exterior de los Estados Unidos. De lo que sí se trata es de que, en este relacionamiento asimétrico, el Uruguay cuente con la posibilidad de concretar acuerdos con otros países, de tal forma que, en el ámbito del reforzamiento del MERCOSUR y en la flexibilidad que significa el concepto de asimetría, nos permitan tener acceso a otros mercados. Un claro ejemplo de ello lo constituyen –aun en forma unilateral o bilateral- las categorías de mercado que Brasil y Argentina otorgaron, en su momento, a la República Popular de China, sin consultar a los socios sobre tal decisión.
Entonces, es con este espíritu que nosotros tratamos de avanzar con sentido constructivo.
Por último, quiero plantear la preocupación que tiene el Partido Nacional en cuanto a las negociaciones en la Organización Mundial de Comercio. Nosotros no somos partidarios de establecer una cláusula de salvaguarda permanente –tal como está propuesta por el Grupo de los 33- sino de defender, en forma clara y firme, tanto los intereses del MERCOSUR en su conjunto, como los del Grupo de los 20 o de los 22, como está ahora. Es más; si esta propuesta de filtración que existe fuera efectiva a partir de la Ronda Uruguay del GATT, en el período de transición los márgenes que se están manejando habrían terminado con cláusulas de salvaguarda para todos los productos agrícolas del MERCOSUR.
Queremos señalar esto para ayudar al MERCOSUR y para que Brasil también nos entienda en esta discrepancia puntual que tiene el Uruguay -con la Argentina y Paraguay- con respecto a un planteo en el ámbito de la OMC. Ello forma parte también de esa voluntad común de defender nuestros intereses comerciales en forma conjunta.
Con este espíritu y este sentido, no sólo de amistad, sino también de fraternidad regional, queremos orientar al MERCOSUR con negociaciones, como en el caso de Venezuela, que no den señales equívocas sobre este tema, es decir, que sepamos que la incorporación de la República Bolivariana de Venezuela no es solamente un hecho político, sino un hecho comercial en el cual deberíamos haber negociado antes de firmar y no haber invertido el proceso natural. A Chile y a Bolivia los sometimos a una intensa negociación para aceptarlos como asociados del MERCOSUR. En definitiva, en este caso hay planteados varios aspectos, uno de los cuales dejamos presentado como el gran signo de interrogación. Nos preguntamos cuál es el liderazgo que vamos a ejercer en el ámbito continental, si es el liderazgo de la inserción externa del MERCOSUR con una visión clara y desarrollista para buscar una mejor posición de nuestros países o un liderazgo de confrontación ideológica o filosófica, que podrá ser muy legítimo pero que, quizás, esté comprometiendo el destino de la región y, sobre todo, del propio MERCOSUR, licuando sus intereses específicos.
El señor Presidente generalmente se preocupa, porque a veces podemos excedernos en las palabras, pero es parte de nuestra economía dialéctica a la que rendimos honor. Nada más. Muchas gracias.
Presidente El Presidente tiene mucho gusto en escucharlo; estamos en la casa del pueblo y, entonces, es lógico que haya distintas opiniones lo cual, además, me parece muy sano desde el punto de vista democrático. Deseo señalar que en el Uruguay hay cuatro Partidos políticos con representación parlamentaria: el Partido Nacional, el Partido Colorado, el Partido Independiente y el Encuentro Progresista - Frente Amplio – Nueva Mayoría. Tiene la palabra el señor Representante Posada, integrante del Partido Independiente.
Iván Posada: Saludamos la presencia del señor Canciller de la República Federativa del Brasil y de su delegación, en particular la del Embajador Eduardo Do Santos, amigo de todo el Uruguay. La inicial intervención del señor Senador Abreu alivia en forma importante mi exposición, ya que los aspectos que expuso son compartidos por el Partido Independiente.
Para el Uruguay, la clave de su desarrollo económico y social es la inserción internacional. Queda claro, pues, que la nuestra es una vocación de integración. El MERCOSUR es, en ese sentido, un instrumento que en ningún caso puede ser dejado de lado. Es parte de la historia de nuestros países y, por consiguiente, hay un compromiso histórico que de alguna manera debemos reafirmar. Sin embargo, para que ese MERCOSUR realmente sea creíble debe tener sus principales fundamentos en el comercio. Si éste no funciona, si en definitiva hay trabas a ese comercio y a las posibilidades de ingresar con productos uruguayos, en este caso a Brasil, pero también a Argentina, se estará poniendo en cuestión la capacidad de desarrollo de este bloque. Desde nuestro punto de vista –lo hemos dicho en otra oportunidad- el día que podamos ingresar a San Pablo con nuestra leche, con nuestro arroz, con nuestra carne y, en general, con los productos alimentarios que industrializa el Uruguay, tendremos una señal inequívoca de que el MERCOSUR funciona como es debido.
En esta última etapa, lamentablemente, hemos visto que el MERCOSUR ha ingresado en una tendencia hacia lo político; es un MERCOSUR mucho más político que económico. No olvidemos que la razón de ser de este MERCOSUR es, en primer término, de carácter económico, comercial. Si eso funciona bien, lo otro va a funcionar bien. Para generar trabajo y empleo, nuestros pueblos no se alimentan de la retórica de los discursos de integración, sino de una integración cierta. Y ésta depende, esencialmente, de la integración económica y comercial. En ese sentido, vemos con satisfacción algunas de las propuestas que usted ha realizado en nombre de la República Federativa del Brasil a nuestro país, las cuales consideramos auspiciosas. Creemos que la posibilidad de integrar cadenas productivas, fundamentalmente apuntando al desarrollo industrial, es un paso trascendente y esperamos que este cambio que se da en las actuales circunstancias pueda ser consolidado en el mediano plazo con medidas concretas que sean demostrativas de esta voluntad política que hoy se nos trasmite.
Presidente: Tiene la palabra el señor Senador Alfie, representante del Partido Colorado.
Isaac Alfie: Antes de comenzar quiero decir al señor Ministro –también al señor Embajador- que, como siempre, es bienvenido y espero que su visita le haya resultado tan grata como usualmente lo fue en el pasado. Señor Ministro: claramente los dos señores Senadores que me precedieron en el uso de la palabra abarcaron casi todos los temas. Usted conoce bien muchas de las cosas que nosotros pensamos en el marco de la cohesión que siempre quisimos para este bloque, así como en el marco de la defensa de los intereses comunes que también siempre quisimos para este bloque. Lamentablemente creemos que se ha venido retrocediendo en el último año y medio o, quizás en los últimos dos años, en lo que era el MERCOSUR original, que usted mismo firmó. Digo que se ha venido retrocediendo, porque esta era la plataforma de lanzamiento, era el fortalecimiento de todos para introducirnos en el mundo que veíamos se venía. El tema central, señor Ministro, claramente es el de las inversiones. Usted sabe que jamás hubo una norma del MERCOSUR en materia de inversiones y que Brasil fue de los países que más reparos puso a tener normas en ese sentido; y eso es lo que hoy precisamos. Como bien dijo el señor Senador Abreu, este país precisa de las inversiones, pero no puede competir si no tiene en este sentido una norma firme y estable en el MERCOSUR. Esto ocurre porque su tesorería no puede competir, ni dar los beneficios o subsidios que pueden brindar otros países más grandes. Esa norma, combinada con una norma irrestricta de acceso a los mercados, es la otra pata que está faltando. La famosa resolución 32/2000 del MERCOSUR por la cual, no se prohibía pero se asumía un compromiso de no negociar acuerdos comerciales –y aclaro, sólo comerciales- con otros países que no fueran en un formato “cuatro más uno”, estaba enmarcada en otra serie de medidas que relanzaban al bloque. En esa época, ya había pasado la devaluación de Brasil del año 1999, todavía había algunos problemas cambiarios pero, de alguna manera, el tipo de cambio se había ajustado y lo que se hacía era un relanzamiento del bloque. Dentro de todo esto, una de las principales medidas era, justamente, un compromiso de desmantelamiento de todas las trabas de acceso al mercado. Ese fue el centro de la cuestión. Sin embargo, ese compromiso no sólo no se cumplió, sino que se produjeron algunas cosas que no nos gustan a los uruguayos y creo que tampoco a los paraguayos, como son los acuerdos de complementación comercial firmados entre Argentina y Brasil a fines del año pasado o principios de éste. Además, estos acuerdos podían servir de salvaguardia si nos limitaban el comercio de terceros países sin limitar nuestro comercio.
Por otra parte, el señor Ministro sabe que Argentina y Brasil firmaron acuerdos bilaterales y mantienen estas normas de limitación entre ellos, mientras que en los demás países han caído todas estas normas de limitación.
Entonces, tenemos al MERCOSUR como plataforma de lanzamiento y, a su vez, al Uruguay con una plataforma de lanzamiento desde el MERCOSUR que necesita también de un marco jurídico estable de acceso a los mercados. En ese sentido, señor Ministro, creo que Brasil es quien va proveer o debe proveer ese marco de acceso estable por su carácter de líder natural del Grupo que nunca nadie le negó.
El otro tema que quiero plantear, también está vinculado a las inversiones y al acceso a los mercados, ya que seguimos “rengos” en esta materia. Si un particular tiene un problema derivado de alguna resolución adoptada por otro Estado, país o provincia, no existe ningún tribunal al que pueda recurrir para dilucidarlo. En tal sentido, pensamos que estas cosas deben resolverse a través de los gobiernos de los países involucrados. Anteriormente ya nos habíamos referido a este punto y, personalmente, pensé que iba a resolverse lo más rápido posible pero, de todos modos, ello no es bueno porque siempre se mezclan las cuestiones políticas y, cuando estos factores se introducen a procesos económicos o de flujo comercial de las personas, los resultados no son lo suficientemente eficientes que deberían ser. Además, ello tampoco es bueno para nosotros, como MERCOSUR, porque nos quita credibilidad. En lo que tiene que ver con las plantas de celulosa, adhiero plenamente a las palabras del señor Senador Abreu.
Con referencia al tema de Manaos –que, en parte, está relacionado al anterior- es cierto que Brasil logró en principio una excepción que, si no me equivoco, es hasta el año 2014, juntamente con Tierra del Fuego. Pero a esta altura, con nuestras dificultades de acción, esto se ha vuelto un problema. Basta ver la evolución: Manaos prácticamente no representaba nada en las importaciones de Brasil y ahora vemos que, el año pasado, todas las exportaciones del MERCOSUR a Brasil alcanzaron un monto de U$S 7.500:000.000, mientras que las exportaciones de Manaos a Brasil –si así se las puede llamar- llegaron a los U$S 16.140:000.000. Entonces, aquí tenemos un problema y yo creo, señor Ministro, que la solución está en manos de Brasil.
Esto es mucho más importante –y discúlpeme, porque quizás sea un atrevimiento- que algunos créditos que pueda otorgar el BNDS a empresarios de Brasil para hacer inversiones en nuestro país. A nosotros, por lo menos, nos parece que ese aspecto tiene más trascendencia.
Por último, también quiero expresarle la opinión del Partido Colorado respecto a la Ronda Mundial de Comercio –Ronda de Doha- y a los acuerdos. En el corto plazo, sería muy bueno alcanzar un acuerdo favorable -aunque no sea lo ideal- para empezar a desmantelar los subsidios a la producción y demás, para países como Uruguay, ya que es fundamental para nuestro desarrollo. Todos sabemos que, de todas maneras, allí no radica ni el crecimiento ni el desarrollo definitivo de los países, pero las etapas se cumplen en todos los procesos y nadie puede llegar al tercer piso, si no pasó por el primero. Muchas gracias.
Presidente: Tiene la palabra el señor representante Conde, Presidente de la Comisión Conjunta del MERCOSUR.
Roberto Conde: Tengo mucho gusto en reecontrarme con los señores embajadores y con el señor Canciller. Hace muy pocas semanas –aproximadamente un mes- tuvimos la oportunidad de estar con el señor Canciller en Brasilia, cuando la situación del MERCOSUR estaba en un momento difícil y recibió a los parlamentarios de los cuatro países. En esa ocasión pudimos conversar por unos minutos y le planteamos algunas cuestiones que nos preocupaban. Parte de dichas preocupaciones coinciden con lo que planteaba el señor Senador Abreu acerca del tema de las inversiones y del acceso al mercado, entre otros.
En el día de hoy el señor Canciller está visitando Uruguay, en gira por el MERCOSUR y, cuando nos saludamos, le he dicho que nos ha traído un buen mensaje, nos ha traído buenas noticias y que está trabajando en la dirección que necesitamos que se trabaje. Como muy bien lo acaba de explicar, en este nuevo perfil de trabajo que se quiere instalar, se están priorizando temas altamente sensibles para los países menos desarrollados que tienen que ver, justamente, con las claves del desarrollo: inversiones y mercado. Creo que en este tema podríamos extendernos largamente, pero quiero decir que el buen mensaje tiene que ver con el hecho de que Brasil sienta que tiene que involucrarse más en las cuestiones del desarrollo de Uruguay. Como bien lo ha dicho el señor Canciller en otras oportunidades, nosotros -desde una posición que en su país le llamó de izquierda nacional y que aquí, en Uruguay, tiene también su paralelismo- hemos elaborado una tesis histórica con la cual vinculamos el subdesarrollo de nuestros países con la fragmentación del continente y, en sentido contrario, otra que vincula el desarrollo de nuestros países con la unificación, con la integración del continente. Por lo tanto, para nosotros, integración y desarrollo son sinónimos, son procesos históricos que tienen que madurar, etapas frustradas en la evolución de nuestros países y, necesariamente, de esa integración devendrá el desarrollo de las naciones, sobre todo, de las más pequeñas. Naturalmente, si el proceso de integración no nos ayuda a desarrollarnos, sentiremos la frustración que el propio señor Canciller mencionó en su exposición. Reitero que, por estas razones, este mensaje es bueno, porque estamos trabajando en ese terreno.
En un minuto quisiera plantear un enfoque que, a mi juicio, es una síntesis de la fuerza política en nombre de la cual estoy haciendo uso de la palabra, que es la de Gobierno. Para nosotros no está primero lo comercial y lo económico y después lo político, sino que están en un mismo terreno, en un mismo nivel y en una misma dinámica lo económico, lo comercial, lo cultural y lo político institucional. Creemos que en esta etapa de maduración del MERCOSUR es posible avanzar en todas las dimensiones y campos y no tenemos por qué anteponer una cosa a la otra. Es lógico que si no hay desarrollo económico, comercial y financiero, no habrá base material para sustentar el proyecto comunitario, pero tampoco madurará solamente con logros económicos y comerciales si no avanza en los otros terrenos. En este sentido, hemos visto con mucho interés y beneplácito el énfasis que ha puesto el sistema político de Brasil en la pronta aprobación del Protocolo Constitutivo del Parlamento del MERCOSUR, que sabemos que la Cancillería ya ha remitido al Parlamento.
Presidente: Gracias, señor Diputado Conde. Como Presidente de la Comisión de Asuntos Internacionales de la Cámara de Senadores, considero que esta reunión es fecunda, provechosa y positiva. Lo primero que quiero decirle al señor Canciller –pensaba dejarlo para el final- es que el mes que viene el Embajador Eduardo Do Santos se retira del Uruguay, entonces, quiero aprovechar esta oportunidad para agradecer todo lo que el Embajador Do Santos hizo por las relaciones entre Uruguay y Brasil. (Apoyado)
Fue un excelente Embajador y, con respecto al relacionamiento que tuvimos, debo decir que nos dio mucha confianza. Cuando uno se encuentra con él, siente cercanía y eso es muy bueno para las relaciones entre los dos países. De manera que, desde este punto de vista, quería expresarle con claridad que ayudó enormemente a tener las mejores relaciones posibles entre Uruguay y Brasil.
Amorim: Muchas gracias. Presidente.- Por favor. En segundo lugar, el Canciller está oyendo acerca de las dificultades, pero creo que es bueno que sienta lo que el Uruguay está sintiendo en estos momentos con respecto al Mercosur. Y lo voy a decir yo, porque me siento un latinoamericanista. Uruguay está localizado donde está, no nos podemos mudar. Tenemos historia y cultura, y yo me siento un latinoamericano y mi fuerza política se siente muy integracionista y muy latinoamericana. Además, no olvidemos que estamos en un mundo de bloques. Hay una hegemonía militar, financiera, comunicacional, que la hace la política de los Estados Unidos, a veces el G.7, el G.8, el G.1 y eso lo sentimos. Hay un bloque económico en América del Norte liderado por Estados Unidos, hay otro en Europa liderado por Francia y Alemania, tenemos dos grandes potencias en el sudeste asiático, Japón y China y nosotros solos no podemos estar. Entonces, lo natural es que encontremos todas las rutas posibles de integración latinoamericana, que puede empezar por el Mercosur, que puede seguir avanzando por América del Sur y que puede seguir avanzando hacia América Latina, pero esto me parece como indispensable. Para ello, debemos tener cierto grado de cooperación política y, además, propuestas; en este sentido, creo que a veces no tenemos la posibilidad de brindar las mejores propuestas para accionar en este mundo internacional. Uno, es el plano comercial y digámoslo claramente: inmediatamente después de haber llegado al gobierno, nuestra fuerza política adhirió al Grupo de los Veinte. Nos parecía muy importante que el Grupo de los Veinte pudiese avanzar, sobre todo para enfrentar uno de los grandes problemas que tiene la región, fundamentalmente los países del Mercosur. Me refiero a los subsidios agrícolas de los Estados Unidos -en ese país votaron por ley 480.000:000.000- y de la Unión Europea.
En estos momentos, estamos buscando por todos los medios seguir enfrentando esta situación de los subsidios agrícolas. En el plano personal, le puedo decir, también, que el mercado más apetecible del mundo es el de los Estados Unidos, ya que es el de mayor tamaño y el de mayor ingreso; en el mundo occidental, es el que más crece y todos le queremos vender. Yo también. Si Brasil le quiere vender aviones, fantástico y si ahora le va a vender etanol, mejor. Nosotros también queremos vender, pero, en lo personal, siento que si en un Tratado de Libre Comercio -que abarca más del 90% de los rubros- no están incluidos los subsidios agrícolas, no estamos en condiciones de negociar. Por eso, la integración también se vuelve muy importante.
Sin embargo, ya no se trata sólo de cooperación comercial; mañana tendrá que ser, también, cooperación financiera. De pronto, habrá que ayudar a las negociaciones para ver las características de las condicionalidades de los organismos financieros internacionales, la característica de vulnerabilidad que nos dejan los movimientos de capitales de corto plazo, para lo cual no podemos conseguir forma alguna de reglamentación. También me parece sustantivo tener en cuenta estos temas. Más adelante, quizás, algunos problemas de endeudamiento eterno puedan requerir una salida de esta naturaleza, pero no en el momento actual.
Por otra parte, todos hicieron referencia al tema de las inversiones. Personalmente, siempre dije que para que venga inversión extranjera directa al Uruguay -que también precisamos- debemos dar algún estímulo distinto al de Argentina y al de Brasil; de lo contrario, van a apuntar a los países de mayor tamaño, lo que es natural. Alguna fórmula se requiere, por lo que es imprescindible que Uruguay y Paraguay encuentren un mecanismo propio y específico, que no sea aplicable en los otros casos. La verdad es que el MERCOSUR está con problemas y, en lo personal, creo que hubo una época de oro. Desde l994 a l998 las políticas cambiarias de Argentina, Uruguay y Brasil atendían fundamentalmente a la inflación, lo que les hizo perder competitividad con respecto al resto del mundo. Se multiplicaron los intercambios comerciales entre Argentina, Brasil y Uruguay dentro del MERCOSUR e, incluso, llegamos a tener un 53% de exportaciones a los países del MERCOSUR. Todos sabíamos que cuando Brasil perdió las reservas en el segundo semestre de l998, era inevitable que se produjera una modificación cambiaria, lo que ocurrió en enero de l999. En los hechos, desnudó los atrasos cambiarios que tenían Argentina en el uno por uno y Uruguay. En realidad, creo que los problemas del MERCOSUR vienen desde enero de l999, no son de ahora y es natural y propio que así sea. Alguna vez hemos discutido que hay que coordinar políticas macroeconómicas -no tengo ninguna duda de que hay que hacerlo- pero cuando empezamos el MERCOSUR no le podíamos pedir a Brasil que viniera a coordinar con nosotros su política cambiaria cuando exportaba el 5% al resto del MERCOSUR. No puede tener una política cambiaria para el 5% dejando de lado al restante 95%. Este es el mundo de lo real y es natural que ocurran estos fenómenos en estos momentos.
Ahora bien; hay asimetrías pero, ¿cómo se modifican? Creo que un punto clave es mirar las estructuras productivas. Yo, país chico, también quiero vender industria y no sólo arroz, cebada, carne y lácteos. Cuando Brasil me solicita un arancel externo común más alto para bienes de capital, informática o para el sector automotriz que tiene sus reglas especiales y por acá me dicen “nosotros, lo que queremos es arancel externo más bajo, porque no producimos bienes de capital”, diría que, en el afán integracionista, le acepto a Brasil que me pida un arancel externo más alto en bienes de capital para que se pueda defender, pero le pido que me deje participar en el proceso. Me especializo en un rubro, integro una cadena de producción y también participo en bienes de capital y si usted se junta sólo con Argentina para ver la preocupación de los argentinos que se desindustrializaron por problemas de política internos, como a mí también me pasó lo mismo, les pido que no me dejen afuera. También quiero estar adentro, señor Canciller, de una etapa de esta naturaleza.
Entonces, mi expectativa y esperanza es ver cuánto podemos avanzar en esas políticas industriales de las que usted habló, para ver cómo nos encadenamos y podemos integrar productivamente al proceso mercosuriano.
Amorim: No quiero tomar demasiado tiempo, pero son varios los puntos importantes y algunos, sin duda, merecen mucha reflexión. No puedo decir que tenga respuestas para todos y creo que muchos tendrán que seguir siendo, con los años, objeto de reflexión.
Varios señores Legisladores se refirieron a la armonización de los estímulos y lo cierto es que los hay de diferente tipo. Francamente, estoy de acuerdo, al igual que mucha gente en Brasil y no sólo por una visión política a largo plazo, sino por interés propio; tampoco es fácil, por ejemplo, para el Tesoro de Sergipe –Estado del Nordeste del Brasil- competir con el de San Pablo o el de Paraná. Estoy dando un ejemplo abstracto, pero así es. Se trata de una cuestión extremadamente difícil en un Estado Federal y no estoy diciendo que no lleguemos, pero va a tomar a tomar mucho tiempo, incluso, internamente.
Sinceramente opino que, de la misma manera en que caminamos buscando una solución al endeudamiento de los Estados, va a llegar un momento en que ese tipo de cuestiones va a tener que plantearse por la sanidad de la economía como conjunto. Pero, ¿qué hacemos? ¿Mientras no lleguemos hasta allí no hacemos nada? Quizás mi amigo Alfie –permítame llamarle así, porque somos amigos- tiene razón –no sé, no hice todos los cálculos y desconozco cómo sería sector por sector- lo admito; puede tener razón y un cambio radical en relación a Manaos podría ser más importante que algunos créditos del BNDS. Digo francamente que no tengo el poder de cambiar eso en el corto plazo; no sé si tengo poder para cambiar todo en el BNDS, pero aquí sí puedo hacer algo. Quizás no será lo ideal, pero puede ser algo útil que permitirá, digamos, tener un poco más de acción. No quiero decir esto como una disculpa, porque la misma cosa sentimos nosotros cuando lidiamos con una economía grande como Estados Unidos, pero lo cierto es que hay una cierta dosis de introspección en estas grandes economías. Y cuando uno hace algo en Manaos no está pensando que eso va a afectar a nadie. Lo mismo sucede cuando alguien hace algo en Wisconsin: no cree que está afectando a alguien, pero lo afecta. Esa es la verdad. No estoy justificando, pero sí buscando la manera de encontrar soluciones que no son meramente paliativas, sino soluciones reales. Cuando el BNDS viene aquí no es para dar una limosna, ni para decir que está dando unas migajas a Uruguay. Incluso si quisiera hacerlo, no puede, porque ese no es su mandato; viene aquí en el contexto de empresa brasileña por algo de su interés, pero que al mismo tiempo puede ayudar al desarrollo de sectores productivos en Uruguay. Este es uno de los aspectos, pero no quiere decir que yo no siga pensando en cuestiones más profundas de más largo plazo, como la que tiene que ver con la armonización.
Estoy hablando de varias cosas, porque lo cierto es que se mencionaron muchos temas. En cuanto a la cuestión de la flexibilidad y la inserción internacional –mi amigo Sergio Abreu también la mencionó- y cómo las veo, debo decir que no se trata tanto de saber –sé que los uruguayos tienen un espíritu muy jurídico, lo que es muy bueno y saludable; necesitamos más de eso no solamente en América, sino en el mundo y estoy totalmente de acuerdo- no solamente porque está en la decisión Nº 32, sino por la concepción de lo que debe ser un mercado común. Yo no estoy de acuerdo con que el MERCOSUR hubiera sido solamente un acuerdo comercial; si fuera así habríamos hecho solamente una zona de libre comercio. Cuando pensamos en crear un Arancel Externo Común también tuvimos en cuenta otros atributos, aunque estén imperfectos; y si se trata de un mercado común es porque queríamos tener una personalidad frente al mundo y negociar con él. No quiero decir que Uruguay es pequeño, no; a Brasil también le sucede lo mismo.
Creo que el hecho de que exista el MERCOSUR valoriza a Brasil hacia Europa, hacia India, hacia China o hacia Estados Unidos, porque nos da la capacidad de organizar nuestro espacio económico, lo que tiene, naturalmente, consecuencias políticas y es algo muy importante. Entonces no se trata solamente de la ventaja económica inmediata; si fuera así, probablemente tendrían razón los que decían que una zona de libre comercio era lo que debíamos hacer. Puedo dar un ejemplo actual: Argentina –mañana puede suceder lo contrario y no estoy haciendo ninguna crítica- tiene hoy una preocupación defensiva con su industria –como se mencionó- más grande que Brasil. Mucha gente en Brasil se pregunta por qué vamos a insistir en esa negociación conjunta con la Unión Europea ya que si mi país estuviera negociando solo, aunque no seamos el ejemplo de liberalismo, quizá ya hubiéramos cerrado la negociación. Sin embargo, creo que la ventaja que obtendríamos en el corto plazo no compensaría el debilitamiento en el largo plazo. Estoy plenamente de acuerdo con lo que se ha dicho: vivimos en un mundo de bloques y, en él, incluso Brasil es pequeño. Por lo tanto, tenemos que agruparnos más para negociar más. Ya veremos, la historia lo dirá. Es así que los aspectos de la flexibilidad y de la capacidad de negociar separadamente se plantean de esa manera; en el corto plazo muchas veces es mejor negociar. ¿Por qué me voy a molestar ahora con el problema específico que tiene, por ejemplo, Paraguay o Argentina –para no hablar de Uruguay, porque estamos aquí- cuando, en realidad, yo podría negociar utilizando el mercado de Brasil, que es muy atrayente, porque es más grande? Estamos pensando a largo plazo, que es cuando tendremos el bloque. Me refiero a Venezuela desde el punto de vista político y económico. Estoy de acuerdo en que no se puede separar lo político de lo económico; no es una integración puramente comercial, pero tampoco puede ser puramente política. Muchas veces tuve la ocasión de decirle al Presidente Chávez y a Alí Rodríguez que entrar al MERCOSUR no es una cuestión de hacer una declaración retórica y pensar que al día siguiente va a ser parte de él: hay que negociar y pasar por todo lo que se pasó. Es injusto decir que Venezuela no pasó; quizás pensaba que no iba a pasar, pero para negociar el acuerdo de asociación pasó por el mismo proceso que Colombia, Ecuador y Perú. Entonces, la parte de liberalización del comercio no estaba lista, pero gran parte ya estaba hecha con el acuerdo que teníamos; por supuesto que fue con limitaciones, pero las tenemos incluso entre nosotros. Por lo tanto, lo que hacía falta era saber cuál era el pago extra para ser un socio pleno del MERCOSUR. Hay dos posibilidades: el Arancel Externo Común –cosa que no era fácil para ellos por la relación que tenían con los otros andinos- y una aceleración del proceso de liberalización. En relación al Arancel Externo Común, después de mucha lucha logramos que aceptaran hacerlo en cuatro años. Es verdad que las cosas hoy no se hacen con el voluntarismo que se hacían 15 años atrás. El hecho es que Venezuela aceptó y va a tener un Arancel Externo Común y renunció a cualquier otra negociación separada junto con la comunidad andina para unirse a nosotros, lo que tiene una significación económica. La aceleración de los programas también va a llegar antes de lo que estaba planeado; va a ser en el año 2014.
¿Qué hizo Brasil? Se puede decir que son paternalismos, que nosotros no necesitamos eso. No sé, pero no lo hizo por paternalismo, sino por creer que es necesario corregir los desequilibrios que existen, esto es, las asimetrías.
Más de una vez hablé con el Presidente Chávez e incluso hablé de que un Ministro de Integración -que yo no conocía- quería crear dificultades y esta persona estaba ahí y quedó muy molesta conmigo, aunque después fuimos amigos. Como decía, le he dicho al Presidente Chávez que en términos de aceleración, de desgravación, Brasil no quiere nada. Lo que quiere es una aceleración para todos, para lograr consistencia, que se tome en cuenta la oferta exportable de los países más chicos como Uruguay y Paraguay y que haya una liberación inmediata para esos productos. Entonces, ahí llevamos adelante la idea de asimetría.
Ustedes pueden estar seguros de que cada vez que hago eso tengo problemas en Brasil. Los productores brasileños de pollo, azúcar, etcétera, me dicen “¿Por qué dijeron eso?”. Las cosas no son tan sencillas, pero hacemos lo que podemos.
Quiero mencionar dos o tres asuntos que me parecen importantes en relación a la OMC. Cuando el señor Senador Abreu habló de la salvaguarda no sé si se refirió a todos los países o a los que están en desarrollo. Sin entrar en los detalles técnicos, porque incluso tengo que estudiarlo antes de la semana que viene, quiero decir que el beneficio principal que podemos tener con la ronda es la eliminación de los subsidios o la reducción sustancial. Ustedes, que acompañaron este asunto desde el inicio, saben que si hubiera habido un acuerdo en Cancún no habría eliminación de los subsidios de exportación. No era lo que estaba en el “script”; incluso al final de la negociación de Cancún –y estuve allí hasta altas horas de la noche- había una lista de productos y algunos se traerían de afuera. Entonces, salir de eso y tener hoy una fecha precisa para la eliminación de los subsidios de exportaciones que es en el 2013 y una parte sustancial que va a ser eliminada en el 2010, no fue poco. Lo digo con toda sinceridad: fue la unidad la que logró bajar los subsidios internos de la manera en que lo hicimos, incluso en relación al acuerdo marco a que llegamos en Ginebra, cuando se había admitido que para la caja azul nueva habría 5% del PBI, que ahora se concretó en 2,5%, lo que constituye una gran victoria.
Por supuesto que es menos de lo que queremos, pero repito que igualmente es una gran victoria. Esta no será la última Ronda, pero sí será una Ronda en donde por primera vez hubo un inicio de desmantelamiento de la economía basada en los subsidios y esta es una gran cosa que se debe, fundamentalmente, al G-20. Francamente, somos parte del Grupo de Cairns y actuamos junto con Estados Unidos para que se abrieran, pero nunca logramos nada porque, al final, entre ellos hacían los cómputos de cuántos Senadores –y disculpen que diga esto- tenían y cuál era el acuerdo posible; eso mismo habría sucedido en Cancún. No sé si vamos a lograr un acuerdo -y el señor Senador Abreu, a quien le ha tocado presidir la Ronda Uruguay en algún momento, sabe que eso es muy difícil- pero el peor acuerdo que exista hoy va a ser mejor que el mejor acuerdo que pudiera haber habido en Cancún. Eso lo puedo decir con total seguridad y eso se debe al G-20, porque logramos juntar países como India, Indonesia, Filipinas y Egipto, con países como Uruguay, Brasil, Argentina y Paraguay, porque el interés de Brasil es idéntico al de Uruguay; no hay diferencia alguna.
Claro que algunas veces tenemos que moderar, porque estamos en la coordinación; eso es algo distinto, pero alguna cosa nos costó. ¿Qué fue? Nos costó ser un poco menos agresivos en el acceso al mercado en relación a otros países en desarrollo, para obtener lo que obtuvimos. Esa es la cuestión. No ganamos todo; es muy bueno defender todo: yo quiero todo, la luna y el sol, pero el problema es que no está planteado de esa manera. Lo que estaba planteado antes, lo que podría haber ocurrido si no hubiera G-20, era un acuerdo que nos habría dejado muy mal, sin ningún avance y tendríamos que esperar 20 ó 30 años para lograr lo que vamos a obtener ahora.
Esta es la observación que quería hacer específicamente sobre la cuestión de la OMC.
Voy a señalar un punto –y puede que esté equivocado- porque me parece que es importante estar siempre discutiendo, aprendiendo y reflexionando y por eso voy a pensar muchas de las cosas que ustedes me plantearon y que no pude responder. No se trata de decir: “ Bueno, respondí y ahora me voy”. No; voy a pensar.
Sé que hay muchas quejas en Uruguay –y lo comprendo desde un punto de vista psicológico- por ejemplo, sobre la cuestión bilateral Brasil – Argentina; inclusive, el Presidente mencionó la congelación del MAC, o sea, Mecanismo de Adaptación Competitiva. Pero quiero decir –y puede ser fruto de mi ignorancia; también lo hablé con el señor Ministro Astori- que cuando en Brasil asumí la responsabilidad de establecer este mecanismo, los brasileños en general no lo querían, porque pretendían penetrar más y más en el mercado argentino, hasta que el superávit fuera tan grande que tuviéramos una crisis total. Sin embargo, pensé que era distinto, que era necesario ese mecanismo y que era mejor tener un acuerdo de autolimitación, que tener una fuente permanente de crisis. No sé lo que va a pasar, pero el comercio sigue creciendo y nuestro superávit con Argentina también. Sinceramente –y aquí están mis limitaciones, al no ser economista- no percibo cuál es el efecto perjudicial que el acuerdo puede haber tenido para las otras economías. No lo percibo, porque no hay ninguna ventaja, sino apenas una autolimitación.
Abreu: Estamos hablando de conductas políticas. Amorim: Bueno, esa es otra cuestión. Es como si mañana, por determinado producto, surge un problema fitosanitario entre Brasil y Uruguay y nosotros lo tenemos que resolver; claro, tengo que aplicar la misma regla. Si quieren un MAC para ustedes, bueno, meditémoslo, pero yo creo que no lo quieren y esa es la cuestión.
Pienso que no hay nada ahí que pueda perjudicar las exportaciones de Uruguay. Si estoy equivocado, a lo mejor me convencen y lo cambio; lo que no pueda cambiar lo resolverá algún mecanismo de solución de controversias. Quiero decir que lo primero que hice en Brasil, cuando fui Canciller, fue aplicar lo relativo a los neumáticos. Esto lo hice contra todos los ecologistas que, incluso, dominaban el PT -el Partido de mi gobierno- porque era un fallo del MERCOSUR y tenía que ser así. Puede ser que esté equivocado… (Intervención del señor Senador Alfie que no se escucha) Es solamente entre los dos y se trata de una autolimitación de nuestra exportación. No estoy diciendo que este sea el mejor remedio –quizás sería mejor no tenerlo- pero de todas maneras, no veo cómo esto puede afectarlos económicamente. Si me lo detallaran en un papel y me lo hicieran llegar, lo analizaría con mucho gusto.
En resumen, lo que quiero decir es que pongo a vuestra disposición mucho más que el poco de filosofía que he traído; de todas maneras, nuestra postura es esa. Quizás no tenemos una solución para los problemas estructurales más profundos -algunos de los cuales han sido mencionados aquí por ustedes- pero sí puedo decir que estamos buscando respuestas para una nueva fase del MERCOSUR que tiene que ver, digamos, con políticas industriales, con el descubrimiento de nichos industriales, con cadenas productivas, etcétera. Bueno, me podrían decir que termine con la zona franca y que no necesitan nada más. Pero como no puedo terminar con la zona franca ahora, estoy buscando otros mecanismos que para Uruguay puedan tener un impacto positivo en la producción.
Esta es nuestra visión. Muchas veces hablé acerca de que es necesario que los países grandes –estoy hablando de Brasil- hagan su autocrítica y obren positivamente; vamos a seguir trabajando en ese sentido y vamos a hacer lo que podamos ahora. No sé si voy a estar en el gobierno, pero si en dos años continuamos en él, quizás otros sean los problemas. Todo lo que me fue pedido en la reunión que tuvimos aquí en Uruguay en el año 2003, fue hecho y, además, hicimos presión en otro socio comercial para que él también lo hiciera. Lo digo con toda franqueza: así fue, pero no resultó, no fue suficiente, porque otros factores siguieron operando.
Jorge Larrañaga: ¿Y con respecto a las plantas de celulosa? Amorim: Esa es otra cosa, es otra cuestión muy complicada. Con respecto a esto, quiero decir lo siguiente. Creo que no tenemos que entrar en si la cuestión es bilateral, unilateral o multilateral. (Se suspende momentáneamente la toma de la versión taquigráfica)
Presidente: Señor Ministro de Relaciones Exteriores: la Comisión de Asuntos Internacionales le agradece enormemente su presencia en este ámbito. Esperamos que esta haya sido una reunión provechosa y fecunda, pues creo que la franqueza entre nosotros nos ayuda y es parte de lo que usted dio en llamar “el fortalecimiento de la democracia”. Acá está, sin ninguna duda, la democracia. Por último, quiero trasmitir al señor Canciller mi deseo de que la final de la Copa del Mundo sea entre Argentina y Brasil. Muchas gracias. Se levanta la sesión. LA ONDA® DIGITAL |
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