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El Mercosur soñado
Sin embargo, hay que preguntarse si ese Mercosur soñado, idolatrado es, en definitiva, real o si el que realmente llega a la gente, es el que pone sobre la mesa las continuas dificultades para exportar que tienen algunas empresas o el Mercosur que no logra sortear los mecanismos burocráticos que permitan avanzar porque, en la práctica, aún no se asumió que ya no somos uno sino un conjunto, cuyos objetivos son comunes.
Un acuerdo de integración es, en realidad, una gran mesa de negociación donde cada uno de sus integrantes debe ceder algo, para lograr otro tanto. Y para decir las cosas como son, a los grandes países les cuesta ceder terreno en muchos temas.
Entonces, se trata de corregir los errores, ampliando la familia. Es como la pareja que está a punto de separarse. Antes, deciden hacer un intento más y creen que la solución pasa por tener un hijo. Es probable que salga bien, pero existe un altísimo porcentaje de probabilidades que todo termine en un desastre.
Uruguay, en este marco, trató de acomodar el cuerpo como mejor pudo. En la ronda de negociación técnica, que es donde realmente se ve el funcionamiento del bloque, donde cada país pelea los acuerdos, las ventajas que puede sacar y lo que tiene para ceder, hicimos lo mejor que pudimos y que nos dejaron hacer.
La incorporación de Venezuela, para Uruguay, puede convertirse en un hecho positivo. Algunos de los productos que exportamos, entrarán a ese mercado con mayores facilidades de lo que lo venían haciendo hasta ahora hacia el resto de los países del bloque. Se resalta especialmente, el acuerdo para un laboratorio uruguayo que podrá exportar en el entorno de los cien mil dólares anuales lo que asegura la fuente de trabajo para sesenta personas. Si hacemos una encuesta allí, dirán que el Mercosur es maravilloso y lo mejor que les ha pasado.
Sin embargo, si la encuesta la hacemos entre los empleados de la empresa que intenta exportar bicicletas a la Argentina o la que intenta colocar loza de baño, también en el vecino país, nos dirán que el Mercosur no existe y es un gran cuento porque, en forma permanente se le han puesto trabas para impedir el ingreso de sus productos. Entre ambas, hay más de cuatrocientos puestos de trabajo en juego.
Si nos atenemos a los grandes temas que fue a plantear Uruguay en esta Cumbre, lo del principio, la imagen del vaso. El Gobierno es optimista en cuanto al diálogo con Argentina, también a que nos autoricen a lograr acuerdos comerciales especiales, fuera del bloque.
Pese a ello, la realidad parece ser más fuerte. El presidente Tabaré Vázquez, pudo introducir el tema de las plantas de celulosa en la reunión final, ante el notorio disgusto de su par argentino. Esta vez ganamos en la cancha, pero en el documento final, primó la posición argentina y no se hizo referencia al asunto.
En los pasillos de la sala de prensa de la Cumbre, donde nunca se acercó ninguno de los integrantes de la delegación uruguaya pero sí lo hicieron los brasileños y argentinos, era curioso escuchar a los representantes argentinos gritar a voz en cuello, ante la pregunta de si había negociaciones por las papeleras: ¡ Papeleras, no, no se habló de las papeleras!. Eso, ante cientos de colegas.
En cuanto a la posibilidad de obtener autorización para lograr acuerdos extra Mercosur , sorteando los actuales mecanismos que impone el bloque, un representante de Brasil dijo que en realidad el Ministro Danilo Astori no pidió, sino que sugirió la posibilidad de que eso fuera posible y por lo tanto se iba a estudiar.
Como vemos, todos se fueron conformes de esta Cumbre. El tiempo dirá si realmente lo que vimos no fue un espejismo y atrás está la cruda realidad. LA ONDA® DIGITAL |
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