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¿Hay libertad de expresión?
Así se expresa, por ejemplo, en la nota-reportaje que le realizara la revista Caras y Caretas, en su número 256, del pasado 21 de julio de 2006.
Valenti, comunicador por excelencia, periodista de dilatada trayectoria, nacional e internacional, de notoria vinculación con el gobierno, bien como publicista y empresario, dejó abierto el camino para una necesaria como imprescindible discusión, con miras a buscar concreciones, en torno a la imperiosa democratización de los medios de comunicación. Del acceso a los mismos.
Así por ejemplo, y en tal nota, Valenti se plantea las siguientes cuestiones: “¿Existe una estrategia progresista? ¿Para quiénes estamos hablando? ¿Dónde comienza la comunicación y termina la política? ¿Desde dónde enfocamos este tema: desde el gobierno o desde la fuerza política?¿Cuánto tiene que ver una estrategia de comunicación progresista con la democracia, con la construcción de ciudadanía, con la gestión democrática del poder? ¿Cuáles son los grandes instrumentos para una estrategia de comunicación? ¿Son legales, son administrativos, son políticos, son culturales, son técnicos? ¿Cuáles son las prioridades? ¿A qué nos enfrentamos, a qué fuerzas, y con qué gama de alianzas e intereses se puede contar en una estrategia de este tipo? ¿Por qué hoy?
Bien, además de recomendarles, como es de orden hacer, y así lo hacemos, respecto de la necesaria lectura completa de la nota en cuestión, así también, digo, es bueno aclarar, por mi parte, y desde el principio que en tanto valoro el arrojo y la amplitud con que Valenti ha encarado este tema, o los temas comprendidos en el asunto, de por sí con un alcance tan vasto como vital para todos la ciudadanía, esta nota llevará por fin el recoger el guante lanzado por este comunicador y, en ese sentido, estará desprovista de cualquier intento de ironía o búsqueda de conflicto con quien ha tenido la osadía de mencionar algo hasta ahora motivo del más absoluto y escandaloso de los silencios: el totalitarismo mediático que vive el Uruguay desde larga data.
Si bien el periodista no lo expresa así, sino que tal caracterización del asunto corre bajo mi entera responsabilidad, de eso es de lo que se trata.
Convengamos, pues, que esta voz, antes que grito, dada a resonar en nuestro medio tendrá, en lo que a mí respecta, la caja de resonancia que, junto con otros aportes, hagan posible tanto la discusión franca del asunto, cuanto la aparición de medidas que, efectivamente, coadyuven al fin propuesto por Valenti y respaldado por todo comunicador: la democratización de la expresión ciudadana.
Al referirse a los dos retrasos democráticos importantes que, a su criterio, tiene o tenía el Uruguay –uno de los cuales, y destaca, es con la verdad y la justicia sobre la violación a los derechos humanos durante la dictadura y que, según entiende, se ha avanzado y se continúa avanzando, el periodista destaca el restante, con estas palabras: “(...) El otro retraso importante tiene que ver con un sistema de medios de comunicación, concentrado y oligopólico y cuya concentración creció en democracia. Y eso todavía no ha sido siquiera rozado.”
Y añade: “Una tarea revolucionaria en materia de comunicación en Uruguay es ser auténticamente liberales, que haya competencia, que haya disputa cultural, intelectual, informativa, de producción y comercial. Lo otro es antidemocrático, es parte del Uruguay parasitario. Discutir estos temas en la prensa, fuera de los pasillos oscuros y llenos de mufa del poder, ya es un avance, hay que seguir por esa ruta”, refiere el comunicador.
Casi al promediar la entrevista, Valenti declara algo, a mi criterio, fundamental: “El gran cambio revolucionario es que el protagonista sea el ciudadano”, prosiguiendo el reportaje con expresiones que, vuelvo a decirlo, deben ser conocidas por todos, por ser de especial interés, sea por la experiencia del entrevistado, sea, por qué no, por su ubicación en la esfera misma de la determinación de las acciones de este Gobierno.
Valenti finaliza la nota reafirmando un concepto antes expresado y aquí citado pero que conviene desarrollar desde sus propias palabras: “La izquierda no debe construir un sistema alternativo a éste; con mensajes diversos pero con los mismos códigos, la gran tarea renovadora de la izquierda es democratizar en serio la comunicación.”
En el curso de tal nota, el entrevistado se refirió a un artículo por él publicado en la Revista Bitácora, intitulado “Perdiendo la batalla cultural”[i], del que me permitiré extraer algunos conceptos.
Dice Valenti, casi al comenzar tal nota: “Recientemente
el Presidente
Que es lo que primariamente motiva, creo yo, la nota respectiva, una vez dada tanto la salida del Presidente respecto a medios opositores, bien como la respuesta de estos mismos medios, lo que llevó, no sólo a la reflexión de Valenti sino antes bien a la puesta en consideración del real alcance de la prensa en nuestro país y asimismo del derecho o no del Poder Ejecutivo en catalogar, o juzgar para algunos, la labor de algunos de estos medios.
El articulista, prosigue de la siguiente manera: “Es muy simple, casi pueril, porque temen los métodos del pasado, porque están acostumbrados y ''educados'' a que cuando el Olimpo truena caen rayos en forma de discriminación publicitaria, en buen romance una distribución todavía más arbitraria y clientelística de la publicidad oficial o lo que sería mucho peor menos favores y privilegios en el manejo de las ondas concedidas según ellos de por vida a unos pocos privilegiados. En otros casos temen represalias crediticias, luego de décadas de mantener un ojo cerrado y el otro también ante los prestamos bancarios rigurosamente oficiales a ciertos medios de prensa y encarpetados entre las carteras pesadas.”
Y continúa: “Los rayos y centellas olímpicas no se anuncian públicamente, no se desata una polémica de cara a la opinión pública, se ejecutan con nocturnidad y descampado. Y es eso lo que extrañan algunos personajes que engolan la voz para hablar de la libertad de prensa, luego de haber construido con sus gobiernos una concentración de medios de prensa con pocos antecedentes en un país democrático y haber usado sistemáticamente la presión oculta.
Seguidamente, da en el centro de la cuestión con
las siguientes expresiones: “¿Dónde
se promueve en Uruguay un debate serio sobre el país posible
pero sobre todo necesario de la próxima década? No me refiero
sólo al proyecto
A lo que agrega: “Estamos discutiendo lo inmediato, lo episódico pero por debajo de las narices nos pasa la historia. Estamos perdiendo seriamente la batalla cultural. Y la derecha ni siquiera debe incomodarse, le alcanza con esperar y dejar que la realidad, los prejuicios, los miedos acumulados, la costumbre y la idea de una fatalidad pesimista y sin futuro nos gane a todos. Y sobre esa base reconquistar el poder y restaurar su dominio.”
Pues bien, veamos de nuestra parte qué podemos decir para propiciar, como dijera al inicio de esta nota, un debate tan enriquecedor como efectivo en concreciones que hagan, ciertamente, a la mayor y mejor democratización de los medios de comunicación que es decir al real y efectivo acceso de la ciudadanía a los mismos, a espacios en los mismos, bien como, obviamente, a la queda, finalmente, del totalitarismo mediático que impera, lo reitero y enfatizo, en este país desde hace larga data.
En todo caso, Valenti, carezco de la exacta información para convalidar o no que los medios de comunicación, me refiero a los principales, deban temer o no acciones de represalia por parte del Gobierno para con sus préstamos con entidades estatales y nacionales.
No sé, confieso desconocerlo, si éstos préstamos a que usted se refiere, hablo de los históricos, se han cancelado o quizá hayan merecido que este Gobierno, accediera a renovarlos. Lo desconozco, con total honestidad debo decirlo.
Desconozco, reitero, si los mismos fueron o bien cancelados en su totalidad, o bien amortizados o lo que sería igualmente sano, apoyados por más y mejores garantías reales así como también por estudios crediticios, técnico-jurídicos me refiero, que avalaran o no el otorgamiento –porque en realidad la renovación vale como una primera autorización, toda vez que se reestudia el caso, o debiera hacerse, claro está, en circunstancias normales para el funcionamiento, sano y trasparente, de toda institución crediticia que se precie de tal que descuento es el procedimiento de las autoridades nacionales en la materia.
No lo sé, lo confieso. Carezco de esta información. Información que obviamente el Gobierno tiene consigo y sin duda las autoridades del BROU, por citar un ejemplo, aunque se me ocurren otras instituciones de crédito.
En todo caso, celebraría que toda institución crediticia, y sin duda toda aquella bajo la órbita, directa o indirecta, del Gobierno Nacional, haya sido, y siga siéndolo, permítame agregar, fiel custodia de los dineros públicos y, en caso de reprogramar deudas, estas acciones hayan ameritado la mejor y más trasparente de las acciones en tal sentido que conlleven no sólo el nivel técnico apropiado sino también el interés mayor de la institución crediticia y, sin duda, y ya desde el Gobierno, la justeza en una política crediticia, hablo desde lo macro, que atienda por igual a grandes y pequeños, sin mengua alguna de tamaño o especie, de color o cualesquiera otro cálculo que esté por debajo del interés común del soberano bien como de la probidad en el ejercicio de la acción pública.
Doy por sentado, pues, que si se operó se hizo con justeza. Pero confieso no saberlo, lo que me inhibe de ser tan vehemente como usted al referirse a la triste historia pasada pues, reitero que en el plano de las hipótesis, a este ciudadano aun no le llegó la información si las mega deudas de algunas empresas en el área de la comunicación, fueron canceladas o si están, o continúan estando, entiéndase bien, bajo estrictas normas técnicas en materia de concesión crediticia e interés público. Ojalá así sea.
Pero, y pese al desconocimiento y saliendo de casos puntuales, ya que usted ha tocado tema tan sensible, convengamos una vez más, estimado colega que siempre es prudente reiterar que en estas cuestiones se proceda desde la obviedad. Lo que en buen romance implicaría estos pobres aunque atinados pasos en el otorgamiento primero o en su caso la renovación de créditos, a saber:
Ojalá en tal, o tales, acto (s) haya (n) existido el (los) consabido (s) estudios técnicos en el otorgamiento o renovación de tales créditos –lo que a la postre es lo mismo puesto que quien renueva, asume competencia y responsabilidad para con el mismo- que no dejen una mínima partícula de oscuridad respecto de la bondad, es decir de la justeza de acuerdo tanto a normas contables cuanto a una sana relación patrimonio-préstamo y naturalmente, ingresos que permitan siquiera el pago de intereses y una mínima amortización de capital, máxime cuando son créditos pesados y a largo plazo.
Prosigamos.
En cuanto a temores, Valenti, todo medio no sólo no debe temer sino también reflexionar, como usted bien dice en sus reportajes y notas, respecto de la asunción del rol de opositor a la vez que promuevan la presencia en sus mismas páginas o espacios virtuales, según cada caso, de expresiones tan variadas como respetuosas del conjunto de opiniones que la ciudadanía del país tiene, afortunadamente, sobre los avatares de este país.
Creo que hay un tema de vocablos que choca y esconde la cuestión central. Es que nos vamos acostumbrando, creo yo y ojalá esté equivocado, a confundir crítica con oposición.
Ser crítico puede serlo cualquiera. Es más: debiera serlo. No es necesario ser opositor; basta con tener identidad propia y voluntad de decir las cosas por su nombre en el momento y en el ámbito apropiado y con el ánimo de mejorar lo hecho. Y si no, a callar, por favor, para esperar la oportunidad propicia para dar nuestra opinión, entendida como aporte, no como piedra, no como mero latiguillo.
Por tanto, sí a la crítica y sí también a la oposición. Que una y otra se comprenden, conjugan y al mismo tiempo, dan atmósfera con suficiente oxígeno a una democracia que se precie de tal.
No, cien veces no, a las unanimidades como tampoco al oponerse por el mero hecho que se entiende “necesario” confrontar sin más para “marcar” una posición contestataria (¿).
En otro orden, Valenti, usted cita a Batlle y Ordóñez y a Pedro Figari y yo quisiera añadir complementariamente, si me lo permite, con igual fuerza y contenido, a Carlos Vaz Ferreira y a Antonio Grompone que ellos también, aunque amigos, discreparon sobre los formas pero nunca sobre los fines de un modo de pensar, un modo de educar, y una forma de ser.
Se trata, creo yo, antes que ser opositor, de ser crítico. Crítico no del gobierno sino desde uno mismo y para con una realidad que se nos pretende presentar como definitiva y única.
Pongamos por ejemplo, la sociedad planetaria y su concepto central y banal: el espectáculo. El decir sin que sea necesario luego dar razón, dar cuenta de lo dicho, del por qué, del cómo y del cuándo. Ser coherentes, antes que no mentir, ser veraces con nosotros mismos.
Sí disiento con usted, Valenti, cuando dice que “La batalla cultural no es cosa de intelectuales, aunque ellos tienen un papel muy importante porque trabajan con ideas, se avanza y se va ganando si logramos transformarla en comportamientos cotidianos, en nuevas formas de convivencia, en audacias y riesgos en nuestras vidas, en nuestros trabajos, estudios y creaciones.
Con la etapa
anterior de la batalla cultural desde la oposición llegamos
hasta aquí, si por cualquier razón perdemos esta batalla los
límites de la caída son imprecisos, pero el más terrible es
comprometer nuestra propia condición de transformadores, de
renovadores, de revolucionarios. Ese temido día en que la
derecha perciba que no hay ni siquiera necesidad
Y no lo es, según yo creo entender, porque primero que nada no se trata de batallar, de guerrear, sino de propiciar reflexiones, pensamiento estratégico, ideas y proyectos, consensos; respetando los disensos inmediatos y naturales.
Esta sí es tarea de intelectuales como lo es de hombres prácticos pero no sólo debe ser de intelectuales o de hombres prácticos, esos señores, si me permite usted, perpetuadores de pesadillas.
Debe ser y será tarea de todos, de hombres y mujeres de a pie, que puedan no sólo expresarse sino tener las condiciones básicas, en decoro, en alimentación, en espacio existencial como en ágoras que puedan y habrán de celebrarse en sus respectivos barrios, que las más de las veces son, tan sólo, espacios íntimos ampliados, sin siquiera un banco, con apenas un par de canillas por manzana.
Tan temida es una derecha recalcitrante, que ya da cuenta de haberse creído su propio sermón, cuanto de una izquierda que, recordando el excelente libro de un señor intelectual uruguayo, me refiero al doctor Álvaro Rico y a su obra “Cómo nos domina la clase gobernante”; digo de una izquierda que caiga en la ya consabida zona gris de la “clase gobernante” y perciba como natural tan sólo el permanecer en el dominio de la cosa pública sin ameritar espacios de generación de diálogos y escuchas para que la ciudadanía de a pie pueda, ahora sí, encontrar condiciones reales de prosperar en el terreno de las ideas y desde éste, convengamos, arribar al plano de las realizaciones materiales.
Con honestidad, no creo sea el caso del actual Gobierno, si bien, como es sabido discrepo, y lo hago radical y abiertamente, con un par de funcionarios claves de su elenco primero, en Economía como en Industrias, pero que no por ello debemos descansarnos y dejar que las cosas ocurran por sí mismas.
Me refiero, claro está, a la Presidencia de la República, al debido apoyo que todo ciudadano que se precie debe dar a su Presidente y éste saber escuchar, como escucha, al soberano.
Es cierto, es muy cierto, que hay comodidad en no pocos actores sociales cuando tan sólo esperan que alguien los provea de medios y de oportunidades. Tan cierto es esto cuanto que sólo el Poder Ejecutivo, o si acaso el Legislativo también, por vía de una ley, podrá dar cabida, espacio, ámbito propicio a una efectiva participación ciudadana en los medios, en tanto en cuanto es el Permisario de las Ondas y éstas, hoy por hoy, permanecen claramente distantes del acceso democrático a sus espacios de comunicación.
¿Quién tiene no sólo el dinero sino la amistad con fulano o sutano para poder acceder a un espacio aquí o allá? ¿Quién tiene un amigo o potencial socio en una agencia de publicidad para que ésta a su vez acceda a equis medio y éste finalmente permita sea presentado un proyecto de comunicación? ¿Quién? ¿Cómo? ¿Cuándo?
¿Hasta cuándo?
Hace ya unos cuantos años, publiqué un ensayo en una universidad chilena, en donde trataba expresiones de aquel excepcional hombre y filósofo que fue Jacques Derrida[ii], respecto del totalitarismo mediático y del manejo que los medios hacen de la realidad[iii]. Digo esto para ubicar el asunto en su real dimensión, esto es, la cuestión democrática, que considero, al igual que usted, señor, central y de inmediata atención, y no, por favor, como un ataque más.
Asimismo, Valenti, me reservo el ahondar en conceptos, sea de Aristóteles al que usted, con inteligencia y oportunidad menciona, como también lo hace respecto de Gramsci, Orwell y otros grandes pensadores, como así también y por mi parte a tres maestros Epicteto, Foucault y el querido y recordado Norberto Bobbio.
Sé que oportunidad no faltará para que uno y otro, usted y yo, como otros periodistas más, podamos dilucidar estas y otras consideraciones.
Por ahora, estimado colega, espero que comprenda que en esta ocasión, el Gobierno es mano en cuanto a promover un real debate, con visos de que luego emerjan salidas puntuales desde los Poderes que deban actuar en cada caso, el Ejecutivo como el Legislativo, reitero, para efectivizar lo que usted promueve y yo adhiero pero que, reitero, tiene en el Gobierno al primer actor.
Seguidamente, y como es dable esperar, encontrará el gobierno en la ciudadanía como en estos comunicadores, seres responsables socialmente bien como determinados a actuar en pro de la democratización de una comunicación que hoy, por imperio de una realidad facilitada por unos y auspiciada por otros, tiene a la ciudadanía, en una generalización que usted sabrá entender en su real dimensión, como espectadora en vez de actora.
Y nosotros queremos ser actores. Para ello tiene el Gobierno el concurso de este como de otros comunicadores y pensadores. Sí. Digámoslo: pensadores, que no asusta y a la vez el pensar es indispensable para un hacer lleno de sentido. Social.
Por todo esto, Valenti, y por lo que aun no hemos escuchado ni dicho, tanto usted y yo, cuanto más el resto de la ciudadanía, es que aliento a que el debate prospere y el cambio sobrevenga.
H.V: hectorvalle@adinet.com.uy [i] Valenti, Esteban, Revista Bitácora, artículo: “Perdiendo la batalla cultural”, link: http://www.bitacora.com.uy/noticia_242_1.html [ii] Derrida, Jacques, Artefactualidadeshttp://personales.ciudad.com.ar/derrida/artefactualidades.htm [iii] Universidad Arcis, Dossier: Pensar Latinoamérica, pensar (desde) la ciudad latinoamericana, Héctor Valle, Los dioses del cotidiano: http://www.philosophia.cl/dossier/latinoamerica/Los%20dioses%20del%20cotidiano.pdf Reproducido en La Onda Digital, en su número 152, del 09.09.2003: http://www.uruguay2030.com/LaOnda/LaOnda/101-200/152/B3.htm [iv] Vaz Ferreira, Carlos, Moral para intelectuales, Obras Completas, Volumen III, Cámara de Representantes, Montevideo, año 1963, Pág.46. LA ONDA® DIGITAL |
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