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“No es casual que en un mal momento del
Mercosur se aproveche para plantear una
alternativa como la firma de un TLC”

El miércoles 26 de julio el Instituto de Ciencias Política de la Facultad de Ciencias Sociales dio a conocer su “Informe de Coyuntura”

Entre las varias exposiciones realizadas estuvo la del ex director de dicho organismo él politólogo e historiador Gerardo Caetano. Lo que sigue son tramos fundamentales de  esa disertación académica.

 

Presentar en público este informe de coyuntura es para el Instituto un logro y de alguna manera responde a su gestión, sus objetivos básicos. En primer lugar, tratar de contribuir, desde la academia, a facilitar espacios de debates públicos. En segundo lugar, hacerlo desde la mayor rigurosidad científica posible y al mismo tiempo desde el mayor pluralismo posible. Por eso quienes busquen en este informe de coyuntura "una" visión, no la encontrarán. Encontrarán visiones, como corresponde a una comunidad participativa, que debate, que de alguna manera también atiende conflictos.

 

Qué podemos decir a propósito de este primer año, de estos dieciséis meses de gobierno progresista. En primer lugar hay una premisa analítica. Este es un gobierno directo en muchos sentidos y como un hecho entendido como una expectativa y con actitudes desmesuradas, en un sentido y en otro. Ha habido una expectativa desmesurada respecto de esa idea teleológica que la izquierda muchas veces proyectó, de la victoria final, del acceso al gobierno como el fin de la historia  y por otra parte esa otra imagen que se proyecta en decir que es inimaginable un gobierno de la izquierda. Esto me hace acordar a la  visión de los blancos y colorados, lo que los colorados decían respecto del gobierno blanco antes del 58, que era poco menos que la entrada de los bárbaros en Montevideo.

 

Hubo gobiernos blancos y no pasó nada, es más, se consolidó la democracia. Y ha habido un gobierno de izquierda e institucionalmente no sólo no pasó nada sino que se enriqueció la democracia, porque uno de los primeros logros del acceso de un gobierno de izquierda es que hoy tenemos una oportunidad muy buena. Hoy todos los principales partidos políticos de Uruguay han entrado en contacto en el gobierno. Entonces conocen lo que es las posibilidades de las reflexiones del gobierno en una comunidad política. No hay entonces espacio para debates irresponsables,  para alternativas inconsistentes, para oposiciones cerriles. Y eso la ciudadanía lo ha incorporado. En un aprendizaje que obviamente es conflictivo, porque de alguna manera la izquierda dio una señal, durante todos estos años, en donde cultivó una estrategia de oposición neta, respecto de una suerte de propuesta alternativa pura, que luego cuando se vio la credibilidad cierta pero que obviamente incluía una expectativa popular que era efectivamente desmesurada, todos creíamos, en la Academia, que esa idea de la hora cero, que tantas veces ha estado en América Latina, tampoco en los uruguayos se iba a dar. Y también sabíamos que en cualquier sociedad, pero sobre todo en el Uruguay, mirar las cosas desde el gobierno no es lo mismo que mirar las cosas desde la oposición. Y que el gobierno, por definición, modera.

 

Sin embargo, se cambió demodo muy importante. Si bien el Uruguay ha tenido un avance democrático en el sentido de que tenemos una comunidad en debate político donde ahora uno conoce las restricciones y también las posibilidades pero también los conflictos de ejercer el gobierno. Eso es un logro en sí mismo que deberíamos aprovechar mucho más de lo que aprovechamos porque nos permitiría discutir con mejor calificación temas largamente mal discutidos, sistemáticamente discutidos, y que hoy podemos discutir de otra manera.

 

Hay también otro logro que tiene que ver con el acceso al gobierno: durante mucho tiempo, se estableció la idea de una traducción local del pensamiento único. La idea de que el gobierno era.... automático, lo único que hacía......era la idea de una democracia que había perdido el rumbo, la idea de una democracia agnóstica. Yo creo que el Uruguay ya está un poco cansado de esa política del no se puede, de esa política que de manera directa o indirecta establecía que había una frontera infranqueable entre lo que se podía hacer y lo que no se podía hacer.

 

Creo que el gobierno de izquierda, como conquista importante, lo que le ha dado a la democracia uruguaya es más república, en el sentido de que pudo demostrar, en los hechos, que algunas cosas impensables se pudieron hacer y no se cayó la institucionalidad ni nada por el estilo. Nadie imaginaba que los militares acusados de violaciones flagrantes a los derechos humanos realizadas durante la dictadura pudieran estar presos de la policía. Pueden estar presos y no ha habido dificultades, no hay peligro institucional. Por supuesto que hoy no es el año 86, ni tampoco el 89, pero parece que se tardó demasiado tiempo en pisarles la capa a algunos fantasmas que realmente tenían la capa. Mas adelante continuo Caetano “ En el año 99, a cuatro días de la elección, el entonces Comandante en Jefe del Ejército, a estos señores que hoy están presos, los convocó al Comando del Ejército, a una casa, -se hizo público- para demostrar que la suerte de esas figuras iba a tomarla como una política institucional cualquiera. Hoy está demostrado que el Ejército se ha distanciado de esas figuras. Y esa es una señal de que la frontera entre lo que se puede hacer y lo que no se puede hacer, en suma el poder en una democracia, se discute; se discute lo que hay que hacer.

 

No solamente la política es la discusión de lo que lo que se puede hacer. La política no puede renunciar a discutir lo que se debe hacer. Por supuesto que con muchas restricciones, pero discutir no sólo lo posible, el gobierno y también la sociedad. Estos dos elementos, mayor responsabilidad en el debate (ya no hay espacio para alternativas mágicas) y la idea de que la república admite discusión sobre lo que se puede cambiar, son sumamente importantes.     

 

Todos advertíamos, presumíamos, que el primer logro del gobierno, el objetivo del gobierno, iba a traer estabilidad. Era bastante claro, aun cuando el gobierno llegaba en una situación que no fue por ejemplo la de Lula, con un riesgo país achatado, sin alteraciones cambiarias, con un margen de tranquilidad, que el gobierno debía ratificar la idea de responsabilidad, de estabilidad. Yo lo que digo es que ese primer objetivo del gobierno de izquierda fue obtenido con creces. El tema es que la estabilidad no fue un objetivo permanente. Y sobre todo en la perspectiva de un gobierno que ha incorporado en su propuesta un paquete de reformas que es su primer instrumento.Uno de los debates que podemos establecer es en qué momento se encuentra el gobierno, en qué momento se encuentra esta Administración. Y yo arrojo una hipótesis. Dentro del gobierno hay una visión fundamental respecto de este tema.

 

Creo que comienza a prevalecer en el gobierno la idea de que ha llegado el momento de la inflexión de las reformas. Que la estabilidad por sí sola pierde parte de su función. Que la estabilidad debe ser el soporte, con todas las responsabilidades del caso, pero también con la demanda del caso, para darle inflexión a las reformas. Este es un tema en debate dentro del gobierno. Y creo que en los últimos meses, algo que se discutía en detalle en el informe de coyuntura, que es una suerte de contestación interna en el gobierno, a una hegemonía muy fuerte que durante el primer año tuvo el Ministerio de Economía, que se ha continuado pero hay reticencias respecto de aquella idea de una intención de reforma con el momento en que el 2006 ya empieza a transcurrir. Es un debate muy importante, no totalmente saldado, pero en curso. Por cuanto los gobiernos tienen sus tiempos, y hay cosas que se pueden hacer en el primero o segundo año, y ya en el tercero no se pueden hacer, mucho menos en el cuarto o en el quinto. Los gobiernos tienen ciclos.

 

Respecto de los contextos que rodean a este gobierno, como ha sido señalado, hay contextos favorables y hay contextos no previstos. Hay contextos favorables innegables, que tienen que ver con ese contexto internacional favorable a la exportación de productos primarios. Es un contexto que pasa y además pasa dentro de la previsibilidad de un mundo tan imprevisible (…)También ha sido un elemento no previsible. Quién podía prever el costo actual del petróleo. Quién puede prever el precio del dólar dentro de un mes. Y nadie podía prever, sobre todo desde una gran confusión que existió respecto de la mirada sobre el Mercosur, que el Mercosur iba a tener los conflictos que vinieron.

 

¿Por qué? Porque se creó una gran confusión, la idea de que el mejor momento para el Mercosur dependía de la afinidad ideológica, supuesta o real, de los gobiernos. Ese fue un grave error. Los procesos de integración no se construyen sobre afinidades ideológicas. Se construyen desde los aportes institucionales. Porque si no, la Unión Europea hubiera sido inexplicable. Una UE socialdemócrata, una UE democristiana, una UE liberal, hubiera sido imposible.  Los procesos de integración en democracia deben partir de la base de que los gobiernos de la democracia votan (...) Y que las afinidades ideológicas solas muchas veces generan efectos contrarios.

 

Tenemos un proceso muy difícil en el Mercosur, y sobre esto no hay que abundar. Creo que después de la Cumbre de Córdoba algo habrá de positivo, pero a cuatro días de la Cumbre, después de todo lo que se dijo y lo que se hizo, tenemos sorpresivamente el encuentro de los ministros de Economía de Argentina y Brasil, que vuelven a establecer esa suerte de bilateralismo excluyente nada menos que sobre un tema como el cambiario. Es un tema por demás preocupante, porque en Uruguay ya tenemos antecedentes sobre lo que nos puede pasar o lo que le puede pasar al Mercosur cuando la política cambiaria peligra. Entonces es una señal contradictoria, cuatro días después de la Cumbre de Córdoba.” El académico continuo su análisis en referencia a los aspectos exterior, señalando que los comportamientos del gobierno del Dr. Vázquez  sobre gobiernos como el de  “Venezuela o al de Cuba, es confirmatorio de hechos que ya se podían prever a nivel electoral. Confirma los dichos. Incluso, que iba a ser más parecido al gobierno de Brasil o de Chile, que al gobierno de Kirchner. Este tiene esa impronta de imprevisibilidad que de alguna manera estamos soportando. 

 

¿Cómo se constituyó este gobierno? Es un elemento relevante. Se constituyó de una manera muy singular. En primer lugar, se constituyó desde una fase ejecutivista, a mi juicio exageradísima. Contradictoria con la tradición de la izquierda, que es una tradición, a mi ver sustentada desde la oposición, -la idea de que los parlamentaristas en la oposicón, después de llegar al gobierno se vuelven presidencialista-. Pero no debería ser así, o no siempre fue así, o no hay una ley que así lo establezca. Pero lo cierto es que ese ejecutivismo de este gobierno, en su propia constitución, aparece muy evidenciado. Y advirtamos cómo se construye ese ejecutivismo. En primer lugar, por un gabinete enorme. El Presidente de la República hace un aporte de dirección. Incorpora una serie de figuras muy cercanas a él, que le dan la confiabilidad de un respaldo, y luego incorpora a las primeras figuras de los sublemas de la fuerza de gobierno y pasa a incorporar el debate de la fuerza política adentro del gabinete. Con esto ¿qué quería solucionar? Un tema difícil, no bien resuelto. Es el tema de la relación entre una fuerza política como el Frente Amplio, que es ya y desde hace tiempo, un partido de ciudadanos y una estructura como la del gabinete nacional, que no tiene nada que ver con eso y que es absolutamente incongruente con el partido gobernante. No se puede gobernar con esa estructura. Pero además no es representativa de lo que es hoy el Frente Amplio, que son las bases, que son los ciudadanos. Y al mismo tiempo, una relación difícil, muy ejecutivista, entre el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo.                                                                                                             

 

Hay problemas en la llegada de las propuestas del gobierno con la bancada oficialista. Ejemplos sobran. El Presupuesto. La reforma tributaria. Hoy estamos ante el hecho de una reforma sustantiva. En Uruguay las reformas tributarias se hacen cada 50, 70 o 100 años. Es un fasto de ciudadanía. Y advertimos que esta reforma tal como salió del Ministerio de Economía y tal como salió del gabinete, no tiene el respaldo legislativo, pero no solo es que no tenga respaldo desde los partidos de la oposición, sino que no lo tiene tal como salió, de la bancada oficialista y se ha establecido un conjunto de propuestas alternativas. Uno hubiera esperado que la elaboración de una propuesta que debe ser votada por el Parlamento, hubiera tenido un tránsito mucho más articulado, por lo menos, entre el gobierno y la bancada oficialista.

 

El relacionamiento con los otros partidos también se frustró y no fue solo por culpa del gobierno. Se frustró también porque en los otros partidos, en particular el Partido Nacional, no se entiende, pero lo hacen, se estableció la premisa, fuertemente discutible, de que la mejor estrategia política para gobernar es hacer oposición cerril desde el primer día de gobierno. Cuando me parece a mí que una lectura acertada del pronunciamiento ciudadano del año 2004, estaba estableciendo otra cosa. Especialmente respecto de lo que el electorado del Partido Nacional estaba esperando del Partido Nacional. Sin embargo, lo que hemos visto en el Partido Nacional, es que ha habido sobre todo por parte de la mayoría -y aquí hay discusión en la Correntada Wilsonista- grandes dificultades para acordar con el gobierno. También es cierto que desde el gobierno hubo desprolijidades en la invitación a la oposición para integrarse. Un gobierno de izquierda hubiera requerido, aun con mayoría legislativa propia, una incorporación que tanto demandó desde la oposición respecto de que la oposición tiene que estar en el Estado. Aquello que tanto requirió, una vez en el gobierno tiene que abrirlo todo, y debe todavía  hacer lo posible para consolidar esa incorporación.

 

Ese ejecutivismo del gobierno se volvió también todo un estilo de liderazgo. El Dr. Vázquez afirmó su capacidad de función uno, pero prefirió un estilo orientado a laudar y no a punch. Transfirió la conducción a un debate dentro del gabinete, dentro de la fuerza política y se reservó la decisión final. Con lo que nos encontramos con una ecuación de  gobierno en donde, junto con el centro presidencial que siempre ha mantenido esa capacidad final de dirección, tenemos tres figuras muy relevantes. El ministro de Economía, al cual se ha transferido radicalmente el manejo del Ministerio de Economía, desde el cual ha perfilado sus aspiraciones y su potencialidad. El ministro Mujica que obviamente tiene una cuota política innegable, es el líder del sector mayoritario dentro del Frente Amplio, quien representa a  20 diputados y 10 senadores nada menos, pero que, por lo menos hasta hace algunos meses, había llevado adelante una función mucho más de consolidar la estabilidad desde confrontar con una tribuna lastimativamente errónea (...)Y una figura extraordinariamente relevante, que ha sido la del secretario de la Presidencia, Gonzalo Fernández que fue el gran operador, no sólo del Presidente, sino del gobierno. En temas cruciales, como el de derechos humanos, el tema política militar o el tema de la relación política con los otros partidos, con los otros líderes e incluso la indicación al resto del Frente Amplio.

 

En esta ecuación uno puede decir que el ministro Astori aumentó claramente su poder, que el ministro Mujica delimitó su influencia, que el Presidente no cambió su estilo pero es un estilo que parece no ser el adecuado para una inflexión de reformas, y que el operador político, el secretario de la Presidencia, Gonzalo Fernández, mantiene una presencia absolutamente clave, diría muy difícil de suplir. Sin embargo, en estos últimos meses ha habido una contestación a esta situación. Y comenzamos a ver a un gobierno que parece acercarse a una inlexión de reformas en donde claramente inflexión de reformas tiene que ver con negociación política, primero arriba y después abajo. ¿Qué implica esa inflexión de reforma en el marco de una agenda? En primer lugar, aquí el gobierno ha tenido instancias de reforma muy importantes. Ya hablamos sobre el tema de derechos humanos. Se podrá opinar lo que se quiera, pero nadie podrá negar los avances notables, inimaginables en muchos casos, en el tema. Por supuesto que todo esto no nace con este gobierno, tiene mucho que ver con el inicio de la Comisión de la Paz, es un paso adelante; pero no cabe duda de que ha habido una consolidación, y además una consolidación que administra, que todos los días da propuestas  (...) Y además hay una consolidación muy importante, que ya no es administrativa. Nunca, en los 22 años de democracia que tenemos después de la dictadura, tuvimos un ejército más sujeto al poder civil en el Uruguay. Con lo que hemos tenido, junto con el avance en la política de derechos humanos, un avance consiguiente en la política militar. Ahora ya no habrá ningún Comandante en Jefe al que se le ocurra convocar a los torturadores, a aquellos que asesinaron o cometieron delitos de crimen de arrase para darles la señal pública del aval del Ejército. No hay, y no habrá, y ese es un gran avance democrático.

 

También ha habido reformas agrarias. Creo que desde la segunda presidencia de Batlle y Ordóñez no tenemos un período de reformas obreras tan importante como el que hemos tenido. Y en algunos casos, las reformas simplemente implicaron hacer vigentes leyes vigentes. Por ejemplo, la resolución del fuero sindical era volver a aplicar la ley 10449 que desde el año 91 no se aplicaba. Y además en un contexto internacional, es una ley moderada. Y está el conflictivo decreto sobre las ocupaciones que es un tema a llevar. Pero nadie puede sospechar que esta serie de reformas contraría la propiedad privada, que es la base de atender el orden social. Sí se puede establecer que la política llevada adelante por el Ministerio de Trabajo no ha sido bien acompañada por el movimiento sindical, que se autorregula. Aquí ha habido un logro muy importante para la democracia: hay 100.000 sindicalistas nuevos. Un proceso de sindicalización por el cual el movimiento sindical duplica su tasa de sindicalización, en un proceso de desequilibrios internos del movimiento sindical entre trabajadores públicos y trabajadores privados. Lo cual es enormemente relevante, para esta democracia que necesita negociación colectiva y sindicatos fuertes para poder negociar. Lo que no ha habido, todavía, es que las convocatorias al diálogo nivel social, puedan articularse en actitudes responsables en uno y otro lado. Y aquí hay delitos fuertes por parte de los empresarios y hay también delitos fuertes por parte de los gremios.

 

Ha habido también otros espacios de políticas bastante conflictivos. El tema de la seguridad pública que ya no puede ser traducido desde el gobierno como un tema de sensación térmica. Yo creo que cada vez que alguien habla de sensación térmica, la temperatura ambiental del uruguayo sube. Sugeriría evitar esa idea. Aquí ha habido idea de que en muchos aspectos la izquierda uruguaya llegó al gobierno sin el suficiente alambique. Por ejemplo, el plan de emergencia social empezó mal. Yo creo que ha tenido derivaciones positivas, pero empezó mal. Empezó con un perfil muy volcado, muy estatista. Se ha desorientado. Pero además empezó desde una idea no suficientemente pertinente de lo que era en sí un efecto social. Asimismo la reforma crusical del sistema de salud.

 

Son debates, (reforma del Estado, reforma del sistema de salud, reforma tributaria)  que no se logran con el 51% de votos del Parlamento. ¿A quién se le ocurre que una reforma tributaria profunda pueda durar sin un respaldo claramente mayoritario? ¿A quién se le ocurre que en Uruguay una reforma de salud pueda lograrse solamente con los votos del gobierno? No, exigen políticas de Estado y eso requiere devolución.

 

Y, finalmente, hay temas de la agenda que trascienden claramente los espacios estatistas. Y que no están siendo bien discutidos. Entonces, la responsabilidad que tenemos como intelectuales es calificar la discusión  y evitar lo que a nuestro juicio es la baja difusión de la discusión de temas relevantes.

 

Sólo dos ejemplos, para terminar. Primero, reforma tributaria. Repito, miren la historia del país: las reformas tributarias se hacen cada 100 años. Es realmente poco feliz que llegue al Parlamento una reforma no discutida por la bancada oficialista y tampoco discutida en profundidad por los otros partidos. Porque son reformas que requieren un respaldo no mínimo, sino un respaldo grande.

 

Y el otro tema que también es crucial en esta instancia, las relaciones internacionales del país. Yo realmente no puedo sino asustarme de la forma en que se está discutiendo de modo público, un tema tan relevante como la eventual firma de un TLC clásico de Uruguay con los EEUU. No puedo sino escandalizarme de la afirmación que dice "los que están en contra del TLC son comunistas o tupamaros". Nada tiene que ver con lo que se está discutiendo. No puedo sino sorprenderme de que se afirme ante la ciudadanía que el TLC clásico es obtener mayor cupo de cambio, pagar menos aranceles y que es una cuestión de nombres. No. Eso es falso para la discusión. Discutir un TLC clásico implica, en primer lugar, una reglamentación internacional radical.  El Mercosur está en un mal momento y no es casual que en un mal momento del Mercosur se aproveche para plantear una alternativa emblemática como la firma de un TLC clásico”. Al analizar la eventual firma de un tratado de esas características el Analista Político dijo que eso implica el “abandono del Mercosur, abandono del Mercosur, implica preguntarnos ¿cómo vamos a resolver política energética?.¿Cómo vamos a resolver articulaciones de infraestructura?. ¿Cómo vamos a resolver conflictos bilaterales? Cómo hacemos para resolver políticas fitosanitarias?.

 

 No toquemos el nervio nacionalista de siempre de uruguayos y argentinos de siempre. Porque discutir el TLC, es discutirlo sin restricciones, con todas las cartas arriba de la mesa, significa discutir qué implica para el país

qué implica para la política cultural, qué implica para el medicamento, para el software, qué implica para el Uruguay inteligente. Que ajustemos todo, la forma de reparto, qué Estado queremos, qué implica la fiscalización de los servicios y en particular la fiscalización de la gestión financiera. Y terminemos la experiencia. Qué tiempo tenemos.

 

Por eso mi hipótesis es que el gobierno, pero más que el gobierno, el país, se encuentra en una encrucijada en donde tiene que articular estabilidad con inflexión de reformas; tiene una agenda de reformas cruciales que no soporta una definición mínimamente magistralista y que por eso, hablar de reformas implica hablar de negociación, es decir, hablar de política.

 

Yo no estoy de acuerdo con que la economía sea menos útil que la política. Más aun: recuerdo, y todos deberían recordar, frenteamplistas y no frenteamplistas, el último consejo que el Gral. Seregni dejó, que la política manda sobre la economía, porque lo que estamos discutiendo, cuando hablamos de economía, es de política.  

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