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Viejos y recientes, hábitos El Uruguay vive en el 2006. No todos están de acuerdo. Algunos porque prefieren creer que siguen en 1960. Otros piensan que es 1973 o poco más, pero bastante menos que 1984. Hay quienes se sitúan entre 1985 y 2004. Y escriben notas y arman noticias como si ello ocurriera.
Pero es el 2006. En el Primer Informe Nacional sobre Consumo y Comportamiento Cultural que efectuó la Facultad de Humanidades en el 2002 se logró averiguar que el 97 % de los ciudadanos miraban televisión. Quienes trabajábamos midiendo audiencia entre 1981 y 1989 ya lo sabíamos, pero es bueno que ese valor sea refrendado desde una Casa de Estudios que nos vio como estudiantes durante años muy duros y que correspondían a los del período dictatorial.
Sin duda que es el medio de mayor penetración, y cuánto llegan hoy los noticieros a informar o deformar al realidad es algo que está en discusión in crescendo desde hace ya algunos meses.
Claro que en los años duros para la vida ciudadana, la televisión solamente disponía de canales abiertos, las radios no eran tantas, no existían los cables ni se había desarrollado la información a través de Internet.
Hoy mucha gente tiene capacidad de ver televisión para abonados, lo que hace bajar la audiencia de los canales abiertos en general, pero no es muy claro si lo mismo se da en cuanto a los noticieros.
Los medios se juegan a informar de alguna manera. No lo hacen todos de la misma ni sobre los mismos temas ni dirigidos a ciudadanos del mismo nivel socio económico, esa forma de separar gente que no es otra que una división por clases, que muchos no compartimos pero que seguimos por sernos cómodo manejar.
Escuchar a algunos voceros de los canales abiertos decir que no les importa informar sino que lo que hacen es dar noticias casi sin hacerlo lleva implícitas muchas preguntas que más vale no hacerse en una nota como ésta, ya que no podemos escribir un ensayo de 200 páginas para cada semana y por varias de ellas.
Pero eso lo afirman algunos de los directores de canales que son privados, que están dirigidos al gran público con el interés de recaudar fuertes sumas por la publicidad que logran en ellos, y que saben que pasar noticias puede ser algo que no contenga ninguna explicación. Y que eso se haga a propósito lleva a cuestionar como debe ser en el futuro lo que cada uno de ellos trasmita y en especial si la concesión de ondas que poseen sigue siendo lógica y manejable por un período que exceda el del gobierno actual.
Hay quienes sostienen que lo que hay en esa hora diaria que se le da a la población es un exceso de información sin ningún tipo de análisis. Es decir que no se profundiza en la misma de ninguna manera, lo que lleva a tener solamente a personas hablando y a funcionarios recortando lo que los otros han dicho. _con lo que el resultado final que se obtiene está muy lejos muchas veces de lo que desearon decir las personas que hablaban.
La pelea que aparentemente se da por el rating no es otra cosa que como vender publicidad de manera más adecuada. Hay quienes sostienen que los televidentes no pueden recibir las noticias de mejor nivel ni más profundas al principio de los mismos porque la mayoría de ellos aún no se sentó a seguir la novela que viene antes, y necesita de algunos minutos para asegurarse que están ya prontos para ser informados.
El cómo es posible defender una idea como esa es muy discutible, pero no se debe olvidar que hasta los días que hay actos electorales y prohibición de lanzar al aire los resultados antes de las 20.30 hay quienes cambian al hora y adelantan lo prohibido un par de minutos para decir después que fueron los que lograron dar antes la información correcta. Es más. Hay quien sostiene hoy en su página web que fue el primero en anunciar el resultado de algún referéndum en el que no hizo ningún estudio y debió competir con dos medios que sí tenían empresas que habían hecho o encuesta telefónica o boca de urna, y que en puridad lo habían derrotado antes de empezar por el solo hecho de haber medido la realidad.
Se puede decir que la cantidad de minutos que se dedican a cierto tipo de noticias responde a los gustos naturales del público que se sabe está del otro lado del televisor. Cuando uno se entera que en tres mediciones de audiencia actuales con métodos diferentes la cantidad de personas que dicen ver televisión o que son manejadas por las empresas van desde el 30 a más de 50 % del total de montevideanos empiezan las dudas sobre que es lo que se hace y mide en cada una de ellas y se realizan las preguntas de cómo es posible que haya semejante diferencia.
Se gobierno y sentirse atacado por algunos medios sorprendió a muchos. No por el hecho en sí sino por su divulgación por parte del Presidente.
¿Cuál es la respuesta lógica a ese planteo?. ¿Se puede dar más de una, que alcance sin dañar a nadie?.
Este es el Uruguay del 2006. En el que hay importantes directores de estudios que plantean que si alguien quiere informarse y formarse no debe hacer caso a la televisión. Y es el responsable de la medición que da mayor nivel de audiencia.
¿Es correcta su interpretación?. En lo personal creemos que no. Pero, ¿no sería bueno averiguarlo con una buena encuesta que no tenga como interés lograr el resultado apetecido por quien la mandó hacer?. LA ONDA® DIGITAL |
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