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Militares y Masonería:
civilidad y compromiso

por Héctor Valle
hectorvalle@adinet.com.uy

Hacia fines de la semana pasada, en Montevideo, dos medios de comunicación, uno escrito y el otro oral, casi en simultáneo, haciéndose eco del primero, dieron a publicidad una noticia por la cual, y cito, habría un: “drástico aumento de las solicitudes para ingreso de militares a la Masonería, que espera no ser vista como “agencia de colocaciones”.

 

La nota impresa, comienza así: “La cantidad de solicitudes de ingresos de oficiales de las Fuerzas Armadas a la Masonería aumentó de manera “sustancial” durante los últimos meses y ello genera inquietud en varios de los integrantes de esa fraternidad, quienes observan que los
militares acuden a su institución convencidos de que así podrán obtener ascensos de grado o los destinos castrenses más codiciados”.

 

Más adelante, incluso, se cita a otro grupo preocupado por igual fin pero con un origen diferente: “Por otro lado, la situación genera también consecuencias “incómodas”, indicó otra fuente. La percepción de que existe un interés encubierto en las solicitudes de ascenso, complica las decisiones de
 admisión o rechazo de esos pedidos. “Existen casos de personas que reúnen las condiciones necesarias para que su incorporación a la hermandad sea aceptada, pero como alguien sospecha que el pedido tiene otro interés, de inmediato se le niega”, citó –
dice el órgano de prensa-
como ejemplo, otra fuente.”

 

A poco de comenzar, conviene destacar, hay algo que se reitera en la nota
de este medio que, hasta la fecha, no había sido utilizado como vocero de la Masonería, o de “un grupo de masones preocupados”. Vayamos a eso que, con variantes, se repite en el citado texto: “A juicio de las fuentes que
consultó Búsqueda
–el medio que ahora pasa a ser vocero de esos grupos citados- “
el fenómeno se vincula con la condición de masón del Presidente Vázquez, y con el nombramiento de oficiales masones al frente de las tres Fuerzas Armadas.”

 

Bien. Lo que preocupa no es, entiéndaseme bien, la preocupación de “algunos masones”, pues eso es, si lo es, de resorte de esas personas y de sus voceros. Lo que preocupa y hasta duele es el inferir que la oficialidad de las Fuerzas Armadas está compuesta de seres desprovistos de ética, de rigor profesional, de contracción a los principios de la Patria desde su Constitución a la defensa y promoción de los valores y principios éticos que el Uruguay lleva adelante.

 

Preocupa, y no sólo a este periodista, preocupa a muchos, que se manipule a las personas so pretexto de atacar a una.

 

Preocupa, al país todo, o debiera preocupar, que las cuestiones de grupos, si las hay, se ventilen a través de voceros que hasta el presente jamás habían asumido tal rol.

 

Pero antes que todas las preocupaciones por los ánimos de algunas personas, que sin duda merecen nuestro respeto, preocupa no se visite lo obvio, cual es lo siguiente:

 

La Masonería, como supongo debe ser el Opus Dei, quizá, pero seguramente no los Tenientes de Artigas, la Masonería, digo, es una institución creada al amparo de la Constitución, las leyes y la normativa que, en la materia, rige en nuestro país.

 

Entonces, uno no entiende, realmente, cómo se puede traer al orden de lo político, porque esto es colocado en la tercer página de tal medio, que es, como aclara, sección política, encabezando la primera mitad, casi de la misma, sin dejar de mencionar que, en tal sección política, luego hay un recuadro sobre compra de fusiles de asalto–5.000- que el Ejército llevará adelante, licitación de por medio. En fin, cada medio puede y debe fijar los criterios para signar como política una noticia, incluso la compra de fusiles y también la confección de uniformes.

 

Pero lo que me deja pensando es justamente ese detalle que antes signara. Hablo de la condición de institución de acuerdo a normativas vigentes, de la Masonería. Siendo tal, me pregunto, ¿Cómo algunos de sus miembros, que son asociados, es decir, con voz para hacerse oír y mecanismos, los mismos que el resto de las instituciones similares, para disentir y revertir, con los procedimientos del caso, tal o cual medida, en este caso, tal o cual ingreso? ¿Por qué, entonces, algunos asociados de tal institución se valen de un órgano de prensa que yo sepa hasta la fecha nunca hizo de vocero de “algunos masones”?

 

¿Será así? Bueno, yo no tengo por qué presuponer intencionalidad alguna en el medio que cita a varios grupos pero que también inserta varias veces el nombre del Presidente, sea por su condición de masón, sea por los comentarios de otros sobre la eventualidad que tal condición podrá tener o dejar de tener para suerte de unos u otros interesados o desplazados en la interna de la oficialidad de nuestras Fuerzas Armadas.

 

Pero es que es eso lo que molesta y despierta mi reflexión: están hablando de nuestras Fuerzas Armadas. De la oficialidad de las mismas y alguien, con una lectura rápida, sin reflexión, de esta nota como de haber oído el posterior “levante” radial, pudiera llegar a presuponer en la oficialidad de nuestras Fuerzas Armadas, lo repetiré las veces que sea del caso hacerlo, genuflexión, pequeñez moral: intereses espurios.

 

No. Error. Esta falta de respeto, esta bajeza, sea de quien sea, venga de donde venga, no es de recibo y, me atrevo a decir, y lo digo como ciudadano de este país, es llamativo ahora se la difunda así. Censurar a la prensa, se me dirá. No, responderé, pero llama a reflexión que en tal nota falten dos actores: las autoridades de la Masonería y las autoridades de los Institutos de las tres Fuerzas y no tan sólo tomar expresiones de algún connotado y respetado Oficial Superior.

 

Vamos a comportarnos con mayor seriedad, por favor.

 

Vamos a no empezar a revolver donde no hay lodo y si quisiéramos encontrarlo, busquemos en la segunda mitad de los setenta, cuando en tantos lados tantas cosas pasaban y nadie las informaba y así continuó la cosa hasta entrados los ochenta...

 

Han pasado más de veinte años. Nuevos Oficiales Superiores están al frente de las Armas de la Patria y, ni qué decirlo, otros oficiales están laborando en pro de lo que en ellas se enseña. Porque se enseña: civilidad, respeto, contracción al trabajo, defensa de la nación.

 

Las Fuerzas Armadas de nuestro país merecen nuestro respeto. ESTAS Fuerzas Armadas que son hoy, las que fueron siempre, salvo un interregno oscuro, a resultas también sea dicho de una confrontación previa pero a partir de la cual intervinieron también muchos civiles que medraron en la sombra, conspiraron y llevaron a oficiales de AQUELLAS Fuerzas Armadas a cometer el delito de atentar contra nuestra Constitución, que hoy, aun hoy, está pendiente de dilucidación. Me refiero a si el Presidente de la República de entonces cometió o no cometió delito ante el Golpe de Estado que diera, que terminara de dar, el 27 de junio de 1973.

 

Pero incluso en aquella oportunidad hubo muchísimos oficiales de las tres Armas que defendieron la nación, que se resistieron y que, consecuentemente, también padecieron en sus carreras, en sus vidas personales el atropello de unos pocos que, junto con más civiles, se habían encaramado en el poder y así permanecieron por más de un decenio.

 

Indigna el manoseo, consciente o no, que se hace con tales divulgaciones, pretendiendo creer que lo obvio no es pensado por la gente y lo obvio es, repito, lo siguiente:

 

Una institución, por caso la Masonería, reglada según toda institución de su especie, tiene, tienen sus asociados, posibilidades, mecanismos, medios para hacerse oír y revertir, con los argumentos, medios y mecanismos del caso, repito porque a veces hay que repetir hasta el hartazgo lo obvio, para que su derecho como tales sea respetado si es cierto que se los está avasallando.

 

Luego, lo segundo: ¿Precisan las Fuerzas Armadas, sus oficiales, o algunos oficiales, este tipo de salidas mediáticas para hacer respetar sus derechos? ¿Están tan mal nuestras Fuerzas Armadas?

 

¿Habrá otros grupos en la interna de las Fuerzas Armadas que alientan estas noticias? No lo sé, pero esto es tan grueso, tan menor, que uno tiende, desde el desconocimiento de las internas de estos grupos –repito: Tenientes de Artigas y otros de su especie- a pensar si no cabría tal posibilidad.

 

¿Es mala la pertenencia de oficiales de las Fuerzas Armadas a la Masonería?

 

Bueno, no está en mí el calificarlo pero, si me atengo a lo indagado por Arturo Ardao sobre el particular, es decir sobre lo masónico, desde lo filosófico, tenemos que tal entidad promueve el autoconocimiento, el antidogmatismo, la religiosidad es decir, la trascendencia, aceptando gentes de diferentes credos siempre que estos no limiten gravemente a la persona humana.

 

Si tal es la cuestión, pues yo pienso que no sólo no es malo sino que, en lo general, desde lo filosófico, es importante que nuestros oficiales tengan una impronta, un talante, abierto a lo filosófico, respetuoso de las creencias ajenas, conscientes de la importancia de crecer desde su propia interioridad lo que, si se me permite colegir, en buen romance quiere decir o, mejor aun: querría decir poseer conciencia crítica, discernimiento, responsabilidad social.

 

No veo pues el problema desde ese ángulo y desde el otro, el pequeño, el mezquino. Quiero creer que una institución que, al estar por lo divulgado en la prensa, cumple 150 años de existencia, o sea, casi nación con el país, algunos hablan que antes ya estaban, no veo, pues, cómo se puede pensar o hacer que otros piensen desde el levante de supuestas miserias humanas –que por otra parte todo grupo humano tiene, instituciones, familias, hasta los propios medios de comunicación- sean las que reglan el accionar de nada menos que la elección de cargos de particular relevancia institucional en cada una de las tres Armas de la Nación.

 

La dignidad, señores, y así nombro a todos los involucrados, es una cuestión seria y por ende de respeto. Tengamos dignidad, pues, y ganémonos el respeto de ser como debemos ser: tan auténticos como claros y respetuosos en una convivencia democrática.

 

Esto no dice tapar, acallar, silenciar, problemas internos. No, de ninguna manera. Pero cuidemos más las formas. Pensemos. Por favor, pensemos que todos somos corresponsables en la construcción de una nación que merece resurgir luego de tantas penurias, de tantas mezquindades, de tantas miserias vividas y se me ocurren muchas pero ninguna citaré porque no hace al centro de la cuestión, que debemos ocuparnos de cómo hacer que este país resurja luego de decenios de tanto atropello, bellaquería, manoseo y liviandad.

 

Esto está escrito con rabia, con dolor, pero con reflexión y por si acaso, dejo aquí abajo relacionadas las notas que sobre la Masonería e incluso sobre el Presidente con ésta (me refiero a su visita pública a tal institución a poco de haber asumido) redacté, por si quiere alguien consultarlas.

 

Busco en los textos y encuentro, mirando al pasado, que algunas personas que también ocuparon cargos y responsabilidades públicas estuvieron en aquella institución. Y me pregunto: ¿también ellas habrán gozado de semejantes privilegios? Ciertamente me niego a creerlo por ridículo. Pero citemos esos nombres a ver si comenzamos a ser un poco más serios: Manuel Oribe; Leandro Gómez; Tomás Berreta y tantos otros.

 

Pero queda repicando una pregunta en mi interior: ¿Será malo que los oficiales de las Fuerzas Armadas del Uruguay busquen el autoconocimiento?

 

¿O solamente buscan el rédito personal a costa del camarada de armas?

 

¿Verdad que suena –porque lo es- estúpida tal pregunta?

 

Ahora bien:

 

¿Son estas Fuerzas Armadas, sus respectivas oficialidades contestes en la defensa  de los Derechos Humanos? Lo son.

 

¿Son los civiles todos contestes en lo mismo? ¿Lo son? ¿Lo son todos? ¿O a algunos les duelen prendas y buscan, una vez más, aunque esta vez sin suerte, medrar, dividir, fomentar la desunión entre la oficialidad de nuestras Fuerzas Armadas?

 

Pensemos, por favor.

 

En esgrima, y con el sable, a las ideas se las defiende levantando la quinta posición, la que hace que el sable cruce la frente nuestra mostrando el filo hacia el adversario para que a su tiempo y si cabe, no sólo parar el golpe sino contraatacar.

 

Aquí y ahora el contraataque, creo yo, es el seguir esta senda de respeto, de profesionalidad, de apego a los valores más caros al espíritu del hombre libre, digno, que se sabe defensor y protagonista de una democracia que va a más, pues propende a la mejora de las condiciones de vida, de vida digna, me refiero, de los habitantes de esta Patria.

 

Y en eso están nuestras Fuerzas Armadas. Y en eso está la ciudadanía de este país, más allá de que permanezcan, en el recodo del camino, algunos nostálgicos y otros pocos advenedizos.

 

El Uruguay va a más. Prosigamos la tarea.

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