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Ser bello no es solamente un deber Para la historiadora brasileña Dense Bernuzzi SantAnna la incidencia de la moda tiene que ver con diversos factores entre ellos el desarrollo de la ciencia y de la industria, que están cumpliendo un papel especial y determinante. Otros factores son la publicidad, los amplios grados de la liberación sexual y corporal femenina, creciente desde la década de 1960.
Lo que sigue es la entrevista que le realizara Marta Kanashiro
para la revista Conciencia, a la historiadora y docente de la
Pontificia Traducción para La ONDA digital de Cristina Iriarte.
Sin duda hay una diversificada historia de la belleza, muy rica para el entendimiento de los cambios en los padrones de comportamiento, de los gustos y de las maneras de tratar el cuerpo a lo largo del tiempo. La voluntad de rejuvenecer y de conquistar la belleza es milenaria. Mientras tanto, a partir del siglo XX, menos que un don de Dios, la belleza tiende a ser el resultado de un trabajo que cada uno realiza según sus propios recursos: gimnasia, cirugía, cosméticos, meditación; ser bello no es solamente un deber sino, principalmente, un derecho. Es un derecho amplio, que, al contrario de épocas pasadas, incluye adolescentes, ancianos, ambos sexos y todas las capas sociales.
La actual omnipresencia del derecho y del deber de embellecerse está sustentada en los progresos de la ciencia y de la industria, en el papel preponderante de la publicidad, en la liberación sexual femenina y corporal creciente desde la década de 1960. Si otrora los cuidados del alma eran tan o más importantes que los de cuerpo, hoy se vive una especie de inversión: el cuerpo se tornó la parte principal del ser, es para él que hacemos nuestros principales sacrificios y es de él que esperamos los mayores placeres o recompensas. Sin embargo, hay quien escapa de esto; existen algunas maneras de lidiar con el cuerpo que tienden a considerarlo un pasaje para la expansión de la sabiduría; y se dan tanto en el mundo oriental, como las culturas occidentales.
¿Cómo se da el paso, o cuáles son los elementos de permanencia y ruptura, de la belleza física, como reflejo de la belleza divina, para la actual alianza que Ud. detecta en sus artículos entre belleza corporal y las inversiones en salud, deportes y moda? - Cuando la belleza deja de ser considerada la prueba de la existencia divina para ser la expresión principal de la subjetividad de cada uno, en cada momento de la vida, ser bello se torna más que nunca, algo permeado por las fluctuaciones de la moda y de los intereses del mercado. Si por un lado ganamos en libertad para hacer con nuestro cuerpo aquello que queremos, independiente de nuestro origen, edad y condición social, por otro ganamos también en responsabilidades y soledad. El costo/beneficio se individualizó como nunca en el ámbito de los cuidados con el cuerpo! Viejas fronteras entre belleza deportiva, belleza específica de misses, o de cada región del planeta, tendieron a ser relativizadas en nombre de una belleza internacional, existente full time. Ya en la década de 1960, la expresión "belleza internacional comenzaba a ser utilizada, pero hoy ya no es preciso hablar así, se sabe que para ser bella se deben seguir mínimamente los padrones universales, ampliamente difundidos por revistas, televisión, cine, etc. Somos más libres que nuestros abuelos para utilizar cosméticos, practicar deportes, cuidar del cuerpo y esculpirlo. Y, al mismo tiempo, somos más exigentes que ellos en este asunto, pues cuanto más se expone el cuerpo (barriga, senos, piernas, etc.) más intenso y frecuente debe ser el trabajo de depilarlo, broncearlo, masajearlo, torneándolo más y más fotogénico, pronto para ser mostrado públicamente en cualquier hora y lugar.
En uno de sus artículos, Ud. parece afirmar que la proliferación del desnudo femenino, considerado bello y saludable en el siglo XX, está relacionada con instigar el deseo humano y estar siempre disponible, pronto para ser atacado. ¿Se puede decir que el cuerpo es, en este sentido, un vehículo de inversión del capitalismo, dado que abarca el deseo a ser capturado por los movimientos del capital? Sí, el cuerpo fue muy estudiado como si fuese un objeto de rendimiento para el trabajo en las fábricas, por ejemplo: medio de obtener lucros, instrumento de producción. Luego, fue analizado varias veces como un instrumento fundamental de consumo y de ocio. Hoy podríamos decir que el cuerpo es todo esto y, también, una trama de sentimientos que envuelven la potencia de expandir la propia vida. Pero corremos el riesgo de empobrecer el entendimiento de esta potencia y de traducirla por la obligación de obtener placer incesante, como si el cuerpo fuese una fuente inagotable de sensaciones deliciosas, en el cual el sufrimiento no tiene más razón de existir. La idea de un deseo siempre dispuesto a manifestarse, potente y sin fallas, es fruto de esta equivocación: pensar que el deseo es, siempre, placer sin treguas, felicidad sin adversario, euforia sin límites.
En el número 56 de la Revista y, del SESC San Pablo, Ud. menciona la crónica Monederos falsos y falsificadores de la mujer, de José de Alentar, escrita a mediados del siglo XIX, comparando la fabricación de la belleza en aquella época y en la actualidad, representada por miss Brasil 2001, que se sometió a una serie de intervenciones quirúrgicas para obtener padrones competitivos de belleza. ¿Cuáles son los principales cambios que Ud. anotaría entre estas dos representaciones? La primera de ellas es el pasaje entre una época en que los productos de belleza eran, en general, exteriores al cuerpo, utilizados de modo provisorio, (miriñaques, laqué, antiguos labiales) para una época en que la belleza debe hacer cuerpo con el cuerpo (prótesis, depilación definitiva, adquisición de músculos por la gimnasia. La distinción entre ser bella y parecer bella fue, durante décadas, tolerada e, incluso, deseada. A partir de la década de 1970, sobretodo, los consejos de belleza dirigidos a la mujer invierten en la idea de que todas pueden ser bellas siempre que compren nuevos productos y técnicas que, al contrario de los viejos trucos de belleza, prometen la modificación profunda de la apariencia y del organismo. La segunda es el pasaje entre una mujer que aún no era totalmente sujeto de su cuerpo para una referencia femenina que apuesta a la transformación de la mujer en propietaria de su capital belleza-salud-auto-estima. Esta tríada rige el universo del embellecimiento actual y tiende a justificar numerosas prácticas de embellecimiento otrora consideradas radicales, inmorales o por lo menos innecesarias. Cuando la salud y la belleza son vistas como capitales, el trabajo de mejorar el estado físico se torna infinito.
¿Cómo podrían ser analizados casos como el de Débora Rodrigues, mujer sin tierra que posó desnuda para la revista Play boy en 1997, o de Cristiane Andrade, la catadora de basura que se tornó modelo? Estos acontecimientos tienen relación no sólo con el poderío de la mega industria de belleza sino, igualmente, con el papel de los medios de comunicación en la vida de las personas. Además de esto, hay una galopante valorización de la tendencia que podemos llamar cualquiera debe tornarse alguien: se vive bajo la coacción de que debemos vencer solos y gracias no sólo a los esfuerzos en el trabajo a lo largo de los años, sino por medio de las dotes físicas conquistadas rápidamente. Ahora, los medios de comunicación concentran grandes poderes y exhiben las conquistas de algunos, como si fueran accesibles para todos. Hoy hay un crecimiento impresionante de los programas de TV hechos con personas comunes, anónimas, pero cuyas historias, también comunes, al ser narradas y mostradas vía TV tienden a agregar algún significado especial a la vida banal de las personas!. Vivimos una época de gran aversión a la tendencia de pasar desapercibido, de no ser especial para alguien. Se busca ser percibido, marcar presencia, ser recordado, buscado, volverse absolutamente necesario, y no superfluo! Y es por la apariencia física que se puede obtener esto de modo más rápido y con gran impacto. Pero ¿porqué esta ansiedad en marcar presencia?. Vivimos en una sociedad que cultiva el cuerpo para envilecerlo, comercializarlo, despreciarlo. El cuerpo reina y padece por todos lados. Simultáneamente nuestras sociedades no cesan de desvalorizar las singularidades de las personas y de tornarlas innecesarias, sin significado, inciertas. Y las pasarelas, la TV, la publicidad, prometen justamente lo contrario. Mientras todo parece incierto e inestable (relaciones, empleo, deseos) el propio cuerpo tiende a ser considerada la única cosa que queda.
Para Ud. la práctica cotidiana de la belleza en la actualidad se está relacionada con la obtención de placer personal y con el cuidado de sí. ¿Cómo estos campos, y aún la relación entre el individuo y el colectivo, componen el proceso de construcción de la belleza hoy? Hubo un tiempo en que la propaganda de cosméticos acostumbraba recomendar a la mujer: sea bella para su marido o enamorado. Esta tendencia aún existe, lógico, pero junto con otra: sea bella para sí misma, disfrute ese placer. Muchas veces tenemos la impresión de que la belleza es el medio más seguro de obtener éxito, poder y significado.
¿Hacer emerger los procesos de construcción del concepto de belleza es una forma de politizar ésta esfera? Sin duda, y para esto sería necesario politizar también la vida urbana, las relaciones amorosas, y las relaciones consigo. La belleza corporal es una relación. No existe en sí misma, como a veces se imagina. También el cuerpo existe en una trama de relaciones. Además de esto, politizar el embellecimiento sería una manera de comprender las razones sociales de nuestros gustos y necesidades de cuidar la apariencia. De este modo, percibiríamos que aquello que hoy nos es extremadamente necesario y natural en materia de belleza, en el futuro podrá, tal vez, perder completamente el sentido! Traducido para LA ONDA digital por Cristina Iriarte Foto
Portada: Marcela Cernadas, LA ONDA® DIGITAL |
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