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Antón Pirulero
También sirvió para reflexionar y comparar. Quien no recuerda los juegos. Esos juegos que antes nos permitían vivir integrados, niñas y niños, alejados de los aparatos electrónicos, participando, creando y haciendo que, más allá de la condición social, fuéramos todos iguales, en especial en la escuela.
Entre los adultos, quien no recuerda aquel juego de mímica, donde uno hacía de director de orquesta y los demás teníamos que seguir sus movimientos, muy atentos a los cambios, para no desentonar, porque si perdíamos el ritmo y nos equivocábamos, teníamos que pagar una prenda. Recuerdan que mientras jugábamos también cantábamos Antón, Antón Pirulero, cada cuál que atienda su juego
Como éste fue un día muy especial, cerremos los ojos un instante e imaginemos que todos los ciudadanos somos niños. Imaginemos que estamos en la escuela y a la hora de recreo se forma un grupo de amigos que se reúne para jugar a Antón Pirulero. Le tocó al niño Tabaré ser el director, así que todos los que participan lo deben seguir a él. Tabaré comienza la mímica con las manos, como si estuviera tocando el piano.
El ñiño Danilo, muy cerca de él, lo acompaña acompasadamente y le hace una guiñada. Hay muchos niños y niñas. Están María Julia, Mariano, Héctor, Azucena, hay varios que se llaman José y también Jorge, entre otros que se acercan a jugar. Todos aplicados intentan seguir el ritmo.
Hubo un cambio. Ahora la mímica de Tabaré con las manos simula a alguien que está tocando el violín. La mayoría atentos, lo siguen, pero hay algunos que comienzan a presentar problemas. A la niña Marina le cuesta mucho mover las manos para cambiar de instrumento pero hace un esfuerzo y se adapta. Hay otros niños que no participan del juego que le gritan cosas y la distraen. Otro cambio. Ahora Tabaré, hace como que toca el tambor y sigue cantando: Antón, Antón Pirulero Otra vez la mayoría atenta. Marina lo logró pero uno de los niños llamado José, más conocido como el Pepe, parece que está fastidiado.
Los cambios son muy rápidos y le cuesta. Además, quedó medio lejos de Tabaré, y todos sabemos como son los niños. No se lleva muy bien con Danilo y está celoso que Tabaré lo mire tanto. Para mejor Danilo parece que nunca se equivoca y tiene una sintonía perfecta con los movimientos de Tabaré.
El Pepe sufre, piensa para adentro qué carajo hago acá, jugando a Antón Pirulero, cuando el resto de mis amigos, en especial el Ñato, anda por las clases tratando de convencer a las maestras para que los recreos sean más largos. Pero se aguanta. Mira a todos y ve como están atentos a Tabaré. Otro cambio. Ahora, el líder hace como que toca la flauta. Hace rato que Tabaré tiene la mirada puesta en el niño Reinaldo, pero no dice nada.
Lo observa. Cuando él hacía que tocaba el violín, Reinaldo se quedó con el piano. Sin embargo, parece que canta bien: Antón, Antón Pirulero Ahora que pasó a la flauta, Reinaldo sigue con la mímica del piano. Algo pasa. No está atento, pero sigue cantando. Tabaré se mueve otra vez y ahora lo hace más difícil. Se pone a imitar a un tren.
Marina desconcertada, no sabe que pasó, pero lo sigue. El Pepe, cree que Tabaré no es el mismo, porque sino no podría hacer eso y no juega más. Parece que se va, pero no, solo se queda quieto.
Mientras tanto Reinaldo, no cabe duda, está en otra. Sigue con el piano, está de mal humor y parece cansado. Termina el juego: Cada cual que atienda su juego, y el que no lo atienda, pagará, pagará, una prenda de amor. Todos miran a Tabaré. El decide quien pierde, porque además, tiene un carisma muy especial. Es el abanderado de la escuela. Alumnos y maestras, lo eligieron democráticamente, por voto secreto.
Reinaldo se hace el distraído y le comenta a un grupo de amigos que se le acercó: No entiendo eso del tren, si estábamos jugando con mímica de instrumentos de música. A los niños, un tren nos puede atropellar y lastimar. Voy a defender que para jugar a Antón Pirulero, sea sólo con instrumentos. Además, una parte de la gente en la escuela me votó a mi.
Tabaré, que estaba cerca, lo escuchó y pensó: Lo invité a jugar. Lo elegí entre muchos otros. No está atento y se equivoca, y además no entiende que el que tiene todos los votos en la escuela soy yo.
A Tabaré le cuesta tomar la decisión pero no hay alternativa, Reinaldo va a tener que pagar la prenda: Tiene que ir a darle un beso a la tía Clotilde, que vive en Artigas. Eso le llevará un tiempo, así que no juega más con este grupo en el recreo.
Por el Día del Niño, lo anterior es solo un juego. Pensemos ahora si esto no se asemeja mucho a la realidad y los participantes de Antón Pirulero, cada uno en su tarea, no debemos ser todos los uruguayos. LA ONDA® DIGITAL |
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