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El TLC, un tren cargado de futuro
para unos, y de desdichas para otros

por Antonia Yáñez

La decisión uruguaya de procesar un acuerdo comercial con EE.UU. entre ambos  países, es un hecho esencialmente político y no económico. Uruguay no logrará una transformación significativa de su intercambio comercial por contar con un tratado comercial con EE.UU. Pero ingresará  a las relaciones comerciales y de inversiones del mundo contemporáneo. Que son refinadas, sutiles, despiadadas y competitivas. Las relaciones políticas que derivan de éstas, también. Por algo la embajada de EE.UU. en Montevideo ignoró desde su pagina Web la presencia, nada menos que del canciller uruguayo en el reciente foro organizado por el Consejo delas Américas. y la Cámara de Comercio Uruguay-EE.UU.

 

Desde hace más de 4 décadas Uruguay se alejó especialmente de la relación de este tipo con EE.UU. En este caso se da un doble fenómeno. EE.UU. tiene particular interés por razones esencialmente geopolíticas de concretar un acuerdo tipo TLC con Uruguay. La existencia de coordenadas políticas en Argentina y Brasil previsiblemente hostiles a la orientación norteamericana, por una década, promueve la necesidad urgente de un punto de inflexión entre ambos países. 

 

Uruguay que esta inmerso en una transformación política que recién se inicia, que aun no dibujó una propuesta alternativa de intercambio comercial por lo tanto de relaciones internacionales, se ha visto desconcertado, perjudicado por una estrategia de nuevo tipo, largamente elaborada por Itamarati  y bien recibida por Argentina. El Mercosur actual, para un Uruguay sin hoja de ruta o proyecto país integral, no sirve.

 

Lo dijo muy bien el historiador Gerardo Caetano: “No es casual que en un mal momento del Mercosur se aproveche para plantear una alternativa como la firma de un TLC”. Lo que se busca es efectivamente una alternativa. Lo particular de este fenómeno es que la búsqueda de una alternativa esta planteada, por ambos países, pero con objetivos distintos.

 

Uruguay por estar largamente alejado del “tren” de las relaciones políticas con los EE.UU. no conoce los sacudones profundos y las tensiones de las relaciones comerciales que derivan del único modelo que tienen los norteamericanos para ofrecer y que se llama TLC. La existencia de un solo modelo se sustenta esencialmente por la compleja confrontación con la Unión Europea – OMG y no de la realidad sudamericana.

 

Para no marearse con las interpretaciones, importa retener más allá de otros conceptos manejados ante la prensa uruguaya por el Secretario Everett Eissenstat, estos:Lo que EEUU busca es que el acuerdo tenga puntos en común con el resto. Si se fijan en los otros acuerdos, tienen elementos en común. Todos tienen cláusulas muy claras o tratan temas de integración con mucha claridad. Para que haya reglas de juego claras, para los inversores o para quien decida iniciar un emprendimiento en cualquiera de los dos países”.

 

De ingresar a pleno en la búsqueda y concreción de un tratado con la impronta que los explicitó el presidente Vázquez, los sacudones y tensiones no solo se manifestarán en lo endógeno de la sociedad uruguaya, sino que Uruguay de hecho quedará fuera del Mercosur. Lo quedará por factores políticos esencialmente y no por las cláusulas de auto-conservación del Mercosur.

 

Uruguay está peligrosamente solo en el concierto sudamericano, en referencia a sus necesidades casi existenciales. Se podrá argumentar con razón que no es solo a causa de sus posturas (o falta de ellas) en política internacional. Pero la realidad es contundente. El transitar un camino al TLC, no le despejará ésta empedrada y empinada realidad, todo lo contrario. No solo un enorme signo de interrogación en su pertenencia al Mercosur se le abre al país, deberá saber que las relaciones multilaterales con Europa sufrirán también transformaciones profundas.

 

Pero la gran pregunta que la sociedad uruguaya debiera hacerse es si Uruguay tiene o no una alternativa distinta, a la de iniciar negociaciones por un TLC. Cuando el gobierno realiza su más importante operación política  desde “Punta Cala” amparado por un lobby que tiene demasiados vínculos con el pasado, no elige el mejor ámbito para facilitarle a toda la sociedad un momento de reflexión ante tan vital decisión que afectará, de concretarse, las “raíces de los árboles”.

 

El posicionamiento del gobierno nacional a través del discurso presidencial parece más bien destinado a  iniciar un debate político pendiente, que a concretar una vía de inicio de negociaciones por un TLC. La satisfacción de la delegación norteamericana que llego para el evento, se redujo a observar un “posicionamiento oficial favorable” y a un “entusiasmo oficial” a la continuidad de posibles negociaciones. El nombramiento oficial, que por el momento falta, de un equipo negociador al que hacíamos referencia en nota anterior, es observado como el paso que da plena confiabilidad a que el gobierno como tal,  está decidido concretar el TLC. Los gobernantes actuales de Uruguay gozan de una significativa consideración por no incurrir en contradicciones voluntarias entre lo que expresan en privado y lo publico. Esto en relaciones internacionales tiene un gran valor en sí mismo, lo contrario también tiene un valor absoluto.

 

Para quienes al inicio de 2006 (en ambos países) confiaron a quien escribe que entre agosto y octubre se estaría concretando un Tratado: “todo trascurre de acuerdo al libreto” previsto por el “equipo que da sustancia” al gobierno uruguayo. Everett Eissenstat representante adjunto de Comercio de EE.UU. de visita Uruguay  dijo: “El punto fundamental es que estamos en el buen camino. Yo siempre hablo de caminos, pero ahora que hablaron de un tren, me voy a referir a una vía, como una vía hacia el futuro”.

 

Al observar a los distintos actores involucrados del gobierno nacional, cuesta entender si estos podrán en un plazo lógico sustraerse a tantas contradicciones generadas en planos tan diversos. 

 

El Presidente uruguayo en su discurso parece haber querido situar el tema donde realmente debería estar; “Este tema no lo resuelve sólo una fuerza política, lo resolvemos  entre todos los uruguayos”. El Presidente prescindió de decir cómo, esto determinara el curso y la viabilidad de este hecho histórico.

 

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