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Cobertura mediática en Medio Oriente
Situación ésta no novedosa, pues es posible advertir quejas por un análisis no equitativo o ecuánime respecto a las partes en conflicto, desde larga data.
Intentando una indagación respecto a las posibles causas de esa alegada distorsión o carencia de equilibrio informativa, es posible hallar, entre otras, tres órdenes principales: a) religioso; b) económico; c) por simplificación y marketing operativos.
Respecto al primero, en las dos religiones monoteístas no judías (cristiana y musulmana) , ambas proclamaban una actitud negativa hacia el pueblo judío. En la religión cristiana, hasta hace muy poco, se predicaba que el mismo era culpable del deicidio. Hubo que esperar a la aparición de la magnífica encíclica NOSTRA AETATE, para que diera inicio a un cambio en ese estigma.
No obstante esto, es bien sabido que en núcleos fuertemente conservadores, continúa la prédica antisemita sin cambio aparente alguno.
En el islamismo, se ha visto crecer, a la luz de una argumentada interpretación de sus preceptos (pues en los textos no está explícito criterio acusatorio alguno contra los judíos), grupos fundamentalistas transmiten a los niños prácticamente desde la cuna, el odio hacia el pueblo hebreo. Esto ha sido asimismo, adoptado como bandera de lucha por parte de los grupos más radicalizados del fundamentalismo, esgrimiendo como una de sus banderas más ostentosas, el ánimo de echar a los judíos al mar. En cuanto a las causas económicas, es de público conocimiento que el manejo de los medios en el mundo puede pertenecer a grupos emparentados con grandes intereses económicos, a su vez no exentos de vinculaciones con el todavía muy rentable negocio petrolero. Casualmente este preciado elemento se encuentra en una buena proporción bajo el suelo de los países árabes que constituyen el área mayoritaria del cercano oriente.
Pese a las actitudes agresivas (y suicidas) de los distintos grupos terroristas operando en la zona y en el mundo, aparenta haber una prudencia manifiesta por parte de la dirección política mediática, en cuanto al tratamiento de estas acciones, y una no equivalencia respecto a las acciones de defensa encaradas, por ejemplo, por el Estado de Israel.
Respecto al tercer orden causal, llámeselo operación periodística, y sin que esto constituya una generalización, es más que probable que el nivel de excelencia de los profesionales que cubren las noticias y/o elaboran y analizan la información respecto a cada tema, no es uniforme. Junto con brillantes y objetivos analistas y periodistas, pueden coexistir en todo el mundo colegas que no lo sean tanto.
Y ocurre que ante la emergencia de un hecho puntual a informar, resulta simplificador, encarar el análisis sobre aquella causa más inmediata, la última, la desencadenante, para proyectarla sobre su consecuencia fáctica. Pero ocurre en el tema de Medio Oriente, como en tantos otros, que analizar el último eslabón de dicho encadenamiento causal puede conducir, y de hecho lo logra, a conclusiones distantes largamente de lo que puede ser la interpretación más ecuánime y correcta.
Asimismo, desde el punto de vista del marketing periodístico, resulta más vendedor para el medio en cuestión decir aquello que el receptor está propenso o con más aptitud para recibir, pensamiento que puede sufrir la distorsión producto de la acumulación de prejuicios, falacias y por otras causas señaladas anteriormente.
Por supuesto que pueden, y de hecho existen, un sinnúmero de aspectos adicionales a considerar, pero estos tres órdenes de causas son las que por sí solas bastan para no ser optimista respecto a una objetiva cobertura del conflicto del cercano oriente. Amén de la actitud de muchos gobernantes (Rodríguez Zapatero, Chaves, numerosos países árabes, etc.) embarcados en la misma dirección.
Y qué pasa en la Argentina, respecto a los temas locales? También por una simultaneidad de causas, económicas, políticas, empresariales, es posible observar en la actualidad un tratamiento muy benévolo respecto al Gobierno actual, ocultando el creciente proceso de deterioro institucional, avance de la inseguridad jurídica, y la falta de perspectiva de consolidar la actual reactivación económica en un proceso de crecimiento sustentable.
En el ámbito audiovisual, asumen posturas más críticas solamente un canal abierto y algunas radioemisoras.
En la prensa gráfica, afortunadamente la situación está repartida, pues uno de los dos grandes matutinos nacionales no pertenece a la convergencia mediática. A su vez una empresa editora de revistas y de un diario dominical también exhibe una mayor independencia de criterio.
Por supuesto que según declaran los propios responsables de los medios disidentes, las presiones que reciben son contínuas y un factor fundamental para esto lo constituye el cerrojo económico, con una distribución más que arbitraria de la cuantiosa publicidad oficial, amén de presiones hacia los anunciantes privados para que se abstengan de asignarles inversiones publicitarias.
Un claro y triste ejemplo de esta presión a los medios, lo constituye el cierre de uno de los escasos programas periodísticos, con un perfil crítico al Gobierno. LA NACION en su edición del 25 de agosto de 2006 informa lo siguiente: Fuego cruzado, un espacio de fuerte tono crítico hacia el Gobierno con emisiones semanales los domingos, a las 23, cerró su etapa en América después de que su otro conductor, Marcelo Longobardi, sufriera un problema de salud, . Practicar el periodismo político en estos tiempos de cólera es difícil. Marcelo está bien y superó la gastrokirchneritis , pero como hasta fin de año no puede hacer el programa por prescripción médica .
Si bien los conductores no quisieron hacer declaraciones al respecto, el final del ciclo habría sido resultado de un largo desgaste vinculado, como señaló Longobardi en Radio 10 al reaparecer luego de su episodio de salud, con las dificultades de hacer periodismo independiente con un gobierno de estas características. Desde que el programa empezó, las presiones del Gobierno son brutales.
Resulta sintomático que el aludido problema de salud de uno de sus conductores no le impida continuar con otro programa en la señal de cable del mismo canal que emitía el recientemente sacado del aire.
Así están las cosas. Y no son precisamente buenas noticias.
* Economista. Su último libro: Dos años en la era K. Editorial Planeta. Buenos Aires. 2005 LA ONDA® DIGITAL |
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