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¿Tratado de libre comercio
o Mercosur?

por Prof. Bernardo Quagliotti de Bellis

Continúan en nebulosa, luego de la reciente interpelación a los Ministros de Economía Cr. Danilo Astori y de Relaciones Exteriores Sr. Reinaldo Gargano, las respuestas   por parte del gobierno, a las interrogantes presentadas por el Partido Nacional referidas al importante y acuciante tema.  ¿Cuáles son las líneas establecidas por el actual gobierno respecto a la política internacional del Uruguay?

 

La causa o las causas que motivaron tal llamado al Senado de la República, se debieron a las contradictorias declaraciones, resultado de improvisaciones, a la ausencia  de análisis creíbles y responsables, por parte de la diversas fuerzas que componen el “staff” gubernamental, respecto a tan importante  tema, por cuanto se las misma llevaron al Uruguay a enfrentar  una situación muy comprometida, que  se relaciona nada menos que con su propio destino como Nación.

 

A pesar de todo , la citada sesión tuvo un resultado positivo. Los senadores de la oposición  manifestaron serenamente que es necesario que el grupo equipo de gobierno ponga  orden y lógica  en el procesamiento de sus proyectos, lo que en cierto aspecto ocurrió.

 

Refrescando la memoria

Nadie puede poner en duda que la estrategia político-económica que debe seguir Uruguay, estableciéndola como política permanente de Estado  -como Uruguay lo ha venido haciendo desde décadas atrás- es negociar con toros los países del mundo. Esto no es nada nuevo.

 

El tren ha pasado varias veces, pero, lamentablemente, ni la izquierda de ayer, ni la derecha tan radical como aquélla, ni la izquierda progresista de hoy, (antes de ser gobierno) demostró sabiduría para alcanzar un consenso con  los partidos “tradicionales” y  aprovechar las oportunidades  de avanzar por los “carriles” de la historia. 

 

El deseo de actualización permanente  del pais, ya lo habían razonado, y expusieron en sus libros, ( aunque éstos  no fueron leídos pero sí rápidamente  olvidados.),  entre otros,  por el Cr. Enrique Iglesias (Uruguay: una propuesta de cambio”, 1966);  Alberto Methol Ferré (“Uruguay como problema, 1967);  y quien esto escribe (“Uruguay en el Cono Sur”, 1976) y mucho compatriotas más, cuyas obras constituyeron un hito muy importante en las décadas 1960/1970.

 

Hoy vivimos el 2006. Han pasado 40 años. ¡40 años!; y siguen válidos los certeros juicios de Iglesias que figuran  en su libro citado: “Uruguay  sólo encontrará salida perdurable a su desarrollo y respuesta a sus esfuerzos por lograr ocupación plena mediante una agresiva apertura hacia el exterior”.

 Acotaba Methol: “La incertidumbre del destino de Uruguay afecta y contamina, de modo inexorable y radical, al sistema de relaciones establecido entre Argentina, Brasil, Paraguay y Bolivia. Seguramente, sus repercusiones son aún más lejanas. El Uruguay como problema, problematiza a toda la (entonces) Cuenca del Plata. Es que la crisis de Uruguay pone en crisis a toda una época histórica”.

 

En 1972, Vivian Trías, en su libro “Las claves geopolíticas del Uruguay” , luego de analizar la situación político-económica de esos tiempos, (que poco han variado), finalizaba expresando:”El desarrollo desigual es, sin duda, hoy más intenso que nunca. Ello apareja otras consecuencias. Largos años de balkanización han creado indudables singularidades en las repúblicas latinoamericanas, aunque en el marco de problemáticas comunes. Combinar las leyes específicas de cada sociedad, con las leyes generales de la historia, es hoy esencial para elaborar cualquier esquema estratégico-táctico capaz de conducir a la victoria. Hay una revolución liberadora continental, pero no hay una sola estrategia para alcanzarla”.

 

 En tanto el embajador Julio  Lacarte Muró  en un ciclo de conferencias realizado en  Minas en abril de 1974, entre otros conceptos acentuaba:  “Así pues interesa saber no sólo en que está el mundo sino también hacia donde se dirige. Este es, precisamente, el punto de partida de la problemática uruguaya, auscultar el mundo externo de hoy y de mañana para ubicarnos dentro de ese gran contexto y luego tomar en el plano interno las decisiones que más convenga al interés nacional”.

 

Por su parte, el embajador Dr. Gustavo Magariños en un trabajo que publicara el Ministerio de Relaciones Exteriores( 1959) y refiriéndose al contenido de la Cuenca del Plata (hoy sería del Mercosur) decía: “Cada vez más acentuadamente el mundo se agrupa en grandes unidades económicas, compuestas por naciones que han comenzado a renunciar a su nacionalismo autártico tradicional (alguien ha dicho que el nacionalismo a ultranza es un enfermedad romántica) y que han dejado de lado ciertos principios de soberanía irrestricta, por cuanto son conscientes de su destino común y de la necesidad de defender intereses también comunes”. 

 

Cuando me preguntaba en mi libro Uruguay en el Cono Sur, destino geopolítico”(1976),  “¿El Uruguay, qué destino tiene?, me contestaba en solitario: “Debe proyectarse, consciente y voluntariamente, con clara visión geopolítica al hecho continentaly luego de recorrer todos los países de América del Sur, planteaba en  notas dominicales en el diario El País de Montevideo (198 en total) las conductas que Uruguay –a mi criterio y en base a las experiencias recogidas, debería aplicar: 

Primera acción geopolítica: Racionalización del espacio uruguayo (descentralización industrial, “ciudadanizar” el campo, unir  el Este con el Oeste, medio de comunicación, la faja fronteriza). Segunda Acción Geopolítica: Realización de la Cuencua del Plata (puerto oceánico uruguayo en Rocha, cabotaje: nuestros ríos no andan), ercetra acción geopolítica: La integración como liberación (considerando que para Uruguay su línea política interna debía vivir en acción paralela con su línea política externa), y por último la cuarta acción geopolítica: gran apertura hacia el exterior (visualizando    las oportunidades que ya  comenzaba a brindar el mercado asiático y el mundo árabe).

 

A modo de paréntesis no de conclusión

La interpelación del martes 22 de agosto, 2006, alertó al gobierno del Dr. Tabaré Vázquez a  orientar y fijar con claridad cómo desarrollar su actividad sin dobles discursos, manteniendo una línea carentes de  sinuosidades, que sea proclamada sin desafinar, creíble en lo interno y en lo exterior.

 

No se trata de realizar un esfuerzo. El gobernar exige seriedad, confiabilidad, y fundamentalmente, seguridad para el hoy y el mañana. No es posible que el ministro de Economía  -un hombre capaz como lo es el Cr. Danilo Astori- en el recinto del Senado expresara durante la interpelación, que al no haberse cumplido algunas resoluciones del Mercosur por parte de los socios involucrados, en relación a la 32, que establece “que las negociaciones de carácter comercial que se realicen con terceros países, deben ser en conjunto” , si aquéllas fueron ignoradas, el Uruguay puede desconocer a ésta y  proseguir con la idea de formalizar un TLC con Estados Unidos, dado que todo el equipo de gobierno estaba de conformidad.(?) 

 

En este punto y ante las 8ª pregunta que hábilmente le formulara el senador Dr. Jorge Larrañaga (miembro interpelante), el canciller Gargano, enfáticamente, declaró que estaba de acuerdo con una ampliación comercial equilibrada con Estados Unidos, pero si ello tenía un precio que afectara a los intereses del Uruguay, él no estaba dispuesto  a pagarlo.

 

Al fin de cuentas, la encrucijada que al Uruguay llevó el gobierno  quedó claramente  marcada  y,  nuevamente, se patentizó una vez más la disonancia que ofrece el gobierno sobre tan importante tema, y que lo que sucede en su ámbito político interno no se trata de “un simple anecdotario”. Para el Canciller lo que más ha resaltado en el  “nuevo” Mercosur es la incorporación de Venezuela.  Para Astori, en cambio, ha sido el resultado del diálogo personal establecido entre los presidentes Vázquez y Bush.

 

Es cierto que la situación se ha vuelto crítica para Uruguay, como consecuencia de las actitudes de  un gobierno argentino hostil,   de  un Brasil indiferente y  de un Paraguay que se ha refugiado en la soledad del silencio.  En la Casa Blanca como en el Club Bildelberg, sonreirán y la ex secretaria de Estado Sra. Allbraigth esperará superar su error al haber estado distraída cuando se firmó en Asunción el Tratado del Mercosur.

 

¡Qué razón tenía el Dr. Luis Alberto de Herrera, cuando manifestaba que era incomprensible, absurdo , reactivar las “insularidades culpables ¡ 

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