Presione aqui para ver el pronóstico meteorológico de Montevideo

Ante inminentes decisiones
Jaque a la razón
¿Ideología o dogma?

por  Héctor Valle

hectorvalle@adinet.com.uy

Una vez más, la lucha es con y por los desposeídos, los ignorados a la hora de repartir miradas, escuchas y migas.

 

Esta no es una hora feliz, pero tampoco es la última hora de la dignidad. Este es, tan sólo, un momento clave en el que la dignidad, la vergüenza y la solidaridad son puestas a prueba. Y vencerán, con dolor, con demorada recompensa a los esfuerzos que toda acción decente que se expresa y sustancia desde el respeto para con los demás, en tanto va hacia la conquista de mejores estadios de vida humana, termina teniendo sino toda, al menos parte de lo que inicialmente se propuso como meta a alcanzar.

 

Y la vida es eso: sorpresa y retribución. Sorpresa porque la reacción a las acciones que emprendemos a lo largo de la vida, sobrevienen cuando menos lo imaginamos y de la forma más curiosa pues, naturalmente, lo que hicimos, si lo supimos hacer bien, es decir con respeto y no atropelladamente, viene luego junto con el resultado de innumerables otras acciones de otras tantas personas. Importa, pues, actuar en grupo, mejor aun, con responsabilidad social junto a los otros.

 

Por eso quise hoy reflexionar en abierto con usted lector, con usted lectora, respecto de algunas cuestiones esenciales que parecen no ser consideradas en el aquí y en el ahora de este Uruguay del 2006.

 

Y es que creo entrever una lucha dialéctica entre polos que si bien se oponen, son complementarios. Pero que en el centro y por arbitrio de ese enfrentamiento que no pocas veces apela a la violencia comunicacional (hablo del grito, de la ofensa, del oír pero no saber escuchar, por ejemplo), ignora, y aparta cada vez más de sí, a la razón sensible. En tanto tomo a esta razón como el método que el hombre posee para acceder a lo humano que lo comprende, toda vez que la emplea en la escucha atenta  y total para con el otro, comenzando así un proceso que desembocará, finalmente, en un entendimiento.

 

Tal logro no será mezquino y subalterno, aunque sí relativo y gradual. Así, de a poco y sin prisas, iremos construyendo los lazos de una comunidad, ya de regreso en el caso uruguayo, que pueda complementarse con el mundo sin que por ello pierda, relegue, descuide y opaque, a los dioses del cotidiano, como llamara una vez a esos hombres y esas mujeres que transitan por la vida con una precariedad igual a la nuestra –en tanto humanos- pero vistosamente desprovistos de elementos esenciales para el despliegue de lo humano en su ser. Hablo de alimento, respeto y oportunidades.

 

Ellos son, hoy como nunca, el centro de nuestras preocupaciones y el vértice, insoslayable, de nuestra conciencia crítica. Y con ellos, junto a ellos, pie al piso, caminamos y seguiremos caminando.

 

Tal, creo yo, la condición primera que nos legaron hombres y mujeres que forjaron esta Nación y a los que también nos debemos, como debe todo ser moral, el saber ver en su pasado elementos que habrán de presentarse en el transcurso de su propia vida.

 

Se trata, entonces, de tener, además, conciencia histórica, geográfica, social o, como enseñara Fernand Braudel, aprender de nuestra geohistoria, esa historia profunda que está por debajo de la superficie y comprendida en el entramado de las diferentes acciones del hombre en lo social, como en lo geográfico e histórico.

 

Y proceder, consiguientemente, con los datos del hoy también, componiendo un accionar que abarque lo uno y lo otro, modo inteligente, racional y sensible de construir, reitero, una vida comunitaria digna y trascendente.

 

Comprenderá usted que estoy hablando respecto de este asunto tan llevado pero tan poco esclarecido, sobre si hay o no que ir hacia un Tratado de Libre Comercio con los E.U.A. Asunto sobre el cual si bien me he expresado, y si usted ha soportado el leerme asiduamente, sabrá de mi refracción para con tal mecanismo, igualmente hoy quise detener el análisis casuístico y presentarme ante usted y junto a usted, en el elemento anterior a todo análisis de una cuestión: el autoanálisis, sea personal cuanto más, social, de cómo nosotros nos estamos presentando ante este asunto.

 

Sepa usted, amigo, amiga, que próximamente habré de aportar datos precisos, más de los que ya aporté, sobre la razón de mis dichos. Por ejemplo, y para aquellos que dicen que no tienen conocimiento de experiencias negativas en estos procesos, pueden estas hallarse, por ejemplo, en el Informe de Desarrollo Humano Mundial 2005, del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y que la propia Presidencia de la República Oriental del Uruguay pone a disposición de todos, y en su totalidad, en su página web www.presidencia.gub.uy  con lo cual pone en evidencia, algo que se mantiene en el tiempo, en cuanto a facilitar toda la información posible y a su alcance. Esperemos que este ejemplo cunda y se derrame hacia escalones siguientes, y descendientes, al mencionado.

 

Invito pues a todos ustedes, incluso a los funcionarios que dicen desconocer datos, y que aparentemente poseen “experiencia empírica positiva”, que visiten esta página y, si lo desean, “bajen” el cuarto capítulo de tal informe, relativo al comercio internacional, así, en nuestro próximo encuentro, abundaré sobre el mismo, bien como sobre otros elementos fácticos y públicos de la realidad continental en mi poder.

 

Pero hoy es hora de reflexión crítica, dejemos la reflexión calculadora, que también importa, obviamente, para la próxima oportunidad.

 

Atendamos a nuestra conciencia.

 

Teatro Negro de Praga

Al emplear la técnica china de la cámara negra, sobre el escenario, en 1961 el entonces checoeslovaco Jirí Srnec creó un nuevo género teatral. Género que consiste en ubicar sobre el escenario a los protagonistas y, en un segundo plano, a otros actores que se vuelven invisibles por estar vestidos del mismo color que el fondo y que, si me atengo tanto a la memoria visual, cuanto a la crónica que describe este género, manipulan objetos de tonos fuertes que parecen flotar en el aire, moviéndose con libertad.

 

Hoy veo, entonces, a actores de primer orden vocear consignas y valerse de metáforas, mientras en un segundo plano, aquellos otros que simulan acciones comunes pero que en realidad, al no poder saber a ciencia cierta qué es lo que están haciendo y diciendo en sus conciliábulos, apenas podemos verlos gesticular sin comprender a cabalidad lo que en verdad sucede, o deja de suceder, en la trastienda de lo público.

 

Y esto es lo grave, que algo esté en proceso de gestación y que de ello, todos nosotros, no sepamos nada y se nos conduzca, a un estadio de cosas en el que por imperio de “los tiempos”, “el momento”, “la oportunidad”, seamos llevados a compromisos que excedan no sólo a este gobierno sino a los gobiernos de los próximos decenios en el Uruguay.

 

Ideologías y dogmas

Tanto la ideología, entendida en su concepción totalizadora y acrítica, cuanto el dogma aportan nada al entendimiento entre las personas. El aferrarse tozudamente a esquemas que supuestamente otros validaron, de palabra o de obra, lleva más tarde o más temprano a un grado de enfrentamiento que anulará a ambas partes. No importa que una salga victoriosa, pues será una victoria pequeña, carente de trascendencia y de crecimiento para todos los que intervinieron en la porfía.

 

Como dice Pelayo García Sierra, en su diccionario filosófico y a propósito de la “falsa conciencia”, pero haciendo hincapié, de mi parte, en lo que a ideología él refiere: “En cualquier caso, el concepto de ideología debe ser coordinado con el concepto de “conciencia objetiva” (conciencia social, no en el sentido de una conciencia sin “sujeto”, sino en el sentido de una conciencia que viene impuesta al sujeto en tanto éste está siendo moldeado por otros sujetos del grupo social).”

 

Y agrega algo que,  para mí al menos, es sustantivo: “(...)Poner a las ideologías en su contexto dialéctico es tanto como tratarlas desde una perspectiva crítica, es decir, analizarlas en cuanto formaciones que tienen que ver con la verdad y la falsedad, y no meramente, tratarlas desde una perspectiva psicológica, o social-funcional.”

 

Aquí me detengo para pensar, intentarlo siquiera, respecto de estas expresiones. Y sólo podré hacerlo si acallo las voces y los ruidos que tanto en mi circunstancia de vida como en mí mismo, estén presentes para poder así analizarme y entonces contextualizarme en y ante el problema a dirimir. Si es que hay un problema, convengamos.

 

Debemos sopesar todos los elementos a nuestro alcance y también aquellos a los que por nuestra propia iniciativa, que debe existir en función de la responsabilidad social que nos cabe, en procura de informaciones mayores y más profundas sobre la cuestión que hoy ocupa, y seguirá ocupando, la centralidad de la acción ya no del gobierno, sino del país todo: ¿qué es y a qué aspira el Uruguay? ¿con quiénes y a partir de qué premisas y acuerdos? ¿Cuáles son sus posibilidades en las variadas opciones planteadas?

 

Hoy terminaré esta invitación a reflexionar, con una cita de ese gran pensador, periodista y escritor llamado Carlos Quijano.

 

El 20 de abril de 1945, desde el semanario Marcha, Quijano publica la sexta entrega de un trabajo superior - “El regionalismo económico”-, de la que extraeré algunos pasajes a modo de conclusión.

 

Dijo Quijano: “(...) Una industrialización impuesta desde afuera, forzosamente por estados Unidos, mientras estos países del sur permanezcan desunidos prepara o agrava el vasallaje económico, por la fuerza de los hechos y aunque la voluntad rectora de la política de Washington sea otra.” Para agrega, más adelante, lo siguiente: “Hay en Estados Unidos, sin duda, muchas buenas voluntades y muchos altos, finos y generosos espíritus que repudian las incursiones de sus banqueros y de sus grandes capitanes de industria, tanto o más que nosotros. Lo que decimos es que la decantada igualdad jurídica de los Estados, es un mito, si no va acompañada de poderío. Que no hay acuerdo sino entrega entre iguales y que sólo son iguales, realmente iguales, los que pueden recíprocamente hacerse respetar.”

 

Hago mías cada una de estas palabras de un hombre que, en su momento de vida, dio acabada prueba de su alta condición humana y que, además, lo hizo con una razón sensible que hoy, además de recordarla, la añoramos por tanto necesitarla en las mentes y en las conciencias de todos nosotros, sin duda, pero especialmente de los que tienen a su cargo la tarea de gobernar.

 

Ciertamente que no procederé desde el facilismo de decir que son ellos los responsables para luego, y si el daño es producido, gritar desde mi torreón, no. Yo tengo mi responsabilidad, mi cuota parte, pero aclaro y declaro que todos la tenemos y en primer término los que deben velar, porque tal es su tarea, por el buen gobierno y la buena conducción de la cosa pública, entendiendo por tal, la dignificación de la vida de los hombres y de las mujeres que habitan este país.

 

Que no lo olviden, como yo no lo olvido y usted tampoco. Que todos recordemos esto, mientras en la soledad, cada quien reflexione y permita que su conciencia crítica actúe. Y luego, recién ahí, proceda a accionar en lo público. Sabiendo de la trascendencia que tendrán sus pasos. Y que entonces no mire a un costado. Ya no habrá cómo huir de lo que cada quien hizo en esta hora clave. Aun hay tiempo, aprovechémoslo. En bien del otro.

 

La ética es posible. Aun hoy lo es. No perdamos la oportunidad de ser hacedores de nuestro destino y hacerlo junto a los otros. Hay modos aun no visitados.

 

Dejemos dogmas e ideologías de lado y atendamos a la razón sensible que, junto a la conciencia de nuestra geohistoria, desde el conocimiento acabado de las ciencias sociales, sabremos encontrar los caminos, vecinales y principales, para acceder a una mejora, sustantiva, permanente, de nuestra realidad.

LA ONDA® DIGITAL


Contáctenos

Archivo

Números anteriores

Reportajes

Documentos

Recetas de Cocina

Marquesinas


Un portal para y por uruguayos
URUGUAY2030.COM

© Copyright 
Revista
LA ONDA digital