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Atlántico Sur:
El ilustre político argentino Juan B. Alberdi consideraba a los estrechos sureños, lo que el canal de Suez a la Europa marítima y comercial que trafica con el Oriente. En la geopolítica del Atlántico Sur, a Uruguay ante la realidad inexorable de la integración regional, por determinismo geográfico como por posibilismo, su hinterland se proyecta hasta las tierras mediterráneas de Argentina, Bolivia, Paraguay y suroeste brasileño.
Interludio al año 2025 Ginebra. Estamos en el año 2025. Las potencias costeras han extendido su soberanía hasta el centro de los océanos. Buques de carga y barcos militares deben pagar tributo al pasar de una zona de soberanía a otra o cuando atraviesan estrechos cuyo paso fue libre en otro tiempo. El conflicto entre los países con y sin costa, mantiene al mundo en estado de tensión, mientras los gobiernos entran en liza en torno a los recursos del lecho marino.
El pescado es un producto escaso; las pocas especies que sobreviven tienen un extraño sabor, pues viven en un elemento enrarecido `por cantidades ingentes de contaminación. Bañarse en el mar está prohibido por ley en la mayor parte de las zonas costera. La contaminación ha matada la mayor parte del fitoplancton del mar, fuente primaria del oxígeno terrestre. El entorno ecológico necesario para sostener la vida en la tierra se está desgastando. Este cuadro del mundo, a mitad del siglo XXI, puede parecer sombrío; sin embargo, es solo una proyección de las tendencias actuales. (Richard A. Frank, artículo publicado en New York Times del 18 de mayo de 1975. )
Referirse al Atlántico Sur, significa abocarse a una de las problemáticas fundamentales de sus países costeros: Brasil, Uruguay, Argentina y por la margen Este: Cabo Verde, Guinea-Bissau, Sierra Leona, Liberia, Costa de Marfil, Santo Tomé y Príncipe, Nigeria, Camerún, Gabón, Congo, Cabinda /Angola), Namibia y Sudáfrica.
El inmenso mar es una fuente de inconmensurables recursos, de allí la importancia del conocimiento de ese espacio acuático y de las relaciones que entre los Estados citados, deben mantenerse, por cuanto la importancia del Atlántico Sur en el marco de las relaciones internacionales se encuentra ligada a factores económicos, geopolíticos y geoestratégicos. Considerado como una de las mayores fuentes de recursos económicos del mundo, tanto alimenticios como minerales, el Atlántico Sur no ha sido debidamente explotado. Ante el grave problema alimentario mundial, los países sudatlánticos cobran, además, real importancia por ser productores y proveedores de elementos fundamentales como carne, cereales, oleaginosas, cultivos tropicales y los productos del mar .
Zona de seguridad de América y África Todos Estado, para su supervivencia, necesita un mínimo de seguridad. Las fronteras marítimas para cualquier país costero, significan el mantenimiento de la soberanía de sus aguas continentales y la viabilidad oceánica para su comunicación con el mundo.
Desde este enfoque, se pueden delimitar dos formas de mantenimiento de la seguridad en el Atlántico Sur: 1) la seguridad individual ejercida por todos los Estados sudatlánticos; 2) la seguridad colectiva que en un momento estuvo conformada por la existencia del Tratado de Asistencia Recíproca (TIAR) que actualmente tendría que ser revisado y enfocado en forma adecuada al mundo competitivo y desordenado en que vivimos.
Al no existir un sistema de seguridad sudatlántico organizado, se visualiza la importancia geoestratégica que cobra el océano Atlántico para los países del área y para las potencias extrazonales que poseen intereses en ella: caso de Inglaterra al mantener su usurpación en Las Malvinas, o bien su control en la isla Ascensión donde a Estados Unidos, Londres le facilitó acceso militar y, más al sureste, las denominadas Georgias del Sur.
Nuevos rumbos El ser humano no fue alcanzando en saltos mortales las diversas etapas de su proceso histórico. Las más culminantes permitieron crear , paulatinamente, formas o estilos de vida -sociales, políticos, económicos, culturales- que, aunque no fuesen cabalmente comprendidos en el pretérito, iban conformando el acontecer futuro.
El tema de hoy, el gran tema, es aceptar que la humanidad no inventa los acontecimientos, los va descubriendo. En su historia prevale siempre la aspiración a la liberación del hombre. Toda ella no encierra otra aspiración que el trance hacia la libertad comprometida con el futuro.
Por tanto, la gran tarea de nuestro tiempo radica en sostener, mediante los medios y caminos disponibles, una afirmación político, socio-cultural y económica, que reoriente los valores que en los tiempos se han ido perdiendo, confundidas las sociedades en una mezcla de positivismo, naturalismo y materialismo extremados por una gran parte de la humanidad.
En su entrañable interés por el destino de nuestro tiempo, Sorokin se hace la misma pregunta que se hiciera Ortega y Gasset, también éste ansioso por contestarla: ¿aprenderá el hombre, alguna vez, de las lecciones de la historia referentes a la vida y al florecimiento, enfermedad y muerte de las sociedades humanas? ¿Aprenderá en ese campo no-enseñable de la experiencia histórica?
Las batallas silenciosas Por siglos, el lecho de los mares y la profundidad de los océanos, constituyeron una zona de misterio y de leyenda. En el Atlántico Sur, desde hace décadas -por qué no, siglos- se vienen desarrollando a cabo batallas silenciosas entre las potencias hiper-desarrolladas y las grandes empresas transnacionales; en muchos casos, amparadas éstas por organismos internacionales que les otorgan patente de investigación científica.
Todo se puede desarrollar, ante la impotencia de los países ribereños -sudamericanos y africanos en el Atlántico; como también los del Pacífico. La tecnología que los poderosos poseen, está dirigida a lograr fuentes de petróleo, nódulos metálicos, como también algas y diversos vegetales que se encuentran en el lecho oceánico.
Por tanto, en la agenda geopolítica uruguaya, la pradera mojada del Atlántico y del río de la Plata, se debe un severo análisis de situación, pues su espacio -tanto terrestre como oceánico- es la base natural de convergencia del corredor fluvial Paraguay-Paraná, bisectriz marítima del Cono Sur atlántico sudamericano. LA ONDA® DIGITAL |
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