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La Argentina fraKturada
por Pablo Broder*

Hace ya bastante tiempo, hemos venido insistiendo sobre el creciente deterioro de la institucionalidad en la Argentina, las transgresiones al Estado de Derecho y a la vigencia de las garantías fundamentales manifestadas dentro y fuera del sistema jurídico vigente.

 

En el primer caso con un avance muy veloz hacia manifestaciones de un gobierno hegemónico e hiperpresidencialista a través de disposiciones legislativas como la modificación a la estructura del Consejo de la Magistratura, llave para el control del Poder Judicial, los llamados superpoderes para modificar según el arbitrio del Poder Ejecutivo el presupuesto nacional, pasando por la reglamentación de los decretos de necesidad y urgencia, tornando inocua la participación del Legislativo en los hechos, respecto a esta materia.

 

Por fuera, y como formando parte de una carrera en una pendiente inclinada, en la que a medida que se avanza la velocidad se incrementa, la ley del más fuerte, la violencia, la inacción de las fuerzas de seguridad, permiten ganar el ámbito de la República a la prepotencia y la fuerza. Así, por fuera de los ya cotidianos espectáculos de cortes por doquier, por razones ( o no razones) de todo tipo, que determinan una carrera con sorpresas desplazarse por el país, aparecen intrusiones a predios privados, encapuchados impidiendo por la fuerza marchas pacíficas, calles tomadas, así como hace poco tiempo se pudo observar la moda de los aprietes y bloqueos, contra empresas privadas o calamitosamente contra todo un grupo étnico, los supermercadistas chinos, por no acceder a las demandas de los violentos.

 

Mientras tanto, el espectáculo de la prensa amedrentada y amenazada, cuya última manifestación televisiva fue el levantamiento de uno de los escasos ( o quizás único?) programas críticos al Gobierno en la televisión abierta. La Argentina se asemeja cada vez más a un caos, y lo peor es que la mayoría de la sociedad parece no percibirlo en su total magnitud, asumiendo algo similar a una silente resignación.

 

No obstante, algo ocurrió. El día 31 de agosto se llevó a cabo, en plena Plaza de Mayo, un acto multitudinario donde los ciudadanos reclamaron  contra la inseguridad reinante. Manifestación cívica de una pluralidad de ideologías, pero donde los asistentes, por sobre las amenazas y medidas para - vía temor- disuadir la presencia, sobreponiéndose a sus diversidades, se confundían en un reclamo unificador: seguridad (y yo agregaría vigencia del Estado de Derecho).

 

Un día antes de su realización, aquel miembro de Gabinete autor de la invasión e intrusión a un predio privado en la provincia de Corrientes, organizó una contramarcha a escasas cuadras del primero.

 

En su editorial del mismo 31 de agosto, LA NACION señalaba:

“…La movilización de hoy, entonces, no representa la expresión de una minoría de la sociedad, sino la exteriorización de una sensación colectiva de miedo instalada en buena parte de la población, que requiere respuestas sensatas frente al delito de quienes tienen la obligación inexcusable de brindarlas.

 

Sin consignas partidarias, la convocatoria de Blumberg es una forma de expresión pública de preocupación frente a la actitud del gobierno nacional respecto de la ola de inseguridad que se abate sobre todos, en especial sobre los sectores más indefensos de la sociedad, como los ancianos y los más humildes.

 

A su inocultable deserción respecto de su obligación esencial de proveer seguridad a la población y a su actitud selectiva respecto del cumplimiento de las leyes penales, el Gobierno ha sumado algunos mensajes de corte antidemocrático y netamente intimidatorio en procura de boicotear la movilización, con amenazas veladas que resultan inaceptables en una democracia. En ello tiene que incluirse el llamado desde despachos oficiales, en particular el del subsecretario de Tierras para el Hábitat Social, Luis D Elía, para que los piqueteros aliados del Gobierno realicen una "contramarcha" en la misma plaza y a la misma hora. Esa actitud es una muestra más de la prepotencia y el desapego al respeto de la libre expresión exhibida por el ex piquetero y ahora funcionario kirchnerista, quien se ha constituido en una verdadera e inaceptable fuerza de choque.

Esas amenazas irresponsables estimulan la violencia y pueden derivar en enfrentamientos callejeros…”

 

Se vienen tiempos difíciles, y es importante preverlos. Que no son nuevos. El clima de una sociedad dividida entre buenos y malos, el nosotros y ellos, es alimentado sistemáticamente desde los más altos niveles de conducción del Estado, menospreciando, subestimando y agraviando a quienes no confluyen con el pensamiento único ( “…concertamos con quienes piensan como nosotros …” decía el Jefe de Gabinete).

 

Y estos tiempos que vienen y que en parte ya se están viviendo no son nuevos. Habría que retrotraerse a las manifestaciones del peor Perón, cuando hablaba de sus adversarios como los “Contreras” “al enemigo ni justicia” “ por cada uno de los nuestros que caiga, caerán cinco de ellos”

 

El día 31 de agosto es una gráfica manifestación  de una sociedad fracturada, a impulsos o con la aquiescencia del poder gobernante, utilizando ya sea instrumentos legales, sea fuerzas de choque adictas, entronizando la ley del más fuerte.

 

En un país muy aliado a la  Argentina actual, Venezuela, uno de sus más importantes periódicos, EL UNIVERSAL, el día 30 de agosto escribía:

 

“ …Cuando Arlene Alvarado de Benacerraf, presidenta de la Asociación de Vecinos del Caracas Country Club y una entre 2.500 socios, se enteró del decreto de expropiación de los campos de golf, no podía salir de su asombro. Calificó la noticia de "escandalosa", pero prefiere esperar, "conocer los planteamientos de base y revisar el aspecto legal que sustenta la medida".

 

La noticia cayó como una piedra sobre un lago. Las ondas llegaron a las orillas y se esparcieron por todas partes…. Primero había sorpresa _a pesar de las advertencias previas_, luego indignación, y al final compartían el amargo sabor de la incertidumbre. …”

 

Comentarios de allegados al club señalaban que hasta no hace mucho tiempo, ellos creían que la ola de deterioro del Estado de Derecho “no les iba a tocar”, y actualmente expresan con pesar que quizás su reacción actual puede ser tardía.

Cuando una sociedad no advierte las transgresiones sistemáticas al contrato social que rige entre sus habitantes puede ocurrir lo que señalaba Bertold Brecht: “Cuando vinieron por los otros no me preocupé, pues yo ( no era los otros”.) … ahora que están llamando a mi puerta, ya es tarde.”

 

Toda la sociedad sana debe reaccionar con valentía y energía, frente a la creciente transgresión, caos social y abandono de las premisas fundamentales del Estado de Derecho. El temor nunca fue un buen consejero. Y todavía se está a tiempo. El acto del 31 de agosto brinda aún esperanzas que no todo está perdido. 

(*) Economista. Su último libro:”Dos años en la era K”. Editorial Planeta. Buenos Aires. 2005

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