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El elefante y la hormiga
Sin embargo, todas tienen algo en común: en cada lugar es posible encontrarse con uruguayos. Algunos han emigrado en la década del setenta y otros lo han hecho en los últimos años, en especial luego de la crisis que sufrió Uruguay en el 2002. Pero siguen llegando, los últimos hace quince días.
Todos con los que he hablado mantienen algún tipo de vínculo con nuestro país y es notorio que, más allá del éxito que han logrado o puedan lograr desde el punto de vista económico, muchos hubieran preferido no tener que haber dejado atrás su lugar de nacimiento, su familia, sus amigos, sus afectos. Las circunstancias contribuyeron a valorar que era mejor dejar su tierra contra su voluntad que vivir en Uruguay, un país que ofrece una cantidad muy limitada de oportunidades.
El mensaje que recibí es que aquí ocurre todo lo contrario, las oportunidades sobran y si uno las sabe aprovechar, es posible tener éxito. Además, los uruguayos piden poco. Mantener a la familia, educar a sus hijos y ayudar a la gente que, por una razón u otra, sigue en Uruguay. Y en este tránsito por la primera potencia del mundo, hubo un tema que estuvo presente en el diálogo con nuestros compatriotas: los caminos que tienen los productos uruguayos para aumentar su ingreso al mercado norteamericano, por intermedio de la firma de algún tipo de acuerdo comercial con este país gigante y rico, donde viven 300 millones de personas.
En el intercambio de ideas con quienes viven aquí parece imponerse una visión común: no logran captar por qué se discute tanto entre los uruguayos y hay tantas divergencias desde el punto de vista político, con respecto a que a partir de ese acuerdo se pueden lograr una serie de ventajas para el país. Con los que hablé, nadie logra entender por qué se mezcla lo ideológico con lo comercial.
Un uruguayo, profesor universitario que vive en la zona de Sacramento, me señaló que el progreso de los pueblos en la historia de la humanidad, se ha producido a través del comercio y nunca ha influido en ello la ideología.
Los caminos del comercio y de lo ideológico deben ser paralelos. No hay por qué aceptar que todo lo que hace EE. UU está bien y tampoco dejar de criticar los errores, pero eso no nos debe privar de mirar con inteligencia la puerta que se nos abre al tratar de venderles más.
En definitiva, va a generar riqueza para los uruguayos. De otro forma, no se entendería la enorme presencia que tiene China en esta economía. Si logramos duplicar el ingreso de carne, de veinte mil a cuarenta mil toneladas, es probable que haya más frigoríficos con capacidad de producir, lo cuál generará más trabajo y ello abre el espectro del circuito económico. Si eso pasa con cada uno de los productos que Uruguay exporta, el resultado no puede ser más que beneficioso. Es cierto que la capacidad de producción de Uruguay, de cualquier cosa que haga, es limitada pero eso nos llevará a aumentar la calidad y el aumento de la calidad nos lleva a la incorporación de tecnología y la tecnología a un mayor conocimiento y preparación de los trabajadores. Porque aquí en EEUU se compite con el mundo. Las opciones que tiene el consumidor norteamericano para decidirse a comprar, por ejemplo, una botella de vino, supera las cinco mil, entre americanas y extranjeras.
Eso quiere decir que hay cinco mil marcas compitiendo con las bodegas uruguayas. La única posibilidad que tienen entonces nuestros empresarios, por la escala en que se mueven, es elevar la calidad. Y lo están haciendo porque el vino ya llega y el que lo prueba lo elogia.
Luego habrá que saberse vender a través de un marketing adecuado y para ello habrá que invertir, en un mercado donde todo el estímulo está dedicado a la vista. Estados Unidos, tiene acuerdos de libre comercio con muy pocos países, no más de diez en el mundo. Uruguay podría llegar a ingresar en esa lista de privilegio. Si no lo hacemos nosotros, otros ocuparán nuestro lugar.Estados Unidos, nos guste o no, es el país del consumo y lo seguro es que eso no lo vamos a cambiar los uruguayos. Llegará otro que entienda cómo funciona el sistema y venderá algo que quizá nosotros podríamos hacer mejor. También podemos rechazar querer venderles más productos uruguayos a los estadounidenses.
Lo cierto es que no se van a enterar y ni siquiera les va a importar porque con o sin Uruguay todos aquí van a seguir viviendo igual. Porque cuesta asumir que pese a que nos creemos el centro del mundo, para ellos Uruguay no existe. Que tomen conciencia de nuestra existencia y lo que somos capaces de hacer, lo debemos generar nosotros mismos.
Es como comparar una hormiga con un elefante. Son dos mundos diferentes, distintos, con dimensiones sideralmente incomparables, pero si la hormiga logra que el elefante le preste su sombra, es probable que construya un mejor hábitat, que luego compartirá solidariamente con sus semejantes.
El elefante, seguirá en la selva tratando de sobrevivir y para él la hormiga no es más que un accidente. LA ONDA® DIGITAL |
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