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A poco más de un mes de las elecciones presidenciales: ¿A quien
derrota Lula? Hay quien dice que derrota la ética en la política. Se diseminó, como en ninguna otra campaña de denuncias anteriores de corrupción, la imagen del mensalão ligada al PT y al gobierno. Los efectos parecen haberse restringido a sectores de la clase media y especialmente de los estratos más ricos de la población. El efecto formador de la opinión por parte de la prensa parecía arrasador, pero cuando el circuito de opinión pública se ensanchó, con el inicio de la campaña electoral, la masa pobre de la población desequilibró, de forma extremada, a favor de Lula, que no sólo obtiene datos que hacen esperar su victoria en la primera vuelta, como asentada en un impresionante caudal de votos populares, que se afirman como sólido apoyo para el presidente.
La campaña contra Lula no lo derrotó, aunque haya provocado desgastes significativos en la imagen del PT y haya concentrado los votos del presidente en áreas populares que el partido tiene dificultades grandes en organizar y en transformar en votos petistas. De ahí el destaque del liderazgo de Lula populismo, lulismo, para los análisis tradicionales y conservadores en contraste con el debilitamiento del PT.
Se puede decir que Lula derrota, así, la capacidad de formación de opinión pública por parte de la gran prensa. El voto que puede reelegir a Lula es sobre todo un voto social, por el efecto de sus políticas sociales que, por primera vez en la historia de Brasil, hacen revertir aunque en forma tenue el puntero de la desigualdad en la dirección de la igualdad.
Pero también se puede decir que Lula derrota especialmente la elite tradicional brasileña. Sus políticas sociales no siguen las propuestas históricas del PT de universalización de derechos, son políticas asistenciales. No obstante, su escala, nunca antes conocida en Brasil, permite un proceso de redistribución de renta y de acceso a bienes de los que la electrificación rural es un ejemplo claro que difícilmente podría reducirse al asistencialismo.
Lejos de ser una política revolucionaria, que revierta estructuralmente la desigualdad brasileña para lo que sería necesario, entre tantas otras iniciativas, una política sólida de empleo ella revela como los gobiernos anteriores ni siquiera hicieron eso. Todo el discurso social del gobierno FH, materializado en lo que se promovió como las políticas llevadas a cabo por la entonces primera dama, Ruth Cardoso, durante ocho años, no impidieron que el ex-presidente haya quedado para la historia y para la conciencia popular como un gobernante de los ricos. El sello más relevante del gobierno FH, desde el punto de vista social, fue el de la acentuación de la concentración de la renta, por la retracción de las responsabilidades estatales en el área social, por los procesos de privatización y de precarización de las relaciones de trabajo.
La eventual victoria de Lula aún incluso en la primera vuelta se vuelve así contra dos pilares del poder en el mundo contemporáneo: el monopolio de la palabra y el monopolio de la riqueza. La conciencia de esto puede llevar a un segundo gobierno con una conciencia social clara del proyecto que precisa Brasil para superar el principal estigma heredado la verdadera herencia maldita: las desigualdades, las exclusiones y las injusticias sociales. (Jornal do Brasil) Traducido para LA ONDA DIGITAL por Cristina Iriarte LA ONDA® DIGITAL |
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