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Claves geopolíticas (XI)
Del ELC al Mundo

por Héctor Valle

De nuestra historia reciente

Hace ya unos años, tuve el privilegio de conocer a un hombre que, además de diplomático, fue un estratega. Me refiero al Embajador Paulo Nogueira Batista, brasileño que tuvo en su haber importantísimas tareas en los principales foros internacionales.

 

Fue así que una tarde dominical de verano en Montevideo, y luego de un almuerzo, tuvimos una conversación, mientras él encendía y disfrutaba su cigarro, a propósito de la etimología de dos términos: reportero y periodista; esas dos maneras que tenemos los brasileños y los rioplatenses de mencionar a esta nuestra profesión de comunicadores sociales.

 

Nogueira Batista siempre hallaba un momento para escuchar al otro, sin preconceptos de clases o grados y así, mirarle despaciosamente a los ojos y tomar experiencia. Él sabía en qué estriba la esencialidad de las cosas entre los humanos y por ello daba prioridad a la comunicación con el otro.

 

Por eso, en tanto nuestro Presidente Tabaré Vázquez dialogaba con el mandatario brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, respecto de la mejor inserción del Uruguay en el contexto regional e internacional, fue que tuve estos recuerdos. Es que Nogueira Batista además, y en la especificidad de la integración sudamericana, tuvo mucho que ver y qué dejar en materia de pensamiento y de proyectos integradores.

 

Pensador superior, el diplomático brasileño dio su última conferencia, si mal no recuerdo, allá por el año 1994, en el marco del Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de San Pablo, en Brasil, intitulada “El MERCOSUR y los intereses del Brasil”. Así, Nogueira Batista trazó, una vez más, con claridad conceptual, lo que hoy está produciéndose en el ámbito real de las concreciones entre los países de la región. Me refiero al Espacio de Libre Comercio, en el marco de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI) al que luego habré de referirme.

 

Esta conferencia, vale acotar, puede hallarse si usted la busca en Internet (quizá sea mejor por su nombre en portugués: “O MERCOSUL e os intereses do Brasil”) puesto que es más que recomendable su lectura completa para una mejor comprensión de lo que hoy nuestros países construyen.

 

Vayamos a algunos conceptos vertidos por el Embajador Nogueira Batista, que me tomo la libertad de traducir para una mejor comprensión en el contexto de estas reflexiones.

 

Casi al comienzo, da el marco apropiado a un país que realmente quiera ir a más, en el contexto del crecimiento real de sus capacidades, luego la de sus gentes y emprendimientos: “Una política de desarrollo supone la existencia, al menos implícita de un proyecto económico nacional, aunque sus contornos sean imprecisos; y la capacidad de definir, mínimamente, lo que el países se considera en condiciones de producir, a mediano y largo plazos, con capitales propios o extranjeros; con tecnología nacional o importada. En otras palabras, la aptitud para estimar el grado de inserción deseable en la economía mundial para que la economía nacional opere no sólo en condiciones optimizadas de competitividad sino también con seguridad de abastecimiento, mayormente en áreas estratégicas.”

 

Aquí podemos advertir premisas que debieran ocupar la centralidad de nuestras aspiraciones. Porque si bien esto se refiere al Brasil, en realidad es un ejemplo válido para todo aquel que busque que su país emerja a un desarrollo creíble y sostenible en el contexto del Estado-Nación que lo comprende. Es decir, Nogueira Batista da por sentado que la intención, la carga argumental está en el surgimiento de un mejor país para toda su gente. Esto es, no parte desde mecanismos que promueven instancias comerciales superlativas, como pueden ser, también, las zonas francas, donde si bien pueden ser útiles como medio para que, enmarcadas las inversiones en una complejidad que aliente también al Estado que las tolera, coadyuven a la mejora de lo público.

 

Malo es cuando se buscan tales mecanismos como finalidades, como objetivos y no como metas en un plan mayor de una nación que busque promover una generación de emprendimientos productivos que alienten la inversión y con ello la generación de instancias de riqueza que, reguladas en bien de la gente, promuevan a su tiempo la mejora de los ingresos junto con una política distributiva que haga que tales logros se derramen lo más extensa y profundamente al conjunto de la sociedad.

 

Asimismo, Nogueira Batista da por sentado que la inversión es la inversión. Y esto que parece, y es, de Perogrullo, hay que decirlo puesto que si él habla en su conferencia de inversión con capitales propios o extranjeros, hoy y aquí, en este Uruguay donde los dogmáticos desvelan sus prejuicios –que son esencialmente síntomas de la baja autoestima que tienen tanto de sí mismos como de la nación que los alberga- al creen que inversión es sólo la que llega. Como que “el capital” “viene” y modula su voz en otras lenguas que la de Cervantes. Falacias de esta modernidad tardía, si seguimos el criterio (para mí enteramente válido)manejado por la antropóloga mexicana Rossana Reguillo, respecto de qué fase de la modernidad es la que hoy nos comprende.

 

Prosigamos. Casi de inmediato, Nogueira Batista agrega: “La retomada del desarrollo exigirá, por tanto, apreciación cuidadosa de las ventajas comparativas nacionales, ora de carácter estático, como los recursos naturales, ora de naturaleza dinámica a ejemplo del capital, la capacidad empresarial, la aptitud de la fuerza de trabajo y el nivel tecnológico, entre otros.”

 

Y, dice más: “Por más eficiente que sea una empresa, su capacidad de competición, en el país como en el exterior, dependerá, en último análisis, del entorno nacional en el que opera, de la capacidad sistémica de competición del país, en términos de estabilidad macroeconómica, política cambial, infraestructura de comunicaciones, de transportes, de educación, sistema financiero y nivel de calificación de la mano de obra. No basta que la empresa sea competitiva, es preciso que el país también lo sea. Se requieren acciones gubernamentales para la creación de la moldura adecuada para el desarrollo de la empresa nacional y, consecuentemente, su proyección externa.”

 

Como ustedes sabrán apreciar, estas son parte –vuelvo a recomendarles obtengan el documento y lo lean en su totalidad- de las declaraciones de un hombre sobre Alta Política, desde una geopolítica que si bien apunta a mecanismos operativos de corte o de carácter, más bien, económicos, antes de ello, en el cero de la cuestión está el planteo político del país, en su complejidad y vastedad de miras para luego sí, ir en pos de acciones específicas para alcanzar determinados logros, en el marco de un plan de acción que comprenda a otras acciones que los validen, socialmente.

 

Cuando uno apela a los mayores, y para mí son mayores tanto el señor Paulo Nogueira Batista cuanto el señor Carlos Quijano, por ejemplo, lo hace con el ánimo de practicar en sí un análisis que lo retrotraiga a instancias donde otros supieron hacer, sea en el discurso como en la operatividad de la cosa pública, nacional o internacional, lo correcto, tomando por tal el mejor fin de la sociedad que lo nucleara.

 

Que debemos despejar nuestra mente, y nuestro espíritu principalmente, de estructuras que anquilosan en unos casos y atrofian en otros, el propio pensamiento reflexivo, incluso el calculador.

 

Que lo dogmático no refiere a una u otra creencia positiva o también a la práctica del ateísmo, esa otra religión, sino que yo lo tomo en toda aquella circunstancia que lleva a que un hombre, que recibe la instrucción de avanzar en pos de la mejora del comercio, lo hace, sola y exclusivamente hacia tal lado, con tales premisas y se invalida, así, de avanzar con criterio, apoyado en la realidad de las cuestiones que tantas veces, como en éstas que vivimos, nos superan. Me refiero, naturalmente, a la región. A que es vano caminar con la vista dirigida al cielo si no sabemos qué estamos pisando, o intentando pisar.

 

Porque en las cuestiones del ejercicio del poder, si me permite usted esta aparente digresión, el que manda tiene una intención y el que recibe el mandato no necesariamente lo mueve igual sentir y bien puede, con un supuesto instrumento, manejado por ambos –aquí hablamos del libre comercio- avanzar hacia horizontes y con contenidos no planteados por el primero y ni siquiera en la mente de aquél. Luego sobrevienen, evidentemente, golpes y caídas. Golpes que se pegan ambos y caídas que sufren los del segundo y tercer escalón en la línea de mando. Esto es inevitable, aunque hoy se vea como una quimera.

 

Volvamos a lo nuestro.

Ya muy avanzada la conferencia, el Embajador Nogueira Batista, en una instancia como aquella en que la profirió con toda la fuerza y convicción nacidas del libre examen de un espíritu superior que busca –como él lo buscó y creo que halló- la mejora sustantiva de su gente, ya casi por arribar a las conclusiones, este maestro de la diplomacia sudamericana, decía lo siguiente: “La América del Sur, nuestro ambiente geográfico, en la realidad, es la única área en que, haciendo buen uso del cuadro institucional de la ALADI, podremos tener la posibilidad de concurrir en condiciones preferenciales con parceros de extra zona. Eso sólo será viable, de tal modo, si estuviéramos dispuestos a importar más de nuestros vecinos. No hay, a largo plazo, esquema de integración que se sustente sin un razonable equilibro en las corrientes de intercambio. Por esta razón, y llevando en cuenta las peculiaridades de sus estructuras económicas y de comercio exterior, admitimos la posibilidad de que nuestros parceros desgraven en ritmo más lento del que aquel en el cual nosotros mismos estamos preparados para hacerlo.”


Y añade: “La ALCSA (Área de Libre Comercio Sudamericana) y el
MERCOSUR son procesos a ser conducidos por el Brasil de forma independiente, mientras estos se complementan y se refuerzan, al desarrollarse paralelamente, con velocidad y profundidad distintas. Como se hizo en la Europa Occidental, el Brasil propone, en la América del Sur, una integración a dos velocidades y con geometría variable.”

 

Luego usted, concluirá por sí mismo sobre qué tanto tenemos para pensar respecto de estas cuestiones si, como dijera antes el propio brasileño citado, hablamos desde “nuestro ambiente geográfico”, recordando nosotros hoy y aquí los conceptos vertidos en anteriores entregas respecto de la geohistoria y el raum, ese nombre germánico para el espacio pero no cualquier espacio sino el que nos comprende. Que comprende, aclaro, nuestra circunstancia de vida, en la cual y desde la cual habremos de interactuar, querámoslo o no, junto a los otros, tomando por tales al resto de las naciones que componen el crisol de nuestra América del Sur.

 

Otro rasgo más de un ser superior, de todo un político, si lo pensamos desde la atmósfera geopolítica que intentan promover estos apuntes, podemos hallar una lección más en este señor respecto de la prevención a la hora de establecer nombres a los otros.

 

Hablo de su reiterada mención a los “parceros”. Nada hay que moleste más a un brasileño que confundamos “parceiro” por “socio”. Creo yo que es porque piensan, con la razón de una formación ilustrada, que el carácter de socio no digo que empequeñezca pero sí limita y obliga a tratar a ese otro, sólo en y desde un aspecto mercantil, lo que promovería a pensar que quien así nombra al otro está, él mismo, animado por intenciones mercantilistas y no netamente integradoras y abarcadoras de la complejidad de lo humano que tiene en el comercio que, si bien que una importancia enorme, tan sólo es una en varias pero no la superior y menos aun la única.

 

A su vez, aquí ya percibimos esa visión de aquel entonces en donde Nogueira Batista dijo y predijo respecto del MERCOSUR y las velocidades de integración, tanto de una nación, cuando del grupo de naciones que aquel congrega, en el marco objetivo de la América del Sur.

 

Para finalizar esta parte, citaré de las conclusiones a las que arribara el Embajador Nogueira Batista, apenas un párrafo que creo, modestamente, esencial. Veamos.

 

Dice Nogueira Batista lo siguiente: “Sería evidentemente preferible que en la relación con el NAFTA o con los E.U.A. se observara un enfoque secuencial, sin precipitaciones; ordenamiento que permitiese, primero, la consolidación de los movimientos de integración sudamericana. Se crearían, así, mejores condiciones para apreciar la viabilidad y los beneficios de una integración hemisférica y, sobre todo, para una eventual negociación, en conjunto, de una zona continental de libre comercio, si esta no fuera un apenas un objetivo retórico y constituya, de hecho, en disposición de los E.U.A.”

 

Disertación ésta, vale reiterar, proferida allá por el año de 1994, cuando el tema de la integración continental estaba en el horizonte cercano pero que ya el propio diplomático predijera respecto de su andamiento posterior, en caso de que la retórica fuera más que los hechos, lo que a la postre se dio.

 

Antes de esto, extraje este breve párrafo pues ahí podemos advertir otra instancia crucial que si bien algunos pueden aducir obvia al provenir de un brasileño, queriendo por tanto que su nación promueva junto a las otras de la región instancias negociadores concertadas entre sí para luego avanzar a lo extra regional, en realidad, tienen estas acciones una lógica que antecede nombres y las valoraciones que los nombres, en este caso de naciones, puedan llegar a despertar en unos y en otros.

 

Y es el problema que hoy podemos advertir existe en algunos y que buscan sea instalado en la mente de todos. Hablo de negociar por nosotros mismos, aisladamente, sin coordinar acciones y metas. Pese a que en los últimos días han comenzado, tibiamente, a variar, hacia el lado de lo obvio, su discurso, igual creo conveniente puntualizarlo.

 

Nada habremos de obtener, y me refiero al Uruguay, que no sea desde nuestro raum, desde nuestro espacio geográfico e histórico. Vuelvo así a la geohistoria. Y así lo entendió y entiende el Presidente Tabaré Vázquez. Digo que lo entendió pues siempre él se refirió a trabajar desde el MERCOSUR, al tiempo que jamás su Presidencia manipuló información.

 

Y de esto, por ejemplo, di una prueba no menor, en la entrega anterior al dar cuenta de la presencia en su página web, del informe del PNUD sobre Desarrollo Humano –hablo del correspondiente al año 2005- en el que encontramos un capítulo como el Cuarto, farragoso pero aleccionante, donde se desbaratan, con objetividad e información, las supercherías de un modo de integración, que pretende ser EL modo, hablo del neoliberal. Información esta que no está, ni siquiera sugerida en “links”, en páginas web de algunas Secretarías de Estado cuya especificidad nos llevaría a pensar que si promueven, realmente, una acción libre y no dogmática, debieran no ya promover pero siquiera tener consigo.

 

Digo más.

 

Luego de encontrarse el Presidente Tabaré Vázquez con su par brasileño, dijo en reportaje que puede hallarse igualmente en la página de la Presidencia uruguaya, entre otras cosas, lo siguiente, al responder una pregunta en la que se le consultaba respecto a si el entendimiento alcanzado con el Primer Mandatario brasileño debía ir o no a referéndum de los otros socios del bloque: “Si lo que nosotros obtenemos es aumentar nuestra cuota de ingreso de carne a Estados Unidos, de leche, y no se toca el Arancel Externo Común, se terminó la historia. Uruguay lo hace y a otra cosa.

 

Tan claro y tan simple. Sólo que algunos pretenden complejizarlo (si me permiten utilice tal expresión)y por ende enrarecerlo. Pero no podrán.


Es como en la escuela.

 

El que sabe la lección, porque sabe de qué se trata, si se le presenta la ocasión, da prueba de su saber y luego, dando unos golpes a su guardapolvos (mire usted si seré veterano...) sale al patio a jugar. Mientras que el otro, el que pretende saber y a la vez busca permanentemente el reconocimiento social que no halla en sí mismo, éste no se contenta con “dar” la lección sino que promoverá, antes que salir al patio, permanecer en la tarima hasta que el magisterio le recuerde que debe descender y tomar el lugar de los comunes, del que, por otra parte, uno nunca sale porque lo es: un hombre común. Un ser humano en relación con otros seres humanos.

 

Vázquez Rosas, entonces, fue claro, concreto y fiel a su verbo y a su acción: para él, Presidente de todos los uruguayos, el compromiso es ley y ésta se asienta en lo acordado en materia de integración bien como en lo dado a través de nuestra historia tanto reciente cuanto más aquella que viene de lo profundo de nuestra génesis.

 

Lo que el Presidente busca, lo hallará y con él lo hallaremos todos nosotros: la mejora en las condiciones de vida de nuestra gente pero sin renunciar ni olvidar a las gentes de este crisol de naciones que es, quién puede dudarlo, la Comunidad Sudamericana de Naciones.

 

Y en ella, el MERCOSUR es factor principal como hacedor de instancias de integración que tendrán, qué duda cabe, al comercio como facilitador de tales estadios de acercamiento humano entre todos nosotros. Y como la vida misma, iremos avanzando a medida y en las coordenadas que nuestras acciones vayan generando afirmativamente.

 

Por tanto, y a mi modo, he intentado, al compartir con ustedes estos pareceres que suscitaran algunas reflexiones, como tributo a un hombre que, repito con gusto, fue y sigue siendo un maestro no sólo de la diplomacia sudamericana sino de la geopolítica y de la geoestrategia. Que el Embajador Nogueira Batista también hoy, podemos verle sonreír luminosamente mientras se preparaba a trabajar, como lo hizo toda su vida, incansable y magistralmente, por el desarrollo de nuestra región para así mejor insertarnos en el vasto mundo.

 

De ahí que el ALCSA que tan bien fundamentara y promoviera Nogueira Batista, bien pueda verse hoy, como yo lo hago, desde la óptica de un instrumento mayor en integración que la ALADI ha creado y que, así lo esperamos todos, avanzará hacia tales fines en los próximos tiempos. Hablemos, pues, del mismo. Hablemos ahora un poco siquiera del ELC.

 

La ALADI y el ELC

Allá por octubre del 2004, en ocasión de la Decimotercera reunión del Consejo de Ministros de Relaciones Exteriores de la ALADI, se dio un paso trascendente en materia de integración por varios motivos, siendo que hoy queremos resaltar uno de ellos, a nuestro entender el principal.

 

En su acta final, el Consejo de Ministros de la ALADI resolvió (Resolución 59 (XIII), establecer las bases de un programa para la conformación progresiva de un espacio de libre comercio en la ALADI en la perspectiva –así reza el encabezado de la misma- de alcanzar el objetivo previsto en el Tratado de Montevideo 1980 (Tratado que, como ustedes saben, es el que vertebra a dicha Asociación y los fines que a través de ésta promueven sus Estados-Parte).

 

En la Resolución 59 hallamos, por ejemplo en su numeral II, “El camino a seguir para el desarrollo y consolidación del Espacio de Libre Comercio (ELC)”, camino que conviene hoy recordar y que tanto detallo:

 

 “8. Para seguir avanzando hacia el objetivo de desarrollar y consolidar el Espacio de Libre Comercio, se debe continuar con la actual estrategia negociadora, profundizando los ALC ya suscritos y promoviendo las negociaciones en curso o las que se emprendan para suscribir ALC entre los países que aun tienen acuerdos de preferencias fijas. Asimismo, se requiere propiciar la armonización e incorporación, al nivel que sea más conveniente,

de las disciplinas y normas necesarias para el libre comercio y aquellas materias que complementan y potencian el Espacio de Libre Comercio (ELC).”

 

“9. Esta estrategia se viabiliza y dinamiza aun más por la reciente suscripción de los acuerdos entre países de la CAN y del MERCOSUR, sumados a los ALC ya existentes y considerando que falta concretar ALC sólo entre algunos de los países, y que todos los países miembros han suscrito acuerdos entre
sí que otorgan el acceso a sus respectivos mercados en condiciones preferenciales.”

 

“10. En los acuerdos que no contienen normativa específica o que remitan a la legislación nacional hay que tener presente que los doce países de la ALADI son miembros de la OMC y, por lo tanto, deben aplicar en su comercio
exterior la normativa acordada en ese ámbito. Ello significa que existe una base mínima de armonización en todas las disciplinas reguladas por la OMC.”

 

Antes que cualquier comentario, y siguiendo con la Resolución 59, atendamos a su numeral III que trata de los “Componentes del Espacio de Libre Comercio (ELC) en el ámbito de la ALADI: 11. El desarrollo progresivo del Espacio de Libre Comercio (ELC) en la ALADI respetará los cronogramas de liberación, los marcos normativos pactados en los distintos acuerdos y los principios de pluralismo, convergencia, flexibilidad, y tratamiento diferenciales, así como la compatibilidad con los acuerdos vigentes, la instrumentación a través de mecanismos del TM80 y la coexistencia con negociaciones extrarregionales
de los países miembros.” “12. Los componentes a ser considerados para el desarrollo del Espacio de Libre Comercio (ELC) son: acceso a mercados, normas y disciplinas comunes, apoyo a los PMDER y materias complementarias.”

 

En fin, que tanto el propio ámbito de la ALADI cuanto más el ELC del que, convengamos, en estos dos años transcurridos desde aquella Resolución, se ha avanzado y no poco –lo que iremos presentando en sucesivas entregas en esta misma serie- son instancias de primerísima atención para un país miembro y el Uruguay lo es, además de ser Montevideo su sede, como lo es de la Secretaría del MERCOSUR, entre otras sedes subregionales y regionales presentes en esta ciudad.

 

Que a veces se genera una atmósfera que sólo existe, si permitimos ella ingrese irreflexivamente, en nuestras mentes. Que si buscamos, y buscamos bien, no hallaremos datos constatables de que se estén promoviendo instancias de las que otros países, que ya llevan largo tiempo en el proceso decisorio, aun no han podido cristalizar y ya mismo se turban pensando en las consecuencias no deseadas de una acción no digo espuria pero sí irreflexiva promovió antes.

 

Hay que tener cuidado y hay que ser claros. El Uruguay se comprende en la región. No existe una segunda realidad salvo la que ya está en curso.

 

Bien lo dijo nuestro Presidente: “Yo creo que Brasil demostró hoy una gran flexibilidad, una flexibilidad marcada, en admitir -entre otras cosas- que el MERCOSUR como está no está bien, que no está funcionando bien, sobre todo no está funcionando bien para los pequeños países, que hay que mejorarlo. Y que hay que mejorarlo en el interior del MERCOSUR y también flexiblemente permitir a países pequeños, como Uruguay y Paraguay, buscar caminos de entendimiento, sin que lesionemos, porque ninguno de quienes integramos el MERCOSUR queremos lesionar, queremos más y mejor MERCOSUR.”

 

Y que el resto de los funcionarios de nuestro Gobierno, se atengan, fielmente, a tal predicamento. Como debe ser. Como será. Que en la tarima están los que deben estar.

Continuaremos. 

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