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Expresiones antisemitas
en la Argentina

por Pablo Broder*

En sus habituales filípicas desde el atril del Salón Blanco de la Casa de Gobierno, el Presidente de los argentinos utiliza frecuentemente la expresión: Seamos serios, señores! cuando desea censurar algo que no resulta de su total agrado.

 

De esa manera acusa a quienes se atreven en la Argentina del silencio a emitir opiniones respecto a determinados temas no conjugantes con la monoóptica oficial.

 

Es del caso cuando se refirió a reclamos de miembros de la comunidad judía, quienes señalaron que se habían detectado presencias relacionadas o afines a Hezbollah, comprobables simplemente al observar la cantidad de banderas de la agrupación terrorista, en diversas manifestaciones en distintos puntos del país.

 

Sin embargo, el Presidente decía: "Es la primera noticia que tengo”, y solicitó a los medios de comunicación "moverse con responsabilidad y seriedad".


 A su vez agregaba: "Nadie más que este gobierno ha buscado que se castigue como corresponde y se averigüe la verdad de los terribles atentados que tuvimos….Nadie más que nosotros hemos combatido fuertemente todas las campañas antisemitas que se han dado en la Argentina” (1).

 

No parece recordar el mandatario que por ejemplo, un grupo de encapuchados, portando elementos contundentes y banderas de la agrupación Quebracho detuvieron una pacífica marcha de jóvenes de la comunidad judeoargentina, sin la menor acción para evitar esta coacción por parte de autoridad nacional alguna.

 

No piensan de la misma forma que el Presidente los familiares de víctimas del atentado contra la AMIA que compararon a Quebracho con los "camisas pardas", la fuerza de choque del nazismo; repudiaron las pintadas antisemitas aparecidas en la Facultad de Filosofía de la UBA, y reclamaron al Gobierno que interviniera para que esos hechos vergonzosos y preocupantes dejaran de ser una realidad.

 

"Esperábamos una reacción espontánea e inmediata de condena, de enérgico repudio, teniendo en cuenta nuestra historia reciente, algo que no ocurrió", agregando:

"Los integrantes del grupo Quebracho se asemejan, y mucho, a los camisas pardas, y con su actitud y sus consignas nos recuerdan a un grupo de choque similar a los grupos fascistas. Lo grave es la sensación de que este tipo de actitudes, además de contar con la implícita aceptación de ciertos sectores minoritarios, es recibido con indiferencia” (2)

 

Por su parte, en consonancia con los dichos de buena parte del gobierno nacional la recientemente designada titular del INADI, instituto que debe velar por la no discriminación, defendió la acción del Gobierno, minimizó los hechos denunciados por los dirigentes comunitarios y adjudicó intencionalidad "política" a un  documento que el martes último firmaron 200 dirigentes y hombres de la cultura, en el que alertaron sobre un resurgimiento antisemita y pidieron al oficialismo y a la Justicia "acciones concretas" frente a la amenaza.


"No recibí el documento; hay gente que lo firmó y a la que valoro mucho, pero está fogoneado por Ricardo López Murphy y Patricia Bullrich con una intención netamente partidista" (1), agregó. Lo paradojal es que la funcionaria que debe luchar contra la discriminación censura un documento en función de quienes lo firman en lugar de analizar su contenido. Ella misma discrimina. A su vez reitera la usanza oficial de convertir a la victima en victimario y minimiza las denuncias que obligatoriamente debe investigar por su función, descalificando  “in límine” a las mismas.

 

Uno de los periodistas más prestigiosos de la Argentina, Joaquín Morales Solá en su habitual columna (3) esto decía: “Kirchner se paraliza ante lo imprevisto. ¿Por qué no reaccionó antes, cuando entrevió los primeros síntomas de antisemitismo? Ni Kirchner ni su gobierno son antisemitas, pero optaron por la indiferencia ante hechos antisemitas. No hubo un pronunciamiento rápido y claro del Gobierno ni se instruyó ninguna investigación para esclarecer el patoterismo de Quebracho o los ultrajes cometidos en la Facultad de Filosofía y Letras.


Sólo el viernes el Presidente creyó necesario decir algunas palabras sobre el asunto, que motivó ya la preocupación de muchos políticos, intelectuales, profesionales y empresarios. El Gobierno prefirió ver una conspiración política contra él en esas expresiones y no una preocupación legítima contra los síntomas de segregación. En aquel discurso, Kirchner volvió a equivocarse. Desconocimiento intelectual más que otra cosa.


Habló del respeto a "las razas" y eso turbó a la comunidad judía. La palabra "raza" para referirse al pueblo judío fue usada en los episodios más crueles
del antisemitismo en la historia reciente de la humanidad. El pueblo judío no es una "raza"; sólo profesa una religión distinta de la mayoritaria en la Argentina. Punto.


También se mostró paternalista y ofreció "caridad cristiana" para defender a los judíos. Los judíos no son una colectividad extranjera como para recibir semejante trato. Son argentinos, muchos con raíces más profundas en el país que el propio presidente. No quiero que me proteja con caridad cristiana. Quiero ser igual que él, se ofuscó un alto dirigente de la comunidad judía.

Hasta ahora, Kirchner no pondrá la cara en Nueva York frente a los dirigentes del Congreso Judío Mundial. Lo hará Cristina Kirchner y nadie explicó por qué su marido se borró. Es sencillo: Kirchner nunca va a ningún lugar potencialmente hostil. Pero lo cierto es que la preocupación llegó ya al exterior.”

 

Se puede aceptar desde el atril presidencial la vindicta de falta de seriedad?

Y en su caso, a quién realmente le cabe la expresión?

 

Campea en la realidad argentina una sombra de desacople entre la realidad y las descripciones oficiales. Hay problemas  que hasta que no llegan a un extremo el Gobierno niega y sus voceros enfatizan que no existen. Alguien decía que mencionarle ciertos temas al Presidente tiene similitud con el temor que despertaba, en su tiempo,  hablarle a Hitler del frente ruso. No existía. No debía mencionarse. Hasta que lo destruyó.

 

Y entre otros, tres aspectos  de la actualidad quedan emparentados en esta dicotomía ( aceptación o negación  de la realidad): rebrote del antisemitismo aquí ya comentado, y dos áreas sumamente preocupantes que serán motivo de análisis en próximas entregas:

 

  • Problemas en el abastecimiento energético.

  • Uno todavía lejano  pero que se está larvando: presión inflacionaria reprimida, a mérito de una maraña de subsidios, amenazas, controles, presiones, “acuerdos”, negociaciones, en todos los casos distorsivos del curso ineludible de las fuerzas económicas.

 

Referencias del diario LA NACION de Buenos Aires: (1) 16-9-06; (2) 19-9-06; (3) 17-9-06. 

* Economista. Su último libro “Dos años en la era K”. Editorial Planeta. Buenos Aires. 2005.

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