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Expresiones antisemitas
De esa manera acusa a quienes se atreven en la Argentina del silencio a emitir opiniones respecto a determinados temas no conjugantes con la monoóptica oficial.
Es del caso cuando se refirió a reclamos de miembros de la comunidad judía, quienes señalaron que se habían detectado presencias relacionadas o afines a Hezbollah, comprobables simplemente al observar la cantidad de banderas de la agrupación terrorista, en diversas manifestaciones en distintos puntos del país.
Sin embargo, el Presidente decía: "Es la primera noticia que tengo, y solicitó a los medios de comunicación "moverse con responsabilidad y seriedad".
No parece recordar el mandatario que por ejemplo, un grupo de encapuchados, portando elementos contundentes y banderas de la agrupación Quebracho detuvieron una pacífica marcha de jóvenes de la comunidad judeoargentina, sin la menor acción para evitar esta coacción por parte de autoridad nacional alguna.
No piensan de la misma forma que el Presidente los familiares de víctimas del atentado contra la AMIA que compararon a Quebracho con los "camisas pardas", la fuerza de choque del nazismo; repudiaron las pintadas antisemitas aparecidas en la Facultad de Filosofía de la UBA, y reclamaron al Gobierno que interviniera para que esos hechos vergonzosos y preocupantes dejaran de ser una realidad.
"Esperábamos una reacción espontánea e inmediata de condena, de enérgico repudio, teniendo en cuenta nuestra historia reciente, algo que no ocurrió", agregando: "Los integrantes del grupo Quebracho se asemejan, y mucho, a los camisas pardas, y con su actitud y sus consignas nos recuerdan a un grupo de choque similar a los grupos fascistas. Lo grave es la sensación de que este tipo de actitudes, además de contar con la implícita aceptación de ciertos sectores minoritarios, es recibido con indiferencia (2)
Por su parte, en consonancia con los dichos de buena parte del gobierno nacional la recientemente designada titular del INADI, instituto que debe velar por la no discriminación, defendió la acción del Gobierno, minimizó los hechos denunciados por los dirigentes comunitarios y adjudicó intencionalidad "política" a un documento que el martes último firmaron 200 dirigentes y hombres de la cultura, en el que alertaron sobre un resurgimiento antisemita y pidieron al oficialismo y a la Justicia "acciones concretas" frente a la amenaza.
Uno de los periodistas más prestigiosos de la Argentina, Joaquín Morales Solá en su habitual columna (3) esto decía: Kirchner se paraliza ante lo imprevisto. ¿Por qué no reaccionó antes, cuando entrevió los primeros síntomas de antisemitismo? Ni Kirchner ni su gobierno son antisemitas, pero optaron por la indiferencia ante hechos antisemitas. No hubo un pronunciamiento rápido y claro del Gobierno ni se instruyó ninguna investigación para esclarecer el patoterismo de Quebracho o los ultrajes cometidos en la Facultad de Filosofía y Letras.
Se puede aceptar desde el atril presidencial la vindicta de falta de seriedad? Y en su caso, a quién realmente le cabe la expresión?
Campea en la realidad argentina una sombra de desacople entre la realidad y las descripciones oficiales. Hay problemas que hasta que no llegan a un extremo el Gobierno niega y sus voceros enfatizan que no existen. Alguien decía que mencionarle ciertos temas al Presidente tiene similitud con el temor que despertaba, en su tiempo, hablarle a Hitler del frente ruso. No existía. No debía mencionarse. Hasta que lo destruyó.
Y entre otros, tres aspectos de la actualidad quedan emparentados en esta dicotomía ( aceptación o negación de la realidad): rebrote del antisemitismo aquí ya comentado, y dos áreas sumamente preocupantes que serán motivo de análisis en próximas entregas:
Referencias del diario LA NACION de Buenos Aires: (1) 16-9-06; (2) 19-9-06; (3) 17-9-06. * Economista. Su último libro Dos años en la era K. Editorial Planeta. Buenos Aires. 2005. LA ONDA® DIGITAL |
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