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Crisis energética e inversión:
Véase algunos ejemplos: Si existiera en algún lugar del mundo un empresario o analista extranjero que jamás hubiera oído hablar de la Argentina, se sorprendería, aquí, por lo menos ante cuatro rarezas energéticas.
Primera: en los últimos tres años, el Estado gastó, sólo en fueloil para que funcionaran la usinas eléctricas, el equivalente de lo que cuesta un gasoducto que pondría fin a los problemas de transporte de gas durante años, o la mitad de lo que vale una central atómica que evitaría justamente eso: importar fueloil.
La
segunda son las tarifas de luz, que subieron este año en seis
provincias, incluso en algunas del austero noroeste, pero no en
la Capital Federal, el distrito de mayor poder adquisitivo del
país. La tercera tiene que ver con la política oficial de
sustitución de importaciones. Desde que asumió, el
La
cuarta particularidad se relaciona también con Chile. En 2003,
la
El Gobierno argentino se ofusca al escuchar la mención de crisis energética. Pero la realidad es que la producción de petróleo caerá este año por novena vez consecutiva y se desplomó un 30% desde 1999, lo que convertirá a la Argentina, en dos o tres años, en importador neto de crudo, condición de la que logró despojarse en 1992. La extracción de gas, que bajó 1,4% en 2005, había disminuido sólo una vez durante los últimos 15 años (en 2002) y provoca cortes en la industria. Prácticamente en el último decenio no se han hecho inversiones de magnitud en materia de exploración energética. Y la escasez de gasoil preocupa seriamente al agro por las inminentes futuras cosechas, obliga a la reprogramación de frecuencias en el transporte público, así como afecta a todo el parque automotor que ha optado por unidades con ese combustible..
Es unánime entre los técnicos la convicción que la energía se ha constituido en el tema clave que determinará nada menos que la afirmación o no del proceso de reactivación económica experimentado en el país.
El Gobierno sostiene que no hay crisis porque la demanda de electricidad ha venido creciendo al 12% anual y ha podido ser atendida sin mayores problemas (pero) se trata de una media verdad, ya que el sistema está operando al límite. Aunque no lo diga, el propio Gobierno se encarga de reconocerlo implícitamente cada vez que exhorta a un uso racional de la energía o le pone un techo a la demanda de las industrias, por encima del cual deben conseguir su propia generación eléctrica a precios que unos y otros desconocen . Las respuestas oficiales hablan de grandes obras (Atucha II, Yacyretá) que no estarán disponibles hasta dentro de tres o cuatro años. . Entretanto la demanda seguirá creciendo, por lo cual, cuando se sume la oferta eléctrica de las primeras obras, ya no alcanzará para atenderla. Si el déficit energético actual, y el que pueda acentuarse en el futuro, se transformará o no en una crisis seria, dependerá de los parches que pueda ir aplicando el Gobierno para salir del paso a costo incierto. Un cálculo oficial indica que el sector industrial podría echar mano a una capacidad de autogeneración cercana a 1500 MW, distribuida entre centenares de empresas. Pero lo que no se dice es que, en general, se trata de equipos antiguos y de alto costo de generación ya que utilizan combustibles caros (con su consiguiente carga sobre la inflación de costos) . (2)
Mientras tanto, el Gobierno con la mirada puesta en las elecciones presidenciales del 2007 continúa sin permitir un ajuste en el cuadro tarifario, a partir de su temor a la incidencia en el índice de inflación. Y debería hacerlo conjuntamente con medidas que subsidien a los consumidores de bajos ingresos y bajo consumo, evitando un beneficio artificial que llega a todo el espectro consumidor, tanto de alto como de bajo poder adquisitivo, obligando a las empresas a suministrar energía a valores absurdos en términos de sus propios costos y a los internacionales.
Un adecuado manejo tarifario es el adecuado resorte para racionalizar el consumo de electricidad como factor de regulación de la oferta y la demanda ... Una prueba de ello es que la venta de equipos de aire acondicionado, promete seguir batiendo récords en función de una tarifa que más subsidia a quienes más consumen ( los sectores de altos ingresos)
Por su parte ..El presidente Néstor Kirchner les contestó ayer a los empresarios del Instituto para el Desarrollo Empresarial Argentino (IDEA) -que habían manifestado su preocupación por eventuales problemas en el suministro de energía- y aseguró que no existe una crisis energética en el país. "Quieren instalar la idea de que la Argentina está ante una crisis energética tremenda y ello es un acto que no se condice con la realidad", dijo. Sin embargo, reconoció que son necesarias mayores inversiones en el sector para atender la demanda originada por el crecimiento económico.
subrayó que la economía `ha crecido casi el 40,5% desde que empezamos [en 2003] y lógicamente hay que invertir todos los años en energía. Y agregó: `Bienvenido que tengamos problemas de crecimiento y no de recesión´ (en una clara admisión de la problemática energética, antes negada) .También la emprendió contra los medios de comunicación, por difundir las opiniones de los empresarios. Opinó que es ´una mecánica casi perversa¨ ´A muchos diarios argentinos les cuesta resistir archivo´, disparó. Sin embargo, el archivo indica que el 6 de mayo de 2005 Kirchner había hablado en público de la existencia de una ´crisis del gas y había anunciado un plan de 800 millones de dólares en gasoductos para 2006. Ayer, en cambio, negó la crisis, pero reconoció que hacen falta inversiones. (3)
Reiteradamente hemos señalado que para convertir este proceso de reactivación económica, en un camino de desarrollo sustentable, hará falta incrementar sustantivamente la inversión, especialmente en el área energética, que las requiere de gran porte y por mucho tiempo. Sin embargo, la inversión extranjera directa aún no se ha hecho presente con fuerza en el país: en 2005, la Argentina captó 4700 millones de dólares, frente a 10.200 millones de Colombia y 15.200 millones de Brasil (2).
Si los inversores son reticentes podría ser porque perciban riesgos y escollos de distinto tipo. No por casualidad la Argentina se ubicó en el puesto 101 en el último ranking del Banco Mundial que mide el clima internacional para hacer negocios.
Si bien representantes oficiales enfatizan que la inversión bruta interna fija viene subiendo sostenidamente del 11% del PBI en el peor momento de la crisis de 2002 a casi el 22% en 2006, analizando su composición en los últimos años, se observa que en la misma más del 60% corresponde a la construcción y 36% a bienes de capital. Si bien modesto, este 36% podría ser un indicador de un proceso de reequipamiento industrial significativo. Pero aproximadamente la mitad del guarismo corresponde a ¡telefonía celular! que obvio es señalar no es el determinante del proceso industrializador nacional. Cierto es que el crecimiento de la construcción ayuda y mucho por su efecto multiplicador e incluso la inversión en hoteles contribuye a generar divisas a través del turismo externo. Pero no es suficiente.
Si el Gobierno en pleno sale a buscar inversiones es porque sabe que necesita aumentar la capacidad productiva para sostener el alto crecimiento de la economía y forjar el perfil industrial tecnológicamente desarrollado y competitivo que un proceso de desarrollo sustentable exige.
No resulta difícil poder, en este caso, establecer la causa de la reticencia del proceso inversor externo. Bastará con reparar si la Argentina cumple adecuadamente la triple condicionalidad concurrente, que requieren los inversores para arriesgar sus fondos en cualquier país : a) seguridad jurídica, b) perspectivas de rentabilidad c) estabilidad de los parámetros económicos básicos (sistema impositivo, cambiario, de comercio exterior, infraestructura, etc)
El primer aspecto, seguridad jurídica, en el pensamiento de la comunidad de negocios internacional, dista de estar asegurado.
La perspectiva de rentabilidad también presenta serios interrogantes .Por el manipuleo con el índice de precios para evitar impopulares exteriorizaciones de inflación, casi la mitad de los rubros que componen el mismo, está sometido a alguna forma de control (congelamiento, acuerdos unilaterales, regulaciones o prohibiciones de exportación). Aunque las empresas facturan más, corren el riesgo de ganar menos y pierden predisposición a invertir; máxime cuando no tienen certeza sobre la evolución de algunos costos, como los energéticos y los laborales.
En cuanto al tercer factor que hace a la legislación marco que determina el escenario donde se deberán desarrollar los negocios en un futuro próximo, dista de tranquilizar a la comunidad empresaria (véase como ejemplo el debate de las leyes fundamentales como Consejo de la Magistratura, superpoderes, decretos de necesidad y urgencia, que han levantado todo tipo de cuestionamiento de los sectores no enrolados en el oficialismo)
Esta incertidumbre, junto con los problemas de infraestructura energética apuntados más arriba, hacen que los inversores privados extranjeros, aquellos a los que fue a seducir la plana mayor del gobierno argentino a los Estados Unidos, y que no se asustan por el atril presidencial y por muchos discursos que se pronuncien, lleguen a decidir que las condiciones para la inversión en la Argentina no sean las ideales. Llámesele o no crisis.
(1) Recuérdese
que lo virtuoso en general, es sustituir importaciones por
producción nacional; (2) Diario La Nación de Buenos Aires. 17-9-06 (3) Diario La Nación de Buenos Aires. 16-9-06
* Economista. Su último libro: Dos años en la era K. Editorial Planeta. Buenos Aires. 2005 LA ONDA® DIGITAL |
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