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Viena

El erotismo, el gran protagonista

 de la obra final de Picasso
por  Lutrenic Armit

 


Pablo Picasso que nació en 1881 y murió en 1973 es el pintor y creador artístico que más ha influido en el arte del siglo XX. El 125º aniversario de su nacimiento motiva diversas actividades en todo el mundo, en Europa los grandes museos exponen por estos días diversos etapas de su creación, por ejemplo, Francia le dedica ocho exposiciones (igual numero que en España); Italia, siete; EE UU, cinco, y Japón, cuatro. Ahora la galería Albertina de Viena se suma con una exposición titulada Picasso, pintar contra el tiempo, con más de 200 obras creadas por del artista español.

 

El Albertina de Viena con esta muestra expone la obra final de Picasso, lo que se ha definido como su rebeldía contra la muerte. Con la impronta mas  erótica  de toda su obra, sus cuadros son manifiestamente detallista y de una audaz actualidad.

 

“Picasso Pintar contra el tiempo” reúne 200 pinturas, grabados, dibujos y esculturas creados fundamentalmente en su habitad del sur de Francia, durante últimos 12 años de su vida. El director del museo, Klaus Albrecht Schroeder, explica que el objetivo es revalorizar un período de la obra de Picasso que, fue subestimada por toda una generación como  garabatos de la vejez, se ha necesitado varias décadas para revelar toda su trascendencia, profundidad y humanidad del artista.

 

Para el comisario de la exposición, Werner Spies, el significado de esta época no es comprensible si se pasa por alto la obra gráfica, que el museo vienés, poseedor de una de las mayores colecciones gráficas del mundo, resalta tanto como los óleos. “El Picasso desenfrenado estuvo siempre, también en sus últimos años, acompañado de un Picasso reflexivo, que utilizaba toda su maestría en los dibujos”, dijo Spies.

 

Así, se contraponen dos universos estilísticos paralelos: por un lado el de los cuadros, muchas veces enormes, pintados de forma rápida y espontánea, y por otra parte, los dibujos y grabados extremadamente detallistas y exactos.

 

 

Una serie de pinturas inspiradas en obras de grandes maestros como Velázquez o Delacroix abren el recorrido de esta cita que finaliza con “El abrazo” (Embrace), el último lienzo que Picasso pintó, en julio de 1972, en el que aparecen dos cuerpos desnudos entrelazados, de un rosa mortecino, contra un mar azul de fondo, y que muestra todavía un trazo enérgico y sin titubeos. En aquel mismo verano, Picasso dibujó numerosos autorretratos en los que reducía su cabeza prácticamente al cráneo con unos ojos enormemente abiertos. La muerte le llegó al año siguiente, en abril. Tenía 91 años” dice la crónica del “El Periódico” al observar la muestra.

 

La pareja, el sexo, el voyeur, el pintor y su modelo, el torero, el contraste entre la fuerza y la belleza de la juventud frente al deterioro de la edad son los temas recurrentes en estas obras.

 

Picasso logra convertir el miedo a la muerte en una creatividad desbordante, que rompe con todos los tabúes sexuales, pero de la que surge una obra que encuentra incomprensión en sus contemporáneos.

 

“Yo también recién lo veo ahora, cualquiera necesita una distancia”, dijo a Efe Spies, ex director del Centre Pompidou de París, destacado investigador del arte contemporáneo y especialmente de la creación de Picasso.

 

Spies, de 69 años, mantuvo un contacto personal con Picasso hasta el último momento, en 1973. Allí el pintor en soledad y la concentración absoluta en el trabajo determina más que nunca  su vida en Mougins, donde instala su última residencia en 1961.

 

El amplio catálogo de la muestra recoge la recepción negativa que tuvieron por años las láminas de osado y espontáneo erotismo del viejo Picasso, aunque también recuerda como paulatinamente se ha comenzado a descubrir un nuevo valor en ellas. El propio Spies reconoce que en aquella época esas obras que pudo ver conjuntamente en una exposición, que organizó el propio Picasso en Avignon, le causaron “una gran confusión”.

 

“Sabía que eran algo nuevo, que planteaban nuevas cuestiones, pero no me imaginaba que iban a ser tan significativas como se sabe hoy que son, nadie podía imaginarlo entonces”, dijo, el ex director del Pompidou.

 

 

La enviada del diario el País de Madrid, Ángeles García dice sobre esta muestra: “Los retratos siguen siendo en esta última etapa de su vida uno de sus temas favoritos. (…)Utiliza el retrato para las series de parejas de fuerte colorido reunidas en la galería Albertina y en los desnudos vuelve a homenajear a los grandes maestros: Tiziano y Velázquez. En estas parejas de desnudos juega con más fuerza que nunca con el cubismo deconstruyendo y volviendo a construir las cabezas, los brazos, la espalda de las figuras de los cuadros.

 

Los cuadros protagonizados por mosqueteros son, junto al mundo del toro, los más numerosos de sus últimos años. Picasso consideraba el toro como la representación máxima de la nobleza y la fuerza. Las plazas de toros de Nimes y Arles contaron con la presencia de Picasso cada vez que el artista podía. Ningún otro espectáculo tenía para él la fuerza de una corrida de toros. Representaba un mundo de esencia masculina que le acompañó hasta el último momento de su vida”.

 

* Fuente de Imágenes

Prensagrafica.com

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